El falso mito fundacional de las autodefensas de los Castaño

Los exparamilitares y las propias autoridades han dicho que las primeras autodefensas de los hermanos Castaño se crearon para vengar el secuestro y posterior asesinato de su padre. María Teresa Ronderos, en su libro Guerras Recicladas, encontró que esa historia no es del todo cierta.

Fidel, Vicente y Carlos Castaño Gil.Los documentos de los hechos violentos que ocurrieron en Amalfi, Antioquia, a finales de los años setenta y principios de los ochenta, dejan muchas dudas sobre la historia difundida por los hermanos Fidel, Vicente y Carlos Castaño sobre cómo se crearon los primeros grupos paramilitares.

Para María Teresa Ronderos, autora del libro Guerra Recicladas y fundadora del portal VerdadAbierta.com, “no fue a raíz del secuestro y muerte del padre de los Castaño, don Jesús, que nacieron un ejército de autodefensas y una familia dedicada a la contrainsurgencia motivada por la venganza como lo hicieron creer después sus hermanos para darle un origen justo a la causa violenta que enarbolaron”. Según la periodista esta ha sido “una verdad fabricada a punta de repetición”.

El Ejército y lo gamonales de la región aprovecharon el deseo de venganza del narcotraficante Fidel Castaño, de quien ya eran cercanos, para lanzar una ofensiva violenta contra la izquierda.

Para empezar hay varias inconsistencias en las versiones de los hechos. Aunque en el libro Mi Confesión, Carlos Castaño dice que a Jesús Castaño González, su padre, lo secuestraron en 1982 y luego habla de 1980, el Cinep y la base de datos de registro de secuestros del DAS dicen que el hecho ocurrió el 19 de septiembre de 1981. Los hermanos también dan diferentes versiones sobre el monto del rescate que va desde los 46 millones a 120 millones de pesos.

Según Carlos Castaño, Fidel estaba desesperado buscando el dinero para pagar el rescate y que incluso pidió un préstamo en el Banco Agrario. Pero de acuerdo con los documentos revisados por Ronderos, esta versión no es congruente con los hechos, pues para esa época los Castaño ya eran multimillonarios.

“Menos comprensible es que a fines de 1981, cuando su papá estaba secuestrado, Fidel se comprara la finca La Pasionaria, la más vistosa, en toda la entrada del pueblo de Amalfi, frente al cementerio, como si quisiera hacer un aspaviento de su riqueza”, agrega la autora.

Para entender mejor la historia, la periodista en su libro presenta una radiografía completa de quiénes fueron los Castaño antes del secuestro de su padre y la ola de violencia que se desató después de 1982 en el Nordeste antiqueño. Estos son algunos de los hallazgos más importantes de su investigación.

Los negocios de Fidel
Fidel Castaño fue el mayor de los 13 hijos de Jesús Castaño y Rosa Eva. Nació en Amalfi, al igual que otros exjefes paramilitares como los hermanos Rendón Herrera: Daniel, alias ‘Don Mario’, y Fredy, apodado ‘El Alemán’. Además, el narcotraficante Miguel Ángel Arroyave, conocido como ‘El Arcángel’.

Luego de terminar los estudios de primaria, Fidel se fue de su casa con un circo ambulante que pasó por el pueblo y se tardó más de cinco años para regresar a Amalfi. Según dijo el mayor de los Castaño, se fue a Venezuela y después trabajó en una mina de diamantes en Guyana. Con el dinero que trajo consigo compró la finca La Blanquita.

“La pequeña fortuna le desató la ambición y Amalfí le quedó chiquito”, dijo la autora. Fidel montó juegos de azar en Segovia, robó madera, asaltó camiones y empezó a contrabandear. La historia dice que a mediados de los años setenta se asoció con ‘el Mono Trejos’ y Carlos Arturo Zapata para hacer un robo al Banco de la República en la sede de Pasto.

Según conoció la autora por fuentes cercanas a Fidel, fue el narcotraficante Pablo Escobar quien lo encargó de organizar un flujo más constante de coca desde Bolivia hasta Colombia, pues en el país aún no existían cultivos industriales de la hoja.

Fidel arrastró a varios de sus hermanos al negocio del narcotráfico. Dos de ellos fueron enviados a Bolivia a vigilar las transacciones de droga y murieron en circunstancias que aún no son claras.

Vicente Castaño se asoció con sus hermanos cuando tenía 20 años. Juntos compararon una cantina, una negocio de ganado y comerciaron oro en Segovia. También lo ayudó a consolidar su nueva ruta de envío de coca en California, Estados Unidos, y ayudaba a coordinar los envíos. Carlos, quien era el consentido de Fidel, se fue a Medellín desde los 13 años y creció junto a varios jefes de narcotráfico y aprendió a matar muy joven de la mano de sus sicarios.

Para lavar la fortuna que estaba haciendo con el narcotráfico, Fidel compró varias fincas en Amalfi y una casa-finca en el Poblado, Medellín, conocida como Montecasino, famosa por ser durante años el centro de reuniones mafiosos. En su tierra lo vieron convertirse en un magnate. A comienzos de los ochenta ya andaba con escoltas armados y derrochaba dinero.

El mayor de los Castaño fue desde ese entonces muy cercano a la Fuerza Pública, pues no quería que obstaculizaran sus negocios clandestinos. Para tenerlos de su lado, Fidel les regaló motos a los uniformados y estos lo cuidaban.

“[la Fuerza Pública], como lo había hecho en el Magdalena Medio y en los Llanos, encontró en los nuevos ricos de Segovia aliados de chequera larga dispuestos a suplementar el restringido presupuesto con que debían limpiar la región de comunistas”, agrega Ronderos.

Algunos testigos de lo que sucedía en esa época le contaron a la autora que un día vieron a Fidel pelear con su padre en plena plaza de Amalfi. “Le sacó el revólver y todos creíamos que lo iba a matar. Ya eran matones, mucho antes de que les secuestraran al papá”, dijo el testigo.

Cuatro masacres, 65 muertos
En junio de 1982 se desató la más fuerte ola de matanzas en el Nordeste antioqueño desde la época de La Violencia. Los hermanos Castaño dijeron que fue una retaliación por la muerte de su padre. Carlos tenía 17 años para ese entonces y dijo que habían matado, sin ayuda de la Fuerza Pública, a los guerrilleros que participaron y planearon el secuestro de su padre.

De acuerdo a los documentos consultados por Ronderos, en un año se perpetraron cuatro masacres en esa zona de Antioquia: en junio de 1982 asesinaron a once personas en el caserío El Lagarto; el 18 de julio a mataron a dos familias en Remedios, algunos de cuyos integrantes al parecer trabajaban para los Castaño en la finca El Hundidor; del 4 al 6 de agosto fueron muertos 17 campesinos de nuevo en El Lagarto y cerca de 150 familias salieron desplazadas; y el 12 de agosto de 1983 cometieron otra masacre en las veredas Cañaveral y Altos de Manila, en Remedios, donde se estima que asesinaron a por lo menos 30 personas.

Pero, según la investigación de Ronderos, muchas de esas víctimas fueron personas cercanas a los movimientos de izquierda en la zona. Entre ellos, Francisco Rey, concejal de la Unión Nacional de Oposición (UNO), quien había denunciado la cercanía de Fidel con la Fuerza Pública en el pueblo. Un año después asesinaron a Gallego Copeland, concejal por ese grupo político y activo militante del Partido Comunista, a quien Castaño le atribuía la autoría intelectual del secuestro del padre. Asesinatos de líderes de izquierda estaba ocurrieron de forma similar y al mismo tiempo en el Magdalena Medio.

Los documentos y los testimonios de personas que conocieron de cerca la historia llevan a la autora a concluir que “el secuestro y la muerte del padre y seguramente el intento de secuestro de del administrador de su finca enfurecieron a Fidel Castaño, un mafioso en pleno apogeo, que no le gustaba que contrariaran su voluntad y que estaba disfrutando las mieles de su dinero. Pero su colaboración con el Ejército ya había comenzado desde antes. La venganza personal del finquero les sirvió de pantalla (o de justificación) a oficiales del Ejército y gamonales locales para lanzar una ofensiva violenta contra la izquierda – armada, pero sobretodo desarmada que se apreciaba más peligrosa para los poderes tradicionales locales”.

En notas periodísticas de la época, que informaban de las masacres, las fuentes militares consultadas por la prensa aseguraron que los responsables de esos crímenes fueron guerrilleros del Eln y de las Farc. El propio Fidel dijo a investigadores académicos que quien lo inició en “la línea de las autodefensas” fue el mayor Álvarez Henao, comandante del grupo de soldados del Batallón Bomboná en Segovia.

El libro Guerras Recicladas revela que, en su ambición, Fidel Castaño buscó hacerse a nuevas tierras en el departamento de Córdoba, donde por ese entonces las fincas estaban muy baratas. En una audiencia en cumplimiento del proceso de Justicia y Paz, Jesús Ignacio Roldán Pérez, alias ‘Monoleche’, hombre cercano a los hermanos Castaño, dijo “no solamente iba con el objetivo de acabar con la guerrilla sino también de buscar los sitios donde las tierras eran productivas”.

Existen denuncias sobre varias fincas que fueron despojadas violentamente por hombres de Fidel Castaño. En pocos años, este hombre se convirtió el propietario de varias predios emblemáticos de Córdoba, como Las Tangas, Jaraguay, Cedro Cocido, Santa Mónica, Santa Paula, entre otras (Ver: Los Castaño donaron tierra usurpada y luego usurparon tierra donada)

Fidel y la izquierda
El libro Guerras Recicladas se refiere también al cambio de la relación entre las Farc y Fidel Castaño a comienzos de los años noventa, justo antes de su asesinato. La autora recoge este testimonio rendido por Monoleche’ ante los magistrados de Justicia y Paz: “Él (Fidel) era un hombre de izquierdista. Decía que había combatido a la guerrilla no porque no le gustara la izquierda sino por el secuestro de su padre”. (Ver: Fidel Castaño y las Farc: una relación de amores y odios)

Varias fuentes consultadas por Ronderos coincidieron en precisar que a comienzos de los noventa Fidel se desilusionó de la causas por las que había estado luchado de la mano de agentes de Estado: “Le dijo a un confidente que conversó con él por esos tiempos que se había equivocado de causa; que Escobar no se había debido entregar; que el M-19 no ha debido hacer la paz; que él no ha debido enfrentar a las Farc; que todos se deberían juntar para confrontar a la oligarquía, esa que no quería compartir el poder”.

Según alias ‘Monoleche’, a finales de 1992 Fidel se reunió en sus fincas en Córdoba con comandantes del Frente V de las Farc que venían de parte de ‘Manuel Marulanda’, máximo jefe de esa guerrilla. De acuerdo con la versión de Manuel Arturo Salom, alias 'JL', sargento retirado del Ejército que entrenó a los paramilitares de los Castaño, en esas reuniones los oyó hablar de cómo se iban a dividir el territorio.

Este acuerdo nunca se concretó pues Fidel estaba ocupado en su lucha contra Pablo Escobar y la expansión de sus paramilitares al Urabá antioqueño. El 2 de diciembre de 1993 cayó muerto Escobar y según dice ‘Monoleche’ esa noche Fidel se dijo a sí mismo: “Fidel, Fidel tienes que saber administrar el poder que te llegó”. Lo cierto es que ese poder no le duró nada, pues un mes después fue asesinado en circunstancias aún no esclarecidas.