El mimo que quieren como Alcalde

Un grupo de 16 organizaciones culturales acaban de proponer el nombre de Julián Andrés Taborda Nanclares como candidato a la Alcaldía de Medellín. El único inconveniente es que Julián, un artista clown, fue asesinado hace dos años.

mimo-julian-1Uno de los crímenes que más conmocionó a la comunidad artística de Medellín fue el de Julián Andrés Taborda. Ocurrió el 7 de enero de 2013, justo en momentos en que la violencia ejercida por los combos delincuenciales ya habían cobrado la vida de por lo menos 15 jóvenes artistas de la ciudad. Foto: José Guarnizo.

Si las balas no hubieran cegado su vida, Julián Andrés Taborda Nanclares estaría celebrando este martes 28 de julio su cumpleaños más anhelado. Ese día hubiera alcanzado su mayoría de edad y con ello, la oportunidad de hacer realidad ese gran sueño que cultivó desde muy chico: poder viajar por todo el país y el mundo entero entreteniendo a los públicos más variados como artista clown.

Y seguramente lo anterior hubiera sido la triste anécdota de una de las tantas familias más de una ciudad como Medellín, acostumbrada a ver morir de forma violenta a sus jóvenes más valiosos, de no ser porque un grupo de 16 organizaciones culturales de la ciudad decidió lanzar una campaña donde proponen el nombre de Julián como candadito a la Alcaldía de Medellín.

Efectivamente, la campaña se llama “No copio” y con ella, las organizaciones culturales buscan unirse en torno a la figura de Julián “para decirle a esta ciudad que nada justifica el homicidio y que tenemos que hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que la cifra siga disminuyendo y eliminar los factores estructurales del homicidio en Medellín”, tal como reza en su programa de gobierno.

De acuerdo con Lucas Jaramillo, uno de los integrantes del equipo de campaña de Julián, con esta iniciativa se busca llamar la atención de las autoridades locales así como de los demás aspirantes al máximo cargo de elección de popular de la ciudad para que adopten medidas que frenen definitivamente los homicidios de jóvenes de todos los sectores, principalmente el cultural, que en los últimos cuatro años ha visto caer por cuenta de las balas asesinas por lo menos una veintena de músicos, raperos, grafiteros y artistas jóvenes como Julián.

“Lo que se propone es convertir a Julián en el símbolo de muchos otros casos; hablarle al poder desde un sector cultural que está cuestionando que haya indiferencia frente a adolescentes populares asesinados”, señala Jaramillo. Las propuestas de campaña de Julián se resumen básicamente en tres puntos: que la vida no cueste tanto, que uno nazca con la vida ganada y que matar a un joven de Medellín no sea tan barato.

“Sigue habiendo mucho pelado en Medellín que no puede salir a cualquier hora de su casa, que no puede pasar de un barrio a otro, que vive con miedo, con tanto miedo que no se puede nombrar, con tanto miedo que no se alcanza a desear una vida sin miedo”, como señala en su propuesta de campaña, que además termina con una frase lapidaria: “nosotros vamos a compartir nuestro plan de gobierno con todos, cualquier idea, lema, que quieran usar las otras campañas se los cedemos. Yo tengo un gran problema para estas elecciones que espero lo podamos solucionar en el futuro cercano: el 7 de enero de 2013 fui asesinado”. (Ver: Caen más héroes defensores de derechos)

El joven que soñaba con hacer reír   
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Al momento de su muerte, el 7 de enero de 2013, Julián Andrés Taborda Nanclares tenía 15 años, lo conocían como ‘Crispi’ y ya había arrancado sonoros aplausos y despertadas sinceras ovaciones en sus primeras presentaciones como artista clown. Su sueño, tal como lo recuerda su madre, Rosa Amelia Nanclares, fue hacer reír a los demás

“Desde muy pequeño se le metió en la cabeza que él quería ser payaso, que lo apoyara que era eso lo que le gustaba. Él decía que cuando cumpliera 18 años se iba ir a trabajar y a viajar como artista”, recuerda Rosa Amelia.

Y así fue. Desde el mismo momento en que Julián confesó cuál sería su vocación, Rosa Amelia lo vinculó con Casa Arte, un espacio de formación artística con sede en el corregimiento Altavista, suroccidente de Medellín, que busca arrebatarle jóvenes a la violencia urbana mediante la lúdica, la música y la pantomima. “Y Camilo Baena, el director de Casa Arte, fue quien más lo apoyó. Julián se mantenía prácticamente todo el día allá. Y a mí me parecía muy bonito el camino que él estaba tomando”, añade Rosa Amelia.

Pero la violencia truncó sus sueños. Para esa época, los enfrentamientos entre los combos delincuenciales conocidos como ‘Los Chivos’; ‘La 14’; y ‘La Perla’ tenían prácticamente arrinconados a los habitantes del corregimiento Altavista. Los violentos impusieron las llamadas “fronteras invisibles” para evitar que los habitantes de un barrio pasaran libremente a otro sector contiguo. Encerrarse en casa desde tempranas horas de la tarde se convirtió en parte de la cotidianidad de familias como los Taborda Nanclares. No pagar la famosa vacuna, una microextorsión que cobraban los armados, implicaba una sentencia de muerte.

Para los más jóvenes la situación era aún más crítica. La presión para vincularlos forzosamente a las bandas delincuenciales era constante y quien se rehusara corría grave riesgo. “Al final, él vivía muy aburrido porque los ‘muchachos’ del barrio lo querían coger de ‘carrito’, que se vinculara a ellos. Y como se negó, por eso lo mataron”, relata la madre de Julián, quien pese a su corta edad, no solo llegó a ser orgullo y admiración de sus cinco hermanos menores sino de muchos otros jóvenes de Altavista, a quienes logró contagiarles el amor por la pantomima.

Y no exagera Rosa Amelia al decir que todos sus vecinos del corregimiento Altavista lloraron su muerte: “todo el mundo lo apreciaba, se hacía querer y ya le reconocían su talento como artista. La velación fue impresionante. Mucha gente vino a darle el último adiós. Luego de su muerte, Camilo Baena, de Casa Arte, inició una campaña para frenar la violencia en el barrio, que se acabaran las fronteras invisibles. Y la verdad es que el barrio sí cambió después de la muerte de mi muchacho”.  

Las autoridades de Policía de la ciudad capturaron a los asesinos, quienes ahora purgan largas condenas en una cárcel de Medellín. Y hoy, cuando la administración municipal celebra como hecho histórico la reducción de homicidios en Medellín, pues hasta el 30 de mayo se registraron 174 asesinatos, 118 menos que los ocurridos en el mismo periodo de 2014, Julián Andrés Taborda le recuerda a la ciudad que, pese a ello, aún falta mucho por hacer para erradicar completamente la violencia homicida que afecta principalmente a los jóvenes.

“La cifra viene bajando, muy bacano, la impunidad al homicidio ha bajado un poquito, bien. Pero hay que hacer mucho más, no se puede copiar de asesinos, porque nada justifica el homicidio. No preguntés por qué lo mataron, no seas hijue… el único equivocado es el asesino”, sentencia el mimo que hacía reír a su familia y sus vecinos, que fue asesinado en 2013 y que hoy, aunque suene raro, sueña con ser alcalde de Medellín.