En La Moralia no olvidan y piden reparación colectiva

Este corregimiento de Tuluá de la zona montañosa de Valle del Cauca fue, hace 18 años, escenario del primer crimen que los paramilitares de los hermanos Castaño Gil cometieron en este departamento. A partir de allí, desataron una ola de violencia que generó decenas de muertes y cientos de personas tuvieron que desplazarse de manera forzada.

La MoraliaLos habitantes de La Moralia cumplieron nuevamente la cita que tienen con las primeras víctimas de la arremetida paramilitar en Valle del Cauca. Foto: Laura Angélica Cerón - Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH).

El 31 de julio de 1999 cambió la historia de las comunidades campesinas que habitaban la parte media y alta de la montaña de Tuluá. Paradójicamente, lo que sería una gran celebración se transformó en un día de de luto que tuvo como telón de fondo la 'presentación' de las recién llegadas Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu) a la región.

Ese día, los 50 paramilitares que los hermanos Carlos y Vicente Castaño Gil enviaron desde el Urabá antioqueño semanas atrás, marcharon hacia La Moralia, en donde se celebraban las fiestas patronales de la Virgen de Carmen. Al llegar al sitio de congregación, reunieron a los asistentes, dieron su discurso antisubversivo, pintaron siglas alusivas al grupo armado ilegal y asesinaron a Orlando Urrea y a su hija Sandra Patricia.

Los hermanos Castaño y el Bloque Calima

A partir de ese momento, replicaron esa estrategia de hacer breves incursiones para asesinar a supuestos colaboradores o simpatizantes de las guerrillas. Tan sólo en sus dos primeros meses en suelo vallecaucano, como lo documentó la Fiscalía de Justicia y Paz, los hombres de la denominada Casa Castaño cometieron varias masacres en la zona rural de Tuluá, San Pedro, Sevilla y Bugalagrande, asesinando a 37 campesinos. Esas acciones causaron cientos de desplazamientos forzados y afectaron el tejido social de la comunidad.

Así fueron las primeras masacres del Bloque Calima

Para contrarrestar esos efectos y como un acto de resistencia, tras la desmovilización en diciembre de 2004 del Bloque Calima, nombre con el que años después fue bautizado el grupo de las Accu en Valle del Cauca, las comunidades decidieron conmemorar cada año los hechos ocurridos en La Moralia para rescatar la memoria de las víctimas y pedir reparación, pero, sobre todo, para exigir la no repetición de ese tipo de violencia.

La conmemoración de este año se realizó el pasado domingo en el centro poblado de La Moralia y se centró en la memoria y la dignidad campesina. En ella se celebró una misa campesina, que es un ejercicio cristiano acompañado de música y tradiciones de esa comunidad; luego hubo actividades teatrales y actos simbólicos, con la participación central de las víctimas.

Éver Rivera Méndez, presidente de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Valle del Cauca (Astracava), seccional Tuluá, una de las organizaciones que trabaja por la construcción de la memoria histórica de la región, cuenta que la motivación de hacer este tipo de encuentros es la lucha contra la impunidad y evitar que el manto del olvido encubra lo sucedido a finales de los noventa y los primeros años del nuevo milenio.

Sobre los Urrea y las demás víctimas de las Accu, le dijo a VerdadAbierta.com que “eran unos campesinos que trabajan por su comunidad y sus derechos. Los paramilitares llegaban a pueblos como Monteloro, Santa Lucía y Barragán, sacaban a la gente y la mataban por ser supuestos auxiliadores de la guerrilla. Es una situación muy amarga porque eran líderes y a uno le da tristeza que mataran campesinos porque decían que eran de la guerrilla. ¡Mentiras! Estaban acabando con el sector campesino y por eso se dieron tantos desplazamientos”.

La masacre que aterrorizó a San Rafael, Valle del Cauca

Por todo ello, una de las peticiones que hace con más fuerza es la no repetición de esos hechos: “Queremos decirles a los actores armados que no queremos que estos hechos se repitan; queremos que en este momento histórico de paz no se repitan más muertes de líderes campesinos y que entre todos construyamos un nuevo país. También, decirles a las entidades competentes que desde nuestras organizaciones campesinas les exigimos que estos hechos no vuelvan a suceder porque ha sido un drama muy duro”.

Para superar ese drama y la descomposición del tejido social causados por el conflicto armado, las comunidades tienen dos peticiones: que se reconozca como sujeto colectivo de reparación la zona rural de Tuluá, especialmente la media y alta montaña; y que se constituya de una vez por todas una Zona de Reserva Campesina.

Sobre la creación de la Zona de Reserva Campesina, Anderson Álvarez, integrante del Equipo Técnico de la Coordinación Campesina del Valle del Cauca, argumenta que es muy importante porque reconoce al campesinado como un sujeto de derechos políticos que necesita garantías reales de participación, y les da la posibilidad para que hagan efectivos sus derechos.

¿Habrá Zonas de Reserva Campesina en Valle y Cauca?

“Podemos estar hablando de mejores condiciones de producción, educación, salud y demás factores, partiendo de la construcción de un plan de desarrollo campesino, que debe ser construido por las comunidades, y su financiación debe ser consultada con las organizaciones que tienen presencia en el territorio”, explica Álvarez.

Además, señala que si bien la Zona de Reserva Campesina no es la reforma agraria por la que han luchado a lo largo de la historia, “sí es un avance significativo en ese sentido, porque reconoce al campesinado como un sujeto de derechos políticos, con capacidad de decisión, de discusión y de proposición para solucionar sus problemáticas; y también el problema de tierras, que ha sido el génesis del conflicto. Esa figura permite el derecho a la tierra y el derecho integral a ella: no sólo un número de hectáreas, sino que se tengan las garantías para producir y las condiciones mínimas de dignidad para vivir en el territorio”.

Al respecto, Rivera añade que esas dos figuras con las que están buscando reparación integral, también aportan para la recuperación del tejido social tan afectado por la guerra, la soberanía alimentaria y el fortalecimiento de la economía campesina. Y agrega que están “trabajando para que, con las organizaciones, los campesinos podamos tener proyectos de vivienda, electrificación y producción. Anhelamos la tenencia de la tierra porque los campesinos que las recuperaron no tienen títulos”.

Las pretensiones de reparación de las comunidades de la zona montañosa de Tuluá son acordes a la cruda realidad que les tocó enfrentar por el abandono estatal y la fuerte arremetida de la Accu que llegaron a conquistar una región desconocida a punta de terror. Según el Centro Nacional de Memoria Histórica, La Moralia fue el punto de inflexión donde inició la expansión del naciente Bloque Calima por todo Valle del Cauca, que entre 1999 y 2004 perpetró 60 masacres, desapareció a 800 personas, asesinó a 771 más y causó el desplazamiento de miles que se vieron obligados a abandonar sus hogares.

Click to enlarge image 1.jpg

Los nombres de las víctimas de la incursión paramilitar en Valle del Cauca fueron destacados una vez más en La Moralia. Los elementos de la cultura campesina también tuvieron un lugar especial, para reivindicar el tejido social que destrozó el conflicto armado. Foto: Laura Angélica Cerón - Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH).