¿Qué pasa con el Eln en el Bajo Cauca?

La minería es el jugoso botín que se disputan las bandas criminales y el Eln en esta zona de Antioquia. El temor crece entre la población.

0-mineria-bajocauca-elnFoto: archivo Semana.

En Cáceres, un pueblo de Antioquia a orillas del rio Cauca, fundado hace más de 450 años y que ha padecido todas las violencias que han asolado al país, la amenaza latente de una nueva confrontación armada tiene a los habitantes con los nervios de punta.

El protagonismo del Eln viene creciendo, luego de que sus frentes de guerra, que se replegaron durante varios años de asedio militar y paramilitar, estén ganando terreno de nuevo en un área de influencia de las ‘Autodefensas Gaitanistas de Colombia’, ‘Clan Úsuga’ o ‘Urabeños’, que tienen el control desde 2011.

En los límites con el municipio de Anorí, se viene registrando desde finales del año inmediatamente anterior la incursión cada vez más frecuente, numerosa y amenazante, de integrantes del Eln, a territorios que según campesinos consultados por VerdadAbierta.com son controlados por los ‘Gaitanistas’.

En las veredas Campanario, Alto del Caballo, El Tigre y Anará, ya los ‘elenos’ han intimidado a los campesinos; hay restricciones a la movilidad y confinamientos; asesinatos selectivos y confrontaciones armadas que hoy tienen en alto riesgo de desplazamiento a por lo menos a 400 familias.

Según la Defensoría del Pueblo de Antioquia, ya se registraron los primeros éxodos individuales. Varias familias que no aguantaron más la situación y decidieron buscar refugio en casas de familiares y vecinos asentados en pueblos aledaños. La misma entidad consignó el asesinato de un hombre de 28 años de edad, que tuvo lugar el 14 de febrero en la vereda El Tigre, y dice que los ‘Gaitanistas’ difundieron la versión entre los habitantes de que lo habían ajusticiado a un colaborador de la guerrilla, lo que intensificó el miedo de la comunidad. Una semana después se registró la muerte de un hombre de 35 años de edad en la vereda San Francisco, quien fue degollado con arma blanca.

El hecho más preocupante se presentó el 25 de febrero de este año. Ese día, una columna de poco más de 10 guerrilleros del Eln ingresó a las veredas El Campanario y El Tigre. Les dijeron a los labriegos que lo mejor era que se fueran pues en cualquier momento se podría “prender una plomacera”. Pocas horas después de que los ‘elenos’ se retiraran, aparecieron los ‘Gaitanistas’. “Y ahí ya quedamos nosotros maniatados, porque tanto los unos como los otros nos han dicho que si algo les pasa a ellos, lo paga la comunidad”, dice Alfredo*, habitante de Cáceres.

Para defender el territorio, los ‘Gaitanistas’ han instalado retenes ilegales en del camino que conduce al casco urbano de Cáceres. “Un desconocido, alguien que no sea de la región, le puede ir muy mal”, añade Alfredo, quien agrega que “no se puede ir del Alto del Tigre a El Tigre, porque lo señalan a uno de ser guerrillero. Después de las 5:00 de la tarde no se puede ni entrar ni salir de las veredas”. Entre las amenazas proferidas por los integrantes de esta banda criminal es que quien se desplace no puede regresar.   

Para mantener el control, el Eln ha sembrado de minas antipersona en la zona, en las que ya han muerto varios animales. “En esas veredas es común que los campesinos tengan la casa en una parte y la parcela en otros. Pues ya la gente le da miedo ir a la parcela a trabajar por miedo a caer en una mina antipersona”, lamenta el labriego.

¿Resurgir de los ‘elenos’?  
Uno de las mayores rentas que perciben tanto bandas criminales como guerrillas, en este caso el Eln, es la extorsión a la actividad minera.Foto: Ricardo Cruz.

Aunque los pobladores de las zonas rurales de Cáceres siempre escucharon decir que “los elenos andaban por ahí”, pasaron varios años para sentir su presencia amenazante. Tal como lo documentó el Centro Nacional de Memoria Histórica en su informe Silenciar la democracia: las masacres de Segovia y Remedios entre 1982 -1997, la presencia de la guerrilla del Eln en el Bajo Cauca y Nordeste antioqueño data desde los últimos años de la década de los 60, cuando Manuel Vásquez Castaño decidió cruzar el río Magdalena desde el departamento de Santander para instalarse en la tierras mineras de Segovia y Remedios.

Fue allí donde el Eln inició un proceso de expansión y crecimiento que les permitió propinar sonados golpes militares como las tomas de Remedios, Santa Isabel y Otú (1972).  En su intención de expandirse, los ‘elenos’ decidieron incursionar en el Bajo Cauca donde sufrieron el peor revés militar de su historia. La Operación Anorí del Ejército, que se ejecutó en septiembre de 1973, prácticamente aniquiló a esa guerrilla, y acabó con varios de sus fundadores como Manuel y Antonio Vásquez Castaño.

Quienes sobrevivieron, lograron refugiarse en municipios como Segovia, Zaragoza, Cáceres y el mismo Anorí y allí, iniciarían la reconstrucción de sus estructuras guerrilleras. A mediados de la década de los 80, el Eln ya contaba nuevamente con tres frentes: el José Antonio Galán, el Compañero Tomás y Héroes de Anorí, cuya influencia se extendía desde Segovia y Remedios, en el nordeste del departamento; hasta zonas rurales de Cáceres y Tarazá, en pleno corazón del Bajo Cauca.  

Hoy, luego de casi tres décadas de permanencia en la región y soportar la embestida de los grupos paramilitares y el asedio del Ejército, las autoridades judiciales y de Policía han identificado la presencia de los frentes Resistencia Guamocó, Compañero Tomás y Capitán Mauricio en zonas como Bejuquillo y San Pablo, del municipio de Tarazá; Campanario, El Tigre y  Alto del Tigre, de Cáceres; Saltillo y Machuca, de Zaragoza; Charcón, de Anorí; el municipio de El Bagre. En localidades como Cáceres, El Bagre y Zaragoza, también se registra  presencia de los ‘Gaitanistas’.

En alianza con las Farc
La Fundación Ideas para la Paz (FIP), en informe elaborado en 2014 y titulado Dinámica del conflicto armado en el Bajo Cauca antioqueño y su impacto humanitario, consignó cómo la guerrilla del Eln, principalmente en los municipios de Cáceres y Zaragoza, venía adelantando sus acciones militares en conjunto con los frentes 18 y 36 de las Farc. Según el informe, ambos grupos insurgentes adelantan “actividades extorsivas a la minería ilegal y la producción y procesamiento de coca”.  

Sobre el particular, autoridades policiales consultadas por Verdadabierta.com relataron varios meses atrás se registró una alteración de orden público en la carretera que de Segovia conduce a Zaragoza. Allí, unos hombres armados realizaron un retén ilegal, detuvieron varios camiones y los pintaron con siglas Farc-Eln.

No es nuevo
El miedo latente es que haya una guerra por control de este territorio entre el Eln y las bacrim; algo similar a lo que se vivió entre 2009 y 2011, cuando se produjo una grave crisis humanitaria. En esa ocasión los protagonistas fueron los herederos de los grupos paramilitares que operaron en la región.

Antiguos lugartenientes de los otrora poderosos jefes paramilitares Ramiro Vanoy Murillo, alias ‘Cuco Vanoy’; y Carlos Mario Jiménez, alias ‘Macaco’, se enfrascaron en una guerra sin cuartel por el control de las cuantiosas rentas que deja en esta región de Antioquia la extorsión a la minera y al comercio así como el tráfico de estupefacientes.

El conflicto logró apaciguarse, pero no es claro por qué. Las autoridades civiles y de Policía departamentales, creen que fue resultado de la Operación Troya, con la que se logró la captura o muerte de varios importantes jefes de estas organizaciones. Los pobladores que padecieron toda la furia de esta guerra, creen, por el contrario, que hubo un pacto entre estos grupos, y se repartieron territorios y negocios ilícitos, lo que permitió parar el enfrentamiento.

Verdad o no, lo cierto es que desde entonces la presencia de los ‘Gaitanistas’ se siente con fuerza en el casco urbano de Cáceres y en corregimientos como Puerto Bélgica, Jardín y Piamonte. “Ellos son los que controlan barrios como Buenos Aires, Costa de Oro, 20 de Julio; es decir, uno los ve vigilando. Ellos se dan cuenta quien entra, quien sale. Cada cierto tiempo los cambian. En (corregimiento) Puerto Bélgica, por ejemplo, los mototaxistas no pueden entrar a otras partes. Después de cierta hora en la noche, es mejor estar en la casa y no salir”, cuenta Alfredo*.  

Preocupaciones por el futuro
bajocauca-rural-620x400Foto: Juan Diego Restrepo E.

La eventual dejación de armas de los frentes de las Farc que operan en esta región de Antioquia abre serios interrogantes sobre si la guerrilla del Eln ocupará dichos territorios, si esto significará un fortalecimiento de su estructura militar y si persistirán los acuerdos tácitos con las bandas criminales que operan en el Bajo Cauca, particularmente ‘Los Gaitanistas’ o ‘Urabeños’, para el control del negocio del narcotráfico y la extorsión a las actividades mineras.

El pasado 14 de diciembre de 2014, fueron masacradas en extrañas circunstancias dos hombres y cinco mujeres en zona rural del municipio de Amalfi, aledaño a los municipios de Cáceres y Anorí. La principal hipótesis que manejan las autoridades de Policía es que se trató de un ataque de miembros de los ‘Urabeños’ a colaboradores del Eln, situación que podría considerarse como una “declaración de guerra” entre estas dos estructuras armadas.

Y es que, la disputa no solo es por un corredor natural que permite conectar fácilmente agrestes territorios aptos para la guerra y las actividades ilegales, sino también rentas que fácilmente superan los cinco mil millones de pesos mensuales.

“En esa donde vivo hay muchas minas, pero son controladas por las ‘Águilas’ (Gaitanistas)”, señala un labriego de zona rural de Cáceres consultado por VerdadAbierta.com y quien, por temor, pidió reserva de su identidad. “Ellos son los que dicen quién trabaja y quién no. Allá todos tienen que pagar. Los baraqueros pagan mil pesos diarios; los de las retros (retroexcavadoras) deben pagar cinco millones de pesos mensuales y por allá hay más de 20 retros. Haga la cuenta. Y si están los ‘elenos’ también hay que pagarle a ellos”, agrega.

Quizás por ello es que activistas como Álvaro Jiménez Millán, vocero de la Campaña Colombiana de Acción contra las Minas Antipersona y conocedor del conflicto armado en el país, señala que la mejor acción para contener los riesgos ya mencionados es involucrar al Eln en un proceso de paz: “Claro, hay un alto riesgo de haya gente que decida permanecer en la lógica de las armas si hay una oferta clara. Por eso este proceso de paz debe involucrar necesariamente al Eln”.

*Se omite el nombre real por petición de la fuente