Categoría: Desaparecidos
Creado en Miércoles, 26 Enero 2011
Última actualización en Miércoles, 06 Julio 2011
Publicado el Martes, 25 Enero 2011

'Carlos Tijeras', a las puertas de la extradición

La familia de un joven colombo-francés asesinado dice que solicitará la extradición del ex paramilitar ‘Carlos Tijeras’, si en el caso de su hijo no hay verdad, justicia y reparación. VerdadAbierta.com reconstruyó su historia.

Simón Efraín González Ramírez fue asesinado el 21 de mayo de 2002 por paramilitares del frente William Rivas, del bloque Norte. Foto familiar


Las peores noticias a veces son las que primero llegan. Pero en el caso de Simón Efraín González Ramírez pasó un mes para que sus padres supieran que su único hijo estaba muerto. Pasó una semana más para que, sin respuestas, les devolvieran su cuerpo baleado y fracturado. Ya pasaron casi nueve años desde aquel 21 de mayo de 2002, cuando paramilitares del Bloque Norte lo asesinaron en Ciénaga, Magdalena, sin que, como dice sus familiares, “hayamos tenido verdad y menos justicia”.

La familia de Simón, que tenía 22 años cuando lo mataron, cree que los ‘paras’ están tratando de protegerse porque Simón es francés y saben que el problema trasciende las fronteras. También piensan que, en un principio, algunos funcionarios trataron de encubrir y desviar las investigaciones.

Es por eso que los padres de Simón dicen que darán la pelea legal hasta el final. Si no lo logran con la justicia en Colombia, confían en que la justicia francesa solicite la extradición de José Gregorio Mangones Lugo alias ‘Carlos Tijeras’, ex jefe paramilitar del frente William Rivas, que confesó el asesinato pero que ha dado pocos detalles. Su última instancia será la Corte Penal Internacional, al considerar que el crimen de su hijo es de lesa humanidad.

De despacho en despacho
Según relataron sus familiares a VerdadAbierta.com, La muerte de Simón ha pasado por varios despachos judiciales. El proceso comenzó en la Fiscalía l 6 y 20 de Ciénaga, y de allí al Juzgado Único Penal del Circuito Especializado de Santa Marta. A mediados de 2005 el caso iba a ser cerrado, de no ser porque Edwin Alberto Ferrer González alias ‘El Ruso’, ex patrullero del frente William Rivas del Bloque Norte, le dijo a un fiscal que él sabía sobre la muerte Simón.

El caso fue entonces trasladado a Bogotá, donde el paramilitar reconoció que su jefe había sido ‘Carlos Tijeras’, y que fue Arnover Carvajal Quintana alias ‘Pocalucha’ le contó que el frente había asesinado al joven.

El 25 de julio de 2005, ‘Tijeras’ fue capturado, mientras ‘Pocalucha’ fue detenido el 7 de noviembre de 2006. En sus testimonios ambos negaron ser los autores del crimen y señalaron como responsable a alias ‘Cumba’, quien según ellos mató a Simón por un problema personal. Los dos ex paramilitares dicen que por ese error asesinaron a ‘Cumba’.

“Hice esposar a ‘Cumba’. Le pregunté por el caso y me echó mentiras, me dijo que era un 9.50 (guerrillero) y yo como tenía todo investigado le hice un juicio y le di de baja porque yo  no permitía que se maltratara a la población civil”, dijo alias ‘Carlos Tijeras’.

En varias diligencias, ‘Carlos Tijeras’ cambió su versión sobre el asesinato de ‘Cumba’. Primero dijo que fue él, luego que lo mataron entre él y Nehemías Moisés Sandoval alias ‘Camilo’, y después que sólo lo hizo ‘Camilo’.

En la actualidad el crimen de Simón es investigado por tres despachos judiciales. En la justicia ordinaria colombiana, el Fiscal 17 de Derechos Humanos considera que a ‘Pocalucha’ debe  ser condenado como coautor del homicidio. En Justicia y Paz, ‘Carlos Tijeras’ reconoció el crimen por “omisión de línea de mando” por haber sido el comandante del frente William Rivas.

Según Deicy Jaramillo, Fiscal 3 de Justicia y Paz, “este hecho ya pasó por la etapa de imputación y legalización de cargos, y está pendiente de sentencia. Pedimos que fuera considerado un delito de lesa humanidad. También estamos pendientes de la exhumación de la fosa, donde se supone está alias ‘Cumba’”, dijo la fiscal.

Aunque el crimen de Simón ya fue reconocido, sus padres creen que en Colombia no van a encontrar verdad ni justicia. Por eso, de forma paralela, desde 2005 solicitaron al Tribunal de Justicia de Rennes, en Francia, que investigue y que si es caso, solicite la extradición de ‘Carlos Tijeras’. También crearon la Asociación de Amigos de Simón por la Verdad, que en varias ocasiones ha enviado cartas al Gobierno colombiano exigiendo “una investigación completa e imparcial”.

Desde 2005 también los apoya  la Comisión Nacional de Juristas. El abogado Leonid Ávila explicó que la Comisión llevará el caso hasta instancias internacionales, como lo solicita la familia, si la justicia colombiana no investiga a fondo y no califica los delitos como son.

“Este crimen no debe ser tipificado como un homicidio agravado. Existen pruebas de que hubo tortura y desaparición forzada. Además es un delito de lesa humanidad, porque según varios testimonios, Simón fue asesinado en un plan sistemático en lo que los paramilitares llamaban ‘limpieza social’, y no en una riña personal como lo asegura ‘Carlos Tijeras’” dijo Ávila.

Los padres de Simón concluyeron que su insistencia es una lucha contra la impunidad. “Debe haber un precedente. Queremos verdad y justicia, porque si en esto no hay paz. Lo hacemos en nombre de Simón y de todas las víctimas del paramilitarismo”, dijo Jean-François  Prié. Por eso, quieren que el país conozca su historia.

Sueños rotos
Desde pequeño Simón fue un apasionado por las ciencias sociales y el arte. Sus padres, defensores de derechos humanos y del medio ambiente, incidieron en su preocupación por las desigualdades y el conocimiento del mundo. “Él escribía sobre la Amazonía, la justicia y la existencia de las fronteras. Cuestionaba por qué un ciudadano francés se podía mover fácilmente por el mundo mientras un colombiano no”, recordó su madre, Myriam Ramírez.


A Simón le gustaba el campo. En Bretaña, una región ubicada al noreste de Francia, le ayudaba a sus padres en el mantenimiento de la granja donde vivían. / FOTO SUMINISTRADA

Myriam viajó a Francia en 1986, cuando su hijo tenía siete años. Ese país les ofreció la protección que no les brindó Colombia y por eso su estadía se prolongó. Simón fue colombiano y francés por tener dos padres. Tuvo padre colombiano, el natural, Antonio González, y padre francés, el putativo, Jean-François Prié, quienes fueron sus cómplices en su gusto por la música, la literatura, la danza y el teatro.

“Desde la infancia Simón era un músico autodidacta. A los 10 años tocó percusión y luego empezó a aprender saxofón. Después estuvo inclinado por el reggae y cuando tenía 14 años organizó varios grupos de rap. Aprendió luego sobre el rock y la música caribeña. Cuando tenía 16 años se le despertó el interés por estudiar filosofías de Egipto e India”, contó Antonio González.

Gracias a su doble nacionalidad, Simón viajó en toda Europa, Estados Unidos y por supuesto Colombia. Estaba buscando qué carrera estudiar. Hizo dos semestres de sociología en la Universidad Rennes II, en Francia, y en 2001 viajó a Bogotá para estudiar música, historia o periodismo. En febrero de 2002, decidido a matricularse en música, intentó presentarse a la Universidad Distrital pero las inscripciones ya estaban cerradas.

Con el ánimo de tomarse un descanso, Simón viajó el 18 de mayo de 2002 de Bogotá a Santa Marta. Ese fue el último día en que su madre lo vio vivo.

Sin rastro
El jóven llegó ese sábado a Santa Marta y viajó a la finca Gambira, en la Sierra Nevada donde la comunidad Hare Krishna se reunía a meditar y trabajar. Según le contó el administrador de esa finca a un funcionario judicial, el domingo 19 de mayo tomó su maleta y les dijo que se iba porque no estaba de acuerdo con los trabajos impuestos.

Casi sin dinero, porque su plan era trabajar en esa finca por tres meses, emprendió su ruta hacia el sur del departamento buscando llegar a Bogotá. Sin maleta, porque lo robaron saliendo de Santa Marta, llegó en ‘auto-stop’ hasta Ciénaga solo con la ropa que llevaba puesta: una camisa a rayas, un pantalón corto y zapatos deportivos.

“El joven se acercó como a las tres o cuatro de la tarde y me dijo que no tenía plata, que necesitaba comunicarse con su familia. Me pidió un teléfono y yo le dije que nadie se lo iba a prestar porque era un desconocido. Le di dos mil pesos y él se fue para un Telecom. Regresó. Yo le había dado un número para que lo llamaran. Se quedó esperando, pero nadie llamó”, le dijo una mujer a un funcionario judicial.

Myriam Ramírez, quien por esos días estaba en Bogotá, recordó que su cuñada Gloria le dio el recado. “Marcamos a ese número varias veces, pero nadie contestó”, dijo. Después de una semana sin noticias, los padres pidieron ayuda a la Embajada de Francia que lo declaró desaparecido y denunciaron el hecho ante las autoridades colombianas. Casi un mes de haber preguntado cientos de veces en hospitales, el Gaula y Ejército, Myriam no aguantó más. El 24 de junio viajó a Ciénaga a buscarlo sola.

El silencio
Lejos de los oídos de la familia, la noticia fue difundida al día siguiente de la desaparición por las emisoras Radio Libertad y Galeón. Según el expediente, la mujer que le dio dinero a Simón contó que la descripción que emitió la radio del muchacho fue clara y que ella supo que se trataba de él. Sin embargo, cuando Myriam y Antonio llegaron al pueblo nadie les dio razón al parecer por miedo.

“Llegué a Santa Marta y un policía me dijo que estaba loca, que no tenían a nadie. Salí de la estación y llamé al director de la Policía en Bogotá y le conté lo sucedido. A los 10 minutos volví y el mismo policía me dijo “¿en qué escándalo nos está metiendo?” y yo le respondí que no buscaba un carro robado; buscaba a mi hijo. El policía me dijo: mire, aquí mataron a un chino el 21 de mayo y vestido de esta forma. Ahí supe que era mi Simón”, recordó Myriam.

Al siguiente día, el 25 de junio de 2010, la madre de Simón viajó con unos amigos hasta Ciénaga a la morgue del Hospital San Cristóbal.

“Al llegar a Medicina Legal y la directora me dijo que le habían pegado un tiro, que lo habían enterrado en un cajoncito pagado por la Alcaldía y que si era él, que me fuera preparando”, contó. Apenas le mostró la fotografía, Myriam reconoció a su hijo. Antonio y Jean-François (su segundo esposo) se enteraron a los minutos.

“Yo viajé al siguiente día a Santa Marta y luego a Ciénaga. Tenía la sensación de que todo el mundo sabía, pero nadie nos decía nada. Sólo nos dijeron que el cuerpo había durado en la morgue de martes a sábado en una nevera para esperar a que alguien lo reconociera. Por la cantidad de muertos que habían llegado, el alcalde había pagado un cajón, lo habían enterrado como N.N. y  un fiscal llevaba el caso”, contó Antonio González.

Antonio buscó al fiscal pensando que ese mismo día recuperaría el cuerpo.

Para la sorpresa de los González, el fiscal les dijo que no les podía entregar los restos. Los padres desconcertados llamaron por ayuda y un cónsul francés viajó a Ciénaga.

"Llamé al Ministerio de Gobierno y generamos presión. El fiscal trató de asustarnos para que no hiciéramos nada. Cuando lo llaman, se sale de la ropa y nos dice que qué estamos haciendo, que agradeciéramos que nos iba a entregar el cuerpo”, dijo González.

El fiscal les dijo que incineraran el cuerpo, pero el cónsul les sugirió no firmar ningún acta porque borraban la evidencia del asesinato.

El jueves 27 de junio de 2002, cuatro días después de haber llegado a Ciénaga, una funcionaria de Medicina Legal le dijo a Antonio que un funcionario de esa institución, sabía dónde estaba el cuerpo. 

“Fuimos al cementerio. El funcionario los llevó y señaló dos masas de tierra que había en el piso. El sepulturero destapó la primera, sacó una bolsa negra y de inmediato supe que no era Simón. Ese cuerpo estaba vestido de camuflado militar, era más corpulento y no tenía dientes. Entonces el sepulturero destapó la segunda masa, y tampoco. Ahí fue cuando el de la funeraria le dijo a Jhony que él no nos podía entregar el cuerpo que no era. Jhony le dijo “oiga, señor, le recomiendo que no hable tan duro” y se fue”.

Ese día, Antonio su padre, se dijo a si mismo que debía seguir esperando. Fue cuando algunas personas empezaron a acercársele y a contarle detalles del asesinato. 

El 2 de julio, la directora de Medicina Legal de Ciénaga, les dijo que sabía del verdadero sepulturero que había enterrado a Simón.

“Nos dijo que había estado enfermo y por eso no nos había podido acompañar. Fuimos y encontró el lugar. La tierra estaba más dura, sacó una bolsa y no una caja como nos había dicho la funcionaria. Inmediatamente lo reconocí”, contó Antonio González.

Después de esa extraña situación, la familia de Simón concluyó que había intereses en ocultar el crimen.

Según el acta de inspección de cadáver, Simón murió por tres disparos de revólver y no por uno como inicialmente les informaron los funcionarios de Medicina Legal. 

El hombre del cementerio, quien los llevó para entregarles otro cuerpo, fue señalado por un ex paramilitar como  colaborador del grupo armado ilegal.

“En Medicina Legal de Ciénaga estaba Jhony . Él es funcionario, le colaboraba a las autodefensas cambiando los proyectiles a las víctimas con el fin de que luego el miembro de las autodefensas se fuera en libertad”, le dijo  Edwin Alberto Ferrer González alias ‘Ruso’ a un fiscal de derechos humanos el 26 de julio de 2005.

Según el expediente, el cadáver fue encontrado en un basurero de residuos de plátano, en Río Frío, un corregimiento de Zona Bananera. Eso es lo único de lo que tienen certeza sus padres, porque creen que ningún paramilitar les ha querido contar la verdad.

¿Extradición?


José Gregorio Mangones Lugo alias 'Carlos Tijeras', comandante del frente William Rivas del bloque Norte, fue capturado el 25 de julio 2005. Luego, fue postulado a la Ley de Justicia y Paz. / FOTO SEMANA

Así José Gregorio Mangones Luego alias ‘Carlos Tijeras’ podría volverse el primer paramilitar en ser extraditado por crímenes de lesa humanidad. El abogado Leonid Ávila asegura que la extradición es viable, porque aunque una persona no puede ser juzgada dos veces por el mismo hecho, la familia puede apelar a la justicia internacional argumentando que no han recibido justicia.

“Para que un país solicite la extradición hay cuatro requisitos. Los dos más importantes son que exista una acusación en ese país y que el delito investigado tenga una pena mayor a cuatro años. Los requisitos están dados”, dijo el abogado.

El caso de Simón puede llegar a instancias internacionales como las del caso Kasseman y Zieschank. Los dos jóvenes alemanes fueron asesinados en Argentina durante la dictadura de Jorge Rafael Videla, y por ello la Fiscalía de Nuremberg (sur de Alemania) había solicitado la extradición y luego la captura internacional del dictador argentino. Después de 33 años, en diciembre de 2010, la justicia argentina terminó condenando a Videla a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad.