La parábola de El Orejón

      
el-orejon-opcion-2Después de medio siglo de guerra, el pasado 20 de mayo guerrilleros y militares trabajaron de la mano para identificar 240 minas instaladas en una remota vereda en el norte de Antioquia. ¿La primera piedra para la paz?

el-orejon-apertura-internaSentados a la mesa, bajo el sol intenso de tierra fría, el General Colón y Pastor Álape dan las instrucciones para que comiencen las primeras tareas encaminadas al desminado. Foto: archivo particular.

El 20 de mayo un helicóptero del Comité Internacional de la Cruz Roja llevó hasta la vereda El Orejón, en Briceño, Antioquia, a ‘Pastor Álape’, miembro del secretariado de las FARC; a Olmedo Ruiz, responsable político del Frente 36 de esa guerrilla, que opera en Bajo Cauca de Antioquia; y a un guerrillero de base llamado ‘Héctor’, a quien sus compañeros le tienen el desagradable mote de ‘Pecueco’ por una anécdota del pasado en la que no vale la pena detenerse. Los dos primeros venían directo de Cuba, y el tercero dese Anorí. Abajo estaban esperándolos el General de la Infantería de Marina (en retiro) Rafael Colón, director de la Dirección para la Acción Integral contra la Minas del Ministerio del Posconflicto, Fernando Navarro, uno de los expertos de la misma oficina, y el sargento Fredy Lozano, del Batallón de Desminado del Ejército Bides. También los miembros de la ONG Acción Popular Noruega.

Entraron a la escuela que hay en la parte plana de la vereda para empezar la tarea que les había encomendado la Mesa de Conversaciones de La Habana: probar que el experimento de unir a guerrilleros y militares para empezar a desminar territorios, no solo es posible, sino que puede ser el “primer escalón seguro del camino irreversible hacia la paz”. Aquí se ponía a prueba la materia prima vital para un acuerdo final: la confianza.

Un líder de la comunidad, asombrado y feliz por lo que veían sus ojos, les dijo a Colón y ‘Álape’: “si esto de la paz es en serio, dense la mano”. Ninguno tuvo duda en hacerlo, entonces el campesino los apretó con la suya y en un instante todos los presentes habían hecho un nudo con las manos, y también con sus gargantas. Todos se prometieron hacer posible la paz.

el-orejon-campesinoEste pequeño paraje de apenas 25 familias es estratégico porque desde allí se puede ir al Paramillo, a Urabá, al Bajo Cauca, y Medellín. Foto: archivo particular.

Colón y ‘Álape’ no tuvieron problema en hacer este gesto pues desde hace varias semanas venían trabajando juntos en la definición del sitio y la metodología para iniciar el desminado. No fue difícil llegar a un acuerdo para que se comenzara por El Orejón, ese pequeño caserío donde viven 100 personas pero hay 240 minas, con una pequeña escuela desolada, con una carretera abismal brutalmente destruida, donde se produce sobre todo coca, y la guerra ha sido una constante.

De por qué un lugar aparentemente insignificante está tan minado tiene explicaciones dentro de la lógica de guerra. Es un sitio desde el que cualquier ejército puede moverse hacia el Nudo de Paramillo, una inexpugnable zona de retaguardia para los grupos armados, donde la economía de la coca es fuerte; para Urabá, que es otro lugar estratégico por sus salidas al mar y su economía; con el río Cauca que conecta con el centro del país; y con la carretera que conduce a Medellín. Es zona de influencia de uno de los proyectos estratégicos del país: Hidroituango.

Las FARC han estado allí muchos años, y el Ejército cada tanto intenta hacer presencia, y posicionarse en los cerros, que por supuesto, están densamente minados. Pero también lo están los potreros, la salida al río, los caminos. Todos los lugares donde la fuerza pública pueda moverse. Hay minas permanentes y otras temporales, y la gente en general sabe cómo moverse en medio de ellas. Tristemente, saben vivir en un campo minado porque desde tiempos inmemoriales ha sido así.

el-orejon-letreroLas FARC instalan minas en carreteras y pone avisos como este. Foto: archivo particular.

Hace algunos meses cayó un soldado en el cerro El Capitán, donde hay instaladas 11 minas. Un sitio perfecto para que un ejército acampe por su panorámica espléndida. Pero hay otros sitos aledaños a donde hay incluso 60. Los potreros han de estar llenos, pues allí caen constantemente las vacas y los caballos en ellas.

También los guerrilleros son víctimas de supropio invento. En 2013 un guerrillero que intentaba desactivar un explosivo en este mismo sitio se voló en mil pedazos cuando cometió un error fatal. Para más gravedad, varias personas de la comunidad que estaban cerca, fueron afectadas. Dos de ellas murieron, y varias quedaron heridas. Los combates en ese momento no permitieron que aterrizara un helicóptero, y fue la maestra de una vereda vecina, quien como improvisada enfermera, atendiendo instrucciones telefónicas de un médico, contuvo las hemorragias, y acompañó a la comunidad a sacar a los heridos durante cinco horas de camino.

el-orejon-trabajando-juntosLos guerrilleros dieron información y el sargento Lozano se encargó de señalar los lugares donde luego se extraerán los explosivos. Aquí en una de las faenas de alto riesgo. Foto: archivo particular.

Una vez se fueron ‘Álape’ y Colón, bajo un cielo cerrado que amenazaba lluvia, el resto del equipo se quedó trabajando. Había dos piezas claves en todo ello: ‘Héctor’ el guerrillero, quien puede armar y desarmar una bomba hasta con los ojos cerrados. Y el sargento Lozano, uno de los hombres más experimentados del Bides. El uno empírico y el otro un gran técnico, intercambiaron alguna información sobre los explosivos y sus mecanismos. Se habló del R1 y los estopines, de las bombas más rústicas hechas con un tarro de leche en polvo hasta las que se hacen con verdaderas timbas lecheras. Empezaron a hablar un mismo lenguaje. En las noches dormían en casa de un joven líder de la vereda, quien justo perdió a su esposa en una mina, y rodeados casi todo el tiempo por los campesinos que no acaban de creer que pueda existir una vida sin minas.

el-orejon-mapaLas FARC tiene ubicada cada mina de El Orejón como se ve en el mapa. Eso facilitará la tarea. Foto: archivo particular

Al día siguiente Olmedo presentó, para asombro de todos, un mapa exacto hecho a mano por un guerrillero de la región, con las minas sembradas. Y empezaron a ubicarlas para cercar los lugares con cinta amarrilla y poner letreros de advertencia. El procedimiento pactado indica que es el Batallón de Desminado del Ejército el que las extraerá en días próximos. Lo que no esperaban los dos insurgentes era que mientras hacían esta dispendiosa tarea apareciera un piquete de soldados en los alrededores. Apenas los divisaron hubo pánico entre ellos. Desarmados como estaban pensaron que les habían tendido una trampa y los iban a matar. Era una semana de bombardeos, de crisis, y de nervios alborotados. Pero no había riesgo porque los soldados estaban en plena coordinación con la IV Brigada, y estaban allí como anillo de protección para la delicada tarea que estaba en curso.

Cada mañana se dividían en grupos y compartían sin distingos Fernando y Olmedo; el sargento Lozano y ‘Héctor’ y viceversa, con los noruegos, y por supuesto, con los campesinos que nunca dejaron de llevar mangos y arepas, agua de panela y queso. Tal como lo dijo Colón semanas atrás, desayunaron, almorzaron y comieron juntos, durmieron en la misma casa, fumaron de vez en cuando un cigarro y canturrearon las mismas canciones. Se tejió la tan deseada confianza, y quedó enevidencia de que un trabajo mancomunado hará que la tarea de la paz tenga éxito.

el-orejon-fredy-lozanoEl sargento Fredy Lozano es uno de los mayores expertos en desminado que tiene el Ejército. Su capacidad técnica asombró a todos. Foto: archivo particular.

Terminada la misión, Olmedo y ‘Héctor’ se fueron a La Habana. Para éste último era la primera vez en un avión, la primera vez fuera del país, y la primera vez que tuvo de cerca a sus enemigos, sin que le dispararan. Y viceversa. No hace muchos meses casi muere en combate, lo hirieron en una nalga, y perdió a dos compañeros en el fragor de las balas. 

Esos días de convivencia y trabajo en El Orejón son muy significativo para un país que sigue en guerra, donde aún persiste el odio y donde muchos no creen en la voluntad de la insurgencia para hacer la paz. Y para unas guerrillas, y también a veces unas comunidades, que no creen que el Estado cumpla lo que promete.

el-orejon-carreteraEl Orejón está prácticamente confinado no solo por las minas, sino por el pésimo estado de las carreteras. Es parte de una Colombia olvidada. Foto: archivo particular

Esta vez las FARC cumplieron su palabra. Entregaron mapas, información y coordinaron con el gobierno, y este dio todas las garantías para que empezara el desminado. A partir de ahora se pone a prueba la capacidad del Estado de cumplirles a los habitantes de esa remota zona. Porque si de algo tuvieron la convicción quienes estuvieron allí es que no basta con levantar los explosivos. Que esa es una ínfima parte de lo que se requiere, si se quiere que El Orejón aprenda a sentirse en paz, bajo una democracia y un Estado de Derecho.

el-orejon-alertaEn cada sector minado se dejó una señal como esta. Pronto desaparecerá el letrero y la mina. Foto: archivo particular.

El Orejón vive de la coca, y la gente, posiblemente por esa razón, desconfía de las instituciones, y teme la llegada de paramilitares cuando las FARC no estén. El compromiso que se está asumiendo con el desminado es convertir a esta lejana vereda en un microcosmos para poner a prueba desarrollo rural y alternativo que se acordó en La Habana. El Orejón ha sido elegido, si se quiere, como un laboratorio pequeño para construir paz territorial. Este es apenas el comienzo y hay muchos ojos y orejas pendientes de que se cumpla.