Mujeres de Putumayo, ganadoras de premio nacional de derechos humanos

Tejedoras de vida agrupa a 300 líderes de ese departamento que recibió el premio Antonio Nariño, por su trabajo en DD.HH y que es entregado por las embajadas de Francia y Alemania.
 
Ganadores del premio Antonio Nariño. Foto:cortesía de la Embajada de Francia a Semana.com  

Jenny (22 años), Mónica y Nelsy (gemelas, 18 años), y María (12 años). Todas hermanas, de apellido Galárraga Meneses, se convirtieron en el símbolo de la violencia hacia las mujeres en el Putumayo.
 
Las cuatro fueron asesinadas (2001), degolladas por paramilitares del Bloque Sur de las Autodefensas, porque supuestamente eran auxiliadoras de las Farc en el municipio de La Dorada, y encontradas años más tarde en una fosa común (2010). Que el crimen del que fueron víctimas no quede en la impunidad es una de las obsesiones de Tejedoras de Vida, una organización que agrupa a mujeres para defender sus derechos, protegerlos y para recordar los crímenes que se han cometido contra las de su género, y que este lunes fue reconocida por las embajadas de Francia y Alemania, que le otorgaron el premio de paz y derechos humanos Antonio Nariño.
 
Fátima Muriel, representante de la organización, confiesa que no ha sido fácil luchar por sus derechos. Ella reconoce que en Putumayo pasa de todo: guerrilla, paramilitares, violencia intrafamiliar, pobreza. Por eso, después de hechos tan trágicos como el de las hermanas Galárraga Meneses, decidieron ponerse de pie. Protestar.
 
El movimiento tomó fuerza en el 2003 cuando, en todo el departamento, las mujeres se unieron para manifestar el rechazo por la violencia que estaba acabando con sus vidas. Esa vez fue por un líder indígena, más adelante por una afro, después por una mujer golpeada por su esposo. En el 2005 marcharon por las áreas urbanas y rurales de la región, unidas en una sola voz: no más violencia hacia las mujeres.
 
“Los últimos ocho años fueron muy difíciles, el país se militarizó y todo empeoró. Cada vez parecía complicarse más el trabajo de las defensoras de derechos humanos, cada vez nos relacionaban más con la guerrilla”, cuenta Fátima, quien recuerda el caso de un de sus compañeras de Tejedoras de Vida, que está detenida desde hace dos meses bajo el delito de rebelión. “Supuestamente era una colaboradora de la guerrilla”, dice la líder, al tiempo que reconoce que estar en la cárcel es el menor riesgo al que están expuestas como defensoras de derechos humanos.
 
“La primera amenaza a la que uno se enfrenta es la de muerte”, advierte Fátima, y en seguida señala “pero vale la pena”.
 
Gladys, otra de las mujeres de la organización, coincide con Fátima. “Es un trabajo muy duro, pero vale la pena. En un país como este y en una región como Putumayo es necesario que existan mujeres que se encarguen de defender sus derechos”, dice. Y recuerdan las cifras, que justamente las tienen ahí, luchando para que no haya impunidad.
 
Entre 2000 y 2011, 146.513 personas fueron desplazadas en Putumayo, según Acción Social. El 50,1 por ciento eran mujeres (aproximadamente 73.390), de las cuales el 23 por ciento son cabeza de familia. Los asesinatos son otro número en rojo. El 62 por ciento de las putumayenses tienen en promedio dos hijos muertos por la violencia. Diez de cada cien son viudas por situaciones relacionadas al conflicto armado. El 25 por ciento asegura haber estado en medio de emboscadas, el 19 por ciento dice haber sido víctimas de amenazas de muerte por parte de las Farc o de los paramilitares.
 
Los números no mienten. Y las historias tampoco. Por eso, la lucha de las mujeres que hacen parte de Tejedoras de Vida es clara. “No queremos más violencia, queremos justicia”, dice Fátima. Por eso aunque no trabajan para ganar premios, el reconocimiento que recibieron, después de competir con más de una docena de organizaciones, les da una gran oportunidad. “Podemos hacernos más visibles, mostrar más qué es lo pasa en las regiones”, dice Gladis.
 
Las ganadoras de este premio de paz recuerdan a Carmen Palencia, quien lo obtuvo el año pasado y quien desde otro ámbito, el de la restitución de tierras, ha logrado llevar su problemática (concentrada en el Urabá) a la discusión del centro del país. “Ojalá uno pudiera hacer lo mismo, lograr hacer que se hable de las mujeres y de sus derechos”, sentencia otra de líderes.
 
El grito de las mujeres
“Si nosotras nos quedamos calladas nos matan y si hablamos nos matan, entonces que nos maten hablando”, dice Zereida Romero, quien hace parte del Comité de la Mujer de la Asociación Campesina del Suroriente del Putumayo.
 
Hablar y denunciar es el espíritu de esta alianza de mujeres. “Que no nos dé miedo hablar de lo que sucede con nosotras y decir cuando nuestras mujeres son violentadas por la guerrilla, por los paramilitares, por el ejército o por nuestros propios esposos”, asegura Fabiola Erazo antes de contar su historia.
 
“Mi hermana fue defensora de los derechos humanos toda su vida y era la líder de su municipio. El 10 de junio del 2001 más o menos a las 6:30 de la mañana mi hermana fue sacada de su casa junto a su esposo por un grupo de paramilitares, los llevaron al río y los asesinaron”.
 
Amanda Lucia Camilo, coordinadora de la ruta pacífica en el departamento de Putumayo y fundadora de Tejedoras de Vida, asegura que la labor de ellos es doble. Por un lado está el de mantener el anhelo de pensar en un Putumayo sin guerra que permita construir un nuevo tejido social y también la reconstrucción de la memoria de lo que sucede en su tierra.
 
Esta bióloga y ambientalista lleva quince años trabajando con las mujeres de su comunidad, tomándose la plaza pública, haciendo acompañamiento a las mujeres y emprendiendo acciones de resistencia pacífica y de sensibilización. “Lastimosamente la situación no ha mejorado y las mujeres siguen siendo asesinadas. El componente militar en cada uno de los municipios (del Putumayo) se ha convertido en un factor de altísimo riesgo que contribuye a la feminización de la pobreza”, dice Camilo.
 
Para las Tejedoras de Vida el premio no solo significa el reconocimiento a su labor sino es una oportunidad para que se reconozcan los derechos de las “mujeres que siguen siendo asesinadas por el conflicto armado y donde el cuerpo de ellas es objeto de guerra”. (Ver vídeo).
 
El premio
Las embajadas de Francia y Alemania entregan, desde hace dos años, el premio Antonio Nariño a organizaciones que trabajan por la paz y la defensa de los derechos humanos. Este año, luego de analizar cerca de 25 propuestas de diferentes partes del país y visiones, resultó como ganador Tejedoras de Vida. El grupo, de más de 300 mujeres, recibe además de una obra el bronce del artista Nadín Ospina, un viaje a Alemania y a Francia, en donde un representante de la organización compartir su experiencia con otros defensores de derechos humanos.
 
La finalidad de este premio, según sus organizadores, es recompensar actividades o proyectos nacionales o internacionales, individuales o colectivos realizados en Colombia, sin distinción de nacionalidad, sobre la divulgación, promoción, defensa y protección de los Derechos Humanos, en el espíritu de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948.
 
Otras de las iniciativas premiadas fueron la Mesa de derechos humanos y convivencia de la comuna seis de Medellín, la Fundación Sembrar y la Escuela de convivencia pacífica y solidaria, que integra a seis departamentos (Meta, Vichada, Guaviare, Guanía, Vaupés y Amazonas).

Vea un fragmento del documental sobre las Tejedoras de Vida haciendo clic aquí.

Publicado en Semana.com.