Tumaco tiene sitio para la memoria

En esta esquina suroccidental de Colombia, donde los asesinatos, las desapariciones y los desplazamientos persisten, la Diócesis impulsó la Casa de la Memoria, un espacio para hacer visibles a las víctimas del conflicto armado.

La Casa de la Memoria es una iniciativa de la Comisión Vida, Justicia y Paz, de la Diócesis de Tumaco, que pudo ser desarrollada tras ganar una convocatoria del Ministerio Cultura que premia iniciativas museísticas de memoria histórica relacionadas con el conflicto armado. Foto VerdadAbierta

“Que nadie diga que no pasa nada” es el lema de la Casa de la Memoria del municipio de Tumaco, que funciona desde mediados de septiembre de 2013. En ella son protagonistas mujeres y hombres que fueron asesinados y desaparecidos durante las últimas dos décadas.

Esa construcción es una paradoja en este rincón del Pacífico nariñense, pues si bien se honra a las víctimas del pasado, en la actualidad registra las cifras de violencia más altas del país: cada año son asesinadas en promedio 300 personas, un dato que cuadriplica la tasa de homicidios nacional.

Más allá de la crudeza de las estadísticas actuales, la Casa de la Memoria “busca visibilizar a todas las víctimas de la violencia”, explican los misioneros de la Diócesis de Tumaco.

En una edificación que está a escasos pasos del Parque Nariño, pasando la plaza de mercado, los tumaqueños y  habitantes de otros ocho municipios que integran la costa pacífica de Nariño (Barbacoas, Magüí, Roberto Payán, El Charco, La Tola, Mosquera, Olaya Herrera y Francisco Pizarro) tienen un lugar para encontrarse, reconstruir parte de su historia y hacer públicas las fotografías de sus familiares.

En la entrada, un misionero de la Diócesis les explica a los visitantes que el sitio está en construcción, es decir, que todos pueden aportar: “Queremos saber si tienen alguna sugerencia, si les parece que hace falta algo o si tienen alguna idea”, dice.

De momento, la Casa está integrada por cuatro espacios: el Tumaco antiguo, en la entrada, donde se exhiben elementos de la cultura de la costa pacífica; el Tumaco hoy, con una galería que exhibe las muestras culturales más representativas de la región, con fotografías de los colectivos de teatro y música, y las marchas por la paz; una habitación de la memoria, que exhibe por ahora 285 fotografías de personas asesinadas la mayoría de ellas en el municipio, y al final, el Árbol de la Vida, un mural donde los visitantes pueden dejar un mensaje sobre cómo creen que se puede lograr la paz.

Cada semana a la Casa de la Memoria llegan entre 25 y 30 personas que se acercan con la cédula, un carné, la imagen de la lápida o una fotografía de su familiar. “Quiero que mi hijo, mi padre, mi hermano, mi primo sean recordados”, les dicen las personas a los funcionarios de la Diócesis. La Casa se encarga de imprimir la imagen y de exponerla en la habitación de la memoria, donde, además, hay flores y una mesa de oración como símbolos de un sitio sagrado. “Hemos visto que las víctimas quieren ser escuchadas”, dice un misionero. La semana en que la Casa fue inaugurada jóvenes y mujeres se tomaron la calle y reconstruyeron las historias de violencia de la región.

Este espacio se erige en un municipio donde es común escuchar que detonó una bomba en el centro del municipio, como ocurrió en febrero de 2012; donde cada día desactivan artefactos explosivos y hallan caletas con armas y drogas ilegales. En este municipio, el segundo puerto más importante del país después de Buenaventura, fueron desplazadas 38 mil personas entre 1997 y agosto de 2010, según el antiguo Registro Único de Población Desplazada; sin embargo, informes oficiales y de la sociedad civil advierten que el drama persiste.

Líderes asesinados

Felipe Landázuri, Francisco Hurtado, Miller Angulo y la hermana Yolanda Cerón, líderes defensores de víctimas asesinados en Tumaco entre 1998 y 2012. Foto suministrada Diócesis de Tumaco.

En un mural de la Casa de la Memoria están también las fotografías de cuatro líderes, quienes acompañaban a las comunidades en el reclamo de sus derechos y que fueron asesinados durante los últimos 15 años en Tumaco.

Uno de ellos es Miller Angulo, de 33 años, quien se desplazó el 2 de diciembre de 2002 hacia Tumaco después de que la guerrilla amenazó a la localidad de Chagüí. Angulo se había convertido en el representante de la Secretaría Técnica de la Mesa Departamental de Víctimas y de la Coordinación de la Mesa Municipal y Departamental de la Población Desplazada para la Costa Pacífica.

“Se encargaba de exponer los problemas de la comunidad ante las instituciones del Estado, coordinaba y brindaba información necesaria para que las víctimas pudieran acceder a los beneficios que les otorga el gobierno y velaba porque éstas fueran atendidas conforme a la Ley”, recuerda el mural donde está expuesta la fotografía del líder, quien fue asesinado de siete tiros el 1 de diciembre de 2012 en un sector cerca de la playa hasta donde llegaron los sicarios a bordo de una motocicleta.

Según documentó el Observatorio Pacífico y Territorio, una organización de la sociedad civil apoyada por la iglesia, Angulo había recibido varias amenazas entre octubre y noviembre de 2012 por medio de panfletos y correos electrónicos firmados por el Bloque Central de las Águilas  Negras. En febrero de ese mismo año, otros defensores de derechos humanos que habían participado de la instalación del Comité Departamental de Justicia Transicional de Pasto fueron intimidados por un grupo que decía llamarse 'Anti Restitución de Nariño'. “Las organizaciones enfocadas en temas de restitución de tierras y derechos de las víctimas se convertirán en objetivo militar de su brazo armado”, se advirtió en el panfleto.

Otro líder recordado en la Casa de la Memoria es Felipe Landázuri, miembro de la Pastoral Social que asesoraba a la Comunidad del Alto Mira y Frontera, una comunidad afro aislada y sin servicios públicos en los límites con Ecuador. Landázuri gestionaba recursos y obras, entre ellas, un proyecto de interconexión para que los pobladores tuvieran acceso a la energía eléctrica. El proyecto avanzó en la instalación de las redes y la apertura de las trochas hasta que este vocero comunitario fue asesinado el 25 de junio de 2008, presuntamente por paramilitares. 

Según la comunidad del Alto Mira y Frontera, ese día Landázuri fue retenido junto a varios pobladores en la comunidad de Candelilla del Mar y llevados por el grupo armado ilegal hasta detrás del puesto de salud. Después de varias horas, los armados dejaron ir a los habitantes y dispararon contra el líder de la pastoral social. “Felipe era uno de los líderes más destacados y carismáticos de la zona de Frontera colombo-ecuatoriana y del Consejo Comunitario, y se estaba proyectando como posible candidato para asumir la representación legal del Consejo Comunitario en la próxima Asamblea”, indicó un comunicado de la época.

En el mural de la Casa está también la memoria de Yolanda Cerón, religiosa de la Compañía de María quien comenzó como profesora del Centro Educativo La Playa, en el municipio de Francisco Pizarro, y luego dedicó su vida al trabajo comunitario con poblaciones afro.

La hermana Yolanda, como le decían, recorrió todas los ríos y carreteras que cubre la Diócesis de Tumaco, la costa pacífica nariñense, y logró en aplicación de la Constitución de 1991 y la Ley 70 de 1993, que se le reconociera la propiedad colectiva de las comunidades negras sobre las tierras baldías a través de la titulación de por lo menos 120 mil hectáreas para el Consejo Comunitario Acapa (Asociación de Consejos Comunitarios del Pacífico Caucano y la Ensenada de Tumaco). Esta titulación colectiva favoreció a 9 mil afrodescendientes que llevaban años reclamando propiedad sobre la tierra.

En 1995, la religiosa fue nombrada Directora de la Pastoral Social de la Diócesis de Tumaco y durante los siguientes años comenzó a denunciar los hechos de corrupción y violencia en la región, entre ellas, la presencia del grupo paramilitar Bloque Libertadores del Sur a partir del año 2000 y la complicidad que había entre comerciantes, empresarios, funcionarios públicos y miembros de las Fuerzas Armadas con este grupo ilegal. El 19 de septiembre de 2001 la hermana Yolanda fue asesinada en pleno corazón de Tumaco, frente a la iglesia de La Merced, cuando sicarios que iban en una moto le dieron tres disparos (Lea: Yolanda Cerón, religiosa de Nariño).

Este es el espacio de la Casa de la Memoria donde están las fotografías de jóvenes, mujeres y hombres asesinados o desaparecidos por la violencia en Tumaco. Hasta ahora se exhiben los rostros del 5 por ciento de las víctimas. En este lugar también están los nombres de las personas asesinadas en 2013, que según un registro extra oficial supera las 70. Foto suministrada Diócesis de Tumaco.

En la Casa de la Memoria, el nombre de Francisco Hurtado también es recordado. Al igual que el líder Felipe Landázuri, él trabajaba con el Consejo Comunitario Alto Mira y Frontera, de quien fue su primer representante legal. Promovía los derechos de las comunidades negras, había llevado paneles solares para el suministro de energía y, desde 1993, impulsaba trámites para que el Consejo Comunitario lograra la titulación colectiva. “En la fecha del asesinato estaba cumpliendo el último requisito para la solicitud del título colectivo: el censo de las familias”, indica el mural donde se reseña su historia. Hurtado fue asesinado el 2 de febrero de 1998.

En ninguno de los crímenes ha habido justicia. En el caso de Miller Angulo, la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos pidió a los organismos competentes investigar, juzgar y sancionar a los autores del asesinato del líder, pero aún éste sigue impune. En el caso de la hermana Yolanda Cerón, la Fiscalía vinculó como responsables a Santos Martínez Cáceres, Julio César Posada, alias ‘Tribilín’, y Jorge Enrique Ríos, alias ‘Sarmiento’, desmovilizados del Bloque Libertadores de las Auc. Guillermo Pérez Alzate alias ‘Pablo Sevillano’, ex jefe de ese grupo paramilitar, aceptó ante la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía haber ordenado el asesinato. Sin embargo, por ahora no ha habido condena alguna.

A excepción del caso de la hermana Yolanda en el que ya la Fiscalía determinó que los responsables fueron los paramilitares, en los otros tres casos la comunidad desconoce quiénes cometieron los asesinatos. Por los relatos, en algunos se cree que fueron paramilitares y en otros, las llamadas bandas criminales. Pero en una zona Tumaco, marcada por la disputa territorial, el narcotráfico y la minería ilegal, confluyen todos los actores armados.

En sus informes, la Vicepresidencia de la República y la Oficina de Paz de la Gobernación de Nariño advierten que hacen presencia el Frente 29 de las Farc con las columnas Mariscal Sucre y Daniel Aldana; el Eln y después de la desmovilización de los paramilitares, las llamadas bandas criminales como Águilas Negras, Nueva Generación y Rastrojos (Lea: Nariño convulsiona).

Tragedia en el puerto

Este mural, que incorpora pedazos de espejo con los que fue dibujada una mujer, fue elaborado por víctimas. Está entre los barrios Viento Libre y Buenos Aires, considerados entre los más violentos del casco urbano de Tumaco. Foto cortesía Diócesis de Nariño.

La majestuosidad y riqueza del Océano Pacífico contrasta con el poblado del puerto tumaqueño, donde a lo lejos pareciera un pueblo pintado de gris y olvidado. El último informe de la Diócesis de Tumaco, publicado en diciembre de 2012, incluye cifras oficiales que explican ese panorama. Según datos del Departamento Nacional de Estadística (Dane), en Tumaco y los demás pueblos de la costa pacífica nariñense el índice de necesidades básicas insatisfechas supera 50 por ciento y en algunos municipios llega al 80 y 90 por ciento. Eso significa que la mayoría de los habitantes son pobres.

Las cifras indican que la desnutrición crónica en los niños llega al 16 por ciento y que el 43 por ciento de la población solo alcanza a la educación primaria. En 2011, el desempleo en el país fue del 10 por ciento; mientras que en Tumaco llegó al 72 por ciento. La situación empeoró desde 2006 con la epidemia mortal conocida como pudrición del cogollo acabó con los sembradíos de palma aceitera que producían 8 mil empleos directos.

Según el informe de la Diócesis, la violencia recrudeció en Tumaco desde 2000 con la confluencia de todos los actores armados ilegales que se disputan la región. Vinieron entonces las amenazas, los asesinatos, las extorsiones y los desplazamientos contra la población. Al tiempo, el gobierno ordenó responder a la situación con la ampliación del pie de fuerza, es decir, de aumentar la presencia de integrantes de las fuerzas militares en la región. Desde 2007, con la implementación del Plan Nacional de Consolidación, el programa del gobierno para llevar presencia militar y erradicar los cultivos de coca, el puerto pasó de tener un batallón a contar con dos brigadas y seis batallones.

Por ahora, en la Casa de la Memoria se exponen las fotografías del 5 por ciento de las víctimas de Tumaco. La Diócesis busca que con el tiempo los nariñenses sigan construyendo este espacio haciendo memoria de sus familiares o amigos víctimas del conflicto armado no solo en este municipio sino en los otros municipios de la costa pacífica nariñense.

“Es muy triste saber que acá los niños tienen pocas opciones cuando salen del colegio. O se unen a las fuerzas militares, o son moto-taxistas, o son reclutados o más tarde se suman a algún armado ilegal. Esperamos que el gobierno mire hacia acá y que esta situación cambie algún día”, dice un habitante de quien se reserva el nombre por razones de seguridad.  Por eso en Tumaco, en la Casa de la Memoria, las víctimas han escrito con zeta ‘Pazífico’, el nombre del océano que ven todos los días porque no quieren ver más guerra, quieren vivir en paz.