El perdón de las Farc en La Chinita, ¿un punto de partida?

Dos jefes de esta guerrilla reconocieron ante más de 500 personas su responsabilidad en la masacre perpetrada el 23 de enero de 1994 en Apartadó, Antioquia, que dejó 35 muertos. Este reconocimiento abre la puerta para otros más en la región que esperan su reconocimiento.

perdon chinita 1Cerca de 500 personas entre víctimas, habitantes de Apartadó, funcionarios de institiuciones y periodistas, se concentraron en el coliseo del colegio San Pedro Claver, de este municipio para esperar el reconocimiento público por parte de las FARC. Foto: Yenifer AristizábalLuz Marina Mosquera perdió a su esposo aquella madrugada del 23 de enero de 1994 durante una fiesta barrial. Recuerda que él creyó que había llegado el Ejército y le pidió calma, cuando vieron que los hombres armados disparaban “indiscriminadamente a todas las personas que estaban allí” se escondieron debajo de una mesa de donde salieron cuando pensaron que todo había terminado. Pero no fue así. Dos hombres armados se acercaron y con un ‘Negro y tú qué’ sentenciaron la vida de Fulbio Antonio Mosquera, decidiendo también el futuro de su viuda y sus tres hijos. Desde aquel entonces ella no se volvió a enamorar.

Esta líder comunitaria viajó hace varios meses a La Habana como delegada de las víctimas, junto con otras cuatro mujeres, para exigirle a las Farc la verdad sobre los hechos ocurridos en La Chinita (conocida hoy como barrio Obrero), de Apartadó, Urabá antioqueño. Sus gestiones se vieron reflejadas este viernes, cuando al lugar de la matanza llegaron los jefes guerrilleros ‘Iván Márquez’ y ‘Pastor Alape’, para enfrentar a la comunidad y reconocer la responsabilidad del grupo alzado en armas, que dejó 17 viudas y decenas de familiares que aún lloran y recuerdan las 35 víctimas fatales.

“Con el más profundo sentimiento de humanidad y respeto hemos venido a La Chinita, 22 años después de aquel triste 23 de enero, con el corazón compungido a pedirles perdón con humildad por todo el dolor que hayamos podido ocasionar durante el transcurso de esta guerra. Jamás debió ocurrir lo sucedido en esta noche de alegría y de verbena popular, nunca el mando de las Farc ordenó tal atrocidad, pero aquí estamos para responder como organización”, dijo ‘Iván Márquez’ tras agradecerle a la comunidad congregada en el coliseo de la institución Educativa San Pedro Claver la posibilidad de expresar este sentimiento.

Un gestó de perdón fue divulgado recientemente por VerdadAbierta.com en una extensa entrevista realizada a Joverman Sánchez Arroyave, conocido como ‘Rubén’ o ‘Manteco’, actual comandante del Frente 58 de las Farc, y quien para el momento de la masacre en el barrio La Chinita lideraba el Frente 5 y ordenó la incursión armada: “Pedimos disculpas, perdón a los familiares, lo sentimos, lamentamos que haya sucedido esto, ojalá no se vuelva a repetir ni en Urabá, ni en ninguna parte”.

Masacre de La Chinita: el difícil camino de la reconstrucción de la verdad

Las víctimas aprovecharon la presencia de los jefes guerrilleros en el barrio para perdonar a quienes atentaron contra sus seres queridos, rebautizar la calle donde ocurrió la masacre y llamarla ahora “La Calle Esperanza”, y también para hacer unas peticiones claras como gesto de reparación: un centro social comunitario, una casa museo, 52 viviendas y una Universidad de Paz.

Silvia Berrocal, una de las líderes de la comunidad, aseguró que no solo las Farc victimizaron la población; también el Estado, los paramilitares y otros actores, quienes ahora deben reparar emocional y económicamente a sus víctimas en la región de Urabá.

Al respecto, Sergio Jaramillo, alto comisionado para la paz y negociador del gobierno en La Habana, quien estuvo presente en el acto de perdón, reconoció que en estos hechos “hay una responsabilidad del Estado, pero también de las Farc y tienen que reparar, así quedó acordado, ellos deben reparar materialmente a sus víctimas, y eso lo vamos a exigir”.

Gesto necesario, ¿pero insuficiente?

perdon chinita 222 años después de la masacre, 'Iván Márquez' le pide pidió perdón a las víctimas de la masacre La Chinita por todo el dolor ocasionado en la guerra. "Los muertos de La Chinita, son también nuestros muertos porque así los sentimos", aseguró. Foto: Yenifer Aristizábal.Algunas víctimas de la masacre de La Chinita, otras más de acciones perpetradas por las Farc en el Urabá antioqueño y desmovilizados de la guerrilla del Epl, coincidieron en afirmar que el gesto de reconocimiento público de responsabilidad por parte de los jefes insurgentes es importante para la reparación simbólica de las comunidades afectadas; sin embargo, algunos hicieron un llamado para que reconozcan también y pidan perdón por otras acciones armadas que hicieron parte de la persecución al movimiento político Esperanza, Paz y Libertad, conformado por los desmovilizados del EPL, quienes dejaron sus armas en 1991.

“Lo del barrio La Chinita es una manifestación de tantas que se hicieron en contra de una comunidad y de un proceso político, como fue el proceso de reinserción del EPL”, aseguró Guillermo Correa, presidente de Corpolibertad organización no gubernamental creada en 2004 en Apartadó por sobrevivientes del movimiento Esperanza, Paz y Libertad.

Correa cuestionó a las Farc porque, a su juicio, están reconociendo la verdad “por pedacitos”; aseguró que, por ahora, es una verdad a medias, que no refleja el conocimiento que estaban esperando otras víctimas de ese grupo subversivo; y agregó que la falta de comunicación entre el movimiento de víctimas del barrio Obrero ha generado que se clasifiquen los afectados y que se desconozca otros que también vivían allí y que cayeron en masacres cometidas por las Farc a mediados de los noventa en sitios Bajo del Oso, Osaka, Los Cunas, La Lolita, Montesol y Filipinas.

“Ojalá el evento de hoy hubiera sido una cosa más incluyente, pero que se vengan más eventos y más iniciativas para que se pida perdón a todas”, expresó Correa.

Por su parte, Álvaro Villarraga, director de Acuerdos de la Verdad del Centro Nacional de Memoria Histórica, fue claro al afirmar que se debe entender este acto como un reconocimiento temprano atendiendo a lo firmado en los acuerdos firmados con el gobierno nacional.

“Reconocer las víctimas de Bojayá, los diputados [del Valle] y La Chinita no niega los demás actos de reconocimiento. Estos son incluso anticipados al proceso de paz; ya vendrán los otros y habrá que apoyar todos los reconocimientos de todas las víctimas causadas por las Farc, el paramilitarismo, instituciones y agentes del Estado, y sectores poderosos de la sociedad civil o gremiales”, precisó el funcionario.  

Para Villarraga, quien hizo parte de la guerrilla del Epl y se desmovilizó en 1991, este acto es el punto de partida de un intenso recorrido de reconocimiento y perdón por parte de los victimarios hacia todas las víctimas: “Tenemos que ver [también] al ELN, paramilitares y personas involucradas en actos públicos de perdón”, aseguró y agregó que si en Colombia se impone la paz “habrá reconocimiento, reparación y justicia para todos los casos”.

Lo que también espera este funcionario es que todos esos reconocimientos de las responsabilidades frente a los hechos de guerra del pasado no sea una acción unilateral, o una acción contestataria de uno frente a otro, sino una acción sincera para reconstruir el rompecabezas de la violencia y los efectos que causaron distintos actores armados.

Aníbal Palacio, uno de los dirigentes desmovilizado del Epl, admitió que la masacre afectó el apoyo político de Esperanza, Paz y Libertad en el barrio La Chinita, que se había organizado gracias a un proceso de invasión liderado por este Movimiento; "A nosotros se nos dificultó mucho hacer política abierta en esta zona hasta que años después logramos vincularnos de nuevo a la región y algunos de nosotros logramos copar la mayoría de alcaldías".

En efecto, Palacio y otros exdirigentes como Mario Agudelo y Domingo Ayala lograron llegar a las alcaldías de Turbo, Apartadó y Carepa, respectivamente, en la década del 2000.

Sin embargo, hoy en medio del proceso de paz entre el gobierno nacional y las Farc, no titubeó al asegurar que él y 'los esperanzados' de aquel entonces respaldan el proceso y valoran el acto de reconocimiento de responsabilidad de este grupo guerrillero, como un acto de reconciliación.

"Creemos que estos actos le sirven a la paz, le sirven a la convivencia y, personalmente, yo respaldo este acto que hacen ante las víctimas. Me parece que el hecho de que se haga público es favorable a la paz y a las víctimas, porque ellos merecen el perdón y la reparación.", aseguró y se mostró ilusionado de que éste sea el punto de partida para que las Farc reconozcan otras masacres perpetradas en la región.

En ese mismo sentido se expresó Jaramillo, quien no dudó en señalar que el acto de perdón vivido en Apartadó es el primero de los muchos que tendrán que enfrentar los jefes de las Farc en el Urabá antioqueño y sugirió, sin entrar en detalles, que en esta zona agroindustrial del departamento “debe existir un laboratorio de paz porque seguramente no existe otra región del país donde se ha sufrido tantas formas de violencia por diferentes grupos armados, incluyendo agentes del Estado”.

Las otras víctimas

perdon chinita 3Comunidades víctimas por otras masacres aún esperan que las FARC pidan perdón por estas y reconozcan la persecución al movimiento político de Esperanza, Paz y Libertad, conformado tras la desmovilización del EPL, en 1991. Foto: Yenifer Aristizábal.Alberto Vélez Cañas, Elcy Galván y Jhon Jairo Galván, no son víctimas de la masacre de La Chinita, pero llegaron hasta el lugar donde estaban los jefes de las Farc en busca de un espacio de reconocimiento y de verdad por hechos perpetrados en el pasado por insurgentes de esa guerrilla.

Vélez Cañas era el dueño de la volqueta de basura que hombres de las Farc estacionaron frente al Hotel El Pescador, a seis metros de la estación de policía de Apartadó, en la mañana del 27 de febrero de 1997 con 100 kilos de dinamita. Horas antes del atentado fue abordado por guerrilleros cerca del relleno sanitario de la localidad y lo obligaron a abandonar su vehículo, en el que instalaron la carga explosiva, cuya detonación dejó nueve personas muertas y por lo menos otras 53 heridas.

Tras ese ataque dinamitero lo que vino para Vélez Cañas fue un drama constante: vivió acosado por un Capitán de la Policía que le insistía que se declarara guerrillero; los grupos paramilitares lo persiguieron por ser el dueño de la volqueta del atentado; y los guerrilleros pedían su cabeza por cuenta de los retratos hablados que había dado ante la justicia. “Ese fue mi calvario”, dijo. Desde entonces, no ha podido tener tranquilidad y espera que jefes de las Farc se den cuenta de “la magnitud del problema en el que lo montan a uno: lo mandan a uno a rodar y a aguantar hambre”.

Por su parte, Elcy Galván y John Jairo Galván esperaron infructuosamente que este evento les ayudara a encontrar pistas del paradero su hermano y padre, Olegario Segundo Galván Pantoja, desaparecido el 20 de mayo de 1996, cinco años después de su desmovilización del Epl, del corregimiento Las Brisas, de Mutatá, sur del Urabá antioqueño.

“Esa noche llegaron a la casa y se lo llevaron en su propio bote”, narró John Jairo, el hijo menor de la víctima y recordó lo que dijeron en ese momento sus vecinos: “que los guerrilleros llegaron y le dijeron que había una guerra entre ellos y él era uno de los que había compartido con el Epl y por eso se lo iban a llevar”.

Los pobladores de esa región siempre veían pasar cadáveres arrastrados por las aguas del Río Sucio y cuando fueron a buscar a Olegario Segundo por los lados del Cañón de La Llorona encontraron su bote lleno de sangre. En el sitio había varios guerrilleros del Eln, quienes les dijeron que al campesino se lo había llevado la gente de las Farc. Desde aquel momento se perdió su rastro.

Los Galván solo esperan que se haga justicia y no pierden la esperanza de hallar el cuerpo de Olegario Segundo. A pesar de que no hablaron con ‘Iván Márquez’ y ‘Pastor Alape’, los ilusiona el acuerdo firmado con las Farc porque sienten que permitirá abrir espacios para conocer la verdad sobre hechos tan trágicos como el ocurrido en su familia.

(*) Este artículo hace parte del proyecto Open Society con VerdadAbierta.com