Indígenas del resguardo La Albania confían en el poder de los Jai

Esta comunidad Embera Chamí reclama la restitución de 128 hectáreas en el departamento de Caldas. Es el segundo pueblo étnico del Eje Cafetero que logra que un Juez Especializado de Restitución acepte su demanda.

la albania 1Las mujeres del Resguardo La Albania, en Caldas, han sido clave en los proceso de documentación de las afectaciones que dejó la guerra en su territorio colectivo. Foto suministrada Unidad de Restitución Territorial Valle del Cauca-Eje Cafetero.Los indígenas Embera Chamí del resguardo La Albania, de Risaralda, Caldas, han sobrevivido a la “colonización” y al conflicto armado provocado por guerrillas, paramilitares y bandas criminales. Aunque saben que en el mundo terrenal es un juez especializado en restitución quien pueda blindar jurídicamente su territorio, ellos confían en que los Jai, sus seres espirituales, intervendrán para que esa decisión sea pronto e integral.

Los nativos lograron que un juez aceptara, a comienzos de noviembre, su demanda de restitución. Esta es la segunda de una comunidad étnica del Eje Cafetero, cuyo caso ya está en etapa judicial, pues el primer caso fue el de los indígenas del Resguardo de San Lorenzo, en el municipio caldense de Riosucio, también de la etnia Embera Chamí.

Los indígenas de La Albania esperan un fallo a su favor que los protejan principalmente del acecho de las bandas criminales, que los han confinado, amenazado y afectando con la distribución de droga dentro del territorio ancestral. Tal fue la situación que en julio de 2016 la Defensoría del Pueblo emitió un informe de riesgo y pronto, en diciembre de ese mismo año, el Juzgado Especializado en Restitución de Pereira les otorgó medidas de protección. (Lea la medida cautelar)

El Juez fue claro en señalar que la banda criminal ‘Cordillera’, integrada por exparamilitares del otrora Bloque Central Bolívar de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), afecta la autonomía y gobierno propio de los indígenas. “Las acciones de los grupos delincuenciales consisten en forzar a los pobladores a expender drogas, distribuir dosis a menores de edad para estimular el consumo e intimidar y amenazar a las personas integrantes del resguardo, especialmente líderes y guardianes indígenas, quienes se encuentran en un grave estado de indefensión y temor de que las amenazas se materialicen en hechos fatales”, se lee en el documento que otorga las medidas de protección.

Dado el riesgo, el Juez dictó entonces 17 órdenes mientras la comunidad logra la restitución. La medida conminó a la Unidad Nacional de Protección (UNP), los comandantes de la Policía y el Ejército con jurisdicción en Caldas, al Ministerio del Interior y a la Fiscalía, a realizar las acciones pertinentes para brindarles garantías de protección a los Embera Chamí, entre ellas, fortalecer la guardia indígena.

La medida también exhortó a la Agencia Nacional de Tierras (ANT) para que adelantara el procedimiento administrativo de protección de territorios ancestrales, a favor de La Albania para blindarlas de una eventual comercialización, así como al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) para la implementación de un plan que contrarreste los riesgos de exposición de los jóvenes a drogas ilícitas.

Con esta orden, el Juez puso de presente el riesgo que implica para el Resguardo el microtráfico de estupefacientes, que “se encmarca en la disputa por el control de la actividad ilícita en la región del bajo occidente de Caldas que comprende municipios de Anserma, Viterbo, Belalcázar y Risaralda, por parte de grupos delincuenciales reconfigurados a partir del proceso de desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia”.

Buscando el equilibrio

la albania 2La comunidad Embera Chamí ha sido afectada por la presencia de bandas criminales, principalmente de Cordillera, que ha querido usar el territorio ancestral para el microtráfico de estupefacientes. El Resguardo cuenta con medidas cautelares. Foto suministrada Unidad de Restitución Territorial Valle del Cauca-Eje Cafetero.El resguardo La Albania fue reconocido en 1998 por el antiguo Instituto Colombiano para la Reforma Agraria (Incora). Inicialmente contó 38 hectáreas, pero en la actualidad su título colectivo suma 128, después de solicitar y lograr dos procesos más de ampliación, dado el crecimiento poblacional de las últimas dos décadas. La comunidad, integrada por 286 personas, está distribuida en los municipios de San José, Viterbo y Risaralda, en la zona del bajo occidente de Caldas.

Según lo ha documentado el Plan Salvaguarda Embera Chamí de Caldas y el Ministerio de Cultura, esa etnia estaba dispersa por los departamentos de Antioquia, Caldas, Quindío y Risaralda, pero la ‘colonización’ los expulsó hacia la cordillera, convirtiéndose en los principales protectores de los nacimientos de agua. Su nombre en Embera, precisamente, significa “Gente de Cordillera”.

La comunidad relata que los habitantes del resguardo son descendientes de Jesús María Arcila y Cristina Ramírez, dos indígenas que llegaron en 1910 a la vereda Asia, en inmediaciones al municipio de Viterbo. Allí construyeron un tambo y cultivaron maíz, plátano, yuca, caña de azúcar y algunos cítricos, criando gallinas y marranos para la supervivencia de sus hijos. Más tarde se asentaron en La Albania, la finca que dio origen al nombre del resguardo.

El Observatorio de Derechos Humanos de la Vicepresidencia de la República, así como varios informes de riesgo de la Defensoría del Pueblo, documentaron que la región del bajo occidente de Caldas, integrada por los municipios de Anserma, Vitero, Belalcázar y Risaralda, fueron epicentro de disputa de todos los actores armados ilegales, en su afán por controlar las rutas del narcotráfico.

El resguardo La Albania quedó en el centro de una puja librada desde principios de los años noventa por el entonces Frente 47 de las Farc; a principios del nuevo siglo por los frentes Héroes y Mártires de Guática y Cacique Pipintá de las Auc; y después de la desmovilización paramilitar en agosto de 2006, por el Cartel Nortel del Valle, ‘Los Rastrojos’, las Autodefensas Gaitanistas de Colombia y la banda criminal ‘Cordillera’.

Justo cuando arreciaba el conflicto finalizando los noventa, los indígenas comenzaron el trámite ante el antiguo Incora para que les fuera reconocido el resguardo y el territorio colectivo. Y aunque lograron el aval del Estado en 1998, así como una primera ampliación en 2003, en 2015 tuvieron el primer ‘tropiezo’ administrativo. En mayo de ese año, el entonces Incoder les informó que suspendía el segundo proceso de ampliación por el desarrollo de “un proyecto de interés público”: la Autopista Conexión Pacífico 3, que hace parte del proyecto nacional de Autopistas de la Prosperidad, que busca conectar el centro del país con el Urabá antioqueño, así como como a Antioquia con el Puerto de Buenaventura, tal como lo explica la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI).

Para los Embera Chamí era incomprensible que el liquidado Incoder les negara tal derecho, cuando para el desarrollo de proyectos de infraestructura en su territorio debía aplicarse la consulta previa, un derecho que tienen los pueblos étnicos según el Convenio 169 de la OIT y la Ley 70 de 1993.

Para subsanar ese tropiezo, en mayo de 2015 comenzaron una ronda de conversaciones a la que asistían voceros de la ANI, las alcaldías de los municipios de Santo José y Risaralda, la Dirección de Consulta Previa del Ministerio del Interior y los líderes del Resguardo de La Albania para llegar a varios acuerdos. Estos terminaron por concretarse un año después, cuando a cambio de permitir el paso del proyecto por una porción del territorio, el gobierno nacional se comprometía a compensar a la comunidad con tierras.

El acuerdo se concretó el 29 de septiembre de 2016, cuando la Agencia Nacional de Tierras (ANT) profirió la Resolución 06, confirmando la segunda ampliación y la inclusión de un globo de nueve hectáreas, producto de tal compensación (Lea la Resolución de la ANT). La decisión ya había sido anunciada por la ANI en su informe de gestión de 2015, en el que señala que “en la UF2-Variante de Tesalia, en la salida del Túnel, existe la Comunidad Indígena La Albania”, pero que no necesitaron hacer consulta previa dada una gestión interinstitucional que acordó una permuta de terreno con una compensación de tierras. (Lea Informe de Gestión 2015 de la ANI, página 75)

Aunque los Emberá Chamí lograron que el gobierno nacional les cumpliera, su vulnerabilidad radica en la persistencia del conflicto armado, que ha provocado confinamientos, amenazas y distribución de estupefacientes en su territorio ancestral. Por su resistencia e intentos de diálogo con los actores del conflicto, exigiendo el respeto de su resguardo, los líderes indígenas son víctimas de constantes amenazas. Por ello, la medida cautelar, dictada en diciembre de 2016, ordenó la protección “del Gobernador Indígena y demás miembros y líderes del comité de gobierno del resguardo La Albania”.

El mundo que habitan los Embera funciona en tres órdenes: el monte, la tierra y el agua, que a su vez se relacionan con sus tres mundos: el de arriba (Bajía), donde viven Karagabí y Ba (la luna y el padre de Jinopotabar, y el trueno, de forma respectiva); la tierra (Egoró), donde viven los Embera; y el de abajo (Aremuko o Chiapera), al que se llega por el agua y donde viven Dojura, Tutruica, Jinopotabar y se originan los Jaibaná, los sabios tradicionales. Estos últimos se comunican con los Jai, sus seres espirituales del mundo de lo sobrenatural, “cuyos poderes van muy por encima de los hombres”.

En el Resguardo Embera Chamí La Albania sus pobladores confían en que los Jai intervendrán para que la restitución de sus derechos territoriales curse con diligencia en el Juzgado Primero de Restitución de Tierras de Pereira, y que las presiones, amenazas y confinamientos, producidos por la guerra, sean asuntos del pasado.