El narcotráfico

Las décadas de los sesenta y setena fueron claves en el desarrollo del narcotráfico. La "Bonanza Marimbera" se extendió a lo largo de la costa colombiana abriendo rutas de trafico y compradores en el extranjero; simultáneamente los primeros roces entre los los grandes capos de la droga y las guerrillas comenzaron a presentarse.
Por Ángela María Puentes
Investigadora FIP

Antecedentes 1976-1985 Bonanza Marimbera

 
Cultivo de coca en la Sierra Nevada de Santa Marta. Foto Semana

El 16 de mayo de 1961 el Presidente John f. Kennedy anunció que el segundo proyecto de los Cuerpos de Paz (una iniciativa del gobierno de los Estados Unidos para contener el comunismo en países subdesarrollados) se llevaría acabo en Colombia. 64 voluntarios estarían a cargo de asistir a comunidades rurales en proyectos de desarrollo agrícola, construcción, educación y salud. "Today, I am pleased to announce the second project of the Peace Corps: this time in Colombia. (…) I am particularly pleased to announce that the second project of the Corps will be in Latin America, because of the many ties of mutual respect and mutual ideals which bind us together as brother republics in this traditionally free and democratic hemisphere.”

Paradójicamente, parte de la intensión de desarrollo rural de los Cuerpos de Paz en Colombia terminó en la bonanza marimbera, una economía agraria de ciclo corto que le abrió las puertas al mercado de la cocaína y la heroína en Colombia. Los voluntarios norteamericanos descubrieron las cualidades de la marihuana de la Sierra Nevada de Santa Marta y se convirtieron en traficantes menores de un negocio que posteriormente sería manejado por la mafia norteamericana con la colaboración de traficantes costeños colombianos.

En Magdalena, Cesar y Guajira la mafia gringa modernizó los cultivos y el negocio de la marihuana. Empezó repartiendo dólares entre las altas esferas de las autoridades colombianas. Posteriormente, introdujo personal norteamericano completamente equipado que interactuaban con los marimberos colombianos que se encargaban de cultivar, cuidar y vender la marihuana a los gringos, quienes posteriormente la sacaban del país en aviones y barcos hacia Estados Unidos.

La bonanza también tuvo gran acogida entre los agricultores de la costa norte colombiana, pues coincidió con una fuerte crisis de los cultivos de algodón, asociada con el auge del contrabando de telas de fibras sintéticas. Para 1974, según el informe de Jose Ignacio Lara, jefe del DAS en La Guajira, el 80% de los agricultores cultivaba marihuana y los salarios de los trabajadores del campo se multiplicaban por seis. Los cultivos se extendieron a municipios de los departamentos de Magdalena y Cesar.

Por su parte, los Gobiernos de LLeras Restrepo, Lopez y Turbay ayudaron a nacionalizar los capitales de este negocio por medio de la “ventanilla siniestra” del Banco de la República. Un mecanismo que permitía al Banco cambiar dólares por pesos sin tener en cuenta el origen de este dinero. Con esta práctica el Estado institucionalizó el lavado de dólares producto de las exportaciones de marihuana, pero también del contrabando e incluso de la cocaína. ¿Cuando se cerró la Ventanilla siniestra? Así mismo, una parte de la elite colombiana (instituciones financieras, terratenientes, y constructores) vio con buenos ojos este emergente negocio y ayudó a lavar sus fortunas por medio de la inversión en negocios lícitos.

La Bonanza Marimbera fue corta 1975-1985, especialmente si se compara con el negocio de la cocaína en Colombia. Esto se puede entender por varias razones, entre ellas: los colombianos no tuvieron el control de rutas, ni de comercio al por mayor o de las redes de distribución en los Estados Unidos. El volumen del producto era muy grande y su transporte era costoso comparado con las ganancias. Los norteamericanos empezaron a cultivar marihuana de una calidad más fuerte en cultivos hidropónicos. El ciclo de consumo cambia y los consumidores prefieren drogas más fuertes como la coca. Por último el gobierno de Estados Unidos intensifica su guerra contra las drogas y esto afecta fuertemente los grandes cargamentos de marihuana que por su tamaño y olor son fáciles de detectar. Por la brevedad del boom de la marihuana no se formó una mafia colombiana a su alrededor, sin embargo, el negocio dio pie a la consolidación de las grandes mafias de la coacaína en Colombia.

Décadas de los setentas y los ochentas
Exportación de base de coca y control del mercado en USA

La participación de los traficantes colombianos en la Bonaza Marimbera fue local y estuvo enfocada en la producción, mientras que la mafia norteamericana se encargaba del tráfico: control de rutas, comercio al por mayor y redes de distribución en los Estados Unidos. En los setentas, por el contrario, los carteles colombianos de la cocaína aprovecharon la gran migración de colombianos hacia Estados Unidos de la década de los sesenta, para monopolizar poco a poco todos los eslabones de la cadena, especialmente el transporte y la comercialización externa.

La producción interna de cocaína en los años setenta se fundamentó en la “importación” de base de coca de Perú y Bolivia, ésta era procesada en laboratorios locales y posteriormente exportada a Estados Unidos. Los carteles de la droga trataron de difundir la semilla de coca en el territorio colombiano a finales de los años setenta, probablemente con el ánimo de centralizar toda la producción en Colombia, pero la aparición masiva de cultivos en el país sólo se dio a finales de los noventa tras la desaparición de los grandes carteles.

En los ochenta los comerciantes ilegales se agruparon en grandes organizaciones criminales como el Cartel de Medellín, Calí, el Central, el de la Costa y los Santanderes, quienes además de la producción de drogas, vieron la necesidad de tener un aparato armado para estatal, para proteger su negocio. Inicialmente, los grupos armados ilegales de izquierda fueron considerados como una opción para servir a los intereses e la mafia porque ya tenían una estructura armada, control sobre territorios de interés de los narcotraficantes, influencia sobre la población y necesitaban recursos para la guerra. Las FARC por ejemplo, llegó a negociar con los narcotraficantes el cuidado de sus actividades a cambio de dinero, como se evidenció en Tranquilandia, uno de los más grandes laboratorios de refinamiento de cocaína del país, al parecer propiedad de los Hermanos Ochoa, Rodríguez Gacha y Escobar, ubicado en los Llanos del Yarí, “en el corazón de un territorio controlado por las FARC”. Ante los hechos, el embajador en Colombia Lewis Tambs acusó a las FARC de ser una narcoguerrilla.

Sin embargo, la relación con la guerrilla fue problemática y duro poco, tanto las FARC como el M-19 atentaron contra la mafia colombiana y esto deterioró sus vínculos. En 1983, las FARC se tomaron un campamento de Rodríguez Gacha con 180 kilos de coca, armas y 500.000 dólares. Dos años antes, en 1981, El M-19 secuestró a Martha Nieves Ochoa, hermana de los hermanos Ochoa, reconocidos narcotraficantes del Cartel de Medellín. Estos y otros hechos provocaron la reacción de la elite narcotraficante, que en conjunto con terratenientes, ganaderos e incluso miembros de la Fuerza Pública, decidieron crear grupos de autodefensa.

Una de las primeras respuestas de los carteles del narcotráfico unidos contra los grupos armados de izquierda, fue la formación del grupo Muerte a Secuestradores (MAS) en 1981, para rescatar a Martha Nieves Ochoa y otros secuestrados. El MAS asumió también tareas de protección para los narcotraficantes y sus propiedades. La nueva clase terrateniente se adueñó de un 11% de las zonas rurales del país y provocó un “fenómeno de concentración de la propiedad en el campo conocido como la contra-reforma agraria”, que intensifico la necesidad de seguridad privada y el enfrentamiento entre los grupos armados de izquierda y los carteles con sus nuevos ejércitos.

 
Carlos Lehder, confundador del Cartel de Medellín y miembro activo de la política nacional para la época. Foto Semana

En la década de los ochenta los narcotraficantes complementaron sus capacidades económicas y militares con acciones políticas abiertas o camufladas que los pusieron en la arena pública nacional. A principios de los ochenta por ejemplo, Carlos Lehder fundó el Movimiento Latino Nacional que ganó algunos puestos públicos en el departamento del Quindío. Así mismo, Ernesto Baez …. (completar) y Pablo Escobar, como suplente de Jairo Ortega llegó al Congreso, aunque por poco tiempo. Por su parte, el Cartel de Calí si bien no buscó protagonismo en la escena pública, desde los ochenta penetró más discretamente las instituciones públicas del Estado corrompiendo a sus funcionarios hasta el punto de financiar una parte de la campaña del ex presidente Ernesto Samper en la década de los noventa.

Por su capacidad económica, sus acciones filantrópicas y militares, la clase emergente narcotraficante contó con el apoyo de ciertos sectores de la población colombiana. Sin embargo, en la década de los ochenta, la presión de la política antidrogas de Estados Unidos, y de sectores políticos internos que se oponían al narcotráfico encabezadas por el Nuevo Liberalismo, fortalecieron la lucha del Estado contra los carteles de la droga. La Decisión Directiva de Seguridad Nacional 221, declarada por el presidente Ronald Reagan (1981-1989) en 1986, facilitó la militarización de la estrategia contra las drogas de este país, pues el narcotráfico fue declarado amenaza letal contra la seguridad del país. A partir de entonces, con variaciones menores, las administraciones de George Bush (1989-1993) y Bill Clinton (1993-2001) mostraron posiciones acordes con la política de Ronald Reagan.

La extradición fue la principal arma del Estado contra los narcotraficantes, quienes intentaron negociar su abolición con el Estado. Llegaron a ofrecerle al presidente Betancur que se retirarían del negocio y pagarían la deuda externa, a cambio de no ser extraditados. Ante la negativa del gobierno el cartel de Medellín en cabeza de Pablo escobar con el apoyo de sus aliados, formó el grupo “Los Extraditables” y emprendió una guerra de acciones terroristas contra el Estado desde 1984 hasta 199315.

 
Sepelio de Rodrigo Lara Bonilla, Ministro de Justicia. Foto Semana

El tratado de extradición fue firmado el 14 de septiembre de 1979, sin embargo, el tratado no se hizo efectivo hasta el 5 de enero de 1985, como respuesta del entonces presidente Belisario Betancur (1982-1986) al atentado que le quitó la vida al ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla, perpetrado por el Cartel de Medellín en abril de 1984. El magnicidio dio pie a 28 extradiciones y 50 órdenes de captura con este fin.

La extradición y la violencia terrorista del narcotráfico contra esta medida fueron el tema central de las administraciones de Virgilio Barco (1986-1990) y César Gaviria (1990-1994). Bajo el gobierno Barco el país sufrió los más duros golpes de los extraditables, entre ellos: los asesinatos del director de El Espectador Guillermo Cano, el procurador general Carlos Mauro Hoyos, el gobernador de Antioquia Antonio Roldán Betancur, el candidato presidencial Luís Carlos Galán y cerca de cien militantes de la Unión Patriótica, incluido el candidato Jaime Pardo Leal.


Fuentes:

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