Con rap y filosofía, jóvenes de Norte de Santander hablan de posconflicto

Desde la música y la educación, hombres y mujeres explican lo que ocurre en esta convulsionada región del nororiente del país. El propósito es que la juventud sea más crítica de su realidad y contribuya con su compromiso a transformarla para el bienestar de todos en una época de transición que busca consolidar una paz estable y duradera.

cp catatumbo 0Jornada de la experiencia Haciendo compresiones de paz, de la Institución Educativa Julio Pérez Ferrero.

Yeraldine Alvarado no ha podido continuar con sus estudios de secundaria. No obstante, se diferencia del resto de los jóvenes de su edad en sus actividades: desde el Catatumbo trabaja en iniciativas propias e impulsadas por colectivos y maestros para reconstruir la historia de su territorio, pero también para cuestionar, debatir y proponer cómo pueden ser la generación del llamado posconflicto, tras la firma del Acuerdo de Paz entre el Gobierno y las Farc.

Mientras busca la oportunidad de terminar sus estudios para cumplir con su sueño de estudiar Lenguas, esta chica de 17 años de edad trabaja con comunidades en aquella región transfronteriza, integrada por once municipios. “Hago rap. Soy catatumbera y empecé en la música a los 12 años. Quise llevarle la música a las comunidades más vulnerables. El arte transforma vidas”, dice la joven mientras narra su experiencia.

En aquella convulsionada región, según datos de la Unidad Nacional de Víctimas, el conflicto armado desplazó a 212 mil personas de esta región entre 1985 y el 1 septiembre de 2017. No es un territorio fácil.

Yeraldine explica que empezó a recorrer los municipios sola, pero desde que conoció a La Quinta, un colectivo que promueve el arte del rap, el grafiti y la danza entre los jóvenes, se unió a esta iniciativa. “Todos los años hay un festival alrededor de la música. El más reciente fue titulado Del Norte, bravos hijos, que hace alusión al himno del departamento. Participé con una composición de rap en el festival Artesanos de Paz, llevando el mensaje de que la historia está viva, que podemos cambiarla”, dice.

Esconderse, donde tu respiración no se sienta
pronunciar un Padre Nuestro porque las balas aterran
estallando el silencio que ha dejado el miedo
sobrevivir a esta guerra es lo que queremos en mi Catatumbo
en medio de la montaña se siembra la esperanza de esa paz tan anhelada

La estrofa hace parte de las frases que a puño y letra ha redactado esta inquieta joven. “Mi forma de escribir tiene que ver con lo territorial. Qué es lo que hemos vivido y que los medios de comunicación nacional no muestran. El rap es una forma de narrar la resistencia campesina, de los indígenas Bari, de las abuelas y las hijas... no aceptamos que nos maten más líderes, que es lo que está ocurriendo”, cuenta.

Su resistencia tiene un triste asidero en la realidad: entre 2002 y 2016, en la región del Catatumbo han sido asesinados 9 líderes sociales, según datos de la organización no gubernamental Somos Defensores, que hace un riguroso seguimiento a esos homicidios.

Yeraldine, quien junto a otros jóvenes buscan formar el colectivo El Faro del Catatumbo, cuenta que por medio del arte han hecho visible y de manera critica las realidades de su región, como los procesos de memoria, el acceso a oportunidades educativas y laborales, y la oferta institucional frente a las necesidades de campesinos e indígenas.

“La propuesta educativa del Sena [Servicio Nacional de Aprendizaje] no llena nuestras expectativas. Queremos opciones para que los estudiantes se queden en el territorio; para que el campesino pueda hacer productiva la tierra; y para que los indígenas no tengan que ‘adaptarse’ a un modelo educativo que no es el suyo”, dice Yeraldine, quien en un futuro cercano espera combinar la música con estudios de Lenguas para seguir trabajando en el Catatumbo. “El proceso de paz requiere de confianza, que la gente sienta que hay unión”, afirma, esperanzada en aportar algo desde sus propias iniciativas.

Hacer las paces

cp catatumbo 2En la Institución Educativa Julio Pérez Ferrero, de Cúcuta, los maestros implementan un modelo pedagógico basado en la lectura crítica. Su rector, Óscar Omar Aldana, considera que esta habilidad es clave para es posacuerdo.A los cuestionamientos de Yeraldine sobre el presente de los jóvenes y su futuro, se suman los maestros de la Institución Educativa Julio Pérez Ferrero, de Cúcuta, para quienes la filosofía no debe ser interpretada por los estudiantes como una materia de “relleno”, de esas en las que un profesor puede tardar horas hablando sobre sus principales exponentes, intentanto que sus pupilos memoricen reflexiones y cuestionamientos para lograr un buen puntaje en las Pruebas del Saber.

Óscar Omar Aldana, rector de este colegio que acoge en cinco sedes a 3 mil estudiantes que viven en condiciones de vulnerabilidad en la ciudad y barrios periféricos, explica cómo la pedagogía puede influir positivamente en los jóvenes. “Hemos decidido trabajar en una metodología de la enseñanza para la comprensión. Que haya una lectura crítica sobre la paz y la reconciliación, que los jóvenes trabajen a partir de preguntas y reflexionen, que no traguen entero”, afirma Aldana.

Jorge Enrique Ramírez tiene 25 años años de experiencia docente y es el profesor de las asignaturas de Filosofía y Ciencias Sociales. “Desde las clases invitamos a los jóvenes a tener conciencia de sí mismos, de encontrarse en el contexto que viven; que realicen un ejercicio de recuperar la memoria personal, de identificación a partir del cuerpo, de encontrar esos momentos o circunstrancias que los han marcado y de revisar de qué forma la sociedad influye en sus proyectos de vida”, explica el educador.

cp catatumbo 2Las clases de filosofía, de Jorge Enrique Ramírez, incorporan ejercicios de memoria histórica, juegos de roles y reflexiones sobre el proyecto de vida de los jóvenes.Para este docente, la ‘médula’ de su ejercicio pedagógico se basa en “el cuento de la paz imperfecta y la filosofía para hacer las paces”, estudiando la fenomenología de la vida cotidiana y construyendo la experiencia Haciendo comprensiones de paz.

“Esta propuesta recupera algunas metáforas universales como la de los griegos, como Irene, que significa paz, de hacer la paz en nuestra casa; o el Ubuntu, propio de los africanos, que es “soy porque somos”, de manera que si soy cultura de paz es porque somos producto de esa cultura en la que estoy viviendo. También recuperamos la construcción de una pirámide de justicia que les permita a los muchachos ir creciendo desde el diálogo personal hasta la comprensión del proceso de restauración cuando se hace daño a otro”, relata Ramírez.

El profesor, quien hace parte de la Red Nacional de Docentes por la Memoria y la Paz de Colombia, cuenta que esta experiencia pedagógica está nominada al Premio Compartir al Maestro y al Premio Santillana. En clase los estudiantes han realizado además ejercicios sobre memoria, reconstruyendo la historia sobre masacres ocurridas en el departamento, identificando las víctimas, los actores armados, el contexto, y las posturas y reacciones frente a estos crímenes.

cp catatumbo 4El profesor Luis Eduardo Royero realiza el piloto del Proyecto Ser Humano, en la Institución Educativa Julio Pérez Ferrero, promoviendo el desarrrollo de competencias sobre resolución de conflictos y habilidades productivas. También realizaron un ejercicio de retos y roles durante el Foro Intercolegiado de Filosofía, con ponencias de los estudiantes como Filosofía para hacer las paces y La paz imperfecta. “Estos procesos han sido muy interesantes en una región donde precisamente ganó el No tras el plebiscito”, dice el profesor recordando los resultados de la consulta a los colombianos sobre si aprobaban el Acuerdo de Paz firmado en Cartagena en septiembre del año pasado por el gobierno nacional y la entonces guerrilla de las Farc tras cuatro años de negociaciones.

El modelo implementado en la Institución Educativa Julio Pérez Ferrero está inspirado en el Proyecto Ser Humano, formulado por Luis Eduardo Royero. “Se trata de un modelo que promueve la defensa de los derechos humanos a partir del proyecto de vida, así como del desarrollo de competencias relacionadas con la resolución de conflictos y las habilidades productivas. Creemos que el proyecto mejora la actividad de los maestros y al aprendizaje de los estudiantes”, indica el maestro.

“Cuando hay lectura crítica, hay esperanza”, reitera Aldana, rector del centro educativo, recordando la importancia que tiene la pedagogía en tiempos de transición hacia una paz estable, duradera e incluyente.

Las experiencias de Yeraldine Alvarado y de los docentes en Norte de Santander se suman a otras en la región andina-oriental, donde la Ofician del Alto Comisionado para la Paz promueve el diseño de una acción colectiva a favor de esa transición que vive el país, con la participación de maestros, artistas, comunicadores y gestores culturales.