El dolor de una víctima de abuso sexual

Alias ‘El Docto’ la volvió su esclava y cuando se negó a seguir siendo utilizada, se le llevó a su hija de 16 años. Hoy defiende sus derechos y los de otras mujeres.
 
 Las mujeres fueron víctimas de la violencia paramiltiar en diversas regiones del paìs.

A Omadis Navarro Silva hoy no le da miedo contar su historia. Decir que fue abusada sexualmente por un comandante paramilitar y que a su hija le pasó lo mismo es una manera de matar los miedos que por años la persiguieron luego del desplazamiento, las amenazas y la persecución que vivió al negarse a vender los 700 metros de tierra que compró a la salida del municipio de Bosconia, en la vía que comunica con Valledupar, en el departamento del Cesar.

“Quiero contar mi historia para que otras mujeres que vivieron lo mismo, sepan que se puede salir adelante”, dice a Verdadabierta.com esta mujer de 42 años, que hoy lidera la Fundación Mundo de amor, en la que ayuda a 428 mujeres y hombres cabezas de hogar, víctimas de la violencia paramilitar.

Todo comenzó en el año 1995 cuando, junto a su esposo, compró un terreno en el municipio de Bosconia, a pesar de que vivía en Barranquilla, donde se dedicaba a sus negocios de belleza. Pero querían probar suerte y luego de acondicionar la casa para irse a vivir a este pueblo ubicado en la Troncal de Oriente, punto clave que comunica a la Costa Atlántica con el interior del país, se fue a vivir con sus cinco hijos y su marido a lo que ellos pensaban sería el gran proyecto de sus vidas.

Ella montó su salón de belleza, él su gimnasio al aire libre y una sala de videojuegos para que sus hijos mayores lo administraran. Eran la familia perfecta, con su estabilidad económica asegurada. “Alcanzábamos a ganarnos en esa época diariamente entre 80 y 120 mil pesos”. Pero la dicha les duro poco. Pasaron pocos meses cuando alguien de la comunidad le informó a los paramilitares que controlaban Bosconia, miembros del frente Juan Andrés Álvarez, comandando por alias ‘Tolemaida’, que en sus negocios vendían droga.

Eso fue motivo suficiente para que a su casa llegaran alias ‘Don Nico’, ‘El Docto’, ‘El Pele’ y ‘Cebollita’, a reclamarles por qué vendían drogas y por qué no les habían informado de sus negocios. “Nos dijeron que ellos eran los dueños del pueblo y que teníamos que rendirles cuentas”. Primero hablaron con su esposo y le pidieron el número de sus celulares para estar en contacto.

Pasaron algunas semanas cuando llamaron a Omadis Navarro para decirle que “el jefe del cerro –Javier López, alias ‘El Canoso’- quería comprarle la casa por 30 millones de pesos, propuesta a la que ella se negó en un principio, pero después les dijo que si vendía era por 45 millones de pesos. Esto no fue suficiente y le enviaron a ‘El Pele’, quien la citó en una casa cercana a la suya, con el compromiso de no decirle nada a su esposo.

“Yo acepté la cita y fui. Cuando llegué estaba alias ‘El Docto’ y me dijo que yo era una berraquita. Sacó su pistola y me la puso en la frente y me dijo que me quitara la ropa. Yo me negué y le respondí que por qué me tenía que quitar la ropa, que respetara. Me amenazó con matar a mi esposo y a mis hijos. Le dije que me hiciera a mí lo que quisiera, pero que no le hiciera nada a ellos. Me obligó a tocarlo en sus partes íntimas y a hacerle sexo oral. Ahí comenzó mi calvario”. Omadis interrumpe la conversación para secarse las lágrimas al recordar el episodio e insiste en que necesita contar su historia para exorcizar sus miedos.

A partir de ahí su comportamiento cambió. No era la misma con su esposo, no comía bien ni dormía. Vivía atemorizada, esperando la llamada que la hacía volver al horror de ser usada sexualmente. ‘El Docto’ abuso de ella por más de siete meses, sufrió sola y a nadie le contó lo que pasaba, hasta que un día le dijo a ‘El Docto’ que ya no aguantaba más, que la matara y que matara a toda su familia si quería, pero que no abusara más de ella.

Para esa época -2004- su segunda hija, de 16 años, hacía las diligencias para ingresar a la universidad y se fue al centro de Bosconia, conocido como ‘El Cruce’, junto con unas amigas con el fin de ir a Valledupar a hacer las averiguaciones. En ese sitio se le acercó una camioneta blanca y la llamaron por su nombre. Ella se acercó al carro y enseguida un hombre le pasó un pañuelo por la cara, cuando despertó estaba en una casa junto con otras jóvenes de su edad. Se la habían llevado por la Troncal de Oriente y tomaron la trocha que va de Cuatro Vientos –municipio de El Paso- a la trocha Verdecia, controlada por el frente ‘Juan Andrés Álvarez.

Su instinto de madre sabía que algo malo le había pasado a su hija. Al ver que no llegaba, le expresó a su marido lo preocupada que estaba, pero él desconociendo todo lo que sucedía, la tranquilizó. Pasaron las horas y a las 2 de la mañana de ese de 22 junio de 2004, fueron a la Policía a buscar ayuda, pero los agentes le dijeron que no podían hacer nada sino que debían esperar las 72 horas para poner el denuncio por su desaparición y bromearon diciendo que su hija estaba con el ‘noviecito’.

Al día siguiente, como a las 11 de la mañana, se detuvo en la puerta de su casa una camioneta y tiraron a la joven al pavimento. No venía con su ropa, sino un buzo de hombre y el cabello sucio de semen. “Mi hija llegó descontrolada, lloraba, gritaba y me pedía que nos fuéramos de ahí porque nos iban a matar a todos”. Ese día, a las 6 de la tarde, llegó un vecino y le dijo que sacara a la niña del pueblo porque la iban a matar en la noche. Sus conocimientos de belleza le sirvieron para disfrazarla, la maquilló, le puso una peluca y la sacó por la parte de atrás del lote, mientras su hijo mayor salió por la puerta principal con una maleta y una cama. Como pudo llegó a ‘El Cruce’, de donde salen los buses a distintos destinos. Allí los embarcó en un bus que los llevó a Bogotá. Su hija se fue con una agonía en su alma y Omadis quedó destrozada.

La angustia por lo que les pasó, la hicieron pasar de Bogotá a Sogamoso y terminaron en Barranquilla, hasta un día que llegó una camioneta a buscar a la niña. Ahí decidió sacar a su hija del país. “Se fue lejos. Ella no ha regresado y ha tratado de olvidar lo que le pasó, pero no es fácil. Hace tres años la vi y me di cuenta en su mirada que los recuerdos la torturan y yo no pude estar al lado de mi hija cuando más me necesitó”.

Oscar José Ospino Pacheco. Alias ‘Tolemaida’, aceptó en su versión del 29 de noviembre de 2011 los delitos de acceso carnal violento y desplazamiento forzado de Omadis Navarro y su hija, en hechos ocurridos el 22 de junio de 2004 en el municipio de Bosconia.

El desplazamiento
Omadis Navarro se quedó en Bosconia con sus tres pequeños hijos y su esposo. Cada día le hacían ofrecimiento para comprarle su casa, recibía llamadas amenazantes de alias ‘El Canoso’, quien le exigía irse del pueblo. No aguantó más y fue donde un próspero comerciante que le había ofrecido 30 millones de pesos, pero éste le dijo que ya no tenía esa plata, sólo le ofreció 5 millones de pesos. En medio de su desespero por el temor de las represalias de los paramilitares aceptó y firmó una promesa de compra venta, con un testigo que le exigió el comerciante. Recibió el dinero, vendió a bajos precios todas las máquinas del gimnasio, de su sala de belleza y sus enseres. Con lo que reunió se fue huyendo.

Llegó primero a Bogotá, pero un día pensó que la seguían y se fue a Sogomoso. “Cada vez que me asustaba salía corriendo para otra parte. Así estuve en Cali, Barranquilla y terminé en un pueblito del sur de Bolívar, a donde llegué buscando una vida y me puse a vender mercancía tirada en un andén, hasta que llegó un día un paramilitar y me apuntó con una pistola y me dijo que estaba contaminando el pueblo”. Otra vez la desplazaron. De ahí se fue con su familia a Puerto López. Salió en una chalupa con sus pocas pertenencias y su mercancía, pero a mitad del camino, la alcanzó otra lancha y le arrojaron toda la mercancía al agua”.

Omadis no podía creer lo que le estaba pasando. Como pudo llegaron a Soledad, Atlántico, y allá denunció su caso por primera vez en el 2006. En esa población estuvo hasta el 2007. Cansada de vivir en invasiones, pasando hambre y en condiciones de extrema pobreza, decidió volver a Bosconia a enfrentarse con su realidad. Lo primero que hizo fue ir a la Personería a denunciar su situación, pero no le aceptaron su queja, aduciendo que el caso de su hija había pasado muchos años atrás y la ley no la cobijaba. Sin embargo, en esos días cambiaron de personero y el nuevo funcionario, una mujer, le recibió la declaración.

“En Bosconia, desde el 2007 a la fecha, he tenido una persecución. He alquilado cerca de 15 casas y cuando llevo dos o tres meses viviendo, los dueños me la piden. No sé quien esté detrás de todo esto. Por eso en el 2008 regresé a mi predio, que estaba abandonado porque el comerciante al que se lo vendí, no lo habitó”. Pero nuevamente el destino le tenía otra prueba, pues el alcalde de Bosconia de la época, Luis Abdón Pérez, ordenó su desalojo de la casa porque había un dueño legítimo que la reclamaba. “Me tiraron todo a la calle y mis hijos sufrieron otra vez lo mismo. Una vecina me dio posada y desde entonces he estado reclamando mis derechos, que me han sido vulnerados en todos los sentidos”.

Esta líder, que ya es conocida en Bosconia, en el Cesar y a nivel nacional, es miembro de la Mesa Departamental de Víctimas y de la Mesa Nacional, específicamente en hechos de violencia sexual, entuteló al alcalde y ganó para que le dieran ayuda humanitaria. En 2009, la Oficina de Registro e Instrumentos Públicos de Valledupar, certificó que su propiedad tenía medida cautelar debido a que fue abandonado a causa de la violencia.

Aunque no pudo seguir viviendo en su casa, se quedó en Bosconia, pagando arriendo y viviendo en zozobra. Su esposo al que nunca le contó la verdad, la abandonó en el 2011 cansado de tanta tragedia. “Yo no le dijo lo que nos pasó, pero yo creo que él sospechaba. No conseguía trabajo y eso lo aburrió, pero seguí adelante y aquí estoy muerta del miedo, pero decidida a seguir adelante”.

El pasado primero de agosto de 2013, ante tantas penurias y al ver que su casa seguía sola, volvió a vivir en ella. Lleva más de 15 días habitando allí y teme por su vida. Pidió protección a la Unidad Nacional de Protección y ha acudido a todas las instancias para recuperar su tranquilidad y sus derechos. “Estoy sola con mis tres hijos, el mayor y los dos menores de 11 y 13 años, pero no tengo otra alternativa. Por un lado me impulsa el proyecto de reconstrucción de tejido social que busca sacar a las mujeres de ese abismo en que uno cae, pero por otra parte quiero dejar todo y salir corriendo”.

Omadis Navarro Silva espera la protección del Estado para no dejar tirado el trabajo que durante más de siete años hace con mujeres que como ella han sufrido los estragos de la violencia.