Mujeres de Arauca: torturadas y esclavizadas

Los abusos sexuales y la servidumbre fueron una práctica que utilizaron los miembros del Bloque Vencedores contra las mujeres de Arauca. La Fiscalía imputó 12 de estos hechos.

300-araucaLos casos expuestos por la Fiscalía 22 Delegada ante Justicia y Paz e imputados al comandante paramilitar de ese grupo, Miguel Ángel Mejía Múnera, alias ‘El Mellizo’, y a varios de sus hombres, revelan prácticas perversas en contra de las mujeres en desarrollo de la confrontación armada.

Uno de los hechos documentados es el de Olga*, de 20 años de edad, quien viajaba desde Yopal a Tame para visitar a sus padres en junio de 2004. El bus en el que se transportaba fue interceptado por paramilitares, quienes se fijaron en esta mujer, la interrogaron, le preguntaron si era informante del Ejército o esposa de un guerrillero y, ante sus respuestas negativas, la retuvieron.

La mujer fue amordazada y trasladada a una zona cercana al río Casanare, donde la presentaron ante el jefe paramilitar de la zona, Alexander Acosta, alias ‘Polocho’, quien al saber que ella conocía la zona ordenó que fuera llevada ante el grupo que operaba en Puerto Gaitán y les sirviera de guía.

La joven relató que en ese poblado la presentaron ante Giovanni Contreras, alias ‘El Enano’, quien le aseguró que la salvó, pues habían ordenado su muerte. Al mismo tiempo la amenazó diciéndole que debía ser su compañera sentimental o, de lo contrario, quedaría “a merced de los otros integrantes del grupo”.

La mujer contó que durante su retención fue obligada a tener relaciones sexuales con alias ‘El Enano’. También padeció los abusos de un paramilitar identificado con el alias de ‘El Paramédico’. Solo hasta un mes después de su rapto pudo avisarles a sus padres en Tame que estaba con vida.

Una vez se desmovilizó el grupo, el 23 de diciembre de 2005, la mujer quedó en libertad, pero siguió ligada sentimentalmente a alias ‘El Enano’. El 24 de julio de 2006, durante los controles médicos de su embarazo, le fue detectado el virus del Sida. Su compañero la habría contagiado. El paramilitar murió en el hospital de Kennedy, en Bogotá, el 13 de diciembre de 2008.

Torturas y abusos para callar la verdad
Victoria*, una periodista de 44 años, fue desplazada de Arauca junto con su familia. Los paramilitares la torturaron, violaron y amenazaron. Los integrantes del Bloque Vencedores de Arauca buscaban que les revelara datos de sus investigaciones y sus fuentes. La mujer y su esposo eran propietarios de un medio local.

Una noche de noviembre de 2003 Victoria se encontraba en su casa con su pequeña hija y la empleada del servicio. Un hombre tocó la puerta y le pidió que abriera. Al ver que ella se negó, tres desconocidos treparon un muro y entraron por el patio de la edificación.

Mientras su empleada pudo resguardarse con la niña en un cuarto, los paramilitares golpeaban a la comunicadora. Luego, uno de los atacantes la amarró de un palo en el patio de la casa, le puso una cinta en la boca y una pañoleta en los ojos.

La víctima relató que uno de los hombres le empezó a preguntar por los documentos que había recolectado durante su labor periodística, revisaron las publicaciones del medio, indagaron sobre sus fuentes y nombres de guerrilleros, “intentado buscar personas del grupo enemigo”.

Ante la negativa de la mujer a las exigencias de los paramilitares, uno de ellos la desnudó, la besó y le tocó abusivamente varias partes del cuerpo; también le cortó el labio superior y una de sus mejillas. Victoria fue torturada durante siete horas. Meses después, el comandante paramilitar ‘Monoguerrillo’ la llamó para decirle que debía abandonar el municipio.

Extorsionadas y abusadas
Alguno postulados a los beneficios de la Ley de Justicia y Paz del Bloque Vencedores de Arauca confesaron varios secuestros y abusos sexuales de mujeres que eran víctimas de extorsión o que alguno de sus familiares no hacía los pagos exigidos por este grupo armado ilegal.

Una de las víctimas es Cristina*, de 19 años, quien al momento de los hechos cursaba décimo grado. En marzo de 2004 los paramilitares  la retuvieron porque sus padres, dueños de un restaurante, no pagaron las extorsiones. La joven fue amarrada a un palo del patio de su casa y al segundo día de estar allí fue abusada por un hombre identificado como ‘Orlando’. Al tercer día los ilegales se reunieron con su padre y la dejaron en libertad.

Un hecho similar ocurrió con Claudia*, una comerciante de ganado y caballos. El 23 de diciembre de 2003 se dirigía de Tame a Puerto Rondón para transportar unas reses y fue interceptada por miembros de las autodefensas que le exigieron pagar una ‘vacuna’ de $250.000, ella se negó argumentando que ya había entregado esa suma cuando salía de Tame.

Los paramilitares le ordenaron que les entregará a cambio las 26 reses que iba a recoger en Puerto Rondón. Claudia les entregó el ganado y fue llevada hasta Puerto Gaitán, a un campamento del Bloque Vencedores de Arauca, cuando estaba rodeada de varios hombres fue obligada a caminar desnuda delante de todos. Durante los cuatro días que estuvo retenida recibió choques eléctricos en sus genitales.

Claudia relató que logró huir cuando le pidió permiso a sus captores para ir al casco urbano con la condición de que regresaría. La mujer salió desplazada del departamento. Días más tarde los paramilitares empezaron a buscarla y amenazaron a una de sus hermanas si no regresaba, la familiar de Claudia también se desplazó.   

Agresiones y servidumbre
El dominio que ejercía el Bloque Vencedores de Arauca sobre los pobladores en aquellas zonas bajo su control era utilizado para satisfacer los apetitos sexuales de sus hombres.

La historia de Adriana* revela esa imposición perversa de la guerra. La noche del 8 de diciembre de 2002, ella se encontraba durmiendo con su esposo en su vivienda, ubicada en la vereda Feliciano, de Arauca. El hoy postulado, Domingo Garcés, quien estaba embriagado, irrumpió en esa casa sosteniendo una botella de cerveza en una de sus manos y en la otra una granada. Obligó al marido a salir de la vivienda. La mujer se enfrentó a Garcés, pero el hombre la desnudó y la accedió carnalmente. En el forcejeo el agresor perdió el explosivo.

La mujer comentó lo sucedido al ex jefe paramilitar ‘Martín’. No obstante, a la semana siguiente este hombre envió a un grupo de mujeres conocidas como ‘Las Paracas’ y a otros miembros del bloque para que golpearan a Adriana y a su esposo. La pareja también fue agredida con un machete. Adriana se desplazó del pueblo. Las intimidaciones de los paramilitares se convirtieron en uno de los motivos de la separación con su esposo.

Otra de las prácticas confesadas por ex combatientes de este grupo armado ilegal fue la retención de trabajadoras de las haciendas donde establecían sus campamentos, para obligarlas a hacer trabajos domésticos.

Uno de los casos ocurrió el 22 de junio de 2005, cuando un grupo de paramilitares ocupó el puesto de salud de la vereda Feliciano. Los hombres llegaron encapuchados, luego fueron hasta la casa de la enfermera y la retuvieron. Durante la noche la acusaron de atender a guerrilleros heridos, la amenazaron con cortarle las manos y la agredieron con un machete a ‘planazos’.

Un ex paramilitar, conocido con el alias de ‘Mario’ le pegó en la cara con una pistola y le rompió uno de sus labios. Estos golpes le ocasionaron una incapacidad permanente en su rostro. Jorge Luis Gómez Narváez, alias ‘Noriega’, le impidió salir de la vereda.

La mujer, de 58 años de edad, indicó que los paramilitares desmantelaron el puesto de salud, se robaron varios aparatos médicos y utilizaron las sábanas para limpiar los fusiles y sus botas. Durante la ocupación del lugar, también llevaron prostitutas. La enfermera fue obligada a hacer la limpieza y relató que casi todos los días debía “recoger preservativos del piso”.

El centro de salud permaneció cerrado hasta el año 2004, cuando uno de los jefes paramilitares y sus escoltas fueron detenidos. La enfermera aprovechó para huir hacia el casco urbano de Arauca.

Otro caso de servidumbre fue el de Patricia*, una mujer de origen ecuatoriano, y su hija Adriana*, quienes fueron obligadas a trabajar en oficios domésticos para los paramilitares en una finca de Tame. Ambos casos se presentaron en años diferentes, pero en la misma propiedad.

La madre, de 41 años, debía lavar, cocinar y coser los uniformes de los integrantes del Bloque Vencedores de Arauca que habían establecido allí una de sus bases militares desde enero de 2001. Patricia era custodiada todo el tiempo por dos hombres y pudo huir del lugar en diciembre de ese mismo año, cuando inventó que debía viajar a Ecuador porque su madre estaba muy enferma.

Su hija Adriana, de 23 años, fue obligada a trabajar para los paramilitares en agosto de 2004, cuando éstos volvieron a ocupar la propiedad. Ella tenía seis meses de embarazo y debía cumplir con las mismas labores de su mamá. Tras una semana de permanencia de los paramilitares en el lugar, Adriana tuvo problemas de salud y debió salir de la finca y luego de tener a su hijo se desplazó de Arauca.

*Nombres cambiados

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