Revista Rastros, clave en identificación de joven desaparecido

Yonathan llevaba siete años y dos meses desaparecido. Fue retenido por paramiliares en Medellín en febrero de 2003. Con este caso, ya son nueve, los reconocimientos de víctimas a través de esta publicación.

A Yonathan, dice su familia, lo mataron porque se destacaba como líder juvenil. 

A través de la Revista Rastros, una especie de catálogo realizado por la Fiscalía General de la Nación que contiene fotografías de las prendas de vestir y otros elementos de cien víctimas de grupos armados ilegales hallados en fosas comunes, María Edilma Holguín constató que los restos de su hijo Yonathan estaban en manos del organismo judicial a la espera de ser identificados.

“Sentí mucho susto al ver las prendas de mi hijo en la revista”, reconoció María Edilma. Ella observó por casualidad la publicación mientras esperaba que funcionarios de la Unidad Nacional de Justicia y Paz de la Fiscalía la atendieran durante una jornada de víctimas adelantada en el parque biblioteca del barrio San Javier, comuna 13 de Medellín, el pasado 30 de abril.

“Me negaba a creer que fueran las prendas de mi hijo”, agregó la mamá de Yonathan. No obstante, cuando se acercó a los funcionarios judiciales a decirles que en la página ocho de la revista estaban fotografiadas las prendas de su hijo y comenzó el proceso de identificación a través de muestras de ADN, los resultados fueron irrefutables.

Hasta ese viernes 30 de abril, Yonathan llevaba siete años y dos meses desaparecido. De acuerdo con versiones de la familia Marín Holguín aportadas a la Fiscalía, a las 6 de la tarde del 13 de febrero de 2003 llegaron tres hombres a su casa del barrio Eduardo Santos, comuna 13, y preguntaron por el joven, que para esa época contaba con 16 años de edad.

Los tres hombres eran conocidos con los alias de ‘el burro’, ‘el flaco’ y ‘Darío’, integrantes del bloque Cacique Nutibara de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) y preguntaron por Yonathan. Cuando salió, le dijeron que los acompañara y como se negó, los paramilitares lo cogieron a las malas y lo montaron en un taxi, de placas TIQ 251 y se lo llevaron con rumbo desconocido.

De inmediato, la familia reportó el hecho a las autoridades a través de la línea de emergencia 123, y también en el Centro de Atención Inmediata (CAI) ubicado en Quintas de San Javier. Allí los policías le dijeron que tenían que esperar 72 horas.

Para esa época, los bloques Cacique Nutibara y las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio ejercían un control absoluto de la comuna 13 de Medellín, a donde habían llegado meses atrás, luego de que las autoridades sacaran a sangre y fuego a las milicias urbanas de las guerrillas de las Farc, el Eln y los Comandos Armados del Pueblo (Cap) en desarrollo de la operación Orión, realizada en octubre de 2002 por unidades de la Policía, el Ejército y diversos cuerpos de seguridad.

Pero así como los familiares de Yonathan acudieron a las autoridades, también buscaron a los paramilitares. Fue así como María Edilma llegó hasta una tienda ubicada en el sector Lomas de San Javier donde continuamente hacían presencia los ilegales y preguntó por su hijo, pero no le dieron noticias de él.

De allí fue a la arenera de Agregados San Javier, un sitio donde se presume fueron enterrados centenares de víctimas de las Auc. Allí se encontró con alias ‘el burro’ y ‘el flaco’, los hombres que días antes habían retenido al joven, quienes le dijeron que sabían nada de su hijo, pero que más tarde hablaban en la casa de ella. Pero no aparecieron. Al otro día de esa conversación fueron asesinados en el mismo sitio donde María Edilma habló con ellos. Ese asesinato diluyó las posibilidades de encontrar con vida a Yonathan. En el 2007 el caso fue cerrado por falta de pruebas.

Sin embargo, la familia del joven persistía en buscarlo y al enterarse del programa del banco de ADN que creó la Fiscalía General de la Nación, decidió acudir allí el año pasado y dejar sus muestras, por si acaso aparecían sus restos.

Lo que en ese momento no sabía la familia Marín Holguín era que el cuerpo de Yonathan había sido exhumado de una fosa común el 14 de febrero de 2008 en zona boscosa del corregimiento San Cristóbal. Como no había sido identificado, la Fiscalía decidió incluir en la revista Rastros fotografías de sus prendas de vestir para ver si alguien las reconocía. Y así fue.

“La camiseta que tenía el niño el día que se lo llevaron se la había comprado hacía una semana y, además, le había tomado una fotografía con ella puesta. Y es la misma que apareció en la revista”, explicó María Edilma, quien el pasado viernes, junto a su esposo José Marín, recibió los restos de Yonathan durante una ceremonia realizada por la Fiscalía General de la Nación y la Alcaldía de Medellín.

“Lo mataron porque no podían ver una persona inteligente”, declaró en tono afectado María Edilma. “Mi hijo era líder en el barrio, recreacionista, tenía muchas actividades en el barrio. Lo mataron por envidia”.

En esa misma ceremonia otras 50 familias recibieron también los restos de sus familiares todos asesinados y enterrados en fosas comunes en diversas regiones del país entre los años 1995 y 2005. Según el organismo judicial, 44 de las víctimas desaparecieron en Antioquia, tres en Risaralda, dos en el Chocó y dos en Caldas; asimismo, 32 fueron asesinadas por paramilitares y 19 de guerrilleros; y entre las víctimas había cinco menores de edad.

Luis González León, director nacional de la Unidad de Fiscales de Justicia y Paz, quien estuvo presente en la entrega de los restos, destacó el efecto que ha tenido la revista Rastros en el reconocimiento de víctimas. “Ya hemos identificado nueve personas a partir de la publicación, pero Yonathan es el primero que entregamos”.

La revista circula desde enero de este año y contiene fotografías de prendas y otros elementos de cien restos óseos hallados durante las exhumaciones en fosas comunes ubicadas en todo el país.

“Lo que necesitamos es que esta revista llegue a las manos de cada uno de los familiares de los desaparecidos”, afirmó el funcionario y convocó a organizaciones no gubernamentales, personerías y a diversos estamentos públicos y privados que trabajan con víctimas de la violencia para que divulguen este tipo de información y se logre la identificación de los restos encontrados.

De acuerdo con datos aportados por González León, hasta el momento la unidad de exhumaciones ha recuperado 3.200 cuerpos, de los cuales ya han sido identificados 1.120. No obstante, preocupan aquellos sobre los cuales no tienen información alguna.

“Por ello estamos preparando una nueva edición de la revista Rastros, que esta vez tendrá fotografías de prendas de 300 personas halladas en fosas comunes y que aún no han sido identificadas. Lo que pensamos hacer es un tiraje de por lo menos 40 mil ejemplares para enviar a todo el país”, anunció González León.

Además, teniendo en cuenta que en el país se presume que hay cerca de 30.000 desaparecidos por efectos del conflicto armado, se proyecta la idea de convertir la revista Rastros en una publicación regional, donde cada región publique los hallazgos de las fosas comunes y se facilite la identificación de las víctimas.

“Todo ello para fortalecer nuestra política, que es restos recuperados restos que tenemos que identificar, ubicar las familias y devolverlos en ceremonias donde los afectemos lo menos posible”, concluyó González.