Mario Calderón y Elsa Alvarado, investigadores del Cinep

Los dos investigadores del Cinep fueron asesinados en mayo de 1997 por defender los derechos humanos.


Elsa Alvarado y Mario Calderón investigadores del Cinep asesinados el 19 de mayo de 1997.

"Mario era físicamente como su alma, su espiritualidad: generoso, amplio, libertario, toleraba cualquier forma de pensar. Mario ejercía un magnetismo especial sobre la gente. A su entierro fue un gentío impresionante, eran cuadras y cuadras y cuadras”, recuerda María Gómez*, una de las colegas y compañera de la pareja.

Mario Calderón nació el 13 de octubre de 1946 en Manizales. Sus colegas y amigos lo recuerdan como un ser sensible, libertario, que se reía de todo y de todos. Su vida estuvo marcada por la defensa de los más vulnerables, los pobres de los barrios de invasión de Bogotá, los indígenas de Tierralta, Córdoba o los campesinos del páramo del Sumapaz.

En los años sesenta entró a la Compañía de Jesús, orden católica con tradición intelectual y cuna de la Teología de la Liberación en Colombia, ideología que relee el evangelio desde una perspectiva marxista.  En paralelo a su trabajo con habitantes de la parroquia San Javier de Bogotá amenazados de expulsión, Calderón estudió Filosofía y un master de Teología en la Universidad Javeriana. 

De jesuita siguió sus estudios en Europa, donde obtuvo un doctorado en Sociología en la Escuela de Altos Estudios de París. Su tesis Conflictos en el Catolicismo Colombiano fue según Alejandro Angulo, director del Cinep “un trozo de la historia de Colombia, y en ella, algo de la historia del autor”.

Por más de 15 años el Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep) fue su segunda casa, donde combinó la religión, la lucha por los demás y la investigación social.

En 1987 Mario, acompañando el Programa por la Paz de la compañía de Jesús, se fue al Alto Sinú y al San Jorge en Córdoba, regiones con presencia histórica de los paramilitares. En Tierralta, Córdoba, es nombrado coordinador del programa y trabajaba con los campesinos de la región, promoviendo procesos organizativos y construyendo bibliotecas.

El 1 de junio de 1989 los paramilitares asesinaron en Tierralta a su colega jesuita Sergio Restrepo Jaramillo. Calderón se salvó y la Compañía decidió retirarlo de la región. Volvió al Cinep y decidió abandonar los votos sacerdotales y abrazar la vida civil.

En paralelo a su trabajo en el Cinep y sus investigaciones para el  Instituto de Estudios Sociales de la universidad Javeriana,  Mario se metió de lleno en la lucha ambiental, trabajando con ecologistas y campesinos en la región del páramo de Sumapaz, que definió como la “república de las aguas”. Allá fundó la Asociación Reserva Natural de Suma-Paz, con proyectos de protección del ecosistema, recuperación de la memoria de la región y talleres con los habitantes del Sumapaz.

En la administración Mockus fue además asesor cultural local del IDRD para la localidad de Sumapaz.

Elsa Alvarado
Marta Pedraza*, vecina y amiga de la pareja recuerda que preparó a Elsa para la fase prenatal de su primer y único hijo, Iván. “Fuimos muy cómplices, ellos prepararon mucho la llegada de Iván. Por eso su muerte fue tan violenta para mí, el niño en el closet donde lo alcanzó a botar Elsa, el niño después esperando al lado del cadáver de su papá”.

Elsa Alvarado nació en Bogotá el 4 de diciembre de 1961. Tras estudiar Comunicación en la Universidad Externado de Colombia y especializarse en Tecnología Educativa en la universidad Javeriana; entró al Cinep donde conoció a Mario Calderón.

En el Cinep, Elsa investigó sobre la democratización de la comunicación, el peso de la opinión pública y el poder de los medios. Los amigos que dejó dicen que era una mujer despampanante, con una sonrisa que nada le borraba, que le encantaba cocinar y bailar salsa.

Poco antes de que la asesinaran, Elsa empezó a trabajar en el ministerio de Comunicaciones donde investigó sobre las relaciones de las audiencias con los medios. También diseñó y dirigió talleres para estudiar cómo los niños se acercan a la televisión.

María recuerda que la pareja era muy alegre, vital y trabajadora, los ve rumbeando, escuchando jazz, salsa, cumbia, bailando, rumbeando. “Era una cosa vibrante” dice María.
 
Hacia las ocho de la mañana del 19 de mayo de 1997 cinco hombres vestidos de negro y armados llegaron al edificio donde vivía la pareja en el barrio Chapinero de Bogotá.

Haciéndose pasar por agentes del CTI de la Fiscalía, amordazaron al portero y subieron al piso de los Calderón. Tumbaron la puerta y obligaron a Mario, a Elsa y a los padres de ella, Carlos Alvarado Pantoja y Elvira Chacón que por casualidad estaban visitándolos esa noche, a arrodillarse antes de dispararles con fusiles y pistolas.

La madre de Elsa, una mujer de setenta años, fue herida de gravedad pero se salvó con su nieto Iván, de apenas 18 meses, que su madre logró tirar a un closet antes de que entraran los asesinos al apartamento.

“Recuerdo ese día perfectamente, salí corriendo, me parecía mentira. Fuimos al apartamento, estaba lleno de policías. Nos fuimos al Cinep, estaba todo el mundo allá, decían que fueron los ‘paras’ en alianza con los policías de Chapinero pues llegaron al apartamento mucho después del crimen” afirma Marta.

Agrega que “después del asesinato sentimos mucho susto, mucha paranoia. Colgamos una pancarta en la carrera Quinta que decía “Zona de masacre”. Sólo estuvo ahí dos horas, no sé quien la quitó”.

“El impacto de su muerte fue demasiado alto, un vacío enorme. Quedamos sin fuerza, con una tristeza absoluta. Teníamos todos bebés, ya no los dejábamos en la cama porque pensábamos que nos iba pasar lo mismo. Sentimos que el asesinato de Mario y Elsa fue un castigo a todas las ONGs” rememora María.

La justicia
La única persona condenada por estos hechos es Juan Carlos González Jaramillo, a 40 años de prisión por ser autor material del homicidio. Alexander Londoño y a Edward Melguizo Londoño también fueron acusados de ser coautores del crimen, pero fueron absueltos por duda probatoria.

Una investigación es adelantada contra Salvatore Mancuso y Éver Veloza, alias ‘HH’, por ser los autores intelectuales del triple homicidio.

En septiembre 2009 la Fiscalía vinculó a Diego Fernando Murillo Bejarano, alias 'Don Berna', con base en las declaraciones que entregaron ‘HH’ e Ignacio de Jesús Roldán, alias ‘Monoleche’. Los dos manifestaron que para la época del ataque contra los investigadores los jefes de la banda La Terraza (que perpetró los homicidios) eran Don Berna y otro sujeto conocido con el alias del ‘Negro Elkin’, quien al parecer fue asesinado.

La verdad
En una audiencia de versión libre ‘HH’  aclaró que Carlos Castaño ordenó el crimen, pero que en ellos participaron de forma directa e indirecta miembros de la fuerza pública.

De acuerdo con ‘HH’ y con ‘Monoleche’ la decisión de cometer el asesinato fue tomada por Carlos Castaño en el mes de junio de 1996 en la hacienda San Nicolás, ubicada en el noroeste antioqueño con la presencia de Salvatore Mancuso, 'Doble Cero', 'Don Berna' y Castaño. La banda de sicarios ‘La Terraza’ los asesinó.

Asimismo ‘HH’ sostuvo, al igual que 'Monoleche', que el modus operandi luego de los asesinatos era el mismo: acabar con los sicarios para borrar toda huella que conectara a los autores intelectuales con los hechos criminales, como también sucedió en el homicidio de humorista Jaime Garzón.

‘Don Berna’, ‘HH’ y Salvatore Mancuso fueron extraditados a Estados Unidos y ‘Doble Cero’ y Castaño fueron asesinados.

Reparación
Las familias de Elsa y de Mario no han reclamado ni reparaciones, ni indemnizaciones por la muerte de sus seres queridos, pues quieren preservar la identidad y la seguridad de Iván, el hijo de la pareja.

En 2009 sin embargo, junto a la Comisión Colombiana de Juristas, los familiares de las víctimas decidieron formar parte civil en el proceso contra los jefes paramilitares que ordenaron el múltiple asesinato. A pesar de la exposición que les va a traer la decisón, aún piden justicia.