“Sin conocer la historia es imposible construir un país mejor”

Youk Chhang, director del Centro de Documentación de Camboya, habló con VerdadAbierta.com sobre cómo la educación ha jugado un papel fundamental en el posconflicto de su país.

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Luego de una cruenta guerra civil de cinco años, la guerrilla maoísta de los Jemeres Rojos tomó el poder en Camboya, en 1975 y el país que pasó a llamarse Kampuchea Democrática. Durante los cuatro años siguientes los Jemeres Rojos, y su máximo jefe, Pol Pot, mantuvieron una dictadura brutal y se cometió uno de los peores genocidios del siglo XX. Cerca de 1.7 millones de camboyanos, es decir el 30% de la población del país fueron exterminados o desaparecidos por el régimen, la mayoría monjes budistas, minorías étnicas, intelectuales, profesionales y opositores políticos

En 1979, tropas vietnamitas invadieron a Kampuchea y derrocaron al gobierno. No obstante los Jemeres Rojos se mantuvieron como guerrilla activa hasta 1998 cuando murió su máximo líder. No fue sino muchos años después que el mundo conoció la magnitud de los crímenes contra la humanidad que se cometieron en ese país, y que estaban en absoluta impunidad. Apenas en 2006, gracias a la presión internacional se pudo establecer un tribunal similar a los instaurados en Ruanda y Yugoslavia, para que se investigue y juzgue a los líderes de la dictadura que sobreviven. Se trata de las Salas Extraordinarias de las Cortes de Camboya que funcionan conjuntamente entre el gobierno y la ONU.

El primer juicio comenzó en marzo de 2009 y en junio de 2010 se profirió la única sentencia que está en firme hasta ahora, en la que se condena a Kaing Guek Eav, alias ‘Duch’, a 35 años de prisión por crímenes de lesa humanidad. La mayoría de los altos mandos de la dictadura y los autores intelectuales de los crímenes han muerto, lo que ha limitado las acciones de las Salas.

Luego de que se conociera esta primera sentencia, el gobierno decidió llevar la historia de la Kampuchea Democrática y los Jemeres Rojos a las escuelas, que hasta ahora no había sido contada a las nuevas generaciones. Para ello editó un libro que se distribuyó gratuitamente en los institutos de Camboya y se creó una materia obligatoria para los estudiantes de bachillerato.

Youk Chhang, director del Centro de Documentación de Camboya (DC-Cam) y víctima del genocidio, jugó un papel crucial en la elaboración de este libro. Chhang estuvo en Colombia participando en la conferencia “Justicia en proceso de transición” organizada por el Centro Internacional de Justicia Transicional (ICTJ).

A continuación presentamos apartes de la conversación que tuvo VerdadAbierta.com con el experto camboyano.

Verdad Abierta: ¿Cree que el proceso judicial que se ha adelantado en la Salas ha aportado a reconstrucción de verdad?

Youk Chhang: Yo diría que legitima la búsqueda de verdad. Les da a la personas la posibilidad de enfrentar su propia historia. Además, para darle legitimidad a la sentencia, el gobierno creó libros de textos donde se explica qué es un genocidio y qué fue lo que pasó Camboya. El hecho de que exista una sentencia dice que es cierto que ocurrió un genocidio y permite que esa verdad sea transmitida a través de la educación.

VA: ¿Cómo son estos textos y cómo ha sido el proceso para escribirlos?

YC: Esto ha tomado cerca de siete años, no fue de un día para otro, sobre todo porque el genocidio es un delito político y hay muchos intereses de por medio. Pero de entrada los libros tienen un enfoque en las víctimas. Por ejemplo, hay dos definiciones sobre el genocidio, una tiene que ver con la ley y los convenios internacionales, pero la otra es la que tienen las víctimas, ellas no reconocen el delito en la definición técnica, sino que esa palabra les recuerda cómo las autoridades mataron a sus hermanos o a sus padres. El libro recoge las dos visiones.

Se ha integrado pedagogía contemporánea, se hacen comparaciones con casos internacionales como lo que sucedió en Alemania, Yugoslavia y Ruanda, para que los camboyanos no sientan son las únicas víctimas en el mundo. También se incluye el arte, el teatro y la música. Aunque suene paradójico, debes embellecer el crimen para que la gente se interese, los libros son muy bellos aunque la realidad del genocidio sea espantosa.

VA: ¿A quién están dirigidos estos libros?

YC: Son libros escolares oficiales, son obligatorios para lo que acá sería equivalente de grado 7 al 11. A los alumnos les hacen exámenes y si no lo aprueba puede perder el curso. Los jóvenes de Camboya son como los jóvenes de todo el mundo, muchos prefieren ir a cine, salir con sus amigos en vez de estudiar, pero el gobierno es el que está en la obligación de enseñarles lo que pasó.

La idea es que cuando tengan 18 años ya sepan lo que pasó, porque si a esa edad no conoces tu propia historia ¿Cómo puedes construir una sociedad mejor?

VA: ¿Por qué es importante que las nuevas generaciones entiendan esto desde el colegio?

YC: Si no se hace así el crimen va a continuar, somos los humanos los que cometemos los crímenes y nosotros mismos tenemos que entenderlo y desarrollar estrategias para prevenirlo.

La información de una sentencia ratifica esa verdad, le da un respaldo legal, académico y podría decirse que científico a la historia. La gente no suele pasar la página hasta que una verdad oficial confirme lo que hicieron y quién lo hizo.

Yo no quiero que los jóvenes pasen por lo que yo tuve que pasar, porque no hay palabras para expresar lo horrible que fue, pero tampoco quiero que estén obsesionados con el genocidio. Tienen que aprender para decidir, queremos que este conocimiento sea parte de su identidad y un incentivo para ser buenos ciudadanos. No queremos una generación rencorosa.

VA: ¿Cómo llegar a las generaciones que ya pasaron por el colegio?

YC: A diferencia de Colombia, en Camboya la violencia afectó a todo el mundo, hay 20 mil fosas comunes y actividades de memoria en todas partes, así que es imposible que no sepas. También hay muchas actividades religiosas en las que los camboyanos se involucran desde muy jóvenes.

El problema es con las personas que trabajan en oficios técnicos como en fábricas donde no pueden acceder a este tipo de educación, porque se puede formar una oposición al proceso y las políticas de la justicia transicional, pero casi siempre porque hay un desconocimiento.

Lo importante es entender que educar sobre el conflicto es un proceso largo, no se da de un día para otro, en Camboya llevamos 35 años.