Mujeres desplazadas del Baudó

En el municipio chocoano del Alto Baudó varias mujeres se desplazaron por la presencia de guerrilla y paramilitares en las décadas del 90 y del 2000. La Ruta Pacífica cuenta las historias de estas víctimas del desplazamiento.

El conflicto narrado por mujeres


De la tranquilidad a la presencia armada y el desplazamiento
El departamento del Chocó localizado en el noroeste del país y ubicado en la región del Pacífico está conformado por las selvas del Darién y las cuencas de los ríos Atrato y San Juan, y tiene como capital el puerto fluvial de Quibdó. Alto Baudó es un municipio del departamento situado en el valle del río Baudó, y su cabecera, Pie de Pató, está a 50 m. sobre el nivel del mar y a 80 km. al sur de la capital del departamento. Como en el resto del departamento, predomina la población afrodescendiente que alcanza un poco más del 70%, seguida por una alta presencia indígena (26.67%) que habitan en resguardos legalmente constituidos. El Baudó era una región que no había sido objeto de los embates de la violencia hasta que allí hizo presencia el conflicto armado con sus diferentes protagonistas.

La vida en Baudó era muy buena, placentera, sabrosa, bonita en su tierra. Se vivía sin temor, sin problemas, sin preocupación. Ahora ¿quién vive así? Yo dejaba a los hijos míos cuando se acostaban afuera de la casa. Los acostaba y ahí los dejaba. Dormía uno con la puerta abierta que le entrara aire. Se iban los hombres a cazar por las montañas. Ya los hombres ya no van a montear porque el que salga para allá lo desaparecen y ya no regresa más a su casa. Ya han estado desapareciendo a las personas.

Las mujeres relatan cómo a partir de mediados la década del noventa del siglo pasado comienzan los hechos de violencia política y la situación en la región se empieza a deteriorar con la presencia de las organizaciones guerrilleras.

En el año 94 el EPL mató a don Evaristo. Supongo que había presencia del EPL en ese tiempo. En la zona después estaba esta organización en defensa del territorio de los afros que se llama Benkos Biohó, que paró un poco la violencia contra los afros que provenía del ejército, del EPL. Palacios perteneció al EPL. Era un terrorista. Violaba, mataba y hacía de todo.

También sucedió en el 94. Ellos llegaron buscando dos tipos que estaban en Pie de Pató. Entonces el uno se le fugó y hasta hoy no ha vuelto al Chocó, se les escapó. El otro lo cogieron y lo mataron delante de la gente. Palacios le echó el brazo y se lo llevó hasta la cancha y allá mandó que lo colocaran boca abajo y lo mataron. Edward se llamaba él. Estos asesinatos los efectuó Palacios y desde allí empezaron la gente a desplazarse del Baudó.

Estaba en ese tiempo. Cuando mataron a Misael Soto Córdoba, que era el alcalde del municipio. Todo esto fue antes del 2000 cuando inició la batalla. Todo fue un proceso del desplazamiento. Mucha gente fue asesinada. Mucha. Al papá y al hijo. Eso era que violaban, mataban.

En el 96 ya salió el EPL y llegó el ELN. Hicieron esa reunión colectiva en todo el pueblo y mataron a ciertos líderes. A Román, Romancito y a otras personas.

Con el ingreso de las organizaciones guerrilleras, surge en esa región un grupo armado no estatal autodenominado Benkos Biohó. Para las mujeres este grupo surge para la defensa del territorio y de la población afrodescendiente.

Primero entró el EPL y luego entraron los Benkos Biohó… porque los otros estaban matando mucho, demasiado. Cuando entraron los Benkos Biohó fue que pararon. Ellos como eran negros, no aceptaban que mataran su raza.

Benkos Biohó, eran afros armados defensores de la población. Como lo cuentan las compañeras empezaron a ver múltiples asesinatos selectivos y después de eso es que aparece en el Baudó como una organización de afros en la defensa del territorio y de la vida de los afros.

Tenían ideales como los de la guerrilla pero en la defensa de la población afro. Del trasegar de ellos en la historia no se tiene mayor conocimiento en qué terminaron o como si se hubieran exterminado.

Aunque en esta época se presentaron algunos desplazamientos individuales, las mujeres señalan que fue con el ingreso de las Autodefensas Unidas de Colombia cuando se inician los desplazamientos masivos. Señalan que en 2001 se presenta el primer destierro colectivo.

En el 2001, el 6 de julio fue cuando ellos llegaron y amenazaron a todo el pueblo, que tenían que desocupar. Prácticamente en ese tiempo la gente toda se desplazó por el miedo para acá para Quibdó y para otras partes, porque uno no sabía a ciencia cierta qué era lo que iban a hacer… Quemaron casas, hicieron requisas, saqueaban las casas, las pintaron y todo el mundo por temor salió y se fue.

En el 2001 fue el desplazamiento masivo… En el momento que ellos dijeron que se iban todo el mundo salió del pueblo. El pueblo quedó desolado. Todos esos pueblos del Baudó quedaron desolados.

Algunas familias retornaron en diciembre del 2002. Esa experiencia de regresar a su lugar de origen no fue nada fácil, no solo por lo que encontraron sino porque la violencia continuó.

En el retorno fue donde estaban esperando al marido mío para matarlo en el Afirmado. El día que él llegó ese mismo día le tocó salir… Cuando llegó allá, ahí mismo los del pueblo le dijeron “piérdase”. Le hicieron seguimiento y lo mataron aquí en Quibdó.

En el primer retorno se volvió al mismo lugar. A pasar trabajo, por la sencilla razón de que allá tenía la gente sus parcelas, sus gallinas, su casita, lo que le habían dejado. Pero uno llegó allá y no había ni gallina, ni cerdo, nada de esas cosas.

Retornamos en diciembre y el 5 de febrero del 2003 nos tuvimos que regresar. Algunas personas no retornaron y otras volvieron haciendo resistencia. 

Una vez más, como lo indica el testimonio inmediatamente citado, los habitantes del Baudó se vieron abocados a un posterior desplazamiento en el año 2003. El recrudecimiento de la violencia política en este último año en el Alto Baudó es denunciado por las mujeres.

Nosotros habíamos retornado al Baudó a trabajar, retornamos el 22 de diciembre de 2002. En el 2003 hubo enfrentamiento entre la guerrilla del ELN con los paramilitares en el pueblo y nos volvimos a desplazar.

En el 2003 mataron a un hermano mío… Llegar y tocar la puerta de la casa a las cinco de la mañana y uno salir. Invitarlo a uno a una reunión y cogerlo y matarlo ahí al frente de todos, incluidos niños. Todos que vieran hacer lo que ellos estaban haciendo.

Las mujeres en el Baudó no escaparon a la muerte directa por parte de los grupos armados. A continuación, se mencionan dos casos denunciados en distintos periodos.

Ha habido violencias con las mujeres. Hubo una enfermera que la mataron. Eso fue en el 94, fue el EPL que mataron a los dos hermanos… cogieron al finado y lo mataron, y ahí mismo fueron y buscaron a la hermanita. Estaba en medio de los dos viejitos. La halaron al patio y ahí mismo la mataron. Ese día iba para su punto de trabajo. No sé qué se le quedó y regresó. Una vez regresó fue a la muerte.

En Antadó la Punta, había una pelada que se llamaba Marlen. De allí se la llevaron. Estaba durmiendo con su señor y su peladito. Se la llevaron y la mataron por allá. No apareció. Estaba embarazada.

Los habitantes del Baudó lograron durante años sobrevivir con la presencia de diferentes organizaciones armadas, lo que hizo que las comunidades y su región sean estigmatizadas y acusadas de favorecer a una u otra parte del conflicto. La constricción comunitaria a colaborar de forma forzada por la convivencia en una zona bajo control por parte de diferentes actores, conllevó acusaciones cruzadas que aumentaron su nivel de inseguridad y la arbitrariedad de los actores armados.

Nosotros no podemos decir “no entren”. Si nos dicen “denos un vaso de agua” nosotros no nos podemos negar. Tenemos un problema serio porque van a decir que estamos aliados con los otros.

Allá han metido a personas secuestradas y uno no sabe. Los secuestran, los meten allá y al final dicen en el Baudó. Uno que es baudoseño hasta se aterra porque prácticamente los que llevan a esa gente allá nosotros ni los conocemos.

Por eso es que fue que mataron a mi hermanito porque ellos pensaban que él era sapo de los paramilitares.

Las mujeres son conscientes de la importancia geográfica del territorio y del valor estratégico que significa para los grupos armados controlar el territorio del Baudó. Esto se evidencia cuando reflexionan acerca del porqué de la violencia en esa región.

También en parte es por la disputa que tienen los grupos armados. Que como el Baudó prácticamente es un corredor que por allá se va a diferentes partes, entonces a ellos les conviene.

Nuestro territorio es un corredor estratégico. Van a Nuquí, Bahía Solano, Pizarro, Buenaventura, Panamá. Es la disputa por el territorio. Es un sitio estratégico.

Algunos de los desplazados forzosos han regresado al Baudó. El retorno ha ocasionado dificultades porque las personas perdieron lo que dejaron y rehacer sus vidas en un contexto de precariedad y peligro no es fácil. Así describen las mujeres lo que ha sido para algunas el retorno y lo que sienten al respecto.

Las que han podido regresar han tenido que volver a levantar. Han tenido que volver a empezar de cero. A mí me da mucho miedo ir para allá porque en el 2003 me mataron a un hermano. A hora días para las elecciones presidenciales mataron a otro. A mi marido también lo mataron. Iba yo en esa canoa cuando lo mataron.

Se volvió al mismo lugar a pasar trabajo. Por la sencilla razón de que allá tenía la gente sus parcelas, sus gallinas, su casita, lo que le habían dejado. Pero uno llegó allá y no había ni gallina, ni cerdo, nada de esas cosas.

El riesgo de reclutamiento forzado, la siembra de los cultivos ilícitos y la minería son las opciones para los jóvenes en esa región.

Se han hecho varios retornos pero que igual a la gente le toca volverse a desplazar. Los que están viendo actualmente en el Baudó no están viviendo una situación muy placentera porque sabemos que allá se da la disputa del territorio por la siembra de la coca… muchos de los jóvenes que habitan allá también son obligados a meterse en los grupos armados que hay allá. Los jóvenes no tienen opción. Apenas terminan el bachillerato no hay más que hacer. Nuestro departamento no les ofrece opciones. La mayoría de los jóvenes del San Juan son los más propensos a que estén metidos en la minería o que estén en la siembra de cultivos de uso ilícito o a que tomen las armas en cualquiera de los grupos que se las ofrezcan. Esa es la realidad que no la podemos negar.

Ellas resaltan el incremento reciente de los cultivos ilícitos en la zona, lo que está afectando la economía tradicional de las familias y la seguridad alimentaria en la zona. Todo ello afecta de manera particular a las mujeres.

El Baudó abastecía lo que era el San Juan y hasta el mismo Quibdó. En lo que era el plátano porque se traía de Munguidó y del Baudó, además del arroz. De ciertos años para acá, en lo que tiene que ver con la alimentación ha mermado. Con lo de las siembras de uso ilícito, ya el pancoger ya nada de eso se consigue fácil.

Yo entiendo que esos cultivos ilícitos son de ahora del 2006 para acá porque cuando yo vivía allá no había eso. Por lo general, los de cultivos ilícitos son los grupos armados. Ellos lo hacen muy lejos de donde uno está. Entonces uno como campesino no se da cuenta de eso.

Los siguientes tres testimonios hacen referencia a las opciones que han tomado algunas de las personas desplazadas. Unos desplazados se han reasentado de manera más definitiva en algunos municipios dentro y fuera del departamento, otros han optado por estar yendo y viniendo entre Baudó y Quibdó, y otras más ni siquiera piensan en la opción de regresar. Esta división de la comunidad y las familias ha generado diferentes expectativas y experiencia fragmentadas.

La gente está directamente aquí en Quibdó. Otros están en Puerto Meluk, Istmina, en todas partes. Hay personas que se fueron a trabajar a Medellín, a Bogotá, a Pereira… para todas parte para ver si uno sobrevive.

Lo que pasa es que la gente vive en Baudó pero ya cogió la costumbre de ir y venir cada ocho días. Cada 15 días están yendo y viniendo, porque la situación ya no es lo mismo: estar allá viviendo que aquí estando tranquilo o intranquilo.

Por lo menos las tierras de mi papá están allá botadas. Por ahí por ese lado es el corredor de ellos. ¿Quién va para allá? Nosotras para allá no vamos. Todo está perdido.

Memorias en disputa: el caso de Palacios
Las mujeres relatan con cierto detalle, los crímenes cometidos por Palacios. Esta persona, vinculada al EPL, fue símbolo de miedo en la población del Baudó, especialmente entre las mujeres que eran objeto de acoso sexual, especialmente las jóvenes.

En ese tiempo yo era niña, pero sí recuerdo que cuando se decía: “viene Palacios” todo el mundo tenía que correr. Ahí estaba la hermana mía. Ella siempre mientras que Palacios estuvo vivo no podía ir al Baudó. A mí apenas me estaban saliendo senos… y a Palacios le decían “la lanchita” y cuando decían “llegó la lanchita”, todo el mundo, muchachas que apenas les estaban saliendo senos, tenían que esconderse en la casa. Mandaban a los hombres pero uno de mujer no salía a la calle. Sí, era verdad que el cogía a las niñas, las embarcaba en canoa y se las llevaba. Yo tengo 31 años y me acuerdo de eso.

El caso de Palacios, genera opiniones diversas en el recuerdo de las mujeres. Existen puntos de vista distintos sobre el particular, lo que demuestra como la memoria es un terreno de disputas. Vale la pena ilustrar el debate de las mujeres en torno a la versión de sus actuaciones, donde alguna de ellas era parte de su familia extensa.

Para mí lo que dicen de Palacios, de las matanzas que hacía esto no están bien dichas. Que subían unas canoas de gente, yo estaba allá pero mis ojos no vieron eso. Él si andaba en su cosa de que mataba y todo pero yo nunca lo vi. Hay una historia que dicen que él amarraba al papá y a la mamá y a una hermana que la amarraba en la cancha… no fue así. La gente tiene que decir lo que es y yo estaba muchachita cuando eso porque él es parte de mi familia.

Mi hermana mayor mientras Palacios estuvo vivo, no podía ir por allá, porque simplemente se había enamorado de ella y ella lo había rechazado. Él decía que donde la viera la mataba y ella no volvió por allá. Yo conozco a una muchacha de nombre Jacqueline y ella vivía con su marido. Ese señor delante de él llegó y se la llevó y a los tres días se la devolvió. Le dijo que si no la quería recibir él iba y lo obligaba a que la recibiera, después que él había hecho y deshecho de ella. Entonces no puedes decir que eso era mentira.

Le tenía miedo a él, porque todo mundo, muchachitas de 10, 11 años le teníamos miedo a él. Lo que decían: “viene la lancha”. No había padre que no recogiera su hija del patio y la hacía subir a la casa y la encerraba. Algún mandado, salían los hermanos hombres porque cuando uno no le paraba bolas se lo llevaba por ahí y cualquier cosa le hacía.

Entonces cuando tú escuches una historia no debes de decirle a la gente que es mentira. Porque tú de pronto estabas en ese momento, de pronto no estabas… porque todas las personas no pueden decir lo mismo de una versión. Lo que estamos diciendo es verdad.

Las mujeres en el proceso de recordar la violencia perpetrada intentan no confundir los hechos con las opiniones. Es notoria la importancia que tiene para las mujeres el reconocer las acciones de un victimario, pero también, la capacidad para respetar a las mujeres que son familiares diferenciando las valoraciones sobre los hechos cometidos y los familiares que no tienen responsabilidad.

En mi barrio hay una vecina que es del Baudó y que también ella… cuenta la historia como un tipo que le hizo mucho daño al Baudó, que le hizo mucho daño a las mujeres. Que era un terror para las jóvenes. Las adolescentes se las llevaba y se las devolvía a los maridos después que él hacia lo que quería con ellas. A muchas les tocó salirse de allá. Actualmente viven aquí en Quibdó por ser perseguidas.

Nosotros no somos culpables de lo que hagan los otros. Pueden ser nuestros familiares o nuestros hijos. Muchas madres a veces callamos de los horrores que hacen o que nos hacen también como madres. Nosotras no somos culpables de las actuaciones de los demás. No de hombres no de mujeres cuando ya son mayores de edad. Tampoco debemos ignorar la realidad porque con eso contribuimos a que en el país haya impunidad. Entonces si es valioso e importante lo que las mujeres están diciendo. 


Mil impactos hacia la vida de las mujeres
Los sentimientos que las mujeres identifican como producto de la violencia ejercida por los grupos dentro del marco del conflicto armado, están muy vinculados con el miedo, la persecución, el temor de ser atacadas en cualquier momento, sintiéndose de manera constante vulnerables por la posibilidad de que los hechos vuelvan a repetirse en cualquier momento debido a la fragilidad de la situación.

Para mí el miedo no ha pasado… porque me ha tocado mucho susto. A veces en la casa coloco una cosa allí y me voy hacer algo y cuando regreso ya no recuerdo donde quedó lo que coloque ahí. Mantengo un problema en la cabeza porque ahoritica estoy en esta reunión y cuando salga de acá no recuerdo de qué hablamos. Entonces yo digo que de pronto puede ser de ese problema que se me olvidan cosas. Allá en el barrio donde vivo cuántas veces no he tenido mi susto.

A mí por lo menos me afectó mucho desde antes del desplazamiento porque como no era acostumbrada a ver esa gente. Entonces ya desde que veía esa gente, ya está temblando. Me metía debajo de la cama y cerraba la puerta… De allá me desplacé aquí y ahí si fue peor. Cuando mataron a mi marido yo tenía que salir con dos o tres personas porque todo el mundo me venía persiguiendo. Los hijos míos salían y yo ahí mismo: “muchacho vénganse porque los van a matar”. Tenía que mantener la puerta cerrada. Hasta que me llevaron al médico y me colocaron una psicóloga y me pasó donde el psiquiatra. Me puse tan delgada que la gente no me conocía. Para mí eso fue muy duro. Horrible. No quiero recordar.

Algunas mujeres han tenido acceso a una atención psicosocial a través de organizaciones de mujeres que les ha ayudado a mejorar su situación.

Yo creo que muchas de esas cosas le dejan a uno como traumatizada. Porque cuando uno está traumatizado es cuando uno siente miedo ante cualquier ruido que escucha. Ya uno cree que vienen encima. Para uno poder superar eso tiene que ir donde un psicólogo. Ahora que de la Casa de la Mujer mandaban las psicólogas a mí me tocó estar con una de ellas. Ya después de eso fue que ya me bajé un peso de encima y ya empecé a estar más normalizada.

Además de esas afectaciones psicológicas, las mujeres traducen esas violencias en sus cuerpos. Su salud física ha estado sometida a diversos dolores y enfermedades. La marca del conflicto armado no tiene barreras mentales ni físicas.

Desde que me desplazaron no he podido trabajar porque he estado enferma. Hasta los médicos aquí me dijeron que ya yo no tenía vida. Estoy desahuciada… Los médicos pudieron detectar qué enfermedad tenía: una cirrosis que dependía de una hepatitis que me había dado. Los médicos de acá no me la habían diagnosticado, entonces la droga que me daban no era para esa enfermedad y entonces me deterioraron el hígado.

Yo ahoritica tengo un desgaste en las rodillas y eso se hincha. El trabajo mío es asuntos varios y a veces vendo alitas de pollo. O sea no tengo como un trabajo permanente para sostenerme. Este problema del desgaste me molesta mucho para subir y bajar, agacharme. Pero igual, aquí estoy sobreviviendo.

El rechazo de la población desplazada por parte de los habitantes de los lugares de recepción, es una de las consecuencias que deben soportar estas personas. Las mujeres de Alto Baudó han sentido el rechazo de los habitantes de los pueblos a los que se han desplazado, como en el caso de Quibdó. En la ciudad las mujeres no sólo se sienten estigmatizadas por la comunidad sino por las entidades gubernamentales encargadas de atender su situación. Y para poder subsistir algunas han tenido que hacer cualquier tipo de trabajo, incluyendo en casos extremos la prostitución.

Entonces los miraban como bichos raros. En las casas las empleaban y no les pagan lo que era justo. Eran maltratadas y les daban eran las sobras de lo que quedaba. Si le gustaba bien y si no les gustaba también. Muchas mujeres soportaban lo que fuera con tal de llevar una libra de arroz. Tanto así que muchos hogares se desintegraron porque les tocó a las mujeres vender su cuerpo para conseguirle el bocado de comida para a sus hijos. Porque los maridos sin empleo, tanto él como ellas, entonces alguno de los dos tenía que buscar una alternativa para subsistir. Para las mujeres no ha sido fácil lo del desplazamiento porque les ha tocado una situación muy difícil.

Denigrar de manera verbal de estas personas es una forma de maltrato y discriminación contra seres que se encuentran en una situación de vulneración y riesgo. Son ilustrativas las palabras de las mujeres en relación con la intolerancia de los habitantes de Quibdó con las personas desplazadas.

Nosotros los desplazados aquí en Quibdó entre varias personas éramos como unos bichos raros. Por donde pasábamos ¡esos desplazados! Aquí vino una especie de banano que viene del Urabá antioqueño que le dicen “las bolejas” y les colocaron “los desplazados”, porque nosotros nos habíamos desplazado aquí a Quibdó. Lo cuales era una forma de estigmatizar o rechazar a la población en situación de desplazamiento.

Lo peor que se veía aquí en Quibdó, es que lo nombraban desplazado. Porque lo primero que le decían era “ay, pareces un desplazado”. Todo el que andaba sucio o mendigo “ay, pareces un desplazado”. Para la sociedad, aquí en Quibdo, éramos lo peor.

Al principio del desplazamiento aquí en Quibdó, la mayoría de la población no tenía conciencia de que las personas eran víctimas del conflicto armado, sino que como que era alguien que llegaba a usurpar. Como en muchas ocasiones se daba que la Acción Social que estaba para los desastres, para la atención a algún tipo de personas en situación de vulnerabilidad, ya todo era recargado a la población en situación de desplazamiento. Entonces el resto de Quibdó sentía que los estaban invadiendo, quitándoles espacios.

Por fortuna, esta situación poco a poco se está revirtiendo, como la manifiesta una de las mujeres víctimas de desplazamiento.

Cuando ya empiezan a entrar los movimientos, las organizaciones y se empieza hacer un trabajo de sensibilización en la que se problematiza el desplazamiento, muchos de los quibdoseños empezaron a tomar conciencia.

Estas situaciones de exclusión y marginación, se acrecentaban con las dificultades de encontrar una fuente de empleo. El trabajo es esquivo para las poblaciones desplazadas, que son vistas como una competencia frente a las posibilidades de trabajo. Sin embargo las condiciones de las mujeres desplazadas también las hacen más vulnerables frente a la manipulación o el trato injusto en el trabajo.

Nos dieron alimentación por tres meses. De ahí las personas tenían que tirarse a trabajar para poderse mantener. El que podía trabajar, trabajaba y el que no, pasaba trabajo.

La misma cosa, si uno iba a alguna entidad para que le colaboraran le decían: “vaya trabaje si quiere comer”. A veces uno iba y les hacía el trabajo a las personas y no le valoraban el trabajo. No le pagaban.

Algunas personas se valieron de la necesidad de la población desplazada para conseguir cualquier fuente de ingreso y cometieron serios abusos contra las mujeres desplazadas del Baudó. Aquí se mencionan dos denuncias formuladas por las mismas mujeres.

Si el Estado le manda algo o una plata para los desplazados, los mismos funcionarios se cogen su plata y le dan a uno cualquier cosa. Entonces dicen “esos desplazados se conforman con lo que les den”. Pero como nosotros no tenemos donde trabajar nos tenemos que quedar tranquilos.

Hay una señora que trabajó de enfermera por cuatro meses y hasta hoy no le han pagado y con sus hijitos ahí. Se metió a otro trabajo y tampoco le han pagado. Por los buenos vecinos es que ella está ahí.

El desespero por alcanzar un ingreso, un recurso económico, ocasionaba que algunos desplazados tomaran decisiones extremas, en particular las mujeres. Algunas de ellas encontraron en la prostitución una forma de ganarse la vida y así sostener a sus familias.

En esos desplazamientos que uno llega así, que no consigue trabajo, hay niñas que se meten a la prostitución para conseguir algo para comer. De esa manera para mantenerse. A veces los niños se meten a robar lo ajeno porque no tiene otras alternativas.

Después también salió que las mujeres se cambiaron por dos mil, “dosmilasos”. Sobre todo las niñas aquí en la carrera primera. Ahí era que decían los hombres que “para qué cogían mujer si en la primera las conseguían a dos mil”. Donde muchas niñas de verse acorraladas lo hacían. Ese fenómeno ya no se está dando y si lo hacen son pocas mujeres. Desde que hace empezaron a conformar las organizaciones las mujeres ya empezaron a tomar conciencia.

La sumatoria de estas dificultades, que no son otra cosa que una nueva revictimación, sigue perpetuando la vulneración de sus derechos y en muchos casos ocasiona la desunión familiar. Especialmente negativa para las mujeres es la influencia del contexto de desplazamiento en la socialización de los hijos e hijas. Esa desestructuración, la pobreza y las formas de criminalidad en la ciudad suponen un nuevo contexto muy negativo para la población adolescente.

Las familias prácticamente se desintegran, que cada quien coge por su lado. Ese es una cosa que las madres sufren. Porque cuando vienen de allá, vienen sus hijos inocentes y llegan a la ciudad a coger malos pasos o a veces los matan.

Por estas razones, muchos desplazadas sueñan y exigen el retorno como una posibilidad de regresar a lo que era suyo, lo más habitual, para no seguir sufriendo discriminaciones, ni pasando necesidades.

Tuvimos pasando mucho trabajo hasta tanto unos que retornaron. De sentirse pasando trabajo que no tenían como mantener a sus hijos. Ahí fue que empezó la gente a pedir su retorno. Se fueron porque peor era uno ver a su hijo muriendo de hambre.

En parte la mayoría pidió retorno a consecuencia del maltrato y del trabajo que se estaba pasando aquí en Quibdó. Del hambre porque había gente que se estaba muriendo de hambre… El problema es que todavía hay algunas personas que vivimos aquí en Quibdó que pasan trabajo y si acaso se comen una comida diaria.

Enfrentarse a una situación hostil y difícil en muchos sentidos, hace que las mujeres desplazadas valoren de manera más positiva su pasado que su presente. Aunque el conflicto armado estaba antes más latente y vivían en una insatisfacción de muchos derechos por parte del Estado, ellas estiman que el pasado era mejor que el presente.

Para mí yo digo que éramos ricos. ¿Por qué nosotros éramos ricos? porque nosotras no comprábamos el agua, la íbamos a recoger a la quebrada que era un agua limpia. Teníamos plátano, arroz, el pescado, todo lo teníamos. Criábamos cerdos, bastantes. Las gallinas que tenía no alcanzaba a contarlas. Por medio de esa tentación de la guerrilla quedé sin nada. Yo vendía huevo en el Baudó y cuando veo un pollito ¡ay qué alegría me da!

Cuando crecía el río y bajaban palos, uno se embarcaba en palos. A penas a voltear palo a coger pichimarra o camarón… De todas maneras la vida la tenemos muy dura aquí. Nosotros no comprábamos comida, la comida la buscábamos. Mis hijos comían toda carne. Nosotros matábamos un marrano para la casa y ellos escogían la presa y lo que no se comían se lo daban a los perros o a los que llegaban. Ahora pelean con los perros para que no se vayan a comer la carne.

El control de la siembra de cultivos ilícitos por parte de los grupos armados no estatales trajo como consecuencia que se adelantaran fumigaciones que han afectado los cultivos tradicionales, el agua y los bosques. También han generado graves consecuencias a los habitantes de la zona, en particular a las comunidades indígenas, especialmente consecuencias en la seguridad alimentaria y la contaminación de agua y alimentos. Numerosos relatos de las mujeres señalan consecuencias en la salud especialmente de los niños y niñas que nunca han sido evaluadas.

Al parecer ha habido fumigación porque había mucho coco, había chontaduro y esas palmas todas se han ido secando. Entonces uno dice que es una fumigación porque están fumigando el aire y penetra en la tierra. Todos los peces se fueron y decían que era veneno que había tirado el ejército. Fue que se fueron todos los peces.

Las fumigaciones con glifosato sí las ha habido en el Baudó. El año pasado sacaron un informe de las fumigaciones que había en el San Juan y sobre todo para el Baudó. Hay un pueblo en una comunidad indígena que hay deformación de niños por consecuencia de las fumigaciones.

Los desplazados se han acercado a los programas que ha diseñado el Estado para mejorar sus condiciones de vida. Sin embargo, las mujeres denuncian discriminaciones y muchas trabas burocráticas. Sólo el último testimonio valora la ayuda humanitaria que le ha otorgado el Estado.

Todos mis hermanos caímos ahí. Al principio aparecemos en el sistema de Acción Social y después ya no aparecemos como desplazados. A muchas también les ha pasado. Hay muchas personas que no han sido admitidas. Hay personas que aparecen los hijos y las madres no.

Si una pide una solicitud de ayuda humanitaria, uno mete la petición. Hay muchas personas que cuando van al banco a buscar la ayuda que les vino, entonces se la regresaron. Uno va al coliseo donde atienden y uno les pregunta: “¿ya les asignaron el turno?” y le responden “no, todavía no venga dentro de tantos meses”. Para usted darse de cuenta si en realidad la ayuda está o si ya le llegó tiene que llamar a Bogotá. Si usted vuelve y va donde ellos le dicen lo mismo: “usted aquí no aparece como que metió petición”.

Para saber lo que lo que le están dando a la gente. Lo que le dan a uno no le alcanza para cumplir con los gastos que uno tiene que hacer… ¿Quién dijo que eso le alcanza? Eso no le alcanza a uno para nada. Otra cosa es que si yo tengo seis hijos y usted tiene un solo hijo, ¿cómo a usted le van a dar más que a mí que tengo seis hijos? Entonces ahí hay algo que no es equitativo y que no es correcto. Cómo una persona sola va a tener más.

He estado sufriendo, pasando trabajo. A veces que de la ayuda que nos mandan a varios, a veces novecientos, un millón, me ha servido. Como he estado enferma en Medellín, me ha servido, porque a veces no tengo.

El Estado no ha garantizado de manera adecuada la protección de los derechos humanos de las comunidades desplazadas del Baudó. En particular, la falta de satisfacción de los derechos sociales es subrayada por las mujeres. El siguiente testimonio, hace referencia al derecho a la vivienda y señala su carencia, así como la inadecuada calidad de las casas ofrecidas.

Las mujeres del Baudó no están en los asentamientos que hay en la zona norte: Villa España, La Gloria, La Fe, Obrero, etc. Fue un comodato que hizo la Cruz Roja para las personas en situación de desplazamiento forzado por dos años porque el municipio se comprometía a hacerle unas viviendas. Hasta hoy resultó que esos comodatos eran unos albergues provisionales. Las viviendas no se han visto. Las que hicieron eran bien pequeñas como una caja de fósforos, cuando aquí las familias son extensas. La mujer que menos tiene hijos tiene cuatro, seis siete, porque aquí somos raritas y contadas las que tenemos dos.

Los efectos de la violencia no son los mismos para todas las personas. Mujeres, hombres, niños, niñas y adolescentes expresan desde su condición los impactos del conflicto armado de manera diferente. El género, la edad, la etnia, la clase social, también influyen en los impactos, así como la cultura, las costumbres, culturas y dinámicas de socialización. Las mujeres identifican estas características de los impactos de la violencia, en sus cuerpos y en sus vidas, que para algunas son muy distintas a las de los hombres y en cambio para otras es similar el impacto del miedo.

A las mujeres las impacta de una manera muy diferente. Sabemos que siempre nos afecta el conflicto a todos y a todas. Las mujeres después que salen de su territorio ya no es lo mismo. Ellas en cuanto a sus costumbres ancestrales ya no va a lavar la ropa al río como lo hacía antes. La educación para los hijos ya no es la misma. Entonces varía la forma de trabajo y para ella cambia, se transforma. Además del desplazamiento, consigo llevan la pérdida del compañero o esposo. Si han sido víctimas de violencia sexual, en muchas ocasiones lo callan. Entonces también la vida se les transforma. No es esa misma vida de alegría o de pensar en que en su campo hacían las cosas de cierta forma y que en la ciudad les toca hacerlas de forma diferente. Vivir la vida de forma diferente porque si allá tenían un compañero que se ayudaban a sostener el hogar y acá no lo tienen. A veces les toca caer en cosas que nosotras decimos que no son correctas o que no son dignas, como el andar con varios hombres al mismo tiempo. A veces lo criticamos y lo rechazamos pero que por causa del conflicto y de muchas necesidades, a muchas les toca. A algunas que les toca coger a unos maridos que no los quieren sino porque él le ayuda a sostener el hogar pero no porque ella realmente diga: “yo soy feliz… porque me enamoré”… sino porque ven en él la solución para mantener a sus hijos e hijas.

Los impactos entre los hombres y mujeres son iguales. El hombre hoy en día no está yendo al monte casi a trabajar por el miedo de que si está trabajando allí va a salir alguien y vaya a sufrir algún percance… A veces el hombre se va para alguna parte y la mujer se iba para otra parte. Qué pasa, uno dice “a no, yo me voy a ir para tal parte” y si uno va solo no va para el monte sino acompañada por dos o tres compañeras pero con miedo. Eso por allá no está muy fácil. Eso para allá para Pie de Pató no está fácil. Que está la policía pero igual eso sigue igualito porque eso es lo que ha traído la pobreza. Uno no consigue el plátano, no consigue arroz, nada de esas cosas, porque la gente vive en el pueblo más bien mirando que el otro que pueda tener, porque a cultivar así de fácil ya nadie se mete al monte.

Continuum de violencias
Los temores a la violencia intrafamiliar ejercida por los hombres contra las mujeres y sus hijos, explican que muchas de ellas prefieran la soledad a buscar una nueva pareja. Las mujeres prefieren enfrentar solas, sin un nuevo compañero, su nueva condición de desplazadas, para evitar el maltrato contra ellas y contra sus hijas. En el primer testimonio, una mujer que ha elegido estar sola para evitar posibles malos tratos con una eventual pareja, le ha tocado adaptarse a unas dinámicas laborales muy diferentes y agotadoras con el propósito de sacar adelante a sus familias. En el segundo testimonio, otra mujer ha preferido no iniciar otra relación afectiva por el temor que su nueva pareja abuse de sus niñas.

Yo digo que uno como mujer no debe de coger un hombre porque le colabore. Lo digo por experiencia porque ya a mí me tocó. Yo busco mi trabajo y busco como sacar a mis hijos adelante pero porque un hombre me colabore por eso no voy a recibir maltrato de él. Yo pues veo eso así porque me quedé sola en el 2003 y hasta ahorita estoy sola sacando a mis hijos adelante. Eso sí que tuve tres años que no descansaba ni sábado ni domingo ni nada. Yo llegaba a la casa y me acostaba y me quejaba. Los pelados me llamaban: “que yo qué tenía y yo “nada”. Me decían “mamá pero es que se está quejando, ¿qué tiene?”. Apenas ponía la cabeza en la cama estaba dormida.

Pues todo eso es temor también. Yo tengo una niña de 15 años y me da mucho miedo de que yo me enamore con un patán. Que cuando yo me vaya a trabajar, porque yo no paro en la casa, llegue y se meta con esa niña de 15 años o con la de 9 años. Porque si yo tuviera una persona que me colaborara pues sí, pero a mí me toca trabajar todo el día y una niña de 15 o 9 años corre muchos riesgos. Yo me voy a trabajar y llega alguien que yo lo tenga como una pareja, y se meta con esas niñas, hasta yo me vuelvo loca, porque desde pequeñita yo he estado con mis niñas. Entonces en parte también me he quedado como ahí. En cero me he quedado. Él decía que yo lo iba a matar y que yo era muy brava.

La construcción y apoyo de organizaciones
La experiencia de las mujeres muchas veces es invisibilidad. No se cuenta. Las mujeres son las que han mantenido sus familias, las comunidades. Se han organizado y queremos rescatar también esa parte de la historia positiva. Lo que ustedes han hecho para poder visibilizar.

Paralelo a los impactos de la violencia, las mujeres han generado diferentes estrategias para sobrevivir y para afrontar las dificultades y necesidades. Muchas de ellas han salido adelante solas. En un contexto de falta de garantía de sus derechos por parte del Estado, ha sido gracias al tesón de las propias madres que sus familias han salido adelante, en medio de la precariedad.

Yo no tengo trabajo. Yo tampoco vivo en mi casa con un señor que me acompaña. Hice un curso, pero no tengo trabajo y tampoco recibo la ayuda humanitaria por ningún lado de Acción Social. Mis niñas dependen de mí. Tengo cuatro niñas y vivo del diario. Lavo ropa, les cocino a mineros, lo que me toca hacer. Estoy pendiente para sacar a mis niñas adelante porque de Acción Social no tengo nada. A mí me dicen: “vaya, láveme una ropa” y ahí mismo me voy a lavar para darle de comer a mis niñas. No tengo marido simplemente Jesucristo y la fuerza que tengo para sobrevivir. Yo hice mi curso de modistería y con eso me mantengo con mi maquinita.

El trabajo informal y arduo o el rebusque, como lo denominan las mujeres, se constituye en el medio para enfrentar las adversidades. En él consignan sus esperanzas para ganarse la vida.

La mayoría para salir adelante donde les salía trabajo ahí mismo se ponían a trabajar. Se rebuscaban. Se iba a lavar o trabajar por el día. Había a veces que a algunas no les pagaban, pero a otras solo lo que la persona quería y de esa manera uno sobrevivía.

A mí no me gustó trabajar en casa de familia. Después que yo llegué y cuadré a mis hijos me fui a trabajar a Medellín. Ahora que me dio la enfermedad tengo que estar luchando, pasando trabajo, aguantando. Uno se rebusca porque tampoco puede espera que le caiga del cielo.

Se reconoce la existencia de organizaciones tradicionales como soporte a las víctimas del conflicto armado, organizaciones que surgieron como producto de la violencia política y que han estado comprometidas en la defensa del territorio.

En los municipios ya tenían organizaciones creadas por la problemática que se estaba dando en cuanto a la usurpación del territorio por parte de los actores armados. Es de allí donde nace ACABA [Asociación Campesina del Baudó], COCOMACIA [Consejo Comunitario Mayor del Alto Atrato], ASCOBA [Organización Campesina del Bajo Atrato]. Van surgiendo otras organizaciones en donde se llega a conformar los Consejos Comunitarios que tienen la máxima autoridad en las comunidades.

La única organización que estuvo allá fue ACABA en el Baudó y había otra que le decían Cimarrón. ACABA todavía existe, trabajaba por la defensa del territorio.

Ahorita también existe ASODESBA [Asociación de Desplazados del Baudó]. Muchas de las mujeres que pertenecieron ACABA, ahora pertenecen ASODESBA y están aquí en Quibdó. ACABA ha sido la organización que ha permanecido en el Baudó. Surgió antes del desplazamiento como en los años 80.

Las experiencias en las organizaciones y colectivos ha fortalecido la participación política y empoderamiento de las mujeres. La posibilidad de reconocer sus derechos genera confianza y permite compartir experiencias y sumar esfuerzos para mejorar sus condiciones de vida.

Sí, hubo cosas que aprendí mucho porque al menos en esta organización que estamos ya sabemos reclamar sus derechos, cómo solicitar una ayuda en caso que se la nieguen, dónde acudir.

Nosotras aprendemos de los autocuidados, de con quién hablar, de qué temas hablar. Eso nos va a que no seamos fácilmente víctimas de los actores armados que por lo general siempre utilizan a las mujeres para sus propósitos. Vamos aprendiendo a cómo protegernos. Cómo mantenemos alianzas con otras organizaciones, con las Diócesis. Entonces al movimiento siempre lo invitan y nosotras allí podemos invitar a la organización que sea. A que participe de esos otros espacios.

Antes cuando se iban a movilizar, se les entregaba carné a las mujeres de ACABA como forma de identificar a qué organización pertenecían por si las paraban en la carretera. Lo presentaban para que no les pasara nada. A donde voy llevo el carné de ACABA porque sé que eso es una defensa, es un respaldo.

En la Asociación ASODESBA hemos aprendido a reclamar sus derechos y a cómo defenderse, se dictan capacitaciones. En la organización pertenece bastante gente del Baudó porque no son solos los del Baudó y no se le niega la inclusión a nadie. Es una organización mixta, hombres y mujeres.

Las mujeres participan de las anteriores organizaciones pero también conforman otras en las que buscan de manera más específica la defensa de sus derechos.

Hay muchas que si están organizadas en Mujer y Vida, ASODESBA y así por el estilo se han ido organizando. La mayoría pertenecemos a la Ruta Pacífica.

En la Fundación Mujer y Vida somos 70 mujeres. Es una fundación de solo mujeres. No tiene diferencia con la Ruta Pacífica porque prácticamente se hace lo mismo, pero con las otras sí porque somos solo mujeres y las otras son mixtas. Se vela por los derechos de la mujer desplazada y vulnerable. Se realizan proyectos para salir adelante sin tener que mendigarle al gobierno.

Son muchos los aprendizajes que estas organizaciones de mujeres les han dado a ellas. Lo mejor es darles la palabra a ellas mismas para que lo expresen.

En la Ruta Pacifica no les enseñaron a hablar sino que nos enseñaron a sacar todo lo que uno mantenía guardado. A nadie se critica. Si uno quiso llorar, lloró y nadie le dice nada. Si uno se quiso echar a dormir, se echó a dormir y nadie le dice nada. Son cosas que nos han enseñado. Cómo defender nuestros derechos. A valorarnos a nosotras mismas porque si uno como mujer no se valora, no lo valora nadie.

La Ruta Pacifica les ha servido a las mujeres en situación de desplazamiento por la incidencia que hace a nivel nacional con el Estado en cuanto al cumplimiento con el auto 092 y la sentencia T 025 donde se habla de los 13 programas para las mujeres en situación de desplazamiento. El trabajo que hace la Ruta de empujar, jalonar para que se dé el cumplimento de los mismos, que benefician a las mujeres. Además estos espacios nos sirven porque son políticos. Nos sirven para la exigibilidad de los derechos de las mujeres y también para la búsqueda negociada al conflicto armado que nos afecta a todas.

Las mujeres de ASODESBA también participan de la Ruta Pacífica…. participan de los talleres pero más políticos y más claros. En donde usted despeja dudas sobre la exigibilidad de sus derechos, sobre las rutas de acceso a la justicia, sobre salidas negociadas al conflicto armado, porque las mujeres debemos ser pacifistas. Miles de cosas que de pronto en su organización no las aprenden. Mientras que uno acá como movimiento tiene una agenda de trabajo en donde van incluidos unos cinco o seis talleres en el año que son formativos. Cuando vamos a realizar una movilización, nos preparamos del autocuidado, que nosotras las mujeres sabemos que en cualquier parte donde nos movilicemos podemos correr riesgo.

Como lo señala el siguiente testimonio, estas organizaciones les han permitido a las mujeres, construir y transformar. Son uno de los mejores alicientes no solo para superar sino para no repetir lo vivido.

Aquí lo importante es ver que nosotras a veces normalizamos todo eso que nos pasa. Entonces este trabajo que hacemos con las mujeres es también de construir y mirar como lo sacamos de la normalidad para poderlo transformar. Si sigue y volvemos y lo repetimos… nos conseguimos los mismos hombres maltratadores, dejamos este pero cogemos otro o peor. Repetimos el círculo vicioso. Hay que trabajarlo para salir a un círculo virtuoso. Es buscar otro tipo de relaciones en donde nos relacionemos de forma distinta.

Reparación para superar el histórico olvido
Las mujeres en los procesos organizativos y sociales han podido señalar sus propósitos y deseos en lo referente a la verdad, la justicia y la reparación. En cuanto a la exigencia de la verdad las mujeres plantean el reconocimiento del desplazamiento como parte de una estrategia de guerra asociado al reconocimiento como población. Es decir que lo que les ha hecho visibles a los ojos del Estado sea precisamente las violaciones sufridas y el desplazamiento que les llevó a la ciudad, muestra el olvido histórico y cómo la reparación de las violaciones tiene que ver con un cambio estructural y el reconocimiento de su ciudadanía. La investigación de las violaciones sufridas y el reconocimiento de que la violencia contra la comunidad dejó numerosos muertos y desaparecidos cuyos familiares esperan encontrar sus restos.

Que se conozca lo que pasó con el desplazamiento y los efectos que generó. Que el gobierno sepa que el Baudó existe. Que se reconozca que hubo desaparecidos, asesinatos y muchas violencias. Se conozcan todos los hechos de violencia que ocurrieron en el Baudó. Se conozcan los hechos. Que el gobierno aplique la justicia. Que los victimarios digan dónde enterraron a los desaparecidos. Que el gobierno investigue sobre la violación de los derechos humanos

Como se observa, estas demandas de esclarecer los hechos se mezclan con reclamos de justicia y de reconocimiento del daño colectivo producido. La verdad y la justicia son parte de esas aspiraciones que tienen las mujeres

Que se busquen a los culpables y que paguen por los hechos sucedido. Se reconozca que hubo un daño comunitario. Que se sepa lo que pasó en el Baudó. Que los victimarios pidan perdón en público por el daño que nos hicieron. Se reconozca que le violaron los derechos a una comunidad. Que saquen a los victimarios de nuestros territorios. Que se nos den garantías en nuestros territorios.

Como otros territorios olvidados, la garantía de los derechos sociales que es un deber primario que tiene el Estado pero que es exigido como una medida de reparación. La agenda de la reparación colectiva incluye las condiciones para la reconstrucción y un proyecto de vida comunitario.

Vivienda, salud, educación, carreteras, hospitales, energía. Indemnización por las cosas que perdimos. Ingresos, volver a trabajar. La agricultura, devolución de la tierra y que sea fértil. Vivienda digna, escuelas, buena salud. A cada persona en situación de desplazamiento se le dé una reparación administrativa. Indemnización a las familias víctimas del conflicto armado. Que el Estado haga inversión social en cuanto a vivienda, salud, educación, vías de acceso, concesiones eléctricas.

Además como en los casos donde la violencia ha generado desplazamiento en la población, las condiciones de seguridad en sus territorios forman parte de las condiciones iniciales para hacer posible cualquier otra medida de reparación. Para las garantías de no repetición y la prevención a las violaciones de derechos humanos e infracciones al derecho humanitario, solicitan simplemente una presencia del Estado que contribuya no a una mayor militarización sino a las garantías del poder público para prevenir la violencia, hacer justicia y proteger los derechos de la población.

Presencia del gobierno, la fiscalía, defensoría, jueces. Que en la personería haya gente capacitada para proteger los derechos como población. No más violencia en el municipio del Baudó. Presencia del Estado. Que haya presencia del Estado y atención psicosocial.

 

Miles de afectaciones hacia la forma de vida de las mujeres
Esta mujer señala las dificultades que tienen las mujeres para satisfacer sus derechos a la vivienda, a la alimentación y a la educación, sobre todo haciendo un contraste entre las diferencias del campo y la ciudad. Se observa como un entorno diferente dificulta la garantía de esos derechos, especialmente en un contexto en el que las mujeres pierden su autonomía y capacidad productiva.

La situación de las mujeres en desplazamiento es muy difícil. Para nosotras el término de riqueza no es como se ve en las ciudades como las infraestructuras de la casa hecha en cemento y la acumulación de muchas cosas… Uno tenía muchas viviendas en madera que es lo típico, lo nuestro, pero con las condiciones dignas de lo que le gustaba, con lo que era la alimentación propia de nuestra región. Como lo cuentan las mujeres: que pescaban, otras cazaban… estaba el pancoger. Cultivaban el arroz, el plátano, la yuca. Las azoteas donde tenían el cilantro, la cebolla de rama, la albahaca, todo lo que era necesario para la alimentación. Al venirse a la ciudad donde todo es dinero entonces se les transforma la vida.

No es lo mismo el campo donde si usted no tiene para la alimentación el vecino le regala, no le presta sino que le regala porque usted cuando tenga también le regala. En la ciudad nadie le regala al otro. Que usted diga “!ay tengo hambre!” nadie así de fácil le va regalando para sus hijos. En la educación de los hijos e hijas en las comunidades nuestra, cuando se iban al monte, alguna de las mujeres que quedaba en la comunidad estaba pendiente de los muchachos. Que no se fuera al río, que no le pasara nada. En la ciudad no, cada quien vive pendiente de lo de él. En el campo hay mayor facilidad porque las docentes van y buscan a los estudiantes a la casa, mientras que en la ciudad si usted no tiene plata para matricular a sus hijos e hijas no estudian. Entonces no es lo mismo la educación de una mujer que ancestralmente ha vivido en el campo cuando por el conflicto se tienen que trasladar a la ciudad. Las condiciones son muy diferentes. Entonces de aquí cariamos [enfrentamos] miles de afectaciones hacia la forma de vida de las mujeres. Esto les ha trasformado todo.

Este texto hace parte del informe "La verdad de las mujeres víctimas del conflicto armado en Colombia" elaborado por la Comisión de Verdad y Memoria de la Ruta Pacífica por las Mujeres.

Historias seleccionadas del informe La verdad de las mujeres:

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Espere mañana otra historia del conflicto armado narrada por mujeres.