Buscando la identidad de los desaparecidos de oriente antioqueño

En esta zona del país más de 2.500 personas fueron asesinadas y luego sepultadas como NN. Un proyecto de varias ongs y la Fiscalía busca identificarlos y devolver los restos a sus familiares para que puedan descansar. Crónica de Natalia Acevedo de Reporteros de Colombia* para VerdadAbierta.com


Beiba Rosa Quintero esperó casi seis años para denunciar la desaparición de dos de sus hijos, muertos en medio de combates en el Oriente de Antioquia. Foto Natalia Acevedo.

Beiba Rosa Quintero es una mujer humilde de Granada, en el oriente de Antioquia. Es una desplazada de la guerra. Allí tuvo 27 embarazos y 15 hijos. Hoy vive en una casa pequeña, en la que se acomodó gracias a la caridad de la gente, con tres de sus hijos y su esposo, quien de manera esporádica sale a jornaliar por 10 mil pesos.

En la puerta de su casa aún quedan rastros de los adornos de navidades pasadas. Su techo está decorado con cadenetas de papel globo, quizás para esconder el dolor que le causa recordar las muertes de dos de sus hijos. Carlos Alirio, quien murió en medio de un combate en San Luis y su cuerpo desapareció, y de Jhon Jairo quien murió despedazado cuando pisó una mina antipersona. Este último era el “más especial para ella”, su mono como lo llama y de quien se presume está enterrado como NN en el cementerio de Rionegro, Antioquia.

Ella se aferra al único recuerdo que le quedó de John Jairo, un pedazo de cédula recortada y el registro civil, que atesora con la esperanza de encontrarlo. Nunca antes había denunciado su desaparición porque “si se gasta en pasajes no se merca”. Aún con los pocos recursos económicos con los que cuenta decidió iniciar el proceso de búsqueda y denuncia ante la Fiscalía General de la Nación.

Cuando salió a denunciar la desaparición de su hijo se puso su mejor vestido: pantalón blanco, camiseta naranja, aretes grandes y unas chanclas para emprender su viaje a Medellín. Caminó por las empinadas calles de Granada, Antioquia, hasta coger el bus.

Juan José Moncada no tiene ningún familiar desaparecido pero pensó en personas como Beiba para iniciar una investigación junto a un equipo interdisciplinario del Observatorio de Paz y Reconciliación del Oriente Antioquia, una ong que cuenta con recursos de la Gobernación de Antioquia para realizar este proyecto. Visitaron los cementerios del oriente del departamento, notarías, inspecciones de policía y hospitales con el propósito de investigar la cantidad de NN que reposan allí. Después de un juicioso trabajo encontraron 2.539 casos, entre junio de 1985 a junio de 2008, periodo donde la confrontación armada por parte de todos los grupos armados se intensificó.

Entre el turismo, el paisaje y la violencia


En varios cementerios del oriente de Antioquia hay sepultados más de 2.500 cuerpos de personas que hoy son reportadas como desaparecidas. Foto Natalia Acevedo

El oriente de Antioquia es una región llena de contrastes en sus 23 municipios. En la actualidad es una zona atractiva para la industria, es turística y la puerta de salida a la capital del país. Históricamente ha sido un territorio importante, como lo recuerda el antropólogo Juan José Moncada: “ha tenido un papel sobresaliente en el departamento. En años recientes empezaron a llegar allí grandes proyectos de infraestructura nacional, también se asentaron grupos subversivos, y desde finales de los años ochenta aparecieron grupos de autodefensas como una respuesta a la guerrilla”.

Ante el accionar de la guerrilla, que asesinó, secuestró, destruyó pueblos, desapareció personas, sembró minas, desplazó gente y sembró el terror sobre la autopista Medellín-Bogotá sobre la que realizaban retenes ilegales, la fuerza pública realizó operativos militares como la operación Mariscal para garantizar el tránsito en esaarteria vial durante las 24 horas del día.

Mientras eso ocurría, la vida de la familia de Beiba transcurría con normalidad en el corregimiento de Santa Ana del municipio de Granada. Ellos eran campesinos y vivían en una finca. Eso hasta un 30 de abril de 2003 a las 6 y 30 de la mañana cuando un grupo armado, que ninguno identificó, comenzó a atacar a varios habitantes.

“Tiraron una granada por la ventana, entonces nosotros nos metimos debajo de una mesita y ya el mono mío venía saliendo, entonces la granada lo devolvió y lo mató. Cuando mi hijo murió (los combatientes) se lo llevaron en las bestias hasta un sitio y nosotros nos quedamos ahí. A los tres días  vino un helicóptero, aterrizó donde lo habían llevado a él y a otros. Un vecino nos contó que ahí se lo llevaron”, recordó Beiba antes de montarse al bus que la llevaría a Medellín a comenzar el proceso de búsqueda.

Un mes después de que el cuerpo de su hijo muerto desapareciera, el 30 de mayo de 2003, su otro hijo desapareció en el municipio de San Luis. Al parecer, se fue a visitar a su novia y quedó en medio de un combate. De su cuerpo tampoco se supo nada.

La Corporación Jurídica Libertad es una ong de abogados que acompañan los procesos jurídicos de algunos desaparecidos del oriente. Su investigación, realizada entre 2002 y 2006, da cuenta que en 218 combates entre el Ejército Nacional y grupos armados ilegales murieron 548 personas. Todas fueron sepultadas como NN en los cementerios, según concluyeron.

“El 38 por ciento de las personas que el ejército muestra como abatidos en combate son ejecuciones extrajudiciales contra miembros de la población civil  y son reportados en lo que hoy se conoce como falsos positivos”, asegura la abogada Liliana Uribe, quien asiste jurídicamente a 175 víctimas con familiares desaparecidos.

Sin embargo, reconoce que otros grupos como la guerrilla se encargaban de llevar los cuerpos sin identificar a los cementerios. Obligaban a los sepultureros a enterrarlos sin que preguntaran nada.

Cifras cuestionadas
Jorge Mejía Martínez era el Secretario de Gobierno de Antioquia entre el 2004-2008 y, entre sus funciones, le correspondía supervisar y apoyar la actividad de las fuerzas militares. Hoy considera que “los reportes fueron exitosos, sin embargo no puedo dejar de mencionar que si bien un alto porcentaje eran reales, hoy mirando hacia atrás con ocasión de los llamados ‘falsos positivos’, encontramos seguramente que gran parte de esos informes eran errados”.

Con ese argumento la Secretaría de Gobierno de ese período conformó el Comité Interinstitucional de Derechos Humanos que recogió 240 casos por los mal llamados ‘falsos positivos’. Según la investigación del Comité, 60 por ciento de estas ejecuciones fueron en el oriente en municipios como Granada, San Francisco, Cocorná y Nariño.  La información fue procesada por la Fiscalía, entidad que asumió la investigación.

Doña Beiba desconoce muchos detalles del conflicto que vivió su región, de hecho no se atreve a señalar responsables de la desaparición de sus dos hijos. Durante una noche que no podía dormir buscó respuestas en sus oraciones.

“Yo le dije a El cuando estaba dormida, que más o menos me iluminara en qué parte estaba y en el sueño El me iluminó que estaba en Rionegro”, es decir en el cementerio de esa localidad.

En Rionegro, el sepulturero Luis Fernando Vargas, recuerda que un día de abril de 2003 el panorama en el cementerio comenzó a cambiar. Ese día varios militares llegaron con 15 cuerpos de personas que murieron en combate y que no tenían una identidad. Luis Fernando los sepultó como NN.

“Entre los 15, había 5 mujeres, y algunos vestidos de camiseta, sudadera, normal, otros con camuflado”, dijo.

Rionegro es el cementerio más organizado del oriente. Luis Fernando trabaja allí desde que era niño y recuerda como desde tomaron los datos de los cuerpos que ingresaron. Reseñaron la fecha de ingreso, sí era hombre o mujer y el número de la tumba donde fue sepultado.

“Cuando empezaron a traer tanto NN acá, entre 2003 y 2004, llegaron más de 200 muertos”, recuerda Luis Fernando quien añade que ante la cantidad de cuerpos sin nombre el párroco de Rionegro tuvo que hablar para que no llevaran más cuerpos sin identificar a ese cementerio.

El Observatorio de Paz recopiló la estadística en un libro que muestra como, en la mayoría de municipios, los NN comenzaron a incrementarse desde el año 2002, explicó el antropólogo Juan José Moncada.

Proceso de Búsqueda


En los laboratorios de la Fiscalía se intenta identificar cientos de restos de personas que fueron reportadas como desaparecidas. Foto Natalia Acevedo

A Beiba Rosa la estaba esperando un grupo especial de la Fiscalía en el bunker en Medellín. Ella no podía esconder sus nervios. Con un gesto amable contó los detalles de la desaparición de sus hijos. Después, el Grupo de Desaparecidos y NN de la Fiscalía le tomó la prueba de ADN, una muestra de sangre que se guarda y después se coteja en laboratorios en caso de encontrar los restos de un posible familiar.

En 2008, la Fiscalía General de la Nación, en convenio con la Universidad de Antioquia y la Fundación Equitas, se realizó una prueba piloto en el cementerio de Rionegro. El trabajo consistió en la exhumación de 15 cuerpos clasificados como NN con el propósito de estudiarlos, buscarles una identidad y definir un protocolo de aplicación nacional que facilitara la búsqueda de los desaparecidos cuyos restos reposan en distintos camposantos del país, según explicó Mercedes Palacio, Coordinadora del Grupo.

Palacio busca el apoyo de la Gobernación de Antioquia y de otras entidades pues considera que en los cementerios podrían estar como NN una cantidad  de desaparecidos que no se ha podido determinar. “El problema es que muchos cuerpos se encuentran en osarios comunes y allí se pierde toda pista”.

Los 15 cuerpos exhumados fueron analizados y aún se conservan en los laboratorios. Hasta el momento se desconocen los resultados y las identidades de estas personas.

Medicina Legal cuenta hoy con uno de los laboratorios científicos más actualizados en el país, según lo considera su director regional, José Gómez. Asegura que están comprometidos con la búsqueda de NN y desaparecidos.

A través del ADN, después de un proceso científico que dura 3 meses, se puede identificar a una persona con una probabilidad cercana al 100 por ciento, según explicó Ofelia Calle, Coordinadora técnico científica del  Laboratorio de biología y genética de Medicina Legal en Medellín. Desde que inició el laboratorio se ha trabajado en 270 casos de NN y 350 identificaciones para casos de Justicia y Paz.

Por su parte, Patricia Díaz, la antropóloga de Medicina Legal, estudia cada uno de los casos de personas NN para individualizarlas: “Establecemos el sexo y la edad; la estatura. Precisamos también unas características individualizantes, que podrían ser  conjuntamente con el análisis odontológico por carta dental”.

La entrega


En cementerios como este, de Rionegro, fueron sepultados clandestinamente varias personas sin que nadie dijera nada. Hoy familiares de desaparecidos esperan que entre esos NN se encuentren los suyos. Foto Natalia Acevedo. 

“El viento suave siempre sobre sus espaldas, que el sol no deje de brillar y calentar su rostro, que la lluvia caiga sobre sus campos, hasta que nos encontremos de nuevo”, son las palabras de un sacerdote que son acompañadas por las notas de un sonido melancólico de un violín. La escena se completa con una fila de cajas pequeñas con restos óseos, la Fiscalía llama nombre por nombre y el familiar, entre sollozos, sale y lo reclama.  Es un acto de entrega de restos óseos, ya identificados, a sus familiares.

Desde que inició el proceso de Justicia y Paz, la Fiscalía ha devuelto a sus familiares 550 restos, según Luis González de León, el jefe de la Unidad. “Hoy hemos recuperado 1.800 cadáveres en todo el país; estamos entregando este mes 80 cadáveres plenamente identificados”, dice.

Beiba sueña con el día en que pueda tener los restos de sus hijos. Quiere ir al cementerio de Rionegro donde soñó que estaba enterrado su hijo. “Uno se manea pensando quién sabe como puede estar, en que parte por ahí tirado, no sé, es uno como acomplejado”.

Acaricia cada una de las tumbas de restos sin identificar, al tiempo que reza oraciones dedicadas a difuntos. Saca de una cartera azul que agarra con fuerza el pedazo de cédula que le recuerda a su hijo.

El destino más frecuente de los NN en los cementerios del oriente de Antioquia es el osario común. Una muestra es lo que ocurre en Rionegro. “A veces mandan una lista con 100 ó 200 restos de desconocidos para sacar de las bóvedas, porque necesitan las tumbas”. La orden la envían las parroquias y las administradoras de los camposantos, dice el sepulturero.

En el osario común terminan de desaparecer las personas definitivamente, considera el investigador Juan José Moncada, “encontrar allí un cadáver es una tarea monumental”, concluye.

Ya se hace tarde y Beiba debe regresar a su municipio, a Granada. Ella sale llorando del cementerio. Llora y dice que sólo se olvidará de su hijo con la muerte. Se refugia en su esperanza “yo tengo la fe de que lo vamos a encontrar”. “Quizás esté en el osario común, pero qué puedo hacer?, dice y sale del cementerio.

* Reporteros de Colombia es un proyecto de Medios para la Paz, Pontificia Universidad Javeriana y Programa por la Paz – CINEP. Agrupa periodistas de varias regiones del país comprometidos con el cubrimiento responsable del conflicto armado y los esfuerzos de construcción de paz en Colombia.

www.reporterosdecolombia.net