Los enredos de ‘El Turco’ Hilsaca (El Espectador)

El entramado comercial de Alfonso del Cristo Hilsaca incluye 19 compañías que también son revisadas con lupa por las autoridades.

A las 11 y 45 de la noche del 13 de febrero de 2003, un joven que ocultaba sus ojos con una gorra irrumpió ante un grupo que conversaba animadamente en una de las bancas anexas a la Torre del Reloj en Cartagena y en segundos asesinó a cuatro trabajadoras sexuales. Desde ese día corrió el rumor de que las cuatro mujeres habían sido víctimas de una operación de limpieza y que “un duro de la ciudad” estaba detrás de la acción para castigar la práctica de suministrar escopolamina a los turistas que habitualmente festejaban en el sector.

Semanas más tarde, un testigo directo del cuádruple homicidio, un joven bogotano que se dedicaba a conseguirles mujeres o droga a los turistas y que esa noche acompañaba a las víctimas, aportó un indicio clave: “Tengo sospechas que fue por las influencias de alguien que estuvo acusado por la gente de la calle de hacer una limpieza en el sector, estoy hablando del dueño de la discoteca Antigua, que se encuentra en la Plaza de Los Coches, en el interior de la Torre del Reloj”. El propietario resultó ser Alfonso del Cristo Hilsaca Eljadue.

No obstante, el comentario del declarante se vio desestimado por el propio Hilsaca, quien ofreció una jugosa recompensa a quien aportara información sobre los autores materiales de la masacre. Aún así, el testigo insistió en su hipótesis y al comparecer de nuevo ante la justicia denunció que dos agentes de la Sijín, a punta de presiones y amenazas, lo habían obligado a señalar a dos personas capturadas y que a cambio le ofrecieron protección, cambio de identidad, una prótesis y la recompensa que estaba aportando Hilsaca.

Estas denuncias se fueron desvaneciendo con el paso del tiempo, sobre todo porque la justicia concentró su investigación en la responsabilidad de los sujetos Samuel Enrique Dorado y Javier Hoyos Puerta, asociados además a las investigaciones por la oleada de homicidios perpetrada en el barrio Nelson Mandela en Cartagena. De hecho, el pasado 5 de mayo, el Juzgado Único Penal del Circuito Especializado de Bolívar los condenó por dicha operación de limpieza, incluyendo el cuádruple crimen de las trabajadoras sexuales.

Sin embargo, el nombre de Alfonso Hilsaca, conocido como El Turco, siguió rondando entre los investigadores judiciales y recobró importancia cuando a raíz de la Ley de Justicia y Paz (Ley 975 de 2005), los desmovilizados jefes del paramilitarismo empezaron a confesar sus actos de violencia. La Fiscalía tenía claro que varios políticos, comerciantes y empresarios de Cartagena habían sido determinantes para garantizar el accionar delictivo del denominado bloque Héroes de los Montes de María de las Autodefensas Unidas de Colombia.

Se rumoraba que El Turco Hilsaca era un hombre cercano a los paramilitares, pero imperaba más su importancia económica y social. Nacido en septiembre de 1959 en Mompox (Bolívar) y criado en el municipio de Magangué, trabajando en Ecopetrol, comercializando ganado y a través de su propia discoteca en el pueblo, consolidó una apreciable fortuna que lo llevó a la contratación pública. Hasta que un día, según él, por amenazas de la guerrilla, decidió trasladarse a Cartagena, donde en pocos años se convirtió en un potentado.

Y no sólo se hizo célebre porque su empresa de construcción empezó a ganar contratos para realizar obras civiles en Cartagena y otros municipios de Bolívar, sino porque a través de sus 19 sociedades se convirtió en uno de los principales financiadores de campañas políticas en la costa Atlántica. Junto a su amiga Enilce López, conocida como La Gata, y el ganadero de Sucre Joaquín García, hoy prófugo de la justicia, El Turco Hilsaca se volvió un hombre clave en los tiempos electorales y después en el manejo de obras públicas.

El mayor ejemplo lo representa su participación en la alcaldía de Alberto Barboza Senior, mandatario de Cartagena entre 2004 y 2005. El propio Hilsaca le reconoció a la revista Semana que aportó entre $15 y $20 millones a dicha campaña y que la ayuda se hizo a través de una de sus empresas. Posteriormente, Hilsaca ganó la licitación para operar el relleno sanitario de Cartagena. Barboza siempre ha sostenido que “era la mejor oferta”. Lo cierto es que poco a poco el acaudalado empresario fue ganando otros contratos en los departamentos de Bolívar, Sucre y Cesar, así como en la isla de San Andrés.

De alguna manera, su poder económico y su influencia entre los políticos representaba un blindaje ante la justicia. Pero pesaban en el ambiente las sospechas sobre su cercanía con las autodefensas y, sobre todo, su presunta participación en la masacre de las trabajadoras sexuales en febrero de 2003. Hasta que el desmovilizado ex jefe del bloque Héroes de los Montes de María, Uber Bánquez Martínez, alias Juancho Dique, en desarrollo de sus confesiones ante Justicia y Paz, aportó un dato clave: la muerte de las cuatro prostitutas había sido motivada por un empresario del sector de la Torre del Reloj y ejecutado por su red urbana de sicarios.

Sin embargo, en favor de El Turco Hilsaca sobrevino un hecho inusual entre los funcionarios de Justicia y Paz. Los fiscales José Alfredo Jaramillo Matiz y Fabio Severiche se reunieron privadamente con el empresario y le pidieron $500 millones a cambio de que el desmovilizado Juancho Dique no volviera a referirse al caso de las cuatro mujeres asesinadas cerca a la Torre del Reloj. El Turco Hilsaca grabó la conversación, se la entregó a la Fiscalía y los dos funcionarios resultaron capturados. Jaramillo fue condenado a cinco años y ocho meses de prisión. Severiche aún no ha sido sentenciado.

A pesar de que Juancho Dique no lo nombró en sus declaraciones, sí aceptó que en la finca Casa Loma o Cocina Sabrosa, en compañía del dueño del bloque, conocido con el alias de Diego Vecino, muchas veces se reunió con políticos, comerciantes y empresarios de Cartagena. El nombre de El Turco Hilsaca seguía rondando en el ambiente, hasta que otros desmovilizados se encargaron de formalizarlo. En concreto lo hizo Eugenio Reyes Regino, alias Geño, quien admitió que Roger García Acosta, alias El Pollo, le había dicho que el cuádruple crimen había sido pedido por Alfonso El Turco Hilsaca.

De igual manera, el desmovilizado Alexis Mancilla García, alias Zambrano, segundo comandante del bloque Héroes de los Montes de María, inicialmente sostuvo que El Turco Hilsaca “era un paraco más de la organización”, pero luego aseguró que formuló tales acusaciones por las informaciones que le dieron sus subalternos, aunque después Samuel Dorado Jiménez, alias El Flaco, le había dicho que Hilsaca no estaba relacionado con la muerte de las prostitutas. Aún así, posteriormente vinieron declaraciones de otros desmovilizados que fueron estrechando el círculo alrededor del polémico empresario.

Hasta que el pasado miércoles 16 de julio, en un gigantesco operativo del CTI en el barrio Castillo Grande de Cartagena, no sólo fue allanada su residencia sino que Alfonso del Cristo Hilsaca Eljadue fue detenido bajo cargos de concierto para delinquir por supuestos nexos con los paramilitares de la costa Atlántica. Ese mismo día, El Turco Hilsaca comenzó a rendir indagatoria y se defendió recordando el intento de dos fiscales de extorsionarlo a cambio de no involucrarlo en supuestos asesinatos, al tiempo que acusó a mandos medios de las autodefensas de torcer la ley relatando mentiras ante la justicia.

Una semana más tarde, el 23 de julio, la Fiscalía General de la Nación dictó medida de aseguramiento en su contra y, resaltando la necesidad de que se aclaren sus presuntos vínculos con las autodefensas, por ahora, lo sindicó de ser el autor intelectual del homicidio de las cuatro trabajadoras sexuales de la Torre del Reloj en Cartagena, en febrero de 2003. Consultado sobre el tema, Hilsaca comentó que sí tuvo un negocio que se llamaba Antigua Bar, pero que tuvo que cerrarlo a principios de 2004 por motivos económicos, precisamente porque la gente no volvió después de los hechos sucedidos a cerca de 300 ó 400 metros del establecimiento público.

El Turco Hilsaca sostiene que se enteró por la prensa de lo sucedido, que nunca conoció a los jefes de las autodefensas y que hoy es una víctima comprobada de mandos medios del paramilitarismo que han tratado de extorsionarlo. La Fiscalía no le cree mucho por ahora y esta semana remitió el proceso a Bogotá, al tiempo que trasladó al investigado a la penitenciaria de La Picota. El caso tiene conmocionada a La Heroica y enfrentados en sus declaraciones a varios ex integrantes del bloque Héroes de los Montes de María, responsables de muchos crímenes más desde el departamento de Sucre hasta las mismas calles de Cartagena.

Y como la justicia quiere llegar hasta las últimas consecuencias, en la misma medida de aseguramiento contra El Turco Hilsaca fue involucrado Uber Bánquez Martínez, alias Juancho Dique, esta vez por el asesinato de Carmelo Ospino, perpetrado en Arjona. Con un agravante, el jefe paramilitar sostuvo que lo mandó asesinar Carlos Tinoco, ex alcalde del mismo municipio. Tinoco ya aportó una versión en la que manifiesta que algunos personajes de Cartagena participaban en reuniones con líderes de las autodefensas. La Procuraduría ya envió esta declaración a la Corte Suprema para que indague qué hacían en dichos encuentros algunos congresistas.

Publicado por El Espectador