La guerra por la coca en Caucasia deja 10 personas asesinadas

La masacre revela la cruenta guerra por la coca en el Bajo Cauca antioqueño entre facciones de bandas criminales surgidas de los desmovilizados de las Auc. Policía señala a la banda 'Los Rastrojos' como responsable del hecho.
 
El municipio de Caucasia es el epicentro de una cruenta guerra entre bandas criminales. Foto VerdadAbierta.com

Los campesinos hallados muertos el domingo 13 de marzo en la finca La Arenosa, de Cuturú, en el Bajo Cauca antioqueño, habían sido reclutados por un narcotraficante de la región quince días atrás para que trabajaran en su plantación de coca.

Al parecer este 'narco' tenía problemas con bandas criminales emergentes que delinquen en esa subregión del departamento, reconoció el padre de una de las víctimas, lo que desencadenó la masacre.

Angustiado por la pérdida de su hijo, temeroso por su vida y reclamando la reserva de su identidad, Alberto* se decidió a hablar con VerdadAbierta.com en Caucasia para aclarar lo sucedido con su hijo y otras nueve personas más, quienes fueron encontradas la tarde del lunes en avanzado estado de descomposición luego de que fueran baleados por hombres armados hacía por lo menos ocho días.

“Esos muchachos se habían ido hace quince días a trabajar en una finca”, narra el hombre. Según él, no era la primera vez que trabajaban juntos, ya lo habían hecho con anterioridad en diversas zonas del Bajo Cauca y el Nordeste antioqueños, siempre para la misma persona.

“Yo le voy a decir el nombre del señor, pero sepa y entienda que esas son cosas peligrosas. El señor se llama Absalón, aquí todo el mundo lo conoce. Vaya a la Plaza de Mercado de Caucasia y pregunte por él, todo el mundo lo conoce, era dueño de varios cultivos de coca. El señor era de Medellín, pero vivía en Caucasia”, afirma Alberto.

Según las autoridades, el sujeto señalado por el campesino es Absalón Castillo, un reconocido narcotraficante que tiene cultivos ilícitos en diversas zonas del Bajo Cauca y del Nordeste antioqueño, quien tiene la finca La Gloria, ubicada en el corregimiento Cacerí,  de Caucasia, de donde fueron sacados por un grupo armado y llevados a la fuerza unos kilómetros más adelante, a la finca La Arenosa, del corregimiento Cuturú, donde finalmente fueron asesinados.

De acuerdo con el Secretario de Gobierno Departamental, Andrés Julián Rendón, las personas muertas fueron identificadas como Elvis Flórez, Deimer Alberto Oyola, Absalón Castillo Castillo, Álvaro Vitola, Silvio Santana, Eder de Jesús Meléndez, Eliécer Ortiz, Eder David Salcedo, Nelly Amparo Ríos de 20 años de edad y un menor de 16 años de edad. Según Alberto, dos de las víctimas eran de Bijao, Córdoba; cinco de Cáceres; y tres más de Caucasia.

El hallazgo fue posible luego de que familiares de Castillo denunciaran su desaparición una semana antes. Las labores de búsqueda de este señor, de 62 años de edad, condujeron a las autoridades hasta el sitio donde se descubrió no sólo su cuerpo sin vida sino el de nueve personas más, víctimas del múltiple asesinato.

“El patrón se comunicaba con la mujer cada días, pero hace ocho días se perdió la comunicación y ahí es cuando se preocupan y denuncian su desaparición ante las autoridades”, cuenta Alberto. Según esta versión, Castillo tenía problemas con alguno de los grupos armados ilegales que se disputan un amplio territorio entre Caucasia y El Bagre.

Desde el 2008, la zona es disputada por facciones fuertemente armadas de las bandas criminales conocidas como ‘Los Paisas’, ‘Los Rastrojos’, ‘Los Urabeños’ y ‘Águilas Negras’ y que tienen su origen en las antiguas estructuras de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc). Esta guerra ha incrementado los índices de inseguridad en esta subregión de Antioquia, y viene siendo considerada como una de las violentas del departamento y el país. Durante el 2010 se presentaron 221 homicidios y según datos del Registro Único de Población Desplazada, se desplazaron durante ese mismo año de manera forzada 1.553 familias.

“Los muchachos estaban trabajando por allá y como el patrón tenía problemas con uno de esos grupos, entonces llegaron y arrancaron con todo. Cogieron al patrón, la trabajadora y a los muchachos, los echaron por delante y por allá en otra finca los mataron. Ahí cayó el hijo mío”.

Con voz quebrada y hablar pausado, pero firme en sus apreciaciones, Alberto controvierte una de las hipótesis, según la cual estos asesinatos hacen parte de las retaliaciones entre bandas criminales emergentes, explicación esgrimida de manera preliminar por autoridades locales y regionales para referirse a este hecho.

“Yo le digo una cosa, esos pelaos que mataron eran ignorantes, como el hijo mío. Eso que dice la Policía, que fue en un enfrentamiento entre dos grupos armados no es cierto”, afirma el hombre. “¿Cuáles grupos armados?”, se pregunta. “El problema era del patrón, que seguro se les torció a alguno de esos grupos. Entonces fueron a la finca y no se conformaron con matarlo a él, sino a esos pobres ignorantes trabajadores. Eso no fue más nada”.

Alberto admite que en el pasado trabajó para Castillo en cultivos de hoja de coca de su propiedad. “Nosotros llevábamos mucho tiempo trabajando con él. Yo estuve en varios cultivos que tenía él en Cáceres. Pero me cansé de eso, tanto riesgo, tanta inseguridad, y en las últimas veces ni me pagaron por lo que hice, así que dejé todo eso. Lo que se hacía era raspar la hoja y hacer la base de coca”.

Pero la determinación de Alberto de abandonar esa actividad ilegal no fue seguida por su hijo, quien se mantuvo al lado de Castillo. “En junio del año pasado mi hijo estuvo trabajando con él y se ganaba setenta mil pesos diarios. Le iba muy bien, por eso se amañó. Ese señor lo llamaba y se lo llevaba para Zaragoza, luego arrancaban para Cáceres, después para Cacerí, así se mantenía. Es que el patrón tenía cultivos de coca en varios lados.”

En noviembre de 2010 Castillo los volvió a contactar para que se fueran a trabajar a la finca La Gloria, pero en esa ocasión tuvieron que salir huyendo por culpa de un comando armado que hizo presencia en la propiedad. “Esos grupos ya habían ido a esa finca y los habían hecho correr. Fueron a trabajar allá y los sacaron corriendo”, reitera.

Pese a ese susto, Castillo insistió en regresar a La Gloria. “Y volvió a llamar a mi hijo, a unos amigos y a otros muchachos para que regresaran”, cuenta Alberto. “El patrón le dijo al hijo mío que las cosas estaban tranquilas, que esos perros (refiriéndose a los grupos armados que lo venían acosando de tiempo atrás) estaban muy lejos y que era seguro regresar”.

Alberto, por su parte, insistía en recomendarle a su hijo que dejara esas actividades y se dedicara a ganarse la vida de manera lícita. “Yo le decía al hijo mío que no hiciera más eso, que eso acabaría en tragedia, que cambiara de trabajo, que ganaba menos, pero era más seguro. Le insistía que esas zonas de Cacerí, Cuturú y Puerto Claver eran muy peligrosas, que no entrara más por ahí, que se estaba exponiendo mucho, y le insistía que se pusiera a trabajar en otra cosa. Pero ese señor Absalón lo llamaba y le decía, ‘ya vamos a empezar el trabajo’, y mi hijo se iba con él”.

La versión contrasta con la difundida por la familia de Castillo. En diversas declaraciones dadas a la prensa, algunos parientes cercanos negaron cualquier relación de la víctima con las llamadas bandas criminales emergentes que operan en el Bajo Cauca antioqueño. Una de sus hijas, declaró que su padre “se dedicaba a la ganadería y, además, era maderero”. Y agregó que no pertenecía a ninguna banda armada: “era una persona que sostuvo su familia y sus tres hijos con su trabajo en fincas de Betulia y Urrao y luego se fue para el Bajo Cauca, él era un hombre de campo”.

No obstante esa afirmación, Alberto cuenta que en la tarde del lunes, cuando funcionarios judiciales del Cuerpo Técnico de Investigaciones (CTI) de la Fiscalía buscaron a los familiares de las víctimas para entrevistarlos, un familiar de Castillo los abordó primero para que no declararan la verdad.

“No sé si era un hijo o un sobrino”, dice Alberto. “En todo caso era un pariente y nos dijo que si nos preguntaban los del CTI qué estaban haciendo nuestros hijos, no declaráramos que estaban en eso de los cultivos ilícitos, que no habláramos mucho de ese trabajo. A cambio, nos prometió que nos daría algo de platica. Todos declaramos como dijo él. Y nos regaló los ataúdes”.

Mientras Alberto se sostiene en su versión, las autoridades policiales y judiciales iniciaron la investigación para esclarecer los hechos y en un primer avance de las pesquisas, lograron establecer que un comando de 'Los Rastrojos', hoy al mando de Ángel de Jesús Pachecho Chancí, alias 'Sebastián', perpetró la masacre. Según el comandante de la Policía Antioquia, coronel Jose Gerardo Acevedo Ossa, los asesinatos serían "en represalia por no pagar la cuota para tener cultivos ilícitos y el funcionamiento de laboratorios para el procesamiento de cocaína".