Medellín consolida un espacio para la memoria

Con una inversión cercana a los 17 mil millones de pesos, este proyecto urbano pretende rescatar los hechos del conflicto urbano y propiciar profundas reflexiones entre sus visitantes.
 
La Casa Museo de la Memoria es un nuevo espacio urbano en Medellín. Foto: Cortesía  
Bajo la premisa “Recordar para no repetir”, el Museo Casa de la Memoria de Medellín se viene consolidando como un lugar que invita a la reflexión sobre la realidad local desde la perspectiva de las violencias y el conflicto armado, y un espacio propicio para los procesos de formación de todos aquellos que pretende profundizar en lo sucedido en la ciudad y el país durante las últimas décadas.

El proyecto surgió en la Alcaldía de Medellín y su Programa de Atención a Víctimas del conflicto armado, a partir de las memorias de la violencia y el conflicto armado, por lo que en 2007 se conformó el Área de Memoria Histórica, encargada de generar espacios de “reflexión e informar sobre los hechos conflictivos que han tenido lugar en Medellín y Colombia durante las últimas décadas”.

La administración municipal expresó la necesidad de crear un lugar en el que las víctimas puedan dignificarse y mostrar sus puntos de vista sobre los hechos violentos en la ciudad y el país, de ahí que la Casa de la Memoria se incluyera en el Plan Urbano Integral (PUI) de la zona centro oriental de Medellín y su proyecto Parque Bicentenario.

Si bien en diciembre pasado se realizó un acto de inauguración, el Museo aún está en construcción y una vez acabadas las obras contará con un área interna de 3.800 metros cuadrados, con salas de exposición temporal y permanente, aulas para talleres, una bodega, oficinas, una sala de reflexión, un auditorio y un centro de documentación especializado en conflicto armado, derechos humanos, violencia, memoria histórica y temas afines, que incluirá los archivos de la Corporación Región y el Instituto Popular de Capacitación (IPC), los cuales fueron donados a la Museo Casa de la Memoria. En la actualidad se avanza en la catalogación del material.

En la construcción del Museo, que contará con un espacio abierto de 20 mil metros cuadrados con bosque, camino, plantas y un espejo de agua, se invirtieron 17 mil millones de pesos, aportados por la Alcaldía de Medellín con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo.

El exalcalde de Medellín Alonzo Salazar precisa que en el Museo los protagonistas son los familiares de las víctimas: “El proyecto, desde que inició, ha buscado de manera especial la posibilidad de que la verdad sea escuchada, que el reclamo de las víctimas sea escuchado en todos los rincones del país para que nos sensibilicemos frente a una realidad que no se puede negar”.

Isabel Dapena, directora museografía, anota que en las exposiciones y salas de la Casa de la Memoria, “la experiencia está enfocada a ser muy reflexiva, pero también dejando más preguntas que respuestas, para que cada uno se asuma desde su posición social en la ciudad y pueda, de alguna manera, articularse con esta reflexión que hacemos”.

Es por ello que el Museo contará las memorias en formato multimedia, con imágenes y audios, apoyándose en el uso de la tecnología para que los visitantes puedan interactuar con los contenidos. Por ejemplo, se plantea una sala con pantallas táctiles donde los visitantes podrán escoger el formato y el orden para conocer las historias proyectadas.

El relato será contado a modo de cronología, dándole protagonismo a las voces de las víctimas, pues no se pretende dar un espacio amplio a los victimarios, sino lograr que quienes han sufrido el conflicto tengan un espacio para contar su dolor, algo que es real y que viven todos los días.

En palabras de Teresita Gaviria, presidenta de la Asociación Caminos de Esperanza-Madres de la Candelaria, “este es un proyecto donde se plasman nuestras memorias, aunque dolorosas. No tenemos tumbas, pero sí historias tristes. Aquí inicia la Comisión de la verdad, para que el desaparecido, que era uno más del montón, tenga un lugar. Ellos existen y los seguimos recordando y esperando”.

La historia de violencia en Medellín está marcada por diferentes etapas, hechos y personajes, es por ello que desde la Corporación Región y el Museo de Antioquia, operarios del Museo, se decidió hacer una exposición a modo de cronología, cuyo relato de guerra inicia en 1948 con la muerte de Jorge Eliecer Gaitán, hecho que marcó definitivamente la historia de la tragedia colombiana.

Los elementos que serán presentados en la exposición, que se abrirá definitivamente en el transcurso de este año, se definieron a partir de 28 talleres que realizaron la Corporación Región y el Programa de atención a víctimas del conflicto armado de la Secretaría de Gobierno con alrededor de 400 víctimas, funcionarios, artistas, empresarios, líderes y jóvenes.

Uno de los resultados de esos trabajos colectivos, que ya puede observarse es un memorial en las afueras del Museo, son los nombres de 480 hombres y mujeres asesinados, desplazados y afectados por minas antipersonales, escritos con puño y letra de los familiares de las víctimas en placas de acrílico.

Luz Amparo Sánchez, de la Corporación Región, explica que “la Casa de la Memoria tiene un espacio para hacer una exposición, para hacer un relato de lo que nos pasó, pero también tiene un espacio para el encuentro y uno para los talleres, para que las personas no solamente cuenten, sino que pueda re-elaborar, producir, de manera creativa, a partir de lo que vivieron”.

A juicio de esta investigadora, ese tipo de intervenciones es muy novedoso y marca una diferencia con otros museos similares alrededor del mundo. “Éste, como los demás, tendrá imágenes y un guion, pero también habrá un relato vivo y paralelo que será el de las múltiples voces cuando desde ahí se pueda escuchar a las víctimas”.

Una particularidad del Museo Casa de la Memoria es que está materializándose en un país en medio del conflicto, de modo que hay una responsabilidad no solo con las víctimas de hechos pasados, sino con las víctimas de hechos que ocurren diariamente. Así, sus dinámicas han de ser cambiantes, constituyéndose como un espacio no solo de reconstrucción sino de reflejo de lo que pasa en la ciudad y el país.

Esta Casa tendrá el reto de incluir a una parte de la sociedad que no ha sufrido el conflicto armado y por ello no se considera víctima. Al respecto, la socióloga Ifigenia Navarro señala que “el punto importante es entender que yo, aunque no soy víctima directa, tengo la responsabilidad de reconocer a quienes sí lo han sido, y darles un espacio en la ciudad y en la conciencia; dejar de lado la familiaridad que tenemos con los crímenes, pues hemos crecido viéndolos y estamos acostumbrados a ellos”.

Según Navarro, un espacio como este Museo de la Memoria permite que “nos miremos como sociedad para que nos avergoncemos y evitemos que sigan sucediendo cosas como las que ocurren en este país”.

A su vez, Marta Inés Villa, coordinadora del programa de Migraciones y Derechos Humanos de la Corporación Región, complementa esa apreciación afirmando que no se trata solo de ver lo que pasó, de constatarlo, “sino de preguntarnos por qué pasó, cuáles son las responsabilidades de que esto haya pasado y cuál es el camino de reparación y de justicia para que esto no siga pasando”, lo que dota de sentido el quehacer de la Casa Museo de la Memoria, que servirá para dar un lugar a los que ya no están y a dignificar a quienes quedaron.