| El negocio de Bula y sus socios con la finca de una víctima |
|
Los Olivera, una familia que vendió su tierra a estos empresarios después de dos años de desplazamiento, solicitará la restitución de su finca por considerar que ellos se aprovecharon de su situación y les pagaron un valor muy inferior al que ellos consideran tenía la que era su propiedad. Esta es su historia. ir a El desplazamientoVíctor Olivera vivía con su familia en la finca Oso Negro en la vereda San Francisco en 2006. Se dedicaba a sembrar ñame y maíz, junto a su familia en la tierra en que había nacido hacía 54 años. Aunque los combates entre el Ejército y la guerrilla todavía eran recurrentes, los años más duros de la violencia habían pasado. Los días en los tuvo que dejar su parcela para preservar la vida de su familia quedaban atrás y ahora tenía la esperanza de aprovechar su finca para volver a levantarse. Lamentablemente la guerra no le dio una nueva oportunidad: Víctor fue asesinado el 4 de abril de ese mismo año de 2006 y su familia tuvo que dejar la propiedad. La finca Oso Negro perteneció a la familia Olivera por más de 60 años. Era uno de los predios más grandes de la vereda San Francisco y vecino a una hacienda que perteneció a Juan José García Taboada, el padre del ex congresista Álvaro García, condenado por parapolítica y por ser el autor intelectual de la masacre de Macayepo. La tierra de los García fue comprada por el Incora en 1987 y entregada a 35 campesinos. Este grupo de nuevos propietarios sumado a una docena de familias, entre las cuales se encontraban los Olivera, se convirtieron en objetivo de los paramilitares a finales de los 90. Según un informe de la Defensoría del Pueblo, en el año 2002, el Bloque Héroes de Montes de María señaló a todos los habitantes de la vereda de colaborar con la guerrilla y los obligó a salir de la región bajo amenaza de muerte. Varias familias consiguieron regresar en 2003 y conformaron la Asociación de Campesinos Retornados, Asocare. Pero la violencia volvió a desplazarlos un año después. “Tuvimos que salir de nuevo, no por amenazas, sino porque los combates entre la guerrilla y el Ejército se pusieron muy bravos”, contó Javier Ramírez, habitante de la vereda San Francisco. En 2006, los combates mermaron y la mayoría pudo regresar. Víctor Olivera era uno de ellos y para ese entonces asumió la presidencia de Asocare. Aún no se sabe si su asesinato tuvo que ver con su trabajo como líder de los campesinos desplazados. “Se habla mucho sobre la muerte de Víctor, pero nunca se supo nada. La justicia tampoco averiguó nada”, contó uno de sus familiares. Luego de la muerte de Olivera, su familia tuvo que dejar de nuevo la finca. La esposa y los hijos del líder campesino se fueron para Sincelejo a vivir como desplazados, mientras que la madre, doña Elsa Arrieta de Olivera, se fue a vivir con otros de sus hijos al casco urbano de Ovejas. “La tierra se quedó tirada, por allá no volvimos en dos años. Aunque teníamos mucha necesidad, no queríamos regresar al lugar donde mataron a mi hermano”, dijo Enelcy Olivera, hermana de Víctor. Para 2008 corrió un rumor en Ovejas sobre unos “cachacos” que estaban comprando tierra para un proyecto maderero. Habían pasado dos años de la muerte de Víctor y las condiciones económicas de los Olivera seguían siendo difíciles. “Hacíamos lo posible por mantener a mi mamá. Todos pensamos que lo mejor era vender esa finca, que estaba botada, para poder comprarle una casita en el pueblo”, recuerda Enelsy.
Los ‘cachacos’ con chequeraLos Olivera contactaron a “los cachacos” para ver si podían vender su finca Oso Negro y asegurar un lugar en el que doña Elsa pudiera vivir tranquila su vejez. Se trataba de representantes de Agropecuaria Montes de María, una compañía creada ese mismo año, como la mayoría de empresas que compraron tierras en esa región. “Muchas fueron empresas que aparecieron para comprar tierras y luego venderlas. No tenían un fin comercial diferente al de ser intermediarios de tierra y ganarse un dinero”, le dijo a VerdadAbierta.com un funcionario de la Superintendencia de Notariado y Registro. En abril de ese año, los Olivera firmaron una promesa de compraventa en la que se comprometían a vender su finca de 49 hectáreas por 49 millones de pesos (ver carta-venta). “Fue muy poco dinero por hectárea, pero la verdad teníamos mucha necesidad, teníamos urgencia de ubicar a mi mamá en algún lugar”, cuenta Enelcy. La persona que aparece registrada en la compraventa como comprador es Otto Nicolás Bula Bula, un ex congresista cordobés. Bula llegó al Senado en el año 2000, como suplente de la lista de Mario Uribe y en la campaña de 2002 fue su principal ficha política en Córdoba, departamento en el cual recibió apoyo de las autodefensas, según concluyó la Corte Suprema de Justicia en la sentencia en que condenó a Uribe por parapolítica (Ver sentencia de Mario Uribe). El narcotraficante y financiador de grupos paramilitares, Juan Carlos “El Tuso” Sierra, quien se encuentra extraditado en los Estados Unidos, le dijo a la justicia colombiana que Bula era el testaferro del ex senador Uribe. A raíz de estas declaraciones, la Corte compulsó copias a la Fiscalía, pero VerdadAbierta.com pudo establecer que en este momento Bula no tiene ninguna investigación. El ex senador Bula le dijo a este medio que conocía a Mario Uribe desde hace mucho tiempo, por una finca que tiene el primo del ex presidente Uribe en Sahagún, Córdoba, vecina a su propiedad. “Soy su amigo hace mucho tiempo. Como soy tan cercano la gente dice cosas, pero además de comprarle leche de su finca no he tenido ningún negocio con él”, dijo Bula. El empresario insistió en que no conoce ningún paramilitar y en que ha ido a aclarar en varias ocasiones ante la justicia su relación con Mario Uribe. Aunque Bula aparece como comprador en varias compraventas, en las escrituras de Oso Negro y otros predios en Montes de María, las ventas fueron registradas a nombre de Agropecuaria Montes de María. Cuando Bula firmó las compraventas, ni siquiera existía dicha empresa. La agropecuaria fue creada en 2008 por el reconocido caballista paisa Andrés Mora Abad y su hijo, el empresario Andrés Mora Pérez, amigo del ex ministro de Agricultura del gobierno Uribe, Andrés Fernández (ver video a continuación). Bula le dijo a VerdadAbierta.com que aparece en los documentos relacionados a esas tierras porque inicialmente fue socio de los Mora, pero que luego, en 2009, abrió su propia empresa, Agropecuaria El Central, que tiene cultivos de palma aceitera en San Jacinto, otro municipio de Montes de María. Según los Olivera, el valor que recibieron, un millón de pesos la hectárea, era muy inferior al que tenían comercialmente esas tierras, pero ellos terminaron aceptándolo por la difícil situación económica en la que vivían. Bula le dijo a VerdadAbierta.com que no recordaba puntualmente el caso de la familia Olivera, pero que en general, el precio que pagó por las tierras que compraron en Montes de María fue justo, porque las fincas se encontraban en total abandono y luego tuvo que invertir mucho dinero para que volvieran a ser productivas. “Un buldócer cobra entre tres y cuatro millones de pesos para arreglar una hectárea, la verdad es que fue un mal negocio. Cuando llegamos encontramos una tierra inútil, con unos campesinos que no tenía cómo ponerla a producir porque no tenían la ayuda del Estado”, dijo el ex congresista. Saber cuál era el precio exacto de esas tierras es muy difícil, porque no se tiene información suficiente sobre su estado para esa época, según explicó Rafael Hernández, presidente de la Lonja de Propiedad de Sucre, entidad encargada de emitir avalúos comerciales de predios. Hernández señaló que esa zona del departamento vivió en constante conflicto desde los 90 y por eso las pocas transacciones comerciales que se realizaron, se hicieron informalmente. “Nadie pidió un avalúo comercial en esa tierra por mucho tiempo. Los bancos ni les prestaban plata a los campesinos en esa época. En 2008 apareció mucha gente aprovechándose de la situación de los campesinos e imponiendo precios, pero es muy difícil hablar en particular de un caso, porque no existe información sobre el estado de los predios”, dijo el presidente de la Lonja. VerdadAbierta.com encontró en la actualidad varias ofertas de tierras en la zona rural de Ovejas. Una hectárea de tierra se consigue en el mercado en agosto de 2012 entre cinco y 12 millones de pesos, dependiendo de la ubicación y el estado de la finca. Sin embargo, como lo aclaró el presidente de la Lonja de Sucre, estos valores no se pueden comparar a los de 2008.
|