Sale exiliada viuda de agente del CTI desaparecido

Con el asesinato y desaparición de su esposo, en zona rural del municipio de Codazzi, junto a seis de sus compañeros que conformaban una comisión judicial, Claudia Balsero comenzó un largo camino para saber la verdad sin encontrar respuestas. Ella habló con VerdadAbierta.com antes de abandonar el país. "Colombia es un país anestesiado", dice.

Montada en un carro con vidrios oscuros, miró la calle que durante años recorrió para llegar a su casa en Valledupar. Solo dijo: “Para allá quedaba mi casa”. Fue en su última visita a la capital del Cesar, en febrero pasado, antes de irse a un país en el que tratará de reorganizar su vida, lejos de los recuerdos, de las víctimas a las que aprendió a ayudar, de sus amigos, pero lo más importante para ella: lejos del miedo a morir.

Claudia Balsero Giraldo llevaba una vida tranquila junto a su esposo Israel Roca Martínez, un técnico criminalístico que trabajaba en el Cuerpo Técnico de Investigaciones (CTI) de la Fiscalía en Valledupar. Todo marchaba bien, hasta el 9 de marzo del año 2000, cuando Israel salió a cumplir con su tarea como dactiloscopista.

Ese día conformaron a una comisión de siete funcionarios, quienes debían llegar a un paraje entre Minguillo y Verdecia, zona rural del municipio de Codazzi, norte del Cesar, donde exhumarían el cadáver de Tiburcio Rivera, un vendedor de paletas asesinado por paramilitares.

No obstante, los investigadores nunca llegaron. La comisión se desplazaba en dos vehículos, uno de ellos fue encontrado un mes después entre rastrojos, y el otro al año, quemado y abandonado en una finca de la zona.

Además de Israel Roca Martínez, fueron desaparecidos, hace ya 14 años, el odontólogo forense, Jaime Elías Barros; los técnicos Danilo Cabrera Aguancha y Hugo Quintero Solano; los investigadores, Edilberto Linares, Carlos Arturo Ibarra y Mario Abel Niño. La comisión desapareció en la trocha de Verdecia, jurisdicción de Codazzi. (Ver: Verdecia: la trocha del terror)

Claudia comenzó a liderar marchas para pedir resultados en las investigaciones, promovía reuniones junto con los familiares de los otros desaparecidos y se enteraba de noticias que cada día alejaban más la esperanza de volverlos a ver con vida.

En el 2000 se fortaleció el paramilitarismo en el Cesar con la conformación de varias facciones, entre ellas el Frente ‘Juan Andrés Álvarez’, que operó por varios años en el centro del Cesar (zona minera). Para esa época, estaba comandado por John Jairo Esquivel Cuadrado, alias ‘El Tigre’.

Los restos de su esposo y sus compañeros no aparecían y decidida a establecer la verdad de lo ocurrido consiguió una cita con Carlos Castaño, vocero político de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), quien reconoció que ese hecho si lo habían perpetrado los paramilitares, pero aseveró que  fue “embarrada” que hicieron los del Cesar. (Ver: Desplazados y despojados por ayudar a agentes del CTI)

El activismo de Claudia para pedir justicia se hizo más evidente después de la desmovilización de las Auc bajo los acuerdos con el gobierno nacional. Con la fortaleza que la caracteriza, asistió a las versiones libres que rindió Rodrigo Tovar Pupo, alias ‘Jorge 40’, quien fue condenado por este hecho, así como a las de alias ‘El Tigre’ y ‘Tolemaida’, los dos comandantes que tuvo el ‘Juan Andrés Álvarez’. (Ver: Condenan a 'Jorge 40' por desaparición de miembros del CTI)

Con cada versión aumentaba la confusión. Unos decían que los habían matado, descuartizado y enterrado, por eso fueron a una finca en el 2010 a buscar los restos, pero no encontraron nada; y otros, como Alcides Manuel Mattos Tabares, alias ‘El Samario,’ reconoció que en la zona de Sabana Alta, Cesar, recibió los sacos con los cuerpos de los investigadores, y los tiró a un río. Lo cierto es que alias ‘El Tigre’ confesó ante fiscales de la Unidad de Justicia y Paz su participación en la desaparición de los siete investigadores del CTI, sin que diera mayores datos al respecto.

Esta mujer, madre de cuatro hijos, que hace poco menos de un año asistió al primer encuentro de victimas de multinacionales y transnacionales en Valledupar y fue escogida como miembro de este movimiento de víctimas, sufrió por la persecución, las amenazas e intimidaciones que recibió de manera sistemática en su vehemencia por querer conocer la verdad.

Claudia siempre sintió miedo, pero eso no fue impedimento para declarar en el proceso que le sigue la justicia norteamericana a la multinacional Drummond por la muerte de tres sindicalistas. Fue por su denuncia que una Corte del Distrito de Columbia, en Washington, citó en 2010 al ex presidente Álvaro Uribe Vélez a comparecer en el juicio contra la firma norteamericana.

Ella cree que luego de ocho años de aplicación del proceso de Justicia y Paz, aún no se ha dicho toda la verdad y que muchos de los defensores de víctimas no tendrán garantías suficientes para proteger sus vidas.

La siguiente es la entrevista concedida por Claudia Balsero Giraldo a VerdadAbierta.com antes de salir al exilio.

V.A: ¿Por qué terminó involucrada en la defensa de los derechos de personas que, como usted, sufrieron la violencia paramilitar?

C.B: Porque desafortunadamente al vivir la desaparición de mi esposo, al ver con tristeza que las leyes fueron creadas para favorecer a los victimarios y no a las víctimas, que no se utilizan los recursos para esclarecer la verdad y como es mi caso, para buscar a los desaparecidos, mi compromiso, el amor filial, hizo que me convirtiera en investigadora, en psicóloga, en analista, en abogada. Empecé a darme cuenta de la cruda realidad que nos rodea, que me hizo entender que cuando uno quiere que algo pase, se debe vencer el miedo, dar a conocer lo sucedido, buscar ayuda para que el caso avance.

Vivimos en un país anestesiado, sin memoria. Precisamente por estas razones, decidí ayudar con mi experiencia a otras personas que han tenido que pasar por circunstancias parecidas y que quizás no han recorrido el camino que nosotros llevamos caminado. Siempre hago una reflexión en un tono de impotencia con el caso de mi esposo y sus compañeros: si se dieron todas estas anomalías, la falta de colaboración de las organizaciones del Estado, para con nuestro caso, siendo trabajadores del mismo Estado, ¿qué queda para los ciudadanos del común y más cuando esos ciudadanos son humildes y sin recursos?

V.A: ¿Cómo ha sido su trabajo a favor de las víctimas?

C.B: Ha sido duro. Lamentablemente los derechos de las víctimas a veces ni siquiera ellas mismas lo conocen, y si no conoces a lo que tienes derecho no puedes exigir que se respeten y mucho menos que se cumplan. Con lo que hice en estos 14 años aprendí a ser más humana, más sensible, pero a la vez más fuerte, a ir más allá de mis propios temores.

V.A: Tuvo el coraje de enfrentar a los más despiadados comandantes de las Auc, buscando la verdad sobre la muerte de su esposo. ¿Cómo fue esa experiencia?

C.B: Si bien no es de las mejores experiencias, es de las que más he aprendido en mi vida. Cuando escuchaba a estas personas hablar de las víctimas como un dato estadístico, de aquello que le hicieron, muchas veces con detalles que querían reventar mi corazón de dolor, y a ellos no se les notaba el mínimo asomo de arrepentimiento, cuando los escuchaba reconocer las barbaries cometidas y les daba lo mismo uno que mil, entendí que la vida, los derechos, realmente para nuestra sociedad, nuestro país, carecen de valor.

Me armé de paciencia para escuchar las muchas verdades que ellos cuentan sin saber realmente qué es cierto de lo que dicen, aprendí a dominar mis emociones. Cuando escuchaba cualquier excusa para asesinar, desaparecer, abusar o desplazar a tu ser querido, me llenaba de una impotencia que me acompaña todo el tiempo.

Cuando estos paramilitares hablan de todos los que les colaboraban, de todos a los que les hacían favores, de lo seguros que se sienten ante su salida de la cárcel, sin duda me enseñó a ver la vida desde otra perspectiva, a madurar y a entender que si quiero respuestas de lo sucedido tengo que buscar apoyo internacional porque con las leyes de mi país no lo vamos a conseguir.

V.A: ¿Usted se siente satisfecha con la verdad o cree que la verdad verdadera no se sabe aún?

C.B: La verdad verdadera no se sabe ni se sabrá nunca, mientras existan leyes como las que tenemos, leyes que favorecen a los victimarios. Mientras nuestros gobernantes sigan trabajando de la mano con los paramilitares, mientras las multinacionales sigan financiándolos y mientras las víctimas no los enfrentemos y vencemos el miedo para denunciarlos, las verdades de nuestro país seguirán enterradas, como nuestros desaparecidos.

V.A: Dio la cara en las versiones y audiencias de Justicia y Paz como vocera de víctimas y de su propio caso. ¿Eso le trajo repercusiones en su vida personal: amenazas, presiones o intimidaciones?

C.B: Si. Todo el tiempo amenazas, intimidaciones, nuestra lucha es contra un monstruo gigantesco.

V.A: ¿Abandona el país por esas razones?

C.B: Si, salgo para proteger a mi familia. En varias ocasiones salimos a diferentes ciudades pero siempre sabían dónde encontrarnos, no teníamos garantías de seguridad. Ahora que los paramilitares desmovilizados saldrán libres gracias a la ley de Justicia y paz, no tenemos garantías. Doy un paso al lado, pero desde donde esté seguiré trabajando con el movimiento para hacer las respectivas denuncias internacionales sobre los casos que acompañamos.

V.A: ¿Qué esperas de la justicia?

C.B: De la de mi país nada. Tengo esperanza que los organismos internacionales puedan hacer algo por nosotros y el resto se lo dejo a la justicia divina.

V.A: Algún mensaje para las víctimas.

C.B: Que no perdamos la esperanza, que hay que vencer el miedo, somos los rostros, la voz de los que ya no están, somos los encargados de que nuestro país tenga memoria, de hacer que nuestra historia cambie, para darles un mejor país a nuestros hijos.

Las víctimas, los familiares de las víctimas, somos los lideres empíricos, no elegimos vivir una historia que marcó nuestras vidas, pero si es nuestra elección dar a conocer quiénes eran los que ya no están y no dejar que se conviertan en una cifra más, a nosotros nos mueve el corazón, no dejemos que nadie detenga nuestro sentir.