El narcotrafico

Los cultivos de coca fueron el eje centran de la disputa entre los paramilitares y las guerrillas. En varias regiones del país los combates aumentaron en proporción con el desarrollo del mercado ilegal; la población civil, como siempre, fue la primera en padecer los altos y bajos de la confrontación . 
 
La droga se convirtió en el sustento principal de la lucha entre paramilitares y guerrilla. Foto Semana

El aumento de cultivos fue evidenciado por los campesinos cocaleros que marcharon entre 1994 y 1996 contra las políticas antinarcóticos y de fumigación de cultivos ilícitos en Caquetá, Guaviare y Putumayo. Este movimiento que reunió aproximadamente a 120,000 campesinos, reflejó un notorio interés de las FARC en el negocio del narcotráfico (especialmente en los primeros eslabones de la cadena) y “la fuerte articulación entre los campesinos y la guerrilla”. A su vez, el movimiento cocalero indicó los cambios que se avecinaban en el negocio del narcotráfico y la urgencia de buscar políticas antinarcóticos no solamente punitivas y orientadas hacia los grandes carteles, sino socio-ambientales y dirigidas hacia los eslabones más débiles de la cadena.

En 1994, mientras los campesinos marchaban con el apoyo de las FARC en el sur del país, Carlos Castaño asumió el liderazgo de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, ACCU, y en 1997 consolidó las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, con el fin de organizar a los diferentes grupos paramilitares bajo un mismo proyecto político. La intención de unificación de las autodefensas requirió grandes sumas de dinero, que en parte cubrieron con el negocio de la droga. De esta forma, tanto para las autodefensas como para las FARC el negocio cobró una importancia fundamental, pues los ingresos del narcotráfico se convirtieron en una de sus principales fuentes de financiación.

Las marchas cocaleras y la consolidación de las AUC demostraron que la coca era un recurso fundamental para los actores armados pues cumple “la doble función de proporcionar base social para estos grupos —principalmente a través de la fuerza laboral ligada a los cultivos ilícitos— e ingresos para escalar y expandir su actividad armada”. Por esta razón, a finales de los noventa, los enfrentamientos entre los grupos armados se intensificaron por el control de los territorios con plantaciones de coca.

El Departamento Nacional de Planeación, DNP, señaló que el narcotráfico se expandió en Colombia a partir de 1995 y que se convirtió en un fenómeno mucho más complejo para el país por la creciente relación que estaba presentando con los grupos armados. “Esta relación no sólo había acelerado el crecimiento del área bajo cultivos ilícitos durante dichos años, sino que aumentó la capacidad de confrontación de estas organizaciones sobre la población y el Estado”. Así mismo, mientras los grupos armados, especialmente las FARC, reflejaban un fortalecimiento militar y financiero, durante la administración Samper la Fuerza Pública pasaba por una etapa de debilidad y el Estado por una de las crisis económicas más profundas de los últimos 70 años, generada en parte por la descertificación de Estados Unidos a Colombia en su lucha contra las drogas en 1996 y nuevamente en 1997.

 

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