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Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio

Las autodefensas que se desmovilizó en febrero de 2006 como Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio (Acmm), comandadas por Ramón Isaza Arango tiene un cuarto de siglo de historia en esa región que colinda con los dos lados del río, desde el oriente de Antioquia (San Luís, Puerto Triunfo, Puerto Nare) hasta Boyacá, Cundinamarca y Santander.

Se alzaron sobre los cimientos del primer movimiento de autodefensas contra guerrilleras que existió en Colombia, liderado por Ariel Otero y Henry de Jesús Pérez y su hermano Gonzalo, en Puerto Boyacá, la población boyacense sobre el Magdalena. Éstas surgieron en una mezcla de auténticas autodefensas de la extorsión y el secuestro de las Farc, y los ejércitos privados que montaron los primeros narcotraficantes para proteger su negocio y sus tierras. Fueron financiados por dineros de Gonzalo Rodríguez Gacha, respaldados por los militares y entrenados por un comando israelí bajo el mando de Yair Klein, traído al país con esa misión explícita. Entre los grupos que los conformaban estaban Los Tiznados, donde ya figuraba “Botalón”, responsables del asesinato de Otero, cuando éste quiso hacer la paz a principios de los noventa.1

Mientras prosperaban los paramilitares de Puerto Boyacá, nacieron y crecieron bajo su influencia las Autodefensas Campesinas de Ramón Isaza en el oriente antioqueño. Para 1982 ya había llegado a los municipios de San Carlos, San Rafael, San Luis, Cocorná, Concepción y Alejandría el frente 9 de las Farc y 47 entró a los páramos: Sonsón, San Francisco, Argelia y Nariño. Desde ahí empezaron a enfrentar al ejército, a asaltar a los transeúntes de la autopista Medellín-Bogotá, a cobrar vacunas y a secuestrar.

En 1982, hartos del secuestro y la extorsión, los ganaderos de la región hicieron su primera asamblea de la de Asociación Campesina de Ganaderos del Magdalena Medio, en la cual, según diversos relatos, comenzaron a crear las autodefensas. En ese mismo año, se inauguró la cementera Río Claro, con presencia del presidente Belisario Betancur.

Como ha sucedido en muchas regiones del país, al tiempo con el crecimiento de la guerrilla, pero no necesariamente relacionadas con ésta, comenzaron a surgir organizaciones populares de base, cooperativas de trabajo rural y, con ellas, comunidades cristianas de base, impulsadas por los sacerdotes católicos de La Golconda, muy influenciados por la teoría de la liberación. En San Luis, Antioquia, fue el sacerdote Bernardo López Arroyave quien organizó estas comunidades cristianas. Según relató el periodista Juan Alberto Gómez, en una crónica inédita titulada Entre tarde y noche, después de cuatro años como párroco de Cocorná, el padre López tuvo que salir a las carreras el 17 de septiembre de 1982, pues le habían hecho un atentado y su vida corría peligro. Algunos de sus nuevos feligreses lo habían tildado de comunista, por su trabajo social.

Esta expulsión del padre Bernardo, junto con una masacre que ocurrió el mismo día en la vereda Santa Rita del mismo Cocorná, que también relató Gómez en detalle, empujaron a muchos campesinos y activistas sociales a empuñar las armas bajo la bandera de la guerrilla del Eln.

Así describió Gómez el momento en que luego de haber escuchado un tiroteo cerca a su casa, don Manuel Buitrago y sus vecinos corrieron a ver qué sucedía, cuando uno de ellos encontró a su hijo mayor Carlos Alirio y a sus cuatro hermanos:

(…) José soltó el grito: “¡Hey¡ ¡vengan; aquí como que están!” Todos corrieron en la dirección del grito. El primero en llegar fue don Manuel y la imagen se le incrustó para siempre: “de una vez los vimos a todos en filita, conforme venían, así los rafaguiaron y así cayeron; eso quedaron el uno con la cabecita en los pies del otro, quedaron en pura filita”.

Ya se le estaba nublando el mundo pero cuando se percató de que eran los cinco muchachos mayores y faltaban su esposa Herlinda y sus demás hijos se tragó el dolor por un momento y apuró a los demás para continuar buscando.

Don Manuel y Ricardo hallaron una chancla por el arroyo que surtía a la casa de agua. La arena revuelta con el agua chapoteada sobre los arbustos señalaba un rastro seguro. “Ahí fue donde Ricardo empezó a gritarnos ‘¡Oiga, yo soy Ricardo, vénganse!; entonces nosotros veíamos cuando alumbraba; él extendía la linterna pa’ allá pal cafetal porque nosotros estábamos en un cafetal todos recogiditos” cuenta doña Herlinda Ramírez, recordando además que comenzó a llover y no olvida el terror de encontrarse acurrucada con cinco hijos en la oscuridad de un cafetal sintiendo que en cualquier momento le van a disparar.

Cuando estuvo segura de que la voz correspondía a la de Ricardo, se atrevió a salir. A pesar de la desgracia, el alborozo de don Manuel y los demás fue grande cuando los vieron surgir de la oscuridad.

A doña Herlinda Ramírez y a los niños se los llevaron para la casa de José. Don Manuel regresó debajo del totumo, donde yacían los cinco cuerpos. “Me cogió como un frío y me pegué de un estacón…a pensar. Y yo dije: ‘¿Qué nos pasó?, ¿Qué pasó aquí? ¿Por qué vinieron a matar estos jovencitos?’”. (…)

Cuando clareó ya no llovía. Una luz limpia comenzó a invadir el monte revelando todos sus verdes. La gente de la vereda tomaba el camino hacia la casa de los Buitrago apenas se enteraban del suceso. No fueron pocos los que desfallecieron al contemplar la escena. Sólo Alirio vestía camisa; Carlos, Gildardo, Fabián y Marcos tenían el torso desnudo que era como jugaban fútbol en el potrero. Hasta los campesinos más rudos, fraguados en la dureza de las montañas, dejaron brotar su aflicción. (…)

Toda Santa Rita ya se había enterado. Primero la voz corrió menuda, en cuchicheos ahuecados con las palmas de las manos, después se expandió ganando en altura hasta convertirse en una invitación marcial y resonante. Gustavo Buitrago, su hermano Rigoberto, Ricardo Castaño y tres hombres más, merodeaban la vereda. Venían con fusiles terciados, los ojos resueltos en sus semblantes juveniles y el pecho cruzado de cananas. Ahora decían traer a cinco mártires entre sus motivos para tomar las armas.

El surco profundo que dejó la masacre del 17 de septiembre de 1982, facilitó el trabajo de reclutamiento en la vereda por parte de los seis hombres. Los jóvenes se incorporaban a la guerrilla en apariencia convencidos en la lucha de clases y en la liberación del pueblo. Tal vez de esos argumentos sólo tenían las brumas que les dejó el recuerdo del padre Bernardo López pero, en cambio, sentían la contundencia de su sangre revuelta con el asesinato de sus vecinos y con la amenaza de la muerte.

En ese día tremendo nacieron dos frentes del ELN que se volvieron el terror del oriente antioqueño: el Carlos Alirio Buitrago y el Bernardo López Arroyave. Porque si los paramilitares han nacido como reacción o venganza contra las guerrillas, también aquellos propiciaron el nacimiento de dos de los frentes guerrilleros de más ingrata recordación no sólo en el oriente de Antioquia, sino en Colombia.

Detrás de la masacre, paradójicamente, estaba un amigo de don Manuel Buitrago -colono como él en aquellas tierras- con quien se reunió muchas tardes a conversar al compás de unos aguardientes y una guitarra. Ya se conocía en toda la región, casi como un mito. Se llamaba Ramón Isaza y forjó las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio a su imagen y semejanza.

Ramón Isaza nació en Sonsón2, pero casi toda su vida la ha pasado en el corregimiento Las Mercedes, de Puerto Triunfo. Allí, desde su finca La Estrella armó y comandó las autodefensas desde 1978 para hacerle frente a las Farc que pretendían secuestrarlo. Era una auténtica autodefensa, y hay bastante evidencia que recibió apoyo del Ejército en su empresa, pero para dominar el territorio, primero sembraron el terror. Sirvieron a muchos patrones de la zona, ricos ganaderos y narcotraficantes que habían comprado enormes y fértiles fincas del Magdalena Medio, y necesitaban protección.

“Primero sembraban el terror, luego los quisieron. Por ejemplo en El Prodigio y La Danta, su presencia fue un respiro porque sacaron a la guerrilla que abusaba de estas comunidades”, contó un periodista de El Colombiano que lo visitó a mediados de los 90.

Según dijo un funcionario de Conciudadanía, una ONG social del Oriente Antioqueño que habló con el yerno de Isaza, alias Macguiver, en La Danta, así funcionaba el control de las autodefensas de Isaza en la región: “Era otro país, había retén, peaje. Este dinero es para obras con las comunidades, decían. Era como una Alcaldía. El desplazamiento es humanitario nos dijeron, para preparar ofensiva contra ELN”.

Ramón Isaza no quería salir de Antioquia, sólo lo hizo muchos años después, a Belén Altavista, en Medellín, y eso, porque le dijero que era la única manera de asegurar el abastecimiento de sus frentes.

Otro aliado de las Autodefensas del Magdalena Medio desde el principio fue Matías Suárez, un campesino de San Luis, cansado con los abusos de las Farc.. Sin embargo, éstas autodefensas fueron prácticamente un empresa familiar. Al igual que Ramón, sus hijos Omar (muerto), Roque y Rubén, su yerno Mac Guiver y sus sobrinos Miguel y Hernán se convirtieron en comandantes y se repartieron los territorios de influencia.

A Macguiver le dieron la Autopista Medellín-Bogotá, y los otros asumieron de Puerto Triunfo hacia adentro. (Tiempo después también tuvieron incidencia en la Comuna 13 de Medellín). Fueron militarmente exitosos. “Ellos tenían mucha influencia en la autopista, en La Piñuela, recordemos el desplazamiento campesino que era una forma de tener control, aunque él (Isaza) siempre dijo que lo hacía para defenderse –dice el ex Consejero de Paz de Antioquia, Jaime Fajardo Landaetta–. Como todo grupo terminó cometiendo atropellos como masacres y contribuyó al desplazamiento de San Luis, Cocorná, San Francisco, poblaciones que redujeron su población casi a la mitad”

Como muchos de los señores de la guerra, Isaza y su familia armaron sus clientelaa en las regiones que dominaban con obras sociales en las comunidades. “Macguiver es el único que ha llevado obras a ese moridero que es San Francisco”, dice un funcionario de una ong. Macgiver hizo carretera a San Francisco y un matadero certificado por el Ministerio de Medio Ambiente.

Inicialmente, Ramón Isaza y sus familiares trataron de marcar una diferencia con el narcotráfico. Si bien cuidaba fincas de narcos y cobraba vacunas a los productores y comercializadores, tenía razones para ello: su enemistad con Pablo Escobar, y la muerte de su hijo John, en combates con narcos.

Según Fajardo Landaetta. “fueron como la visión romántica aunque luego cayeron en situaciones delincuenciales, sobre todo Macgiver, ahora prófugo, y otor de sus integrantes apodado “Terror”. Pero siempre se reivindicaron como autodefensa, para diferenciarse de los que venían del narcotráfico, de los grupos del cartel de Medellín y de los Pepes”.

Si bien el interés del viejo Isaza nunca fue expandirse, con el paso de los años, cuando sus familiares, fueron tomando el control, comenzaron a dejar su región originaria en el Magdalena y fueron trepando por la montaña. Cada vez eran menos autodefensas y eran más ofensivas. Y a partir de la masacre de 14 campesinos, el 3 de mayo de 1997, en la vereda La Esperanza, de El Carmen de Viboral, limítrofe con la autopista Medellín Bogotá, se metieron de lleno en una ofensiva paramilitar expansiva, al igual que muchos de los otros paramilitares del país.

Para ello intentaron reclutar a los vencidos. Cuando los comandantes de las ACMM y posteriormente del Bloque Metro capturaban a un miembro del ELN, no lo mataban sino que le daban la oportunidad de quedarse con ellos, a cambio de delatar a sus compañeros y colaboradores. De hecho, -dicen conocedores del conflicto en Oriente- aproximadamente un 70 por ciento de los combatientes de Macguiver eran ex elenos. “Ellos mismos fueron los que mataron a sus compañeros, porque conocían sus tácticas”, dijo un experto, quien recuerda la forma macabra como asesinaron a varios guerrilleros en un campamento de este grupo en el municipio de Sonsón.

Explica el ex consejero de paz que Isaza se opuso a que los narcotraficantes puros fueran incluidos en el Proceso de Ralito, pero terminó aceptando y quedó incluido en las negociaciones como jefe de la Autodefensas del Magdalena Medio. En realidad, para el momento de la desmovilización, las autodefensas de Isaza ya se habían metido en el narcotráfico, y, según publicó en Semana, era una organización que “batió récord en robo de gasolina y que mató sin piedad a centenares de personas”. El mismo Isaza confesó que no hubo cuerpos porque “siempre los echábamos al río Magdalena”3.

Las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio se consolidaron con cinco frentes, y el 7 de febrero de 2006, casi 30 años después de creadas, se desmovilizaron con 990 combatientes.
1 A finales de los 80, cuando el M-19 convenció a Otero y a Pérez se les sumaran a su decisión de dejar las armas y desfiló por el pueblo, perdieron el apoyo de sus propios hombres. Los Tiznados asesinaron y descuartizaron a Otero por ser “gestor de ese acercamiento con el enemigo”, y regaron sus pedazos por la autopista entre Dorada y Puerto Boyacá. Ramón Isaza fue el heredero de los hombres de Otero y de Pérez.
2 Muchas versiones atribuyen su nacimiento al municipio de Argelia.
3 Revista SEMANA, 28 de abril de 2007