La gente de Guapi dice ¡basta!

Cansados por 50 asesinatos en dos años, las extorsiones, los desplazamientos, las amenazas, el confinamiento en los barrios, la comunidad salió a protestar contra 'Los Rastrojos' y la complicidad de las autoridades.
Las calles de Guapi están desoladas por el temor de la población. La estación de Policía tiene barricadas para protegerse de los ataques. Foto Coordinación del Pacífico. 

En la población turística de Guapi, en las costas del Cauca sobre el Pacífico,  la banda de Los Rastrojos viene haciendo desde hace más de un año lo que le viene en gana. Extorsiona con revólver, intimida a quien no acata sus deseos, fuerza al destierro al que le conviene y tiene a todo el mundo muerto de miedo. De nada han valido los reclamos de sus habitantes ante la autoridad, pues esta hace poco y, al contrario, parece amangualada con los criminales. Con frecuencia se les ve a los uniformados departiendo con conocidos jefes de Los Rastrojos en los lugares públicos.

Por eso, hace cinco meses, en octubre de 2011, un grupo de jóvenes desesperados, muchos de ellos menores de edad, crearon un grupo anti-paramilitar llamado Los Papamija o los “No Identificados”. Es algo así como la primera autodefensa de la que se tenga conocimiento en el país contra las Bacrim.

El 23 de noviembre de 2011 un teniente de policía llamado Avit Pino disparó contra John Fredy Vidal Sánchez, un joven guapireño de 17 años que era carretero. Los jóvenes Papamija se enardecieron por esta muerte. Y el pueblo entero se levantó en una protesta que terminó en paro cívico.

A los dos días se creó una Comisión de Paz de Guapi que se reunió con delegados del Ministerio del Interior, el comandante de Policía de Cauca, varios altos mandos militares de la región, el  juez  municipal, el fiscal seccional, otros representantes de la Defensoría del Pueblo y autoridades del departamento y del municipio. La Comisión pidió que se aumentara el pie de fuerza en la zona para que se protegiera mejor a la población, se renovara totalmente el contingente de 23 policías y se revisara periódicamente el desempeño de los nuevos agentes que llegaran, se reforzara la justicia y se investigaran los crímenes.

En efecto, llegó el nuevo grupo policial y la gente se alcanzó a ilusionar con el cambio. Pero fue para peor. En estos tres meses, los guapireños sienten que la violencia ha aumentado y que varios policías nuevos ya están en llave con Los Rastrojos. Hay barrios confinados por los violentos, hay heridos a cada rato, y según un informe de una organización regional, Cococauca, hubo ocho muertos en los primeros doce días del año.  Además, en este mes de febrero, el 3, dos personas fueron abaleadas por en el barrio Las Flores, y entre el 14 y el 15, hombres armados de Los Rastrojos desalojaron en forma violenta a unas 45 familias del barrio Santa Mónica, a donde vive la mayoría de los desplazados que han venido huyendo de la violencia en otras regiones. Allí también esta banda está reclutando menores a la fuerza.

El mismo 14 de febrero hubo una reunión urgente del Comité local que atiende a la población desplazada (Comité territorial de justicia transicional, CTJT) y la gente volvió a denunciar lo mismo: la brutalidad de la banda criminal y la inoperancia, o la complicidad de las autoridades.


El 20 de febrero pasado hubo una buena noticia: la policía capturó en Satinga, una población nariñense vecina de Guapi, a Daniel Cortez Góngora, alias ‘Cristian’, el jefe de Los Rastrojos en la zona. Los guapireños pensaron que las cosas mejorarían y que la policía iba a agarrar a otros miembros de ese grupo armado que estaban en el pueblo. Pero no fue así. Lo que hizo la Seccional de Policía Judicial e Investigaciones de la Policía (Sijin) en llave con la Fiscalía fue detener a dos jóvenes de Los Papamija, que son los que se armaron en defensa propia contra la banda criminal. Por eso el pasado jueves 23 de febrero, cuando un juez acusó a los jóvenes de intento de homicidio y porte ilegal de armas, el pueblo volvió a salir a protestar a la calle.

Los guapireños viendo que no los protegen salieron enfurecidos tiraron piedra contra la estación de Policía y quemaron una moto de la Sijin. Un cuerpo de la policía antimotines (Esmad) fue llamado a la escena y esparció gases lacrimógenos y disparó contra los pobladores, según aseguraron varios testigos de los hechos, y dos de ellos están heridos de gravedad. El mismo jueves el gobierno decretó el toque de queda, pero la gente no quiere acatar la medida pues sabe que si se queda callada,  a los jóvenes Papamija presos los pueden matar. Fueron trasladados a la cárcel de Buenaventura, donde corren inminente peligro, pues están a merced de los paramilitares detenidos en la misma cárcel.

La solicitud de los pobladores de Guapi es que el alto gobierno se haga presente, que devuelvan a a los jóvenes Papamija a la cárcel en Guapi, a donde pueden estar más protegidos mientras se decide su situación penal.  

Los habitantes de Guapi quieren más Policía pero para que los proteja a ellos y no para que se alíe con los paramilitares, como ha sucedido ya durante mucho tiempo. Por eso quieren que el mismo director de la policía el general Oscar Naranjo vaya en persona y les asegure que las cosas van a cambiar. Sólo una fuerza pública que actúe en defensa de las comunidades evitará que las autodefensas juveniles sigan prosperando, e intenten hacer cumplir la ley con mano propia.

*Con la información de la Coordinación Regional del Pacífico.Fotos de Cococauca.