Las víctimas de alias ‘Botalón’: cara a cara en Puerto Boyacá

Después de ochos años, regresó a su tierra el último de los jefes paramilitares vivo de esta región del Magdalena Medio, pero esta vez para pedir perdón. En el pueblo le exigieron la verdad. Hasta allá viajó VerdadAbierta.com.

Arnubio Triana Mahecha, alias ‘Botalón’, durante la audiencia de Justicia y Paz con las víctimas en Puerto Boyacá. Foto: VerdadAbierta.com.Nota de la redacción: Este exjefe paramilitar recobró la libertad el 31 de agosto de 2015 luego de haber cumplido con los compromisos del proceso de Justicia y Paz, pero fue recapturado el 30 de marzo de 2017 porque al parecer volvió a delinquir y será procesado por los delitos de homicidio y concierto para delinquir

Algunas cosas han cambiado en Puerto Boyacá, entre ellas la famosa valla instalada en la entrada del pueblo durante los años noventa que proclamaba a este municipio como como “la capital antisubversiva de Colombia”. Hace pocas semanas fue reemplazada por un aviso en el que Arnubio Triana Mahecha, alias ‘Botalón’, y otros dos exjefes paramilitares les piden perdón a todos sus moradores.

No obstante, en el pueblo dicen que esos mensajes no son suficientes y, dejando a un lado los temores, más de 600 víctimas le reclamaron cara a cara a alias ‘Botalón’ y a varios de los hombres que estuvieron bajo su mando la verdad por los cientos de familiares desaparecidos y niños reclutados que murieron en sus filas. Varios aprovecharon el encuentro con los exparamilitares para expresar sus dolores.
 
“Para mí es importante verlo a los ojos de nuevo y poderle decir lo que pienso, en la cara, sin miedo a que me vayan a matar”, dijo a VerdadAbierta.com una víctima que se preparaba para preguntarle a alias ‘Botalón’ por su hijo menor de edad que fue reclutado y asesinado en las filas de las Autodefensas de Puerto Boyacá.

El encuentro entre víctimas y victimarios, ocurrido hace varios días, se dio en la biblioteca del pueblo como parte de la llamada audiencia de identificación de afectaciones, una de las últimas etapas del proceso de Ley de Justicia y Paz, previa a la sentencia. Alias ‘Botalón’ estuvo allí junto con otros diez postulados, entre ellos algunos mandos medios que ordenaron la mayoría de los asesinatos, como Gerardo Zuluaga, alias ‘Ponzoña’; Álvaro Sepúlveda, alias ‘Cesar’; y Juan Evangelista Cadena.

Un mes antes de la audiencia se corrió la voz por todo el pueblo. Rosa Helena Rodríguez, líder de víctimas de Puerto Boyacá, habló con varios de sus vecinos y los convenció de que era hora de hablar. Varias de ellas se acercaron por primera vez al proceso de Justicia y Paz. “A muchos les dio miedo, pero a otros los convencimos y armamos nuestras propias galerías de fotos para recordarles a todos los inocentes que mataron”, explicó Rodríguez.

En la biblioteca, las carteleras escritas a mano por las víctimas en las que recordaban a sus seres queridos, contrastaban con las grandes pancartas de los paramilitares en las que pedían perdón y se comprometían a no volver a delinquir. Los desmovilizados incluso llevaron un arreglo floral para las víctimas y mandaron a hacer sus propias camisetas con el mensaje “Pedimos perdón”.

El encuentro fue todo un acontecimiento comunitario que fue trasmitido en vivo y en directo por el canal municipal. En las tiendas y en la plaza se escuchaba a los puertoboyacenses, algunos en tono incrédulo, hacer referencia de los relatos que hizo ‘Botalón’ de sus crímenes.

La Fiscalía anunció que este exjefe paramilitar y varios de los hombres que estuvieron bajo su mando pueden solicitar su libertad en lo que resta de este año. Aunque muchas víctimas dicen tener miedo de su regreso, ya se han hecho a la idea de que van a volver.

“Ustedes nos causaron un dolor muy fuerte a todos nosotros en Puerto Boyacá, a su gente. Yo los perdono. Y aunque ustedes no le dieron una segunda oportunidad a mi esposo, la vida sí se las está dando a ustedes y yo creo que nunca es tarde para cambiar”, le dijo una mujer a los exparamilitares.

El duelo por los desaparecidos
“Si el río Magdalena hablara cuantas verdades nos contaría”, expresó una mujer mientras escuchaba los relatos de cómo descuartizaron a cientos de pobladores y los arrojaron a ese afluente. Según las bases de datos de la Fiscalía, entre  1994 y 2006 en la zona desaparecieron 427 personas y 161 de estas muertes han sido atribuidas a ‘Botalón’ y sus hombres.

“Vengo hasta acá solo para que me digan si lo tiraron o no al río. Para saber si aún tengo esperanzas de encontrarlo”, reclamó una de las víctimas que llegó hasta la biblioteca. Todos saben que los cuerpos que arrojaron al río no los van a recuperar, y de 42 cuerpos que estaban en 28 fosas solo tres restos han sido identificados y entregados a sus familiares.

Este drama se vivió a lado y lado del río. Las víctimas de Puerto Triunfo, donde delinquieron las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio (Acmm), tienen en mismo reclamo. (Ver: ¿Dónde están los desparecidos del Magdalena Medio?)

Ramón Isaza, alias ‘El Viejo’, exjefe paramilitar de las Acmm, ha explicado en diversas audiencias de Justicia y Paz que fue Henry Pérez, el primero jefe de las Autodefensas de Puerto Boyacá, quien introdujo esa práctica de la desaparición en Puerto Boyacá y en Puerto Triunfo.

“Fue Henry Pérez el que le dijo a los muchachos que no podían dejar a nadie tirado en las carreteras ni en los pueblos, tenían que botarlos al río y así, si no dejábamos a nadie, no íbamos a tener que pagar nada”. Aseguró en una ocasión.  

Varias víctimas, en su mayoría mujeres que en esa época reclamaron el paradero de los restos de sus hijos o esposos, contaron que los paramilitares las amenazaron si seguían preguntando. La mayoría no se rindieron y alquilaron las balsas a los pescadores para salir a media a noche durante varios días en busca de los cuerpos de sus seres queridos.

Los paramilitares relataron durante horas cómo llevaron a las víctimas a las afueras del pueblo a un lugar al que todos conocen como ‘Los transmisores’, sitio al que aún muchas personas del pueblo no se atreven a ir. En la mayoría de los casos, los cuerpos fueros desmembrados para luego tirarlos al rio. En Puerto Boyacá, todos recuerdan a un paramilitar con el alias de ‘El Enfermero’. “Era el que descuartizaba a las víctimas, estaba loco. Todos le teníamos mucho miedo”, dijo una de las asistentes.

Sus verdugos acusaban a las víctimas de ser auxiliadores de la guerrilla, de ser informantes del Ejército, de consumir drogas o de robar. Pero como lo han hecho saber durante los últimos años, sus familiares pidieron la verdad a los exparamilitares. “Ustedes tienen el descaro de decir que ayudaba a la guerrilla, si todos sabemos que mi esposo tenía una carnicería y se cansó de que ustedes lo extorsionaran. Ya es hora de que digan las cosas como son”, le recriminó una mujer a los exparamilitares.

Un hombre al que le mataron su hermano afirmó lo que muchos estaban pensando, pero no se atrevían a decir: “dicen que mataban a ladrones y drogadictos. Si ustedes atracaban en la carretera a buses, flotas y camiones, sacaban la gasolina. Y eso es robar. Con la droga, lo mismo, ustedes la producían, cuidaban los cultivos y se encargaban de distribuirla. No vengan a culpar ahora a nuestros familiares”. Cuando terminó su intervención todos los asistentes lo aplaudieron, incluso, algunos se pararon a felicitarlo.

Desmovilizados, acallados
En el 2005, María* sufrió el reclutamiento forzado de su hijo de 17 años. Un paramilitar con el alias de ‘Don Alonso’ le prometió al joven un sueldo y un arma. Como la mayoría de las madres de Puerto Boyacá, fue a reclamar para que no se lo llevaran. Recordó que esa tarde subieron a su hijo en una camioneta roja y ella se agarró de la parte de atrás.

“No les importó y me arrastraron por la calle, mientras mi hijo lloraba y me rogaba que lo dejara ir”, le contó esta mujer a VerdadAbierta.com. Antes de que se soltara, ‘Don Alonso’ le gritó: “¡Déjelo, que así aprende a ser hombre!”.

Como el hijo de María, muchos menores de edad fueron incorporados a ese grupo paramilitar, algunos de ellos murieron estando en sus filas. Como lo resumió una de las vecinas de la víctima: “Acá muchos nacieron, pero pocos se criaron, porque los usaban de carne de cañón”.

El 28 de enero de 2006, cuando se desmovilizaron colectivamente las Autodefensas de Puerto Boyacá, María se volvió a reencontrar a su hijo. A los menores de edad, como sucedió en otros bloques paramilitares, no les permitieron desmovilizarse y regresaron a su casa. La felicidad de esta madre por tener al joven de regreso a su hogar terminó el 4 de marzo de 2007, cuando lo asesinaron.

“Mi hijo siempre me dijo que si lo mataban iban a ser ustedes mismos. Por eso vengo hoy a preguntarles, ¿qué paso con mi hijo?”, preguntó María. Los paramilitares dijeron conocerlo, pero aseguraron que no tenían información de su muerte.

Pero el caso de esta mujer no es el único. Según dicen otras madres, fueron varios los excombatientes asesinados después de la desmovilización, pero sus familias temen denunciar esos hechos. A Carmen* le mataron a uno de sus dos hijos que salieron de las filas paramilitares siendo menores de edad. Ella recordó que “a los que eran menores, ‘Botalón’ les dijo que tranquilos, que no se desmovilizaran, que él les ayudaba con plata”.

Aquejado por las deudas, el menor fue a buscar a ‘Botalón’ a la cárcel pidiéndole ayuda porque acaba de tener un hijo con su novia. “Cuando salió, otro paramilitar que no se había desmovilizado lo amenazó: ‘él (‘Botalón’) está  encerrado, pero nosotros afuera. Lo mejor es que deje de molestar”.

Pocos días después, el 22 de febrero de 2010, el joven fue asesinado frente a la Asociación de Desempleados de Puerto Boyacá, que antes del desarme fue manejada por los paramilitares y después fue conocida por todos los puertoboyacenses como la ‘Oficina de los desmovilizados’. Luego de que su madre denunció los hechos fue obligada a desplazarse. Sobre este caso ‘Botalón’ dijo no tener conocimiento porque para ese entonces ya estaba en la cárcel.

Aunque son varias las madres que se han atrevido a denunciar, hasta ahora nadie les da respuesta, incluidas las autoridades. Estos asesinatos no pueden hacer parte de la justicia transicional, pues ocurrieron después de la desmovilización, y de comprobarse que los postulados están involucrados perderían los beneficios que otorga la Ley de Justicia y Paz, entre ellos una pena alternativa de ocho años de prisión, que ya están a punto de cumplir.

La verdad que ya no fue
El primer grupo de lo que después serían las Autodefensas de Puerto Boyacá aparecieron en 1979, comandas por Gonzalo y su hijo Henry Pérez. Alias ‘Botalón’ llegó desde Cimitarra y se unió a ellos como patrullero en 1986. Este grupo se desmovilizó en 1991 y se rearmó posteriormente. En el proceso de Justicia y Paz, Triana Mahecha solo ha aceptado los hechos que ocurrieron entre 1994 y 2006, periodo en el cual estuvo al frente del grupo.

Las víctimas aún reclaman la verdad de hechos ocurridos a comienzos de los años ochenta, pero son muy pocos los que aún pueden hablar de esos crímenes. (Ver: “El Puerto Boyacá la verdad está enterrada: ‘Botalón’”).

De aquella época aún vive Alonso de Jesús Baquero, alias 'El Negro Vladimir’, quien fue uno de los instructores de las escuelas de entrenamiento y lideró varias masacres, destacándose la de La Rochela y la de Segovia, pero no está postulado a la ley de Justicia y Paz. Otros desmovilizados como alias ‘Patojo’ y alias ‘Reinaldo’, a los que las víctimas se refieren constantemente tampoco están en el proceso.

Antes de llegar al grupo paramilitar de Ramón Isaza, John Fredy Gallo Bedoya, alias ‘El Pájaro’, también tuvo un breve paso por Puerto Boyacá bajo el mando de Celestino Mantilla, paramilitar que ordenó varios de los asesinatos a mediados de los años ochenta. El exparamilitar ha rendido versiones, pero son muchas las preguntas de las víctimas que aún se quedan sin respuesta.

Las puertoboyacenses también denunciaron que muchos de los victimarios no se desmovilizaron y los siguieron viendo en las calles sin poderles reclamar la verdad. En esto concuerdan, paradójicamente, algunos excombatientes. “Un día nos dijeron que teníamos que dejar las armas, muchos salieron a esconderse y hoy están como si nada. Unos que no sabían lo que hacían firmaron unos papeles y están hoy en Justicia y Paz, y otros quedamos en los programas de desmovilizados”, le confirmó un reinsertado a VerdadAbierta.com.

* Nombres cambiados u omitidos a petición de las víctimas.