El desmovilizado que asegura que sólo participó en un asesinato

Jairo Guachetá es un ex integrante de las Autodefensas Campesinas de Ortega que sostiene que cometió un crimen. En Justicia y Paz explicó cómo fue el funcionamiento de su grupo.

El primer postulado de las Autodefensas Campesinas de Ortega, Jairo Guachetá, confesó ante Justicia y Paz cómo nació y cómo se organizó ese grupo armado ilegal de Cauca. Foto: Semana.

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El nombre de Jairo Guachetá es tan poco conocido como el de las Autodefensas Campesinas de Ortega. Sin embargo, es el primer ex combatiente de ese grupo de autodefensas que está respondiendo ante las autoridades de la justicia transicional por los crímenes que cometieron cuando tomaron las armas.

Esta autodefensa, que se conformó en la década del setenta a raíz de los constantes ataques de las guerrillas a las comunidades indígena y afro del corregimiento caucano de Ortega,  en el municipio de Cajibío, se desmovilizó el 8 de diciembre de 2003. Pero sólo hasta hace pocos meses sus e xintegrantes empezaron a ponerse al día con el proceso de Justicia y Paz, al que fueron postulados por el gobierno.

Guachetá, quien está próximo a cumplir 64 años de edad, ha explicado en dos versiones libres ante la Fiscalía 40 de Justicia y Paz, cómo se conformó ese grupo armado ilegal y cómo operó (Ver: El detonante de las Autodefensas de Ortega). Una de las características que diferenciaron a su grupo, del resto de facciones de autodefensas o paramilitares del país, según él, es que no buscaron confrontación con la guerrilla ni conquistaron nuevos territorios.

Bajo esa lógica, el desmovilizado explicó en su más reciente versión libre que sólo participó en un asesinato, pese a haber estado vinculado a las Autodefensas Campesinas de Ortega durante varios años. De acuerdo con su testimonio, los miembros de ese grupo sólo tomaban las armas para defender sus territorios de las incursiones de la guerrilla. “El objetivo era resguardar a las veredas que pertenecían al corregimiento de Ortega. Nosotros no salimos a buscarlos a El Tambo, Morales u otros sitios”, agregó.

El desmovilizado también explicó que los enfrentamientos se daban de manera esporádica. Según él, después de una incursión, pasaban varios años para que la guerrilla volviera a atacarlos, y durante ese tiempo, los combatientes se dedicaban a trabajar en sus fincas. En sus áreas de influencia operaban el Frente 8 de las Farc y varias columnas del Eln.

Pero esa rutina se rompió en 1987, cuando los jefes de las Autodefensas Campesinas de Ortega decidieron acabar con la vida de Marco Yandé. Este campesino fue muerto por orden de Humberto Pechené, quien lo tildó como miliciano e informante de la guerrilla. En versión libre, Guachetá declaró que esta víctima fue señalada como responsable de la aparición de un listado de personas que fueron amenazadas de muerte supuestamente por las Farc.

Yandé fue asesinado en su casa, situada en un resguardo indígena del municipio de Morales. Hasta ese sitio fueron cinco hombres, entre ellos Guachetá, y acabaron con la vida de este indígena con un tiro por la espalda. El desmovilizado aceptó responsabilidad en este asesinato porque prestó guardia para que Desiderio Silva lo matara. La justicia ordinaria lo condenó por este crimen. Los demás victimarios están muertos.

Este asesinato es el único crimen que Jairo Guachetá reconoce en su vida como autodefensa. Sostuvo que no cometió ni participó en otros delitos que hubieran realizado sus compañeros de las Autodefensas Campesinas de Ortega. Este excombatiente se alejó del aparato militar del grupo a raíz de un accidente que le amputó gran parte de su mano derecha, pero siguió vinculado en la parte logística y como vocero. Abandonó definitivamente a esas autodefensas en el año 2000, cuando se desplazó a Popayán por una masacre que perpetró la guerrilla.

En su última versión libre también relató que “el grupo nunca adquirió bienes por medio de la guerra y no hubo enriquecimiento ilícito de nada”. Para él, durante el tiempo que estuvo vinculado a las Autodefensas de Ortega, esa organización no obtuvo ingresos por medio de extorsiones a narcotraficantes o mineros, porque en esa región no se dieron esas actividades económicas. Explicó que se sostenían con los aportes voluntarios de la comunidad y de bazares que hacían para recolectar fondos.

Sobre presuntos nexos con la Fuerza Pública, este desmovilizado contó que una ocasión el grupo de Ortega recibió entrenamiento militar por parte de algunos soldados a principios de los años ochenta. Guachetá, quien no recordó la fecha de esa supuesta instrucción y no participó en ella porque estaba por fuera de la región, dijo que se realizó en una cancha de fútbol de la vereda La Diana. Según lo que le contaron sus excompañeros, “el Ejército estuvo ocho días; dicen que les daban entrenamiento con los mismos fusiles de los soldados”.

Respecto a tratos con la Policía, recordó que en una ocasión los miembros del grupo recuperaron un ganado robado y retuvieron a dos supuestos ladrones, quienes, según él, no fueron torturados y se los entregaron al inspector de policía para que los judicializara.