“Tanto foro y nada que nos restituyen”

En voz propia, Sifredi Culmand, líder de 19 familias de la parcelación Santafé, en pleno corazón minero del Cesar, cuenta cómo, por la violencia paramilitar perdieron sus fincas, hoy sembradas de palma o llenas de escombros de una mina de carbón de Glencore, y cómo lucha por la restitución.

300-santafeEl líder de restitución de tierras mostró dónde quedó un día la casa de su parcela, hoy ocupada por cultivos de palma.

“Ser líder de restitución de tierras es entregar la tranquilidad. Hace años no sé lo que es estar en paz. Nací en Becerril, Cesar, y desde los 20 años llegué a la parcelación Santafé a buscar un hogar. Hoy tengo 43, he sido desplazado por la violencia tres veces, represento a 20 familias que al igual que la mía perdieron su tierra, sus sueños y esperanzas.

“Vivo con miedo. Desde que salí de Santafé he recibido muchas amenazas. La primera fue una mañana del mes de marzo de 1997 cuando apenas estábamos comenzando la vida campesina en esa parcelación que nos tituló el Incora. Esa vez llegó un grupo de las Accu de ‘Juancho’ Prada, que eran de los mismos paramilitares de Carlos Castaño, nos reunieron a todos los parceleros y nos dieron la orden de que saliéramos de la tierra y nos advirtieron que regresarían en la tarde y si encontraban a alguien, lo mataban. En esa zona de Becerril siempre hubo presencia guerrillera y a pesar de las presiones de esos grupos, yo nunca contemplé salir. Una vez les dije a unos amigos de Santafé que era muy duro salir al pueblo a pagar arriendo sin saber que era lo que iba a terminar haciendo por 16 años.

En 1997, en medio del afán y del temor a que regresaran los hombres de las Accu, pude sacar algunos animales en un camioncito que era de un amigo mío, no me llevé todas las cosas. Todo lo que dejé se lo robaron después. Me fui a San Sebastián de Mariquita, en Tolima, un pueblito a donde estaban mis padres. Ellos ya se habían ido desplazados de Becerril porque una noche, el 25 de septiembre de 1996 los paramilitares se metieron al pueblo y sacaron a la mamá de alias ‘Darwin’, comandante del frente ‘José Manuel Martínez’ del Eln, y como a seis personas más, entre comerciantes y ganaderos, y los mataron. A la casa de mis padres llegaron tocando, pero no les hicieron nada, pero ellos decidieron irse del pueblo porque a mí me señalaron de ser colaborador de la guerrilla, pues ya yo comenzaba a defender los derechos de los parceleros.

Al irme a San Sebastián pensé en iniciar una nueva vida. Pero me enfermé de los nervios y duré así como un año. En ese pueblo estaba la Policía Antinarcóticos y el Ejército Nacional y pensé que me iba a sentir seguro, pero no fue así. Fui a sufrir, lo poquito que llevé se acabó. No pudimos ser calificados como desplazados y la gente no nos quería alquilar una casa por esa condición. En la casa en la que vivíamos con mis padres, pusimos una tienda y nos iba bien, pero antes del año los dueños se enteraron que éramos desplazados y nos pidieron la casa. Nos mudamos a otra y resulta que el hijo de la dueña era de los paramilitares, estaba como patrullero y más adelante se convirtió en comandante de un frente. Para esa época ya me había fortalecido con un negocio, hacía queso doble crema, teníamos la tienda y compré una camioneta para llevar los pedidos.

Pero ahí comencé otro calvario, el hijo de la dueña de la casa que le decían Steven, que ya se había ido al monte con los paramilitares, llegó un día y me dijo que lo tenía que trasladar a un lugar. Viví momentos difíciles con esa gente, me obligaron a llevarles mercados a donde ellos me indicaban, me quitaron la cédula para sacar un plan de minutos a celular y nunca pagaron. A Steven lo pusieron preso y aún así me amenazaba desde la cárcel, me perseguía. Yo vivía muerto del miedo porque me tocaba ir por las carreteras a veces con ellos en mi carro. En el año 2006 le pedí al presidente Uribe que nos devolviera la tierra en Santafe, pero nunca hubo respuestas a mis solicitudes. Mi negocio comenzó a decaer y decidimos irnos para San Martín, en el sur del Cesar.

Fue en el 2008 cuando llegamos a San Martín, ahí vivía mi hermana que también se había ido desplazada del corregimiento de Las Palmitas, en La Jagua de Ibirico. Ella y el esposo tenían una finca con 10 hectáreas sembradas de naranja y ahí siempre llegaban los hombres del frente 41 de las Farc y mi cuñado les dijo que no llegaran más, pero ellos lo amenazaron y él prefirió meter un buldócer y arrasó todo el cultivo. Los guerrilleros le dijeron que se fueran de la finca y si no obedecían mataban a toda la familia. Me apoyé un poco en mi hermana para volver a comenzar nuevamente y desde entonces me dediqué a defender a los despojados.

Desde Justicia y Paz me propusieron reubicarme fuera del departamento del Cesar, pero no acepté. Aunque vivo en medio de la angustia, no me atemorizo de nada, si toca aventarme lo hago. Ya en San Martín he recibido amenazas por medio de llamadas al celular, personalmente, con panfletos, hombres en moto han merodeado mi casa y a pesar del apoyo de la Defensoría del Pueblo que siempre es la que nos acompaña a los líderes de tierra para que el Gobierno Nacional nos garantice la vida. Me asignaron escolta, pero ha sido peor el remedio que la enfermedad, me siento preso en mi propia casa porque no puedo salir como a mí me gustaría y si lo hago debo cumplir todos los protocolos de seguridad y eso a uno le quita libertad.

Actualmente soy el representante legal de la Fundación Integral de Víctimas y hago parte de la Mesa Departamental de Víctimas desde donde sigo con mi trabajo como líder de víctimas, pues no sólo defiendo los derechos de los campesinos de Santafe, sino de otras familias en Curumaní y del corregimiento La Mata, en La Gloria. No me arrepiento de haber escogido este camino, ya aprendí a vivir con el miedo, la angustia y la desazón, ahora lo que me asiste es la preocupación.

Estoy preocupado porque no estoy trabajando, mis negocios decayeron, no puedo trabajar con el Estado por el hecho de ser miembro de la Mesa de Víctimas del Cesar, mi situación económica es muy difícil, me la paso junto con mis compañeros líderes de foro en foro, esa es una responsabilidad que adquirimos y debemos cumplirla, pero a veces pienso para qué tantos foros, talleres, encuentros, si la solución no se ve.

Estoy muy preocupado porque yo creí desde un comienzo en este proceso de restitución de tierras, pero veo que pasa el tiempo y no vamos a alcanzar a ver la restitución. Muchos de mis compañeros parceleros de Santafe eran mayores que yo y ya han muerto, no disfrutaron el retorno a sus tierras. ¿Será que a mí me va a pasar igual? No sé. Y eso me entristece.

En el Cesar hay más de tres mil reclamaciones y apenas han entregado cinco parcelas: tres en El Toco, dos en Llerasca y una compensación que acaban de hacer de un campesino que no quiso quedarse en El Toco y le dieron tierra en Aguachica. El predio Santafe fue microfocalizado en julio pasado y fue escogido como caso emblemático en el Cesar. Hace unos días fui a las oficinas de la Unidad de Restitución de Tierras a preguntar cómo iba el proceso y me dijeron que Santafe no estaba priorizado, ese día sentí que me cayó un balde de agua fría y senté mi voz de protesta. A raíz de eso me dijeron que ya iban a notificar a las personas que hoy viven en la parcelas o a las empresas que las tienen ocupadas, pero no han podido hacerlo porque ahora hay presencia de la guerrilla del Eln.

Este caso es tan simbólico que desde Holanda vinieron unos periodistas a hacer una noticia con este caso. Con ellos me fui para Santafe y antes de ir le pedimos acompañamiento a la Policía. Entramos a la zona y ellos vieron cómo estaba esa parcelación. Recuerdo que esa visita la hicimos un martes de septiembre y al domingo siguiente entró la guerrilla. Y era precisamente la semana en la que la Unidad iba a hacer las notificaciones. No se pudieron hacer por ese hecho pues la Policía pidió que no entraran a la zona. Parece ser que el Eln duró cuatro días en el corregimiento de Estados Unidos, muy cerca a Santafé. Los funcionarios de la Unidad me comentaron que en esas condiciones no podía entrar, por seguridad y lo más probable era que esas notificaciones las hicieran el otro año.

Esto es un juego de nunca acabar. Desde el año pasado nos vienen diciendo que ya estamos microfocalizados, que ya van a notificar y nada. Yo estoy enfermo, sufro de diabetes, pero aún así, sigo en la lucha. Lo único que espero es que si verdaderamente va a haber restitución de tierras, así sea poquito, que se de pronto. Muchos de mis compañeros han muerto esperando esa restitución, por eso queremos que sea una realidad, y hablo en nombre de todos los líderes del Cesar, porque ya estamos cansados con tantos foros en los que han invertido miles de millones, con tantas promesas que no se cumplen. Ojalá pueda volver a mi tierra, a verla producir como en sus mejores épocas, eso me devolvería la paz, la esperanza y la tranquilidad, no solo mía sino de mi familia que me ha visto sufrir”.