Los 'paras' de Hasbún y el asesinato del vicerrector de Unimag

El asesinato de Julio Otero Muñoz se lo había atribuido en 2009 el 'Clan de los Rojas'. Pero paramilitares del Urabá dijeron que ellos fueron los que cometieron el crimen el 14 de mayo de 2001.
 
La Universidad del Magdalena fue blanco de las Auc a comienzos de la década del dos mil. Foto Semana.
 

Una contradicción en la autoría del homicidio del Vicerrector de Investigación de la Universidad del Magdalena, Julio Alberto Otero Muñoz, surgió entre paramilitares que operaron en el departamento del Magdalena a comienzos de la década del dos mil.

En reciente versión libre ante fiscales de la Unidad de Justicia y Paz, dos exintegrantes de un grupo de paramilitares del Urabá antioqueño que hicieron presencia en los municipios de Santa Marta y Ciénaga, siguiendo órdenes del empresario bananero Raúl Hasbún Mendoza, alias ‘Pedro Bonito’, exjefe del Frente Arlex Hurtado de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), aseguraron haber planeado y ejecutado el crimen del funcionario de la Universidad del Magdalena y líder sindical.

El primero en referirse al homicidio fue Mauricio Roldán Pérez, alias ‘Julián’, quien confesó que el Vicerrector Otero Muñoz fue asesinado el 14 de mayo de 2001 por orden de Rodrigo Tovar Pupo, alias ‘Jorge 40’, luego de recibir información sobre supuestas relaciones del funcionario con la insurgencia.

“’Jorge 40’ me envió una persona para que me señalara quién era el Vicerrector”, relató alias ‘Julián’. Con base en esa información, procedió a darle instrucciones a sus hombres de confianza para que le hicieran seguimientos a Otero Muñoz y establecieran sus rutinas, tanto en la mañana como en las tarde, entre ellos a Arnover Carvajal Quintana, alias ‘Poca lucha’.

“Cuando ya teníamos la rutina del señor vicerrector aprovechamos que estaba un día por la bahía Camellón con la esposa, entonces ´Pitilla´, ´Tony´ y ´Poca Lucha´ y yo nos fuimos en una moto y un carro. Los muchachos lo matan y huyen con ayuda de Juan Ojera, un taxista que nos hacía carreras”, explicó alias ‘Julián’ y aclaró que un muchacho capturado por la policía ese mismo día, y condenado a 25 años de prisión, era vendedor de flores en el cementerio de Santa Marta. “El muchacho no fue y no tenía nada que ver con la organización”.

Se trata de Reinaldo de Jesús Torres Forero, quien fue capturado horas después del crimen cerca al lugar de los hechos. Su descripción física y la ropa que llevaba puesta correspondían con lo dicho por María de la Cruz Escandón, esposa del funcionario asesinado, y por algunos testigos presenciales. Inicialmente el sindicado, de 25 años de edad, fue dejado en libertad por falta de pruebas, pero seis años después fue reabierto el caso y esta vez un juez lo vinculó al proceso y lo condenó a 25 años de prisión.

En esa misma audiencia, realizada en Medellín y retransmitida a Santa Marta, estuvo presente alias ‘Pocalucha’, quien complementó la versión de su jefe inmediato dentro de las Auc y se ratificó en su versión, la cual había sido expuesta en octubre del año pasado ante fiscales de la Unidad de Justicia y Paz.

Según ‘Poca Lucha’, el nombre del Vicerrector de la Universidad del Magdalena estaba incluido en una lista que le había pasado su comandante, alias ‘Julián’, antes del homicidio: “Me advirtieron que eran trabajos grandes, que tenía que asumir yo, y matar a un poco de gente. En esa lista estaba el señor vicerrector y otro señor de la Universidad del Magdalena, después supe que era Carlos Caicedo, a quien no se pudo matar porque andaba con escoltas. No sé de dónde salió esa lista, sólo sé que me la dieron y la tenía que ejecutar”. De acuerdo con este exparamilitar, al vicerrector Otero Muñoz lo asesinaron con un revolver 38 y se utilizó munición venezolana.

Alias ‘Julián’ explicó que todas las mañanas revisaba la prensa nacional y local para ver las noticias que salían sobre el accionar paramilitar. En relación con el caso del Vicerrector dijo que “nadie se dio cuenta de quién cometió ese homicidio; incluso, la gente de Hernán Giraldo me llamó a preguntarme si yo había hecho esa acción y yo dije que no, porque ‘Jorge 40’ me había dicho que los dejáramos sanos, entre otras razones porque no confiaba en ellos. Eso quedó como en el aire y nunca hubo una investigación, como casi todos los casos”.

Esta nueva versión contradice la expuesta por los exparamilitares José Gregorio y Miguel Adán Rojas Mendoza, integrantes del grupo conocido como ‘el clan de los Rojas’, que operó en buena parte del departamento del Magdalena. En una versión libre realizada ante fiscales de Justicia y Paz en octubre de 2009, aseveraron que la orden de matar al Vicerrector de Investigación la había dado Walter Torres, alias ‘Walter’, uno de los jefes de sicarios al servicio de Hernán Giraldo, comandante del Frente Resistencia Tayrona de las Auc.

Según los hermanos Rojas Mendoza, el nombre del funcionario estaba incluido en una lista junto al de otros más, a quienes se les señalaba de ser presuntos simpatizantes o miembros de la guerrilla. En la lista también se encontraba el rector Carlos Caicedo.

El crimen de Otero Muñoz también fue reivindicado por Hernán Giraldo en noviembre de 2007 ante fiscales de la Unidad de Justicia y Paz. En esa ocasión dijo que el funcionario había sido asesinado “por activista y militante de las Farc”.

No es  la primera vez que este tipo de contradicciones quedan en evidencia en las versiones que los paramilitares entregan a los fiscales de Justicia y Paz. VerdadAbierta documentó una de ellas, en la que dos hombres de estructuras de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu) y las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio (Acmm) se hicieron responsables de la muerte del Personero del municipio de Carmen de Viboral, Antioquia, Helí Gómez Osorio, ocurrida el 26 de noviembre de 1996 en esa localidad del Oriente de Antioquia.

De Urabá a Ciénaga
La confesión de la muerte del Vicerrector de Investigaciones de la Universidad del Magdalena se hizo a propósito de la explicación de cómo un comando de paramilitares del Frente Arlex Hurtado de las Auc, que operaba en el Urabá antioqueño, llegó a Ciénaga, Magdalena, a combatir la guerrilla a comienzos del 2000.

Según alias ‘Pedro Bonito’, a finales de 1999 le pidió permiso a Vicente Castaño para constituir un grupo paramilitar en esas zonas porque tenían mucha influencia guerrillera. Atendiendo ese requerimiento, se desplazó desde Urabá con varios de sus hombres; sin embargo, como aún no se encontraban organizados y no conocían el municipio, tomaron la decisión de regresar en enero del 2000.

El primero en ser llamado para comandar el grupo que se instalaría en Ciénaga y un sector de Santa Marta fue alias ´Julián’, hermano de Jesús Ignacio Roldán, alias ´Mono leche´, quien fue escolta de los hermanos Carlos y Vicente Castaño.

“Yo hice una especie de cursos y estuve en Medellín porque conocía muy bien la ciudad, entonces Carlos y Vicente [Castaño] se dieron cuenta de mis aptitudes”, narró el exparamilitar, quien dijo que esa experiencia le sirvió para ser llamado a Ciénaga y comandar a los integrantes urbanos de un grupo paramilitar que pretendía atacar a la guerrilla, siguiendo órdenes de Hasbún Mendoza.

Para cumplir el objetivo se incursionó en Ciénaga cometiendo gran cantidad de asesinatos selectivos. “Entre más rápido ubicáramos y elimináramos a los colaboradores de la guerrilla y a los que dañaban el orden era más fácil posicionarnos, por eso hubo tantos muertos en el 2000”, aseguró alias ‘Julián’.

Hasbún aseveró que ni él, ni alias ‘Julián’ ni ninguno de sus hombres utilizaron esa región para fines de narcotráfico: “toda esa zona estaba abandonada y era un corredor de la guerrilla desde la zona bananera hasta la Sierra Nevada de Santa Marta. Yo solo utilicé esos corredores con objetivos contrainsurgentes”.

Respecto de la financiación de ese grupo, Roldán dijo que el grupo paramilitar que él lideraba era sostenible porque eran pocos hombres. Según su versión y la de Hasbún, se hizo un censo de la zona hotelera y turística desde Ciénaga hasta Santa Marta, y pidieron aportes según el ingreso; además, aseguraron que ese sector les solicitó ayuda “porque estaban muy golpeados por la extorsión, los secuestros a manos de bandas y guerrilla, y cansados de la omisión de la Fuerza Pública y el abandono del Estado”.

Para lograr la financiación, Hasbún reveló que se hizo una reunión en un hotel de la zona que contó con la participación de por lo menos 80 hoteleros organizada por alias ´Diana´, encargada de las finanzas del grupo de quien no se reveló el nombre, pero que tenía oficina en el Centro comercial Prado Plaza en Santa Marta y estaba autorizada para reunirse con los empresarios.

Roldán afirmó que  los recursos eran destinados al pago de bonificaciones a los paramilitares así como a varios miembros de la Policía que eran colaboradores. “Era imposible pagarles a todos porque son muchos y algunos son muy fieles a su institución, entonces le pagábamos a comandantes para que ordenaran hacer cosas o a hombres que nos servían para algún trabajo”, afirmó el exparamilitar.

Los fiscales y los investigadores de la Unidad de Justicia y Paz tienen el reto de investigar las afirmaciones de los exparamilitares y determinar con claridad los hechos ocurridos entre 1999 y 2001 en Ciénaga y Santa Marta.