La masacre de Segovia fue una venganza política: ex alcaldesa

Rita Ivonne Tobón, ex alcaldesa de Segovia y una de las sobrevivientes del exterminio de la Unión Patriótica, responsabilizó a César Pérez de la masacre de 43 personas en 1988.

Varios sobrevivientes y familiares de las víctimas de Segovia estuvieron en las afueras del palacio de Justicia. Foto VerdadAbierta.com 24 años después de que un grupo paramilitar entrara a Segovia, en el nordeste de Antioquia, la ex alcaldesa de ese municipio, Rita Ivonne Tobón - hoy en el exilio-, revivió en el juicio que se le sigue al político César Pérez ante la Corte Suprema de Justicia, la persecución que ella y cientos de habitantes padecieron por ser simpatizantes de la UP.

A raíz del proceso de paz entre el gobierno de Belisario Betancur con las Farc, en mayo de 1985 surgió el partido Unión Patriótica (UP) que marcaba una nueva forma de hacer política, diferente a la de los partidos tradicionales, liberal y conservador.

La UP llegó a ser la tercera fuerza política más importante del país, lo que despertó, en la región del Magdalena Medio y en otras regiones la oposición e inconformidad radical de algunos sectores militares y económicos.

Rita Ivonne Tobón fue la primera alcaldesa elegida popularmente y la primera de la Unión Patriótica, que le ganó el pulso a los liberales que tradicionalmente controlaban esa población.

Siguiendo los pasos políticos de su padre, Alberto Tobón, paradójicamente un político del partido liberal, Rita encontró en la UP, un proyecto viable y diferente. Por esta razón, en 1983, se convirtió en personera de Segovia, siendo la primera vez que un partido de izquierda llegaba a la administración local. Fue en ese entonces cuando Tobón inició su carrera política.

Desde ese momento y sin pensarlo, su vida cambiaría. Cuando empezó su labor de personera de Segovia,  aunque descubrió un gran nivel de corrupción en el manejo de los recursos públicos, Rita no tuvo otra opción que limitarse a ejercer su función, sin poder denunciar ante las autoridades judiciales estos hechos.

“Fue muy difícil ejercer como personera, tanto así que me limité a cumplir mis funciones. Yo sabía que el presupuesto local era saqueado, estos hechos los denuncié mediante boletines que repartía en la población”, aseguró la líder política.

Sin embargo, ese no fue el único obstáculo que tuvo que enfrentar. Cuando decidió lanzarse a la alcaldía de Segovia en 1988, y por orden de los miembros del partido liberal, que para entonces tenía las mayorías en Segovia y en Remedios, Antioquía, los transportadores recibieron la orden de no llevar nada alusivo a su campaña política.

Fue ese el mensaje claro que le enviaron los líderes tradicionales de que no dejarían tranquila a Rita. “El partido que más duro nos dio fue el liberal. Y César Pérez García era el jefe máximo del partido en Segovia” , asegura esta mujer que vive desde hace 22 años en el exilio.

Incluso, durante su época de candidata, Rita asegura que miembros de la fuerza pública ayudaron al partido Liberal.

Pese a todos los obstáculos, el 13 de marzo de 1988 - ocho meses antes de la masacre-, Rita ganó la alcaldía en Segovia, las primeras elecciones populares para ese cargo en el país, y en las que la UP se posicionaría como la tercera fuerza política en el país.

Al poco tiempo después de posesionarse, en Segovia se empezó a rumorar que estaba en marcha una venganza de los líderes liberales, que no estaban contentos con el fenómeno político de la UP.

Panfleto paramilitar entregado por debajo de las puertas a los habitantes de Segovia. Foto: Memoria Histórica.Los rumores llegaron a tal punto, que días antes del trágico 11 de noviembre de 1988, empezaron a circular en el casco urbano del pueblo, unos panfletos intimidatorios, firmados por un grupo paramilitar denominado Muerte a Revolucionarios del Nordeste (MRN), en los que amenazaban a sindicalistas y a dirigentes de la Unión Patriótica. 

En el comunicado, el grupo aseguraba que de ninguna manera se aceptaba en la política a comunistas y a campesinos y, según Rita, se respaldaba la labor política de César Pérez. El comunicado finalizaba con la frase "fuera comunistas y guerrilleros".

Aparte de los panfletos, en el pueblo se hablaba sobre las intensiones que tenían algunos miembros del partido liberal, en esa región del país. “Sigifredo Zapata siempre estuvo hablando sobre la masacre, muchos escucharon que decía: “a esos hp de la Unión Patriótica, los vamos a sacar de aquí”.

Día a día, también se hacían más frecuentes los abusos por parte de algunos miembros del Ejército, quienes maltrataban y descalificaban a los simpatizantes de creciente fenómeno izquierdista en Segovia.

No obstante, como una medida para disimular el evidente ataque contra la UP, días antes de los hechos, Braulio Herrera, líder de ese movimiento y César Pérez, firmaron un pacto de no agresión.

Pacto que nunca tuvo el consentimiento de Rita Ivonne, quién siempre lo catalogó como un acto de hipocresía para evadir los nexos de Pérez con los paramilitares, que ya lo habían exaltado en la circular divulgada por las calles de Segovia. "Fue algo que César Pérez hizo para disimular. Nosotros no estuvimos de acuerdo con el pacto, porque sabíamos de la hipocresía de él(Pérez)”, dijo Rita ante la Corte.  

Rita aseguró que fue Nelson Campos quien aceptó el acuerdo y sin consultarlo con sus colegas lo firmó. “Él conocía al democrático César Pérez, pero desconocía al atarbán y ladrón que en realidad es Cesar Pérez”.

El día de la masacre

Pero este pacto no pudo contener lo que le esperaba a Segovia. El 11 de noviembre de 1988, entraron al pueblo entre 20 y 30 paramilitares en camperos, que pasaron sin problema por tres retenes militares, que estaban instalados en la única vía que existía en la época. “Habían instalados retenes a 5 o 6 kilómetros del caso urbano de Segovia, otro en la entrada a la multinacional Frontino Gold Mines, y otro frente al batallón Bomboná”, recordó Rita.

A pesar de los desesperados intentos por contactar al comandante del batallón Bomboná ubicado a pocos metros del caso urbano, y de incluso buscar hablar con el gobernador de Antioquia para la época, Antonio Roldán Betancur, Rita no logró su cometido, pues los dos nunca le pasaron al teléfono.

Esa noche, en medio de la lluvia, los hombres dispararon indiscriminadamente contra los habitantes de pueblo y al ver que no había en el lugar presencia alguna de fuerza pública, Rita Ivonne supo que estaban solos.

“En la masacre nadie nos apoyó, se nos negaron nuestros derechos de preservar la vida. Yo llamé al número de teléfono de la base en Segovia y me decían: “no le vamos a pasar al comandante porque usted no tiene que molestar al comandante”, relató la mujer.

Hora y media después de que entraran los hombres armados, Segovia estaba convertida en un mar de sangre y su hospital declarado en emergencia.

Más de 40 personas habían muerto y medio centenar más se encontraban heridas. Los que habían salido ilesos no se reponían del shock. Las madres buscaban a sus hijos. Las esposas, a sus esposos... En esa población de cerca de 20 mil habitantes, ninguno se libró de ser tocado por la tragedia.

Lo que vino después de la masacre
La masacre fue un claro ejemplo de cómo se violaron los derechos del pueblo de Segovia, asegura la líder, agregando que ha recorrido un largo camino buscando sanar las heridas físicas, sicológicas y personales que le causó esta tragedia.

Hoy 24 años después, Rita golpea la mesa y llora desconsolada, pidiendo que se castiguen a los culpables de ese crimen.

“Para mí es muy difícil hablar de las consecuencias físicas, sicológicas y personales… nosotros nos encontrábamos solos, sin el apoyo de nadie. Todas las personas que se acercaron a ayudarme fueron asesinadas. Después de la masacre yo seguía creyendo en la justicia en Colombia, pero yo me equivoque”.

Tras la masacre Rita sufrió una trombosis, después le surgieron problemas cardíacos y una parálisis. Su vida la lleva en un país lejano, que le impide a sus hijos conocer su pasado y a sus abuelos, y disfrutar de la compañía de sus amigos.

“A nosotros nos destruyeron todo, nuestras vidas, nuestros trabajos, las familias, nuestros proyectos de vida. En Colombia no se habla del dolor de las víctimas, los traumas y el daño consecuencia de ese exterminio sistemático, del genocidio”

Aunque Rita Ivonne trató de resistir la campaña contra los dirigentes de la unión patriótica finalmente tuvo que salir del país. “Yo no quería que la gente me viera así, porque yo quería que mi proyecto político siguiera. Pero al final me toco huir”.

La masacre: una venganza política

Según la investigación de la Corte Suprema de Justicia uno de los móviles de la arremetida paramilitar, fue la pérdida del control político del pueblo de los partidos tradicionales  a manos de líderes de la UP.

Para esa época Rita recordó que Pérez, un líder liberal innato en la región, intentó recuperar por las buenas o las malas lo que consideraba era su fortín electoral, por lo que asegura que pidió el apoyo de paramilitares para tratar de castigar a la población por haber elegido a alguien de la UP.

“Él junto con Sigilfredo Zapata (Dirigente del partido liberal  Antioquia) decían que iban a recuperar el Nordeste Antioqueño fuera como fuera... se sabía que ellos estaban organizando un grupo con los primeros paramilitares para exterminar  a la Unión Patriótica”, aseguró Tobón.

La ex alcaldesa sindicó al ex congresista como el ideólogo del grupo paramilitar Muerte a Revolucionarios del Nordeste (MRN), encargado de perpetrar la masacre.

Según su relato, el representante del Partido Liberal en Antioquia buscó al jefe paramilitar Fidel Castaño para realizar la masacre, y fue éste quién contacto a Henry de Jesús Pérez, jefe paramilitar del Magdalena Medio, quien a su vez delegó a Alonso de Jesús Baquero, alias ‘Vladimir’ para ejecutar el crimen.

Rita Ivonne aseguró que el interés de César Pérez en Segovia era más económico que político. “Lo más difícil para Pérez era perder las regalías, era muy duro perder su poder…No fue la hegemonía política, la que primaba en Segovia, era la hegemonía económica”.

El relato de la alcaldesa, durante la audiencia en contra del ex congresista César Pérez, estuvo acompañado por un grupo de 200 personas, entre los que se encontraban sobrevivientes y víctimas de la masacre y quienes se aglomeraron en Bogotá a la salida de los Altos Tribunales exigiendo Justicia.

Los manifestantes corearon el himno de la UP y exclamaron “Somos sobrevivientes de la masacre de Segovia, no queremos venganza, queremos justicia, verdad y reparación”.

La Procuraduría y la parte civil pidieron condenar a Pérez
Durante la etapa de alegatos finales, el delegado de la Procuraduría y la representante de las víctimas pidieron a los magistrados de la sala penal de la Corte Suprema de Justicia condenar al ex representante a la Cámara como determinador de la masacre de Segovia.

Según Jairo Salgado Quintero hay suficiente evidencia de que Pérez buscó a los paramilitares para que cometieran el múltiple homicidio.

“Todas las constancia procesales relevantes que se han allegado legalmente y oportunamente demuestran en el mayor grado de convicción que el señor César Pérez García fue determinador junto con el grupo paramilitar, fueron los responsables de la masacre de Segovia, por esa razón solicito se profiera sentencia condenatoria”.