Hasbún asegura que general Manosalva colaboró con 'paras'

El oficial Alfonso Manosalva Florez, ya fallecido, fue citado esta vez por Raúl Hasbún. Salvatore Mancuso ya lo había vinculado con la masacre de El Aro, de Ituango, en octubre de 1997. 

En breve: Raúl Emilio Hasbún Mendoza, comandante del frente Arlex Hurtado del bloque Bananero de las Accu, continuó esta semana sus versiones ante Justicia y Paz y en sus confesiones no sólo ha explicado cómo llegaron los paramilitares a Medellín, sino que ha aceptado por línea de mando cerca de 30 homicidios. Su comparecencia ante la Fiscalía 17 continuará hasta este viernes 27 de niviembre.

Paramilitares mencionados
: Carlos Castaño, Vicente Castaño, Carlos Vásquez, alias 'cepillo'.

Sitios mencionados: Belén Altavista, Medellín

Oficiales mencionados: general Alfonso Manosalva Florez
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 La capital antioqueña fue escenario de cruentas incursiones paramilitares. Ya se comienzan a conocer su génesis y quiénes alentaron ese proyecto armado.

En una nueva versión libre el ex jefe paramilitar Raúl Hasbún alias 'Pedro Bonito' dijo que el fallecido general Alfonso Manosalva colaboró para que hombres de las Auc entraran a las comunas de Medellín.  

Según el relato del paramilitar, en la sede de la IV Brigada del Ejército se planeó el ingreso de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu) a un amplio sector de la zona suroccidental de Medellín. Los acuerdos fueron hechos entre el entonces general Manosalva y el paramilitar Raúl Hasbún Mendoza, por orden de Carlos y Vicente Castaño Gil.

Así lo ratificó Hasbún ante la Fiscalía 17 de la Unidad de Justicia y Paz en una nueva audiencia de versión libre en la capital antioqueña, confesión que ya había hecho, aunque con menos detalles, en julio del año pasado.

“En alguna oportunidad el comandante de la IV Brigada tiene contactos con algunos miembros de las autodefensas muy allegados a Castaño y me ordenan que tenga una entrevista con Manosalva”, relató el ex jefe paramilitar, quien comandó por cerca de ocho años el frente Arlex Hurtado del Bloque Bananero de las Accu en el Urabá antioqueño. Hasbún se desmovilizó el 25 de noviembre de 2004 junto al bloque Bananero en el corregimiento El Dos, de Turbo, Antioquia.

En esa presunta reunión, realizada en la oficina del general Manosalva en Medellín, Hasbún escuchó algunos comentarios sobre la situación de zozobra e inseguridad que vivía la zona alta del barrio Belén, sector suroccidental de la ciudad, en donde se habían concentrado varias células guerrilleras.

“Y me pide que conformen un grupo de autodefensas en esa zona. Creo que para la época, si no estoy mal, no existían grupos de autodefensa en Medellín, diferente a la seguridad de los señores Castaño”, dijo Hasbún Mendoza.

Para el año 1996, en aquel sector de la ciudad se venían presentando enfrentamientos entre unidades del Ejército y comandos urbanos de la guerrilla del Eln y las Farc, que empleaban fusiles en sus ataques. Por la parte alta de Belén se puede acceder a otras zonas de la ciudad y a las subregiones del Suroeste y el Occidente del departamento, donde operaban varios frentes subversivos.

“Yo escuché al general Manosalva y cuando le comenté la idea no sé si a Carlos o a Vicente, me preguntaron si tenía posibilidad de conformar un grupo de autodefensas y lo que hice fue ordenar unos estudios de inteligencia en ese sector que determinaran qué tan consolidadas estaban las guerrillas, qué armas tenían, cómo se financiaban y cómo se movían. Luego de tres o cuatro meses de trabajo se vio que era fácil. Inmediatamente, le di la orden a Carlos Vásquez, alias ‘cepillo’, quien se encargó de escoger el grupo y organizar el armamento”, continuó Hasbún.

Se seleccionaron entonces ocho hombres y se dotaron con fusiles, changones, revólveres y pistolas. Ya en la zona, se aliaron de manera estratégica con bandas del sector que contribuyeran a atacar a los milicianos de la guerrilla asentados allí. “No recuerdo haberle metido componente político a ese grupo”, dijo Hasbún.

Esas fuerzas paramilitares llegaron a mediados de 1996 y de acuerdo con lo confesado por este ex comandante del Arlex Hurtado, la financiación corrió por cuenta de las Accu por cerca de tres meses, luego se consolidaron sus ingresos con los aportes de las empresas de transporte del sector y de fabricación de ladrillos asentadas en la zona, y se volvió autosuficiente.

“El apoyo de la IV Brigada consistió en la no persecución del grupo de autodefensa”, precisó Hasbún, quien indicó que sólo se reunió una vez con el general Manosalva y dijo desconocer si luego hubo otros contactos con el Ejército por parte de alguno de sus hombres. “Cepillo se encargó de todo, nunca le puse atención a ese grupo porque no era mi zona, no era mi guerra, lo hice más por cumplir con los comandantes que por algún interés personal”.

De acuerdo con el postulado, ese grupo cometió la primera acción paramilitar significativa en Medellín. Se trata de la masacre ocurrida en la noche del 29 de junio de 1996, cuando cerca de diez hombres, portando armas de uso privativo de las fuerzas militares y distintivos (chalecos y brazaletes) del Cuerpo Técnico de Investigación de la Fiscalía (CTI), llegaron a la terminal de transporte de Belén Altavista y asesinaron a 16 personas y le causaron heridas a otras cuatro tras no obtener respuesta sobre el paradero de presuntos milicianos que residirían en esa zona.

Si bien Hasbún indicó que no tenía conocimiento de los acuerdos posteriores con el Ejército, relatos de la época indicaron que el comando paramilitar llegó a la terminal de buses con un archivo fotográfico al parecer elaborado meses antes por miembros del Ejército y la Policía Nacional durante varias “brigadas cívicas” que supuestamente eran actividades sociales. Además, la comunidad denunció que mientras se perpetró el múltiple crimen, la Fuerza Pública protegió a los paramilitares creando un cordón de seguridad en los sitios de acceso al barrio. De acuerdo con la jurisdicción urbana de la IV Brigada, el sector de Belén estaba bajo la vigilancia de tropas del batallón Pedro Justo Berrío.

Dado que hubo un alto compromiso de la Fuerza Pública en esa incursión y la justicia colombiana no adelantó ningún proceso penal, el caso fue presentado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en el año 2006 y fue admitido el 5 de agosto de 2009. En ese escenario, el Estado expuso que los hechos que rodearon la masacre se dio en el contexto de los enfrentamientos entre bandas delincuenciales que para esa época tenían lugar en la ciudad de Medellín.

“Alega que la muerte de 16 personas en la terminal de buses de Belén Altavista constituyó el punto máximo de una serie de enfrentamientos entre las células de “milicias” que delinquían en el lugar con el fin de atemorizar a la población. Indica que dichas bandas cobraban “vacunas” a los tejares, a los colectivos de transporte público y a los dueños de las areneras”, se lee en el informe de admisión de la CIDH.

Un informe policial citado por la Comisión precisa que “la problemática social del sector de los hechos, que tiene que ver con constantes hechos violentos, radica en que en Belén Altavista operan grupos de milicianos y, en la parte o sector conocido como Belén Buenavista se ha consolidado un grupo de sujetos que se hace llamar “antimilicias”, y viven en constantes desavenencias”. El Estado negó cualquier participación de la Fuerza Pública en esa masacre y alegó que los peticionarios no tienen prueba que sustente sus afirmaciones sobre el tardío arribo de las autoridades a la escena del crimen ni de su presunta inactividad.

El grupo que creó Raúl Hasbún operó hasta mediados del año 2000, cuando empezaron a hacer presencia en aquella zona de la ciudad grupos paramilitares de los bloques Metro de las Accu, liderados por Mauricio García, alías ‘rodrigo doble cero’, y del Cacique Nutibara de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), comandado por Diego Fernando Murillo Bejarano, alias ‘don Berna’.

Los enfrentamientos entre ambos bloques por las diferencias que había entre sus comandantes llevó a Hasbún a consultarle a Vicente Castaño por el futuro de su grupo y éste le dijo que le cediera sus hombres a alias ‘don Berna’, quien a la postre derrotó al bloque Metro.

El general Alfonso Manosalva Florez ya había sido citado por el paramilitar Salvatore Mancuso, quien lo incriminó por los cruentos hechos ocurridos en el corregimiento El Aro, municipio de Ituango, iniciados el 22 de octubre y finalizados cuatro días después, en los que un comando de las Accu entró al caserío, degolló a varios de sus habitantes, quemó buena parte de las rusticas edificaciones y se robó decenas de cabezas de ganado.

Este oficial murió en Medellín el 20 de abril de 1997 en Medellín a consecuencia de un aneurisma cerebral y cuando había asumido como comandante de la IV Brigada del Ejército en diciembre 1995.

Se espera ahora que la Fiscalía investige la veracidad de las sindicaciones de Hasbún y si detrás de la llegada de los paramilitares a Medellín estuvo solamente el general Manosalva Florez o si hubo algunos oficiales, que significó el principio de una escalada violenta en la ciudad por varios años.