“Me fugué para salvar mi vida”: ex rector de la Universidad de Córdoba

Desde su escondite, Víctor Hugo Hernández, condenado por asesinar a su colega el profesor Hugo Iguarán, asegura que es inocente y cuenta cómo las Auc se tomaron su alma máter y victimizaron a profesores, estudiantes y funcionarios que se le opusieron.
  
El ex rector Victor Hugo Hernández habló con VerdadAbierta.com sobre la toma paramilitar de la Universidad de Córdoba. Foto: VerdadAbierta.com

Víctor Hugo Hernández fue elegido rector de la Universidad de Córdoba en julio de 2000 por la comunidad universitaria, en plena arremetida de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) en ese departamento. Licenciado en matemáticas y física, especialista en administración educativa y experto en el tema de la educación virtual a distancia, llevaba toda una vida vinculado a la academia. Había sido docente, propietario del colegio Instituto Nariño y últimamente director del Instituto de Educación a Distancia de la Universidad de Córdoba. Renunció 18 meses después de su elección antes de completar su mandato de tres años. Se exilió por miedo a que lo mataran, y a su regreso al país, descubrió que la justicia lo consideraba sospechoso de asesinato.

Fue procesado, estuvo en la cárcel junto a otras personas acusadas de ser autores de muchos de los delitos que cometieron los paramilitares en esa universidad pública y fue condenado en primera instancia a 35 años de prisión por el crimen de Hugo Iguarán Cote, profesor y sindicalista de la universidad, ocurrido el 10 de septiembre de 2000. A Iguarán Cote lo mataron en la casa de Hernández en Montería, cuando éste estaba a punto de nombrarlo su Vicerrector Académico. Alegando su inocencia, Hernández apeló la condena ante el Tribunal Superior de Cundinamarca.

En 2009, por vencimiento de términos, quedó libre pero continuó vinculado a la investigación. Se fue a vivir a una finca en Córdoba mientras esperaba el desenlace de su historia. Hasta allá, cuenta, le llegaban amenazas de muerte si hablaba. Por eso, apenas se enteró de la condena, huyó. Hoy, prófugo de la justicia, aceptó por primera vez, contar su versión de los hechos. Le explicó  a VerdadAbierta.com cómo los paramilitares se tomaron la Universidad, y por qué le han endilgado ese asesinato que no cometió.

Hernández Pérez habla como un condenado a muerte. Triste, con el ánimo apagado, dice que no podría enfrentar a la justicia con la verdad porque no duraría vivo un día. Trabaja en una asociación sin ánimo de lucro que ayuda a enfermos de diabetes, un mal que él mismo padece.  

Se decidió a hablar, luego de que el jefe de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) en Córdoba, Salvatore Mancuso, le dijera a Benicia de Hernández, su esposa, en una audiencia de Justicia y Paz el 29 de agosto de 2012, que “Víctor Hugo Hernández no tiene ningún tipo de responsabilidad en la muerte de Hugo Iguarán Cotes”.   

Hernández se preparó para la entrevista con todo un expediente que guarda en una memoria USB que lleva consigo escondida en la media. “Allí es más seguro”, dijo y luego pidió prestado el computador de este reportero. A cada pregunta, consultó su archivo. Allí tiene toda su defensa y mucha de la historia inédita del trágico capítulo de la penetración del paramilitarismo en la Universidad de Córdoba.  

VerdadAbierta.com: Muchos en la Universidad de Córdoba, incluso sindicalistas, insisten en que usted fue la ficha que les abrió la puerta a las Autodefensas a la universidad. ¿Es cierto?

Víctor Hugo Hernández: (Sacando su listado de citas de su archivo, insistió en leerlas) La mejor evidencia de que tal afirmación no es cierta, la constituye la conversación telefónica que sostuvo el comandante de las Auc, Salvatore Mancuso, con la doctora Nilka Brunal, miembro del Honorable Consejo Superior de la Universidad de Córdoba, en el año 2000 en torno a la designación del rector de la institución, y cuya grabación presentó en 2004 el senador Gustavo Petro, durante el debate sobre el paramilitarismo en la Universidad de Córdoba.

Tanto en la grabación como en la transcripción de la conversación, arrimada al proceso que adelantó la Fiscalía, se ve con claridad que Mancuso le dice a Nilka Brunal: “Para nosotros es igual que quede uno o quede otro… no conozco a ninguno de los dos”. Y agrega: “Se debe respetar la democracia en la universidad”… que se designe como rector al que ganó la mayoría de los estamentos (…) que no se designe rector al candidato del senador López”.

Cuando Mancuso dice “no conozco a ninguno de los dos”, se refería a los dos académicos que en ese momento eran elegibles para el cargo de rector, según los estatutos vigentes de la universidad: Havid Barrera Durango y yo, Víctor Hugo Hernández Pérez. Esta es una prueba irrefutable de que no fui ficha de Mancuso, ni concerté, ni constreñí con las Autodefensas para salir designado rector de la Universidad de Córdoba. Por ese entonces Mancuso no me conocía.

Las Auc ya la tenían intervenida desde el año 1989, tal como se estableció durante el debate realizado en el Congreso en 2004. Y, como lo ha contado el mismo comandante de las Auc, la puerta en la universidad se las abrió la supuesta presencia de la guerrilla y la corrupción administrativa en la institución.

Cito lo que ha dicho Mancuso durante distintas las versiones libres:

“Decidimos intervenir la universidad, entonces yo llamo al Consejo Superior y le digo que elija como rector a Víctor Hugo Hernández. Él se comprometió a sanearla, no cumplió y yo le exigí la renuncia (…) Él debía rendirnos unos informes y como no lo hacía le solicitamos que renunciara (…) El rector que se colocó estaba en el cargo porque sí seguía los lineamientos (…) El señor Víctor Hugo Hernández se comprometió con nosotros a sanear la Universidad y vincularla a un programa de Naciones Unidas, para sanear la Universidad de Córdoba, arreglar el problema pensional, que era uno de los graves problemas (…) lo cité en una ocasión, inclusive estuvo la defensora del Pueblo de Córdoba, algunas personas de la Universidad, incluido el rector actual, los cité a una reunión a Ralito, y a varias personas que pudiesen asumir la responsabilidad en el área de seguir direccionando el saneamiento de la Universidad (…) El rector que estuviera allí debía estar sujeto a una serie de compromisos”.

Refiriéndose al homicidio del profesor Hugo Iguarán Cotes, Mancuso dijo bajo juramento: “la operación militar realizada contra el docente, se efectuó contra miembros de la guerrilla, ya que con antelación se conocía que la víctima participaba en actividades de las Farc, siendo miliciano de dicho grupo subversivo y con comunicación directa con Docel Redondo, miembro guerrillero que estuvo en las negociaciones del Caguán” (versión libre rendida ante Justicia y Paz, 16 de Enero de 2007).

“El homicidio fue básicamente en razón a que servía de apoyo como colaborador de las estructuras de las Farc que operaban en la Universidad de Córdoba” (versión 8 de Octubre de 2007 ante la misma jurisdicción de Justicia y Paz), dijo Mancuso.

Confirmó esta versión en diligencia del 9 de Octubre de 2007, cuando insistió en que el desaparecido Iguarán Cotes, era auxiliador del grupo subversivo, porque, según Mancuso, sostenía una amistad con el ‘Negro Usurriaga’ y con miembros de sus directivas, como Doncel Redondo, alias ‘Guajiro’.    

En otra audiencia del 29 de agosto de 2012 ante el Tribunal Superior de Cundinamarca. Mancuso mantuvo su versión idéntica a las anteriores, pero más explícita. Dijo que yo no tenía “ningún tipo de responsabilidad en la muerte de Hugo Iguarán Cotes (…) es una orden que directamente di yo, como comandante de Autodefensa. Que ejecutaran, que hicieran esa acción militar contra el señor Hugo Iguarán Cotes (…) el ex rector no tuvo ningún tipo de conocimiento que se iba a ejecutar esta acción contra Hugo Iguarán. Él no tiene responsabilidad en los hechos”.

V.A.: No me ha respondido si fue usted quién les abrió la puerta a la Universidad…

V.H.H.: Las Autodefensas no intervienen la Universidad de Córdoba a partir de mi administración. Ya la tenían intervenida desde 1989, intimidando, amenazando, atentando y asesinando a dirigentes sindicales y estudiantiles de la alma máter: Francisco Aguilar Madera que fue asesinado en 1995;  Alberto Alzate, asesinado en 1996; René Cabrales Sossa, a quien trataron de matar en 1996; Misael Ursola, asesinado en 1998;  James Antonio Pérez Chimá, Pedro Manotas Olascoaga, Marlin De la Ossa y Shirle Olascoaga, entre otras víctimas.

Secuestraron a los estudiantes Carlos Julio Ramírez Badel y Mauricio Hernández Lara y el 18 de abril de 2000 los liberaron con un comunicado en el que anunciaron la intervención de comandos de autodefensas de la Universidad de Córdoba. Amenazaron de muerte a los estudiantes Ramón Rodríguez, Enoin Humanes, Abel Fuentes y a otros, iniciando el primer semestre académico de 2000 y se tuvieron que ir de la universidad y del país.  Y asesinaron al profesor Iguarán Cotes, porque como lo dijo Antonio Flórez, miembro de Sintraunicol,  en una indagatoria ante  la Fiscalía, “denunciaba la corrupción de la Universidad de Córdoba por los años 1998 y 2000”.

Todos ellos fueron víctimas de las Autodefensas antes de que yo llegara al cargo de rector. Incluso, en todo Córdoba se supo que el doctor Eduardo González Rada, siendo rector de la Universidad de Córdoba, fue sacado de su residencia por hombres armados y conducido ante el comandante de las Auc que lo forzó a abandonar su candidatura a la reelección a ese cargo, acusándolo de actos de corrupción.

Los docentes Concepción Amador Ahumada y José Moisés Luna Rendón coincidieron en sus declaraciones ante la Fiscalía en 2007 al afirmar que las relaciones de las directivas de la universidad con el profesorado, los sindicatos y con un grupo de estudiantes era tensa y muy irregular. Para esa fecha (se referían al año 2000) estaban amenazados algunos líderes estudiantiles, mataron a varios, y muchos tuvieron que desplazarse.

Las Auc obtuvieron la información para perpetrar estos crímenes, como lo reconoció Mancuso en sus versiones libres,  a través de sus informantes que venían de los sindicatos, otros de los estudiantes, otros de instituciones del Estado (al parecer agentes de la Policía y del Das que colaboraron en el crimen), y de su propios grupos urbanos que operaban en Montería. Éstos señalaban a personas que supuestamente tenían contacto con la guerrilla. Sumado a esta situación, estaban amedrentando  a las directivas por los supuestos actos de corrupción. Y, sumado a todo anterior, se daba la presión política externa para que no hubiera relevo administrativo en la universidad.

V.A.:¿En qué momento lo contactó Mancuso?

V.H.H.: Posterior a la designación como rector, una noche, alrededor de las 10:30 sonó el timbre de mi residencia, abrí la puerta y eran unos señores que se identificaron como de las AUC. Me dijo uno de ellos: “Ya que usted fue nombrado rector de la Universidad de Córdoba, el señor quiere hablar con usted”. Cuando le pregunté que quién era “el señor” y qué quería hablar conmigo, me respondió que hablaba a nombre del comandante de las Autodefensas Unidas de Colombia.

Fui conducido a una finca en la vía al municipio de Tierralta. Al inicio de la entrevista Mancuso se mostró amable, incluso me felicitó por el cargo de rector y trató de justificar la presencia de la organización en la universidad y en el departamento de Córdoba. Dijo que tenían la universidad intervenida porque la guerrilla se la había tomado y porque en las aulas se pagaban los secuestros y explicó que los ganaderos se habían organizado, cansados de los ‘boleteos’. Luego se fue poniendo fuerte señalando que en la universidad había mucha corrupción. Textualmente me dijo: “Nosotros vamos a estar muy pendientes de su administración, porque no vamos a permitir que la Universidad de Córdoba se la sigan robando más”. Recuerdo que se refirió a que en la institución se pagaban 80 millones de pesos mensuales por servicios de fotocopiado, habiendo un centro de copiado en la universidad.

Ante estas imputaciones, solo pude decir: “Usted debe estar tranquilo, igual que todo Córdoba, porque precisamente la gente votó conmigo porque confiaba en que haría una administración transparente”.

Estaba muy al tanto de los detalles administrativos, académicos e incluso de las personas que hacían parte del equipo que me apoyó en la organización de mi campaña y se fue lanza en ristre contra algunos de ellos.

Además me dijo que las Auc me habían apoyado. Yo le pregunté, cómo. Y me respondió: “Nosotros tenemos allá estudiantes, trabajadores y profesores que estuvieron metidos en su campaña y usted no se dio cuenta”. Al finalizar la conversación me habló también de unos cargos que necesitaban en la Universidad. Le pregunté cuáles cargos y me respondió que por ahora no me iba a decir, pero que era gente que me iba a ayudar a hacer una administración transparente. Así terminó la reunión.

Las veces que fui conducido hasta la presencia del comandante de las Auc, fue en la misma finca, exceptuando la última vez que fui conducido al corregimiento El Caramelo.

V.A.: ¿Quién lo condujo ante Mancuso?

V.H.H.: Un hombre que se identificó como Héctor o ‘Principiante’.

V.A.: ¿Denunció usted esto, le dijo a alguien?

V.H.H.: Ni en la casa ni en la universidad dije nada. Al regreso del encuentro con Mancuso, se me recalcó que no debía contar a nadie lo acontecido. No podía poner en peligro a mi familia y amigos.

V.A.:¿Las hojas de vida que le hizo llegar el comandante Mancuso, de quiénes eran o a quien pertenecían?

V.H.H.: Todo Córdoba lo sabe. Los sindicatos ya han hecho alusión a estas personas.

V.A.: Dos días antes de que usted se posesionara mataron a Iguarán Cote en su casa, y a usted la justicia lo ha condenado como autor intelectual del crimen. ¿Por qué dice que es inocente?

V.H.H.: No digo que soy inocente; ¡Soy inocente! El material probatorio arrimado al proceso en el cual se me acusó y condenó injustamente, así lo demuestra. También  demuestra que se trata de una posible persecución jurídica en mi contra para satisfacer equivocadamente intereses ideológicos y políticos, aprovechando el montaje que orquestó un fiscal corrupto que se hizo acompañar de delincuentes aspirantes al programa de Justicia y Paz, en calidad de falsos testigos. El fiscal quiso obtener beneficios económicos y los otros también buscaban beneficiarse con las penas alternativas de Justicia y Paz. Así lo corroboraron los mismos falsos testigos cuando se retractaron, una vez que se descubrió su empresa delictiva. Hugo iba a ser mi vicerrector. A él le habían hecho un primer atentado y él decía que fue porque denunció la corrupción. Con él sostuve tres reuniones y otra vez, esa noche en mi casa, dos días antes de posesionarme.
 
V.A.:¿No recuerda las caras de los asesinos?

V.H.H.: No. En medio de la reunión vimos a un muchacho, que dijo: “Esto es un atentado”. Pero ninguno de los de la reunión reaccionamos. Tal vez, al igual que yo, creyeron se trataba de una broma de algún estudiante. Detrás del muchacho estaba otro tipo más alto y como moreno, que empezó a proferir insultos y gritaba: “¡Al suelo grandes ‘hijueputas’!”, “¿Creías que te ibas a salvar gran ‘hijueputa’?”. Después de las palabrotas, siguieron los disparos. Yo quedé como encogido, esperando un tiro en la cabeza. Pensé que el atentado era para mí.

V.A.: A pesar de este crimen, usted siguió en la universidad como rector hasta mayo de 2002 y luego renunció, ¿por qué?

V.H.H.: Porque fui amenazado de muerte por el comandante de las Auc. Un funcionario de la universidad me llevó el mensaje del comandante Mancuso: “Doctor le traigo una noticia muy triste: que renuncies o te matan”. Por ese entonces la función pública era un ejercicio muy difícil y riesgoso, no sólo en Córdoba sino en todo el país. De una parte las exigencias de las autodefensas eran cada vez mayores. De otra, estaban los amigos de las Auc que, a mi juicio, se aprovechaban para obtener beneficios económicos, prestigio, cargos, entre otras cosas. Eso a costa incluso de la vida y honra de personas de bien, a quienes mal informaban con acusaciones falsas delante de la organización.

V.A.: ¿Se fue por miedo a cumplieran su amenaza?

V.H.H.: Por supuesto. Las autodefensas no amenazaban por el gusto. Sin embargo, no renuncié en seguida. Por esos días me había negado a pasar a los docentes ocasionales y de cátedra y a los auxiliares de laboratorio a una bolsa de empleo. Cuando me amenazaron, pensamos con mis funcionarios más allegados que los de la empresa que manejaba la bolsa de empleo habían dado una mala información o acusación ante las Auc. Así que creímos que podíamos averiguar el motivo de la amenaza para solucionar el impasse. Pero no pudimos.

A mí me habían mandado la amenaza un jueves, y el domingo siguiente, cuando estaba acompañando a mi esposa en la clínica pues le habían hecho una cirugía, llegó una funcionaria de la Universidad y me dijo: “Vea jefecito, usted no ha renunciado y esta gente está esperando su renuncia, yo no quiero que a usted le pase nada malo”. Al parecer pensaban que no había renunciado por rebeldía; que los estaba retando. Renuncié y el lunes me fui para Bogotá a un hotel donde permanecí alrededor de ocho días, buscando salidas a mi problema de seguridad, la de mi familia y amigos de la universidad.

V.A.:¿Y ahí huyó?

V.H.H.: Estando en ese trance, le había solicitado a mi familia que hablara con el señor Obispo y la Defensora, para que mediaran para evitar cualquier desenlace fatal. Un día me reuní con monseñor, quien llegó a Bogotá para asistir a la Conferencia Nacional Episcopal, y me manifestó: “Víctor Hugo, le tengo una razón de Salvatore. Él dice que no se va a meter más con usted, que regrese a Montería”.

A finales del 2002 regresé a Montería, y a inicios del 2003 volví a Bogotá donde tenía la propuesta de trabajar con una corporación universitaria. En el 2004 di por terminado el convenio con dicha corporación y a inicios del 2005 me fui a trabajar a la Universidad de Cartagena, por dos años.

V.A.: ¿Es cierto que nuevamente lo volvieron a amenazar porque solicitó reparación?

V.H.H.: Amparado por la Ley 975, en 2006 solicité por intermedio de la Defensoría del Pueblo, a la Unidad Nacional para la Justicia y la Paz de la Fiscalía que adelantara las acciones atinentes a la restitución, indemnización, rehabilitación, y satisfacción por la intimidación, presión, y amenazas de que fui objeto entre septiembre de 2000 y junio 4 de 2002, por la forzada renuncia y el desplazamiento forzoso a que fui sometido. Ahí empecé a recibir presiones; me decían que tuviera cuidado, me llegaban rumores. Me asusté y me acerqué a Redepaz en  Bogotá y les conté todo lo acontecido y les solicité ayuda para salir del país.

V.A.: ¿A dónde se fue?

V.H.H.: Me fui a Chile, en la condición de refugiado, con un programa del Secretariado Nacional de Pastoral Social y el Arzobispado de Chile.

V.A.:¿Cómo se enteró de la investigación que por el crimen de Iguarán Cotes le seguían en Colombia?

V.H.H.: Me enteré estando en Chile por un docente de Cartagena con el que me escribía. Renuncié al refugio, y regresé al país el 8 de febrero de 2009 con la intención de conocer los hechos y afrontar cualquier acusación que se me estuviera haciendo. Claro, en ningún momento pensé se tratara de algo tan grave. Pero me capturaron apenas me bajé del avión.
Salí libre en Barranquilla  en 2009 por vencimiento de términos y en 2010 me condenaron injustamente.

V.A.:¿Si usted no mató a Iguarán quién cree que lo hizo?

V.H.H.: Lo que se sabe es lo que el comandante de las Auc en sus versiones libres desde 2007 se ha atribuido la autoría intelectual y material del homicidio del profesor. Dijo que era ‘Principiante’ quien le comentó los vínculos de Hugo Iguarán con los esquemas subversivos y ordenó matarlo. Falta ver si las acusaciones contra Iguarán como guerrillero eran ciertas porque era vox pópuli en Córdoba y el país, que lúgubres personajes para obtener peldaños en las curules municipales, departamentales y nacionales, cargos de importancia en las entidades del Estado, y favores personales, se dedicaban a mal informar y hacer señalamientos contra personas carismáticas, de ser enemigos de las Auc, o de malos manejos en las instituciones.

En carne propia viví la experiencia. Varias veces le llevaron información falsa de mí a las Autodefensas. Se dijo en Córdoba que pocos días antes de mi forzada renuncia, dos profesores universitarios y un directivo solicitaron mi cabeza ante el comandante de las Auc por malos manejos. Y, siendo rector en 2001, mientras estaba presidiendo una reunión de la Asociación Colombiana de Universidades con Programas a Distancia en la Universidad del Magdalena, a uno de estos sombríos personajes se le ocurrió afirmar que estaba en una reunión con integrantes de la guerrilla. Así se daban las cosas por ese entonces en el país. Era una cacería de brujas.

V.A.:¿Quiénes lo involucraron a usted con el crimen de Iguarán Cotes?

V.H.H.: El fiscal 84 de Derechos Humanos de Cartagena, Fabio Saúl Severiche Mercado, destituido de su cargo precisamente por vincular a un comerciante de Bolívar a procesos de las Auc para luego exigirle una gruesa suma de dinero.

El cuñado de Walter Mejía López, uno de los falsos testigos contratados por el ex fiscal, dijo el 6 de abril de 2009, ante el despacho de la Fiscalía 52 de la Unidad de Derechos Humanos que ellos alias ‘Brayan’, ‘Taxista’ y ‘Poncho’ y otros falsos testigos aspirantes al programa de Justicia y Paz estaban permanentemente en contacto con Walter y se inventaban que habían cometido homicidios supuestamente bajo órdenes de comandantes de las Auc muertos o desaparecidos. En esos montajes vinculaban a personas con cierto reconocimiento en la Costa Caribe con el propósito de extorsionarlos, exigiéndoles dinero a cambio de desvincularlos de dichos procesos. La prensa regional y local dio a conocer estos hechos a inicios de 2009. Varias personas involucradas han dado testimonio juramentado de ello ante la Fiscalía, como Jaime Augusto García Exbrayat, Sandra María Martínez Elorza, Helmer Darío Atencia González.

La Fiscalía, a pesar de conocerse públicamente lo que hacía el fiscal Severiche Mercado, no solo lo aprobó, sino que lo acolitó, al igual que a sus falsos testigos. Fue negligente en la búsqueda de la verdad, la justicia y el orden justo dentro del proceso en mi contra. Fue evidente el desinterés total y absoluto de la Fiscalía por dirimir las controversias, dudas o sospechas que se pudieron presentar en la confrontación y el estudio del material probatorio (declaraciones, entrevistas, reconocimiento en fila, y pruebas documentales como grabaciones, transcripciones del debate del congreso del año 2004 y versiones libres de Mancuso, entre otros). Primó el deseo de dar positivos, así fueran falsos, cayendo en yerros mentirosos y calumniosos.

El Fiscal 52 Cesar Augusto Nuncira y la juez décima penal del circuito especializado de Bogotá, se apoyaron en la labor de Severiche, lo que terminó en la condena por un delito que se sabe no cometí.

V.A.:¿Durante el tiempo que permaneció en la cárcel lo presionaron?

V.H.H.: En varias ocasiones el testigo estrella de la Fiscalía, Walter Mejía López, dijo que sindicalistas de la Universidad de Córdoba lo presionara para que me acusara de asesinato. Hay grabaciones donde consta esto. Además  un señor Ricardo Álvarez, en su declaración a la Justicia dijo: “…bueno yo hablé en la reja con Walter que me comentó que aquí estaba por eso del rector de la Universidad de Córdoba, y yo le pregunté si el tipo era inocente (se refiere a mí) o culpable, porque yo ya sabía como él venía actuando, y me dijo que el hombre era inocente, y que lo metió porque había gente del sindicato que lo presionaba”.

V.A.:¿Qué interés podrían tener los sindicatos en culparlo?

V.H.H.: Walter Mejía y Severiche Mercado son los que tienen que decir si los sindicatos son realmente coautores del montaje que elaboraron en mi contra.

V.A.:¿A usted el fiscal Severiche le pidió plata?

V.H.H.: No. El segundo abogado que me asistió me sugirió en dos o tres ocasiones que el fiscal quería plata. Incluso llegó a decirle a mi esposa delante de una comadre que si no tenía una finca, una casa, o algo que vendiera, para pagarle al entonces fiscal.

V.A.:¿Por qué Walter Mejía lo acusó y luego lo exoneró?

V.H.H.: Cuando se les cayó el andamiaje, porque al parecer el fiscal les incumplió lo prometido a los falsos testigos (quienes hablan de 100 millones de pesos, beneficios de Justicia y Paz, y seguridad) y salen a la luz pública las grabaciones que dan cuenta de los montajes del fiscal y los falsos testimonios. Tanto en las grabaciones que saca la prensa regional y nacional, como en las declaraciones posteriores de quienes participaron con el fiscal en la elaboración de los montajes, se dice que el fiscal les daba las preguntas y cómo tenían que responder.

V.A.:¿Por qué cree que se demoró tanto Mancuso en decir que él fue quién ordenó la muerte de Iguarán?

V.H.H.: Por supuesto que debió decirlo antes. No sé las razones. Lo que sé es que mi esposa pidió un espacio en una audiencia de versión libre y el ex comandante se refiere al tema, aclarando que soy ajeno a los acontecimientos alrededor del homicidio del profesor Iguarán Cote.

V.A.: ¿Por qué se fugó, una vez dictaron su captura, si estaba seguro de que era inocente?

V.H.H.: En junio de 2009, cuando la abogada apareció en mi casa y me dijo que me iban a dictar orden de captura yo decidí proteger mi vida. Eso le expliqué por escrito a la jueza
Elsa Riveros el día de la audiencia: “Llegamos a la razón por la que no salgo del lugar donde me encuentro refugiado hasta tanto no se aclaren las cosas; evitando así que me asesinen dentro de una cárcel. Hubiera preferido estar de cuerpo presente en este juicio, pero hasta que no se destape la verdad sobre las personas interesadas en desvirtuar la realidad de los sucesos para hacerme daño no puedo correr el riesgo de ser asesinado en una cárcel… Y esta es una petición muy respetuosa que le hago a la excelentísima Juez; que se identifique plenamente quienes están detrás de los señalamientos de Walter Mejía López, y las razones de fondo”.

V.A.:¿Por qué no se ha entregado?

V.H.H.: No hay garantías legales para mí.

V.A.:¿Quiénes se benefician de que usted, como lo infiere, sea el único responsable?

V.H.H.: En la grabación arrimada al proceso, en la que Walter Mejía menciona a los sindicatos, al parecer se refiere  que además del fiscal Severiche había otras personas interesadas en callarme “para que se quede el otro”; pero en la grabación no se hace claridad al respecto.

V.A.:¿Amenazaron a su familia?

V.H.H.: Nunca, gloria a Dios. Alguien me llamaba por teléfono y me decía: ojo con lo que vas a decir.

V.A. ¿Se identificaba? ¿Quién era?

V.H.H.: Sí. Pero por seguridad me reservo el nombre.

V.A.:¿Por qué no denunció ante los organismos de control del Estado los sucesos que estaban ocurriendo en la Universidad de Córdoba?

V.H.H.:¿Ante quién se denunciaba, en un Estado cuyas entidades, incluidas las instituciones de control y seguridad de la vida, estaban permeadas por el paramilitarismo? Todo el que hacía denuncias ante los medios de comunicación y entidades del Estado era declarado objetivo militar. Muchas de las víctimas a las que se referirió el senador Gustavo Petro en el debate en el Congreso en 2004, fueron asesinadas por realizar denuncias relacionadas con el acontecer de la Universidad de Córdoba entre 1989 y 2000.

V.A ¿Qué piensa de la versión que dio uno de los desmovilizados en el sentido de que un directivo del sindicato de la Universidad de Córdoba era informante de las Auc?

V.H.H.: No es de extrañar. El comandante de las Auc en las versiones libres ha reiterado que la información para los asesinatos políticos o ideológicos la obtenían de la inteligencia que realizaban algunas personas que estaban en la universidad. Sería muy importante que alguien le pregunte al mismo comandante Mancuso, quiénes eran sus informantes en la Universidad de Córdoba, entre los estudiantes, trabajadores, funcionarios y sindicalistas. Eso bueno que eso salga a la luz pública, en aras de la verdad.

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