“No nos dejen morir”: exmiliciano de Tumaco

Una dramática situación padecen decenas de jóvenes en el puerto nariñense por cuenta de la decisión de entregar sus armas y desmovilizarse ante el Ejército tras ser rechazados por la guerrilla de las Farc. Contra ellos se ha desatado una persecución que ya ha dejado por lo menos cuatro muertos y el Estado no reacciona con eficacia.

entrevista el pollo 1Uno de los mayores problemas de Tumaco es el narcotráfico, que utiliza a los jóvenes en sus tareas, sobre todo marítimas. Foto: archivo Semana.

El tono del llamado tenía un dejo de angustia: “No nos dejen morir”. Lo dijo un joven de no más de 17 años quien estuvo presente en la conversación de por lo menos hora y media con Robinson Araújo, conocido como ‘El Pollo’, líder del grupo de exmilicianos que operaron durante varios años en la zona urbana del puerto sobre el océano Pacífico. En la trastienda de una desvencijada casa de madera del populoso barrio Humberto Manci, revelaron el miedo que los embarga desde hace dos meses, cuando decidieron dejar sus armas y desmovilizarse.

El encuentro fue propiciado por Víctor Segundo Castillo, un vocero comunal, quien, junto a otros seis líderes más de las zonas deprimidas de Tumaco, impulsó la decisión de por lo menos 128 jóvenes de abandonar la guerra tras ser rechazados por las Farc como integrantes de esa organización, evitando así que se acogieran al proceso de paz firmado por el gobierno nacional y recibieran algunos de los beneficios que vendrán después.

Violencia en Tumaco, sin control

Gestionar la entrevista fue, quizás, una de las últimas tareas de Víctor aquel 25 de mayo. No habían transcurrido más de dos horas de concluida cuando fue acribillado por desconocidos cerca de su casa, en el barrio Panamá. Estaba preparándose para hablar con el vicepresidente de la República, Óscar Naranjo, quien llegaría al día siguiente a Tumaco.

El primer contacto con Víctor fue a mediodía en el sector de El Morro, el área turística del puerto. En medio de la desconfianza que rodean estos acercamientos, escogió una pequeña tienda para hablar y valorar la petición de una conversación con ‘El Pollo’ y algunos de sus hombres. Mientras escuchaba, saludó a algunas que personas que pasaron cerca. No era un tipo desconocido en Tumaco.

Tras hacer varias llamadas, la entrevista fue autorizada y se estableció que fuera al final de la tarde de ese mismo día. Abandonó la pequeña tienda en su motocicleta y dijo que regresaría dos horas más tarde. La espera fue un poco más larga, pero finalmente llegó. Todo estaba dispuesto.

Llegar hasta donde estaba ‘El Pollo’ y varios de sus hombres, todos ellos jóvenes de no más de 23 años de edad, implicó un recorrido, en compañía de Víctor, por estrechas callejuelas, algunas en cemento y otras en madera, construidas sobre la ribera del mar. Por razones de seguridad, instalaron algunos puestos de control en sitios estratégicos; en el último se encontraba ‘Cardona’, uno de los jefes de las milicias desmovilizadas y acompañado por varios jóvenes, todos con gorra de medio lado, tenis de marca extranjera, pulseras y collares llamativos. Sin su consentimiento no se podía acceder más allá. “Vienen a hablar con el amigo”, le explicó el líder comunal. La mirada de ‘Cardona’ cambió rapidamente. “Bienvenidos”, dijo. No hubo problema en avanzar.

Abandonados y en riesgo

entrevista el pollo 2La pobreza es otro de los graves problemas del puerto nariñense. Miles de personas viven en la marginalidad. Foto: archivo Semana.

‘El Pollo’ saludó cortésmente y tras de él llegaron varios jóvenes. En sus gestos se le notaba la preocupación de liderar un proceso de desmovilización sin el apoyo eficaz de las entidades del gobierno nacional y en medio del acoso de un grupo disidente de las Farc que continúan en armas. “De parte del Estado estamos abandonados. La mayoría de los ‘pelados’ no tienen la capacidad, ellos no ven el problema, pero yo sí lo veo todos los días”, afirmó con un dejo de intranquilidad. Los muchachos asintieron, en su respaldo. “Acá nos tiene botados el Estado”.

Al momento de la conversación se contabilizaban tres muchachos del proceso asesinados. Según ‘El Pollo’, ni plata les había dado el gobierno nacional para enterrarlos. “Estoy endeudado por todo lado”, dijo. “Nosotros quedamos aquí de brazos cruzados”.

Una de sus mayores preocupaciones es la seguridad, tanto la suya, como la de su gente y sus familias. “El Estado está pensando que nos desmovilizaron, pero no. La familia de nosotros también está en peligro”. Por tal razón no se van de Tumaco: “Si dejamos sola a la gente nos la van a matar. Nosotros nos podemos morir, pero que no nos vayan a matar a nuestra familia”. Y no sólo de ellos y sus familias, pues lo líderes comunitarios de estos barrios también perciben que la población en general también está en peligro. “¿Qué va a suceder cuando estos muchachos se reinserten? ¿Llegarán los otros a ajustar cuentas?”, afirmó uno de ellos, al día siguiente del asesinato de Victor, mientras el vicepresidente Óscar Naranjo encabezaba un consejo de seguridad.

En sus reflexiones, ‘El Pollo’ no vaciló en resaltar que el proceso en el que se embarcaron desde el pasado 27 de marzo “va de mal en peor”. Y destacó por lo menos dos aspectos más allá de la seguridad para sustentar su afirmación: hasta ese momento no habían llegado ni abogados ni fiscales para ayudarles a solucionar los líos jurídicos; y al parecer las autoridades pretenden que se conviertan en informantes, situación que rechazan de tajo: “nosotros podíamos hacer muchas cosas con ellos, pero, pues, hasta donde los reglamentos tienen que llegar, no meternos a nosotros a fondo como en otro bando”.

Precisamente, reintegrar o reincorporar de manera integral a los integrantes de un grupo armado es uno de los grandes retos que enfrentan estos procesos. Con dejar un arma e iniciar un ruta hacia la vida civil sólo se da un paso, pero mantenerlos en el mundo de de la guerra, así sea a través del de la inteligencia, crea nuevos problemas de seguridad para ellos y sus familias. Llama la atención que las palabras de ‘El Pollo’ se asemejen a las de muchos desmovilizados de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), quienes en repetidas oportunidades, cuando estaban comenzado su proceso de reintegración, manifestaban que paralelamente a la oferta del Estado, era normal que miembros de la Fuerza Pública los buscaran para suministrar información.

Errores de las Farc

entrevista el pollo 3La alteración del orden público es constante en Tumaco y el control de la seguridad parece salirse de las manos a las autoridades. Foto: archivo Semana.

‘El Pollo’ recordó las dificultades que padecieron durante el segundo semestre del año pasado, cuando ya se hablaba de la concentración de las distintas unidades de las Farc. Según sus cálculos, la Columna Daniel Aldana contaba con 50 “guerrilleros de fila”, es decir, rurales, el resto eran por lo menos 500 hombres y mujeres con presencia en distintas áreas urbanas de Tumaco.

De acuerdo con su relato, cientos de jóvenes, entre ellos varios menores de edad, acudieron a mediados del año pasado a algunos puntos de preagrupamiento temporal, previendo la firma del Acuerdo Final en La Habana. Durante los días que estuvieron allí al parecer hubo agravios por parte de mandos medios de la guerrilla.

“A ellos los pusieron a hacer huecos, a hacer el trabajo de bruto: ‘Haz esto negro, tienes que hacerlo, ustedes son unos bazuqueros, unos viciosos’”, recordó el exjefe miliciano e insistió en que allá nunca llegó ni la ONU, ni la Cruz Roja, “ni nadie”. La situación llegó a tal nivel que decenas de jóvenes no tuvieron otra opción que abandonar el campamento a mediados de septiembre del año pasado.

“Los muchachos se sintieron menospreciados”, aseguró ‘El Pollo’, quien negó lo que se ha dicho por parte de algunos jefes de las Farc, que se devolvieron para seguir ‘traqueteando’. “Las Farc han mentido en todo esto”, aseguró el exguerrillero. “Han mentido en la forma en como ellos inventaron de que los muchachos vinieron a traquetear acá, fue el maltrato. A los ‘pelados’ allá les quitaron los teléfonos, no podían llamar a la familia”.

Pero no sólo las ofensas y los trabajos forzados animaron a los milicianos a abandonar la zona veredal. También el riesgo que implicaba dejar los barrios sin los dispositivos de seguridad que por varios años impusieron para evitar que otros grupos armados ilegales llegaran a controlarlos.

Cuando estaban concentrados, comenzaron a escuchar noticias de sus barrios: "que vea que se metieron, que balearon a fulano, que mire...", entonces ‘los pelados’ empiezan a preocuparse por sus familias. Una cosa fue el maltrato y otra la preocupación de que los paramilitares ya estaban metidos aquí. Lo que no quiere la gente es que vuelva a haber paramilitares. La gente no quiere esa zozobra. La verdad es que la gente no estaba apegada a la plata”.

Los más adultos aún recuerdan las acciones del Bloque Libertadores del Sur, una poderosa estructura paramilitar de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) que tuvo el control del puerto nariñense por varios años, hasta su desmovilización el 30 de julio de 2005. En su reemplazo llegaron Los Rastrojos, grupo surgido de las entrañas del Cartel del Norte del Valle, al que los milicianos le hicieron frente y luego de varios años de confrontación lograron a desterrarlos.

Justamente, sobre la derrota de Los Rastrojos aún quedan muchas dudas, por lo que fue inevitable preguntar si es cierto que algunos integrantes de ese grupo pasaron a las milicias y redes de apoyo de las Farc hacia el año 2012. “Eso es cierto”, respondió sécamente ‘El Pollo’. Pero como si todos estos ciclos de violencia que han vivido estos jóvenes y sus familias no fueran suficientes, ahora asechan una disidencia de las Farc conocida como Nuevas Guerrillas Unidas del Pacífico y las llamadas Autodefensas Gaitanistas de Colombia.

Este exjefe miliciano tiene una explicación adicional sobre por qué las Farc los devolvieron a sus casas: había mucho menor de edad entre las milicias. En el grupo de desmovilizados se contabilizan 19 jóvenes por debajo de los 18 años. “¿Cuál era la responsabilidad que las Farc tenían? Esconder los menores. ¿Dónde estaban los menores escondidos? Los tenían aquí y la mayoría de los menores estuvieron en el campamento y vienen de allá por la falta de capacidad de ellos”.

Según ‘El Pollo’, las Farc cometieron varios errores: el primero fue reconocerlos y rechazarlos; y el segundo, no tener claro qué iban a hacer con las milicias urbanas, un tema del cual no se habló mucho durante las negociaciones en La Habana, sino hasta cuando se avizoró la firma del acuerdo final.

Milicias urbanas: el rostro clandestino de las Farc

Tras el asesinato perpetrado por las mismas Farc el 11 de noviembre del año pasado contra Yeison Segura Mina, conocido como ‘Don Y’, jefe de milicias que también abandonó la zona de concentración y reconstruyó su grupo llamándolo ‘Gente del Orden’, al que responsabilizan de por lo menos 17 homicidios, ‘El Pollo’ reconoció que volvió a pedirle a los mandos regionales del grupo subversivo una segunda oportunidad para volver al campamento y continuar en el proceso de paz.

“Yo le mandaba razones a don Yesid (jefe de la Columna Daniel Aldana) para que nos diera otra oportunidad, hasta una vez hablé con él, y dijo que no, que nosotros éramos unas personas que nos habíamos salido de los conductos regulares. Es más, que no lo llamara más”, detalló el exjefe miliciano.

Quince días después de la última conversación, Yesid le envió a ‘El Pollo’ una razón con líderes de varias juntas de Acción Comunal, que la ratificó a través de un mensaje vía teléfono celular: “que recogiera las firmas de todos los muchachos porque hay una oportunidad para que vuelvan; pero como a los cuatro días, después de que fuimos a recoger toda la documentación, me dice que no, que nosotros somos unos desertores”.

Entonces apareció el Plan B, en el que se involucró hasta la muerte Víctor Segundo Castillo: desmovilizarse y acogerse a los programas estatales liderados por la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR). Para lograrlo hicieron varios acercamientos con la Alcaldía de Tumaco, la Defensoría del Pueblo, Naciones Unidas y el Comité Internacional de la Cruz Roja a través de por lo menos siete líderes comunales.

Con esa decisión, que se concretó para 128 muchachos provenientes de barrios marginales de Tumaco, buscaban dejar atrás por lo menos cuatro años de confrontación armada contra diversos grupos que pretendieron entrar a ocupar los espacios urbanos que, apariencia habían dejado las Farc en su proceso de concentración. En el 2012 surgieron para defender sus barrios y calles, y desde finales de marzo le apostaron a la ilusión de abandonar la guerra.

Plata del “trabajo sucio”

entrevista el pollo 4Mandos de la guerrilla de las Farc rechazaron en sus filias a decenas de jóvenes milicianos que actuaron bajo sus órdenes durante varios años en Tumaco. Foto: archivo Semana.

Uno de los cuestionamientos contra los muchachos que dejaron sus armas es que estaban comprometidos en extorsiones y en actividades del narcotráfico. Ante ello, ‘El Pollo’ salió en su defensa y aclaró que “si hay uno o dos milicianos que estén involucrados con narcotráfico, no pasan de ahí”, y describió la estrategia económica que impulsó desde mediados de 2015, cuando salió de la cárcel, para contrarrestar las afectaciones contra el comercio y el transporte, no sin antes hacerle críticas a las Farc.

“Aquí a los que llaman milicianos siempre son los marginados. La guerrilla siempre tenía su orden allá, la guerrilla cobraba sus impuestos allá, y a los de acá no los hacía ni oler un peso, ¿ya me está entendiendo?”, afirmó el líder de los desmovilizados y aclaró que, ante la zozobra de no tener incentivos económicos, algunos muchachos le cobraban “impuestos” al que “vendía el zapato, el chontaduro, los minutos”.

Para terminar con esa situación, ‘El Pollo’ tuvo una idea: pedirle colaboración económica a aquellas personas que se movían en lo que llama “trabajo sucio”, es decir, a los narcotraficantes. Estableció una cuota mensual de 30 millones de pesos destinada a los milicianos, “para que ellos tuvieran un sustento porque la guerrilla nunca pagó un peso”. Aún recuerda lo que pasó hace ya dos años: “En la primera vuelta se les dio a todos los muchachos un millón de pesos. ¡Ay, usted hubiera visto hermano!”.

Luego se comenzó a regular el aporte a cada miliciano y se establecieron pagos de 200, 300, 500 mil pesos, dependiendo del nivel. “Vea, era una ricura venir a Tumaco, a la playa. Todo el mundo venía a pasear y esto era lo mejor, ¿sí me entiende?”, asintió el exjefe guerrillero.

Pero con el tiempo, los mandos regionales de las Farc decidieron prohibir esa práctica, justo cuando las negociaciones con el gobierno nacional entraban en la recta final en La Habana, tras cuatro años de discusiones. “Ellos nos dijeron que sería un problema cobrar una cosa de esas, pero nosotros preguntamos: ‘¿de qué vamos a mantener la familia?’”. Los insurgentes consideraban que estaban extorsionando a gente “muy delicada” y también que eso no se podía hacer porque “el Estado no permite esas cosas”.

El argumento de ‘El Pollo’ para defender ese modelo de financiación fue simple: “Es lo ilegal con lo ilegal”. A su juicio, una cuota de 30 millones de pesos mensuales para los volúmenes de droga que se mueven por el puerto nariñense no era mucho. “A esos ‘manes’ le queda muy fácil. Era como pagar nada para ellos, ¿sí me entiende?”.

Pero las Farc mantuvieron su posición, ignorando los efectos sobre la cohesión interna de la organización en esta región del país. “Entonces yo dije que era el único medio que había para que nosotros pudiéramos subsistir y ya vinieron los problemas. Nosotros acá no podíamos oler nada. Y nosotros a donde íbamos, que nos hacen matar, amenazados y nosotros acá volteando para un lado, para el otro”. Finalmente, acabaron recibiendo dinero para su subsistencia de “los ‘manes’ que no tenían el conducto regular de ellos, que nos colaboraban”.

Entre el Estado y disidentes

entrevista el pollo 5Los milicianos desmovilizados denunciaron maltratos por parte de mandos medios de las Farc en zona rural de Tumaco. 2 archivos adjuntos. Foto: archivo Semana.

Rechazados por las Farc, afectados por la imposibilidad de sostenerse económicamente y con enemigos por todos lados, buscaron soluciones en la legalidad porque estan “cansados de esta guerra absurda”. Pero la demora en la atención, la falta de control sobre la violencia en Tumaco y la pobreza acosan. Ante ello, una de las preguntas que más asusta a ‘El Pollo’ es la que le hacen constantemente sus muchachos: “¿Qué vamos a hacer? No nos vamos a hacer matar". Ante ello, admitió que si no hay un rumbo claro para el grupo de jóvenes que se desmovilizó “van a volver a coger las armas. ¿Ya me entiende?”.

Dos peticiones concretas tienen para superar esas dificultades: de un lado, que las Farc los reconozca. “No debió abandonarnos”, dijo en tono de lamentación. Incluso, en esta conversación apeló a las relaciones familiares para respaldar su pedido: “Ellos saben que estas milicias son nacidas de ‘El Tigre’ y él es familia de nosotros. La mitad de los milicianos somos familia de ‘El Tigre’, la mitad, familia de sangre”. De hecho, es hermano de alias ‘Cardona’, uno de los jefes de milicia desmovilizados.

Alias ‘El Tigre’ es Yofer Guzman Sánchez Segura, caracterizado por las autoridades como “cabecilla principal” de las “redes de apoyo al terrorismo” en Tumaco. Era el jefe de los jóvenes milicianos desmovilizados. A juicio de ‘El Pollo’, por su condición de comandante, “tenía que haber parado a la guerrilla de pies ahí, en su puntal: ‘Mi gente es mi gente y si no, yo me voy con mi gente’”. Pero no lo hizo y actualmente está en la Zona Veredal Transitoria de Normalización de ese municipio, en su proceso de reincorporación a la vida legal.

La otra petición es para las diversas organizaciones del Estado que, según este exjefe miliciano, no han llegado a Tumaco para ayudarlos. Dos temas le preocupan a ‘El Pollo’: la solución de los problemas penales, para lo cual reclamó la presencia de fiscales y abogados; y la seguridad, pues sabe que los están buscando para matarlos. “Los ‘pelaos’ viven preocupados porque los van a matar o los van a capturar”, dijo.

La condición de desmovilizados los ha puesto en alto riesgo, no sólo porque sus antiguos compañeros de milicias los califican de “sapos”, sino porque hay rencillas del pasado que aún no están saldadas. Los jefes de la disidencia conocida como ‘Nuevas Guerrillas Unidas del Pacífico’, identificados como ‘El Mocho’, ‘Junio’ y ‘David’, supuestamente los buscan porque creen que algunos de los que dejaron las armas participaron en el asesinato de su jefe. “Es que cuando el problema de ‘Don Y’ había unos muchachos de ‘El Tigre’, y como somos familiares de ‘El Tigre’, dijeron que participamos en la muerte”, explicó el líder de los desmovilizados.

“Ahora con el proceso, los manes mandaron el panfleto diciendo que nos quería matar a todos nosotros”, denunció ‘El Pollo’ y aseguró que, dos días antes de esta entrevista, hubo un intento de asesinar a varios de los desmovilizados. “Se iban a tirar en lancha a matarlos… Y ¿dónde está el Estado y las autoridades que dijeron que nos iban a ayudar? Esas personas que andan matando la gente sabe uno donde están y no los buscan. Los de Viento Libre viven allá, los Panamá viven allá, los de la Ciudadela viven allá. ¿Sí me entiende?”.

Quienes también están en Tumaco son las llamadas Autodefensas Gaitanistas de Colombia, llamadas por las autoridades ‘Clan del Golfo’. No obstante, ‘El Pollo’ descartó que, por ahora, sean un factor de riesgo en contra del proceso. “Hasta ahora no nos ha atacado; acá el problema es con las Guerrillas Unidas, ellos son los que nos quieren acabar”.

La situación de riesgo también lo llevó a cuestionar al Estado por su falta de acción ante los vacíos que dejaron las Farc. “En el momento en que nosotros nos desmovilizamos, ¿que tenía que hacer el Estado? Buscar con una lupa lo que se quedaron (a los disidentes). Ahí quedó el problema más serio”.

¿Y cuál puede ser la solución en este momento? “Nosotros tenemos un compromiso con la ACR, pero por Dios, el Estado tiene que apretar a las Farc y decirles que nos reconozcan a nosotros, porque es que tenemos los derechos. Si ustedes se ponen a ver a los muchachos se van a dar cuenta que es así”, dijo, otra vez en tono de angustia, ‘El Pollo’. En ese momentó pasó rápidamente una lancha go fast, cargado barriles de gasolina, lo que hizo que todos suspendieran la entrevista hasta no asegurarse de quiénes la conducían. Después de unos segundos tensionantes ‘El Pollo’ volvió su mirada y continuó: “Lo mejor que nos podía pasar es que las Farc nos recogieran y que esperar que el Estado hiciera su trabajo. Yo he hablado con varios de los muchachos y una buena solución mientras pasa toda esta problemática. La solución la necesito pronto porque yo sé que los muchachos no se van a hacer matar”.

Para este líder del proceso de desmovilización, el reconocimiento de la guerrilla es importante en términos de respaldo: “con el aval de las Farc ya los grupos nos respetarían más a nosotros. ¿Sí me está entendiendo? Más de una me está diciendo por qué quiero que las Farc nos recoja. La idea es que los grupos nos respeten más porque si nos reconocen las Farc, nosotros vamos a ser más intocables. Si no nos reconocen, vamos a estar como lo peor”.

Los temores de ‘El Pollo’ son fundados. Casi dos horas después de haber finalizado esta conversación y tras salir del barrio Humberto Manci por una ruta distinta a la de llegada, Víctor fue asesinado cerca a su casa, en el barrio Panamá. Él facilitó este encuentro ilusionado de poder sumar más jóvenes a la legalidad. Las amenazas al proceso de desmovilización son serias y el miedo no es imaginario ni resultado del pesimismo infundado.

* Director del área de dinámicas de conflicto y negociaciones de paz de la Fundación Ideas para la Paz.