Por una lápida sin alias

Carlos Andrés Pinzón fue su verdadero nombre, pero su tumba portaba la identidad que le dieron los paramilitares: ‘Néstor – Auc’. 13 años después de su muerte, cambiaron la lápida de este menor reclutado en Charalá, Santander.

ninio no alias 1Durante varios años en la tumba del menor de edad estuvo el nombre de guerra que le dieron los paramilitares. Su abuelo falleció esperando que las autoridades le ayudarán a cambiarlo por el real.“Carlos Andrés tenía 14 años, era mi nieto, hijo de mi hija Olga. Vivíamos en la vereda La Loma. Cosechábamos yuca, caña y plátano. Él asistía a la escuela de Riachuelo “Nuestra Señora del Rosario”. Los paramilitares los reunían. Con un sueldo de 300 o 400 mil. Era obligación asistir a las reuniones”, dice el breve relato que reconstruyó Roque Pinzón, el abuelo de Carlos Andrés en un taller de Memoria realizado por la Alianza Iniciativa de Mujeres Colombianas por la Paz.

Desde que tenía 6 años el niño fue dejado al cuidado de su abuelo que vivía en Riachuelo, un corregimiento de cuatro cuadras en el municipio de Charalá. La rutina era simple: Roque despertaba todas las mañanas a Carlos y lo perseguía hasta que se bañaba, desayunaba y salía a la escuela. Mientras estudiaba, Roque trabajaba en su finca y cocinaba el almuerzo. Cuando el niño regresaba de la escuela al medio día, almorzaba, le ayudaba a su abuelo con los cultivos y salía a jugar con sus amigos del pueblo. Roque era viudo y Carlos nunca le dijo abuelo, siempre lo llamó papá.

Según su familia cuando grande Carlos Andrés quería ser parte del Ejército, pero cuando cursaba tercero de primaria y tenía 13 años se salió de la escuela y empezó a trabajar. Era 2002 y los paramilitares habían llegado a Charalá para convertirlo en un centro de operaciones: se tomaron la iglesia,  el centro de salud, la ambulancia y la escuela.

Con la ayuda de la rectora y una profesora, los paramilitares convirtieron a la escuela Nuestra Señora del Rosario en un centro de terror para los niños. En las tardes los obligaban a limpiar las armas, organizaron reinados de belleza donde los ‘paras’ eran jurados, reclutaron a la mayoría de los niños y abusaron sexualmente de varios de ellos. Carlos Andrés fue una de esas víctimas, según la investigación de la Fiscalía.

En febrero de 2002 con solo 13 años y un sueldo de 300 mil pesos, Carlos Andrés entró a las filas del Frente Comunero Cacique Guanentá, un grupo paramilitar que hacía parte del Bloque Central Bolívar y que delinquió en el Suroriente de Santander. Durante 4 meses estuvo trabajando en las fincas Villa Elvia y el Cuadro, propiedad de los ‘paras’. En junio lo subieron a una camioneta para llevarlo al frente de combate y nadie en su familia volvió a saber de él.

De acuerdo con las versiones de los desmovilizados, el 5 de octubre el niño fue usado como carne de cañón en un enfrentamiento con el Ejército. En medio de las balas, Carlos Andrés se asustó, botó las armas y salió corriendo. Aun así, los reportes del levantamiento del cuerpo mostraron que tenía 17 heridas de bala en su pecho y abdomen.

William Carreño, un paramilitar conocido en el pueblo como ‘Chirrete’, le avisó a la familia de su muerte y tuvieron que ir hasta Medicina Legal en San Gil para reconocer su cuerpo. El velorio se planeó el 7 de octubre, sin que la familia pudiera decidir nada: los paramilitares trasladaron el cuerpo, contrataron a la funeraria, lo velaron en la sede paramilitar, eligieron el panteón y marcaron la tumba con el alias.

La familia no salió del pueblo, ni pidió explicaciones a los paramilitares por miedo a represalias.

Una reparación empapelada

ninio no alias 25Tras varios años y después de sortear diferentes obstáculos burocráticos, la familia pudo instalar una lápida con el verdadero nombre de la víctima.“La persona más afectada fue el abuelo, no era más sino nombrarlo y empezaba a llorar. Él se guardaba todo y nunca explotó. El problema del abuelo fue más psicológico, su muerte tuvo que ver con las tristezas”, dijo un miembro de la familia Pinzón.

El abuelo siempre decía que quería recordar a Carlos Andrés como un estudiante y no como un combatiente. En un taller de memoria realizado en Riochuelo, el abuelo tomó los colores y dibujó a su nieto junto al colegio, lo tituló: “El mejor recuerdo de mi nieto”. En el texto que acompañaba el dibujo dice, “quiero que le coloquen la lápida con el nombre real”.

Se presentó ante la Unidad de Víctimas en 2009 para que reconocieran el crimen contra su nieto. Aseguraba que con la plata que le dieran como parte de la reparación iba a comprar una nueva lápida, también insistió ante los fiscales de Justicia y Paz. Pero de los funcionarios obtuvo todo tipo de respuesta: que no tenía derecho porque el niño era supuestamente victimario (argumento que desmiente la ley); que no tenía un certificado de desmovilizado, porque claro, estaba muerto; que no hay registro civil de defunción, porque fue una sepultura organizada por los ‘paras’; que tenía que hacer un exhumación para saber si era el cuerpo, a pesar de que los familiares estuvieron presentes en su entierro.

ninio no alias 4Dibujo del abuelo hecho en medio de una jornada de memoria.Por ninguno de los caminos le dieron respuesta. En 2014 el caso llegó al Tribunal de Justicia y Paz de Bogotá, pero Roque falleció el 16 de diciembre de 2012 sin ver su deseo cumplido. “No podemos detenernos en un engranaje normativo que se hace ajeno al clamor de las víctimas, no podemos convertirnos en unos indolentes normativos. Que estemos privilegiando el parágrafo, el numeral o el inciso frente al dolor humano, eso nos hace de alguna manera cuestionarnos qué tan útiles somos para atender la inconmensurable situación de los hechos que circulan en esta jurisdicción”, dijo en audiencia la magistrada Alexandra Valencia cuando conoció el caso.

El pasado lunes 30 de noviembre, el Tribunal de Justicia y Paz de Bogotá con la ayuda de la Organización de Internacional para las Migraciones (OIM) fue hasta a Charalá para cumplir el deseo de Roque y cambiar la lápida. Este acto simbólico le devolvió al identidad a Carlos Andrés Pinzón, un niño que nunca debió haber tenido un alias.  

La escuela del terror

ninio no alias 3Esta historia también da cuenta de otros reclutamientos y agresiones contra menores de edad en Santander, bajo la supuesta complicidad de empleados del colegio de Riachuelo.Este acto es un símbolo para Charalá y los municipios vecinos, donde según la Fiscalía fueron reclutados 214 menores por el Bloque Central Bolívar. Los pobladores aseguran que al corregimiento de Riachuelo le hace falta una generación, pues los niños que no entraron a las filas del grupo, tuvieron que salir desplazados.

Las víctimas y los desmovilizados aseguran que fue una profesora y la rectora del Colegio Único de Riachuelos, Lucila Inés Gutiérrez, quienes propiciaron el reclutamiento forzado y alentaron a algunas niñas a tener relaciones sexuales con los paramilitares. Según los habitantes, algunos estudiantes terminaban la jornada escolar, cogían su fusil, salían a prestar guardia o a patrullar en el corregimiento, inclusive con sus uniformes escolares puestos.

Las investigaciones indican que la rectora organizó reinados en la institución con la supuesta complicidad con el comandante militar del Frente Comuneros Carlos Alberto Almeida Penagos, alias ‘Víctor’, para que él y otros jefes de la zona se llevaran a las niñas a sus campamentos. La profesora era la encargada de maquillarlas.

El pueblo aún recuerda a José William Parra Arroyave, alias ‘Chuster’, coordinador de una escuela militar donde además de entrenar a los niños, los obligaba a desnudarse y abusaba sexualmente de ellos. A  Pedro Antonio Ronderos Lizarazo, alias ‘Silvestre’ y a William Carreño, alias ‘Chirrete’, dos paramilitares que obligaban a los menores a convertirse en “niños de compañía” y los emborraban o los amenazaban para violarlos.  ‘Chuster’ está prófugo de la justicia y ‘Silvestre’ y ‘Chirrete’ fueron asesinados por sus compañeros de grupos, pues según decían, estaba prohibido abusar sexualmente de los civiles. Aunque esta regla no aplicó para quienes violentaron a las niñas y las mujeres.  

La rectora fue retirada de su cargo solo hasta 2013, pues tiene una investigación activa en la Fiscalía de la que hasta ahora no hay ningún resultado.