Después de las masacres, la reconstrucción

En el Tribunal Superior de Bogotá, las víctimas de las masacres de Matal de Flor Amarillo y Corocito exigieron a los ex paramilitares reconstruir sus veredas como una forma de reparación.
 
El Mellizo Mejía compró el Bloque Vencedores de Arauca a Vicente Castaño. Foto Semana.

Las víctimas de José Rubén Peña Tobón alias ‘Lucho’ o ‘El Sargento’ otrora jefe paramilitar del Bloque Vencedores de Arauca, y de Willmer Moreno Castro alias  ‘Boqui’ y José Manuel Hernández alias ‘Platino’ pidieron como parte de la reparación la reconstrucción cultural, económica y material de su territorio.

Para estas víctimas, los paramilitares que asesinaron a sus familiares, amigos, vecinos, patrones y empleados, acabaron con la vida de sus zonas, que se azotadas con los desplazamientos masivos, como consecuencia de las masacres.

El Bloque Vencedores ingresó a Arauca el 7 de agosto del 2001, y para la fecha de su desmovilización en el 2005, estuvo en cinco de los siete municipios que conforman ese departamento. En la región, según se ha conocido en varias versiones de paramilitares, las autodefensas se aliaron con miembros de la Policía, el Ejército, y con políticos locales.

En la audiencia de reparación se dio a conocer que en las masacres de Carabacharro y Flor Amarillo tuvieron apoyo de miembros de la Policía de Sarabena y Tame, por lo que la Físcalía ordenó investigar a un Coronel y varios subalternos.

En lo político la Fiscalía reveló que los paramilitares se aliaron con el ex gobernador de Arauca Julio Acosta Bernal y el ex alcalde de Tame Alfredo Bernal Tafur. Este último, según el testimonio de los paramilitares, entregó a las autodefensas una lista de más de 250 personas a quienes señaló como guerrilleras, y que por este hecho se convirtieron en objetivo militar.

Para la Fiscalía estas alianzas generaron la pérdida de confianza de la población en la fuerza pública y el estado. Por este motivo, las víctimas no supieron a quien acudir cuando fueron vulneradas y no denunciaron por temor a retaliaciones.

Las víctimas de la masacre de Matal de Flor Amarillo
El 23 de noviembre de 2002 el Bloque Vencedores de Arauca llegó por tres rutas distintas a Matal de Flor Amarillo. Antes de la incursión, esta vereda se sostenía por la compra y venta de ganado y según varias de las familias desplazadas, la zona era conocida por calidad de sus productos.

Eva Selmira Díaz Carvajal, familiar del asesinado Diego Javier Díaz, dijo que quería dejar una idea del impacto que fue para su familia y su vereda el ataque de los paramilitares. “La incursión en la que fue asesinado mi hermano, no solamente acabó con una vida como han dicho todos, acabó con muchas vidas, pero aparte de eso acabó con una comunidad que tenía una vida y una economía propia, una identidad cultural, porque es que cuando hablamos del Matal de Flor Amarillo en un contexto regional, hay que tener muchas cosas claras.”

La víctima describió Matal como una vereda valiosa por la ganadería, donde su riqueza se originó a comienzos de siglo XX con la bonanza de la pluma de garza, “hechos históricos que no están en ningún escrito de nuestro país y que generó las riquezas que dieron origen a los grandes Hatos.

“Esa región no fue objeto del narcotráfico, no se enriqueció con la coca, el origen de esas riquezas fueron el trabajo de unos hombres, entre ellos mi bisabuelo, con títulos de cedulas reales, de mi madre, de mi padre y de muchas personas que podría citar yo en estos momentos. Fincas como el Caraño, Campolindo, Chaparral, Los Medanos, Santa Barbara, que fueron fundadas por ancianos que le entregaron su vida, y que hicieron unos capitales muy, pero muy sanos, con recursos propios de su sudor, de una economía que Colombia no conoce.” agregó Eva Díaz.

Como consecuencia de la incursión más de 90 familias se desplazaron, con lo que abandonaron su ganado, y cientos de niños dejaron de ir a la escuela de Matal y, según las mismas víctimas, fue el fin de una cultura que tenía como centro capital la vaquería y el negocio bovino.

Según se ha conocido con las versiones libres de varios paramilitares, ‘Martín’ le ordenó a alias ‘Tom’ y ‘Noriega’ que llevaran varios hombres entre ellos 'Camaleón' y 'Loco 1', supuestamente a perseguir a un grupo de 15 a 25 presuntos guerrilleros que se escondía en la vereda.

Pero para los sobrevivientes lo que hicieron los paramilitares dista mucho de una persecusión de guerrilleros. Para ellos, el día de la masacre se asemejaba al fin del mundo. Según contó Eva Díaz “Eso parecía el apocalipsis. La gente huyendo a pie (en el llano no es común que la gente ande a pie aclaró Eva), pero fue tanto el impacto, la desolación, el miedo y la desesperación, que la gente salió huyendo a pie, con los hijos alzados.”

La madre le contó que ese día el caballo de doña Eliana se murió del cansancio, y quedó frente a la casa de su padre. Alrededor del caballo estaban los zamuros, que es cómo en Matal conocen a los chulos. La señora Eliana iba con toda su familia.

Ese 23 de noviembre en Flor Amarillo los ‘paras’ asesinaron a Pedro Celestino Neira, Pedro Pablo Herrera, Diego Javier Díaz Carvajal, Jesús Vicente Moreno, José Vicente Herrera, Jesús Herrera Mijares y Freddy Alcides Galindo.

Los sobrevivientes contaron que Pedro Celestino Neiva era campesino; Pedro Pablo Herrera era obrero y ganadero de la finca Dididivis, de propiedad de su familia, con la que mantenía a padres y hermanos. 

También dijeron que Diego Javier Díaz era dueño de una finca con la que mantenía a padres, hermanos, hijos y sobrinos, y empleaba a varias familias del sector. 

Por otra parte, recordaron que Jesús Vicente Moreno era asalariado y mantenía a su familia; mientras que Jesús Vicente Herrera era dueño de una pequeña finca y con su trabajo mantenía a su mujer y sus cuatro hijos; Freddy Alcides Galindo sostenía con su trabajo a su familia que vivía en la ciudad de Arauca.

Además del dolor que generó la masacre, las víctimasno recobraron su vida.“El llanero que vive en la sabana solo sabe criar vacas, y es muy difícil que inicie una vida de ciudad para la que no está preparado.”. Para ella las personas desplazadas tuvieron sólo dos opciones, regresar a la región que se encontraba desolada o vivir de la mendicidad en las calles de Arauca.

Es por esto que, a pesar de que muchos dijeron no querer regresar a su tierra, pidieron que el gobierno y los paramilitares ayudaran a la reconstrucción de la vereda, no sólo en lo material y económico, sino también en su cultura.

Masacre de Corocito
La Fiscalía contó que el 8 de febrero de 2003 en Tame, los ‘paras’ entraron a la vereda Corocito, donde secuestraron y desaparecieron a ocho personas y generaron el desplazamiento de 21 mujeres, 6 hombres y 19 menores.

Luego del secuestro, las víctimas fueron llevadas a la base y escuela de entrenamiento paramilitar conocida como la Gorgona.

Según relató alias ‘El Sargento’, los paramilitares enterraron los cuerpos cerca a la escuela de Corocito, pero, según conoció estando preso, desenterraron los cuerpos y los arrojaron a un río después de enterarse que agentes del Cuerpo Técnico de Investigación de la Policía iban a buscarlos.

En este crimen, los 'paras' desaparecieron a Santo Jimi Contreras, Onecimo Leonel Tonocolia, José Elias Notavita, Gonzalo González Romero, Gregorio Rojas Cárdenas, Héctor Efrendia Esnova, y a John Freddy Echavarría Castillo.

En la audiencia los familiares sobrevivientes contaron que Jhon Freddy Echavarría era un mecánico de carros quien con esta actividad sostenía a su familia; Gregorio Rojas Cárdenas era un campesino y trabajaba como jornalero, también era dueño de una tienda que era el sustento de su familia; Santo Jimi Contreras también era campesino y jornalero, mantenía a su hogar; Onecimo Leonel Tonocolia era campesino y además de su familia, ayudaba económicamente a su madre; Gonzalo González Romero era agricultor; José Elias Notavita era agricultor y jornalero; Héctor Efrendia Esnova era menor de edad para el momento del secuestro.

Según ‘El Sargento’ a este último le perdonaron la vida por ser menor de edad a cambio de que se uniera a las filas del Bloque Vencedores. Según sabe el paramilitar este joven fue herido en un combate con el Ejército, quien lo capturó y lo llevó a un hospital, pero no ha aparecido hasta ahora, y la Fiscalía no halló pruebas que sustentaran su desaparición.

Los familiares de las víctimas y demás desplazados presentes en la audiencia contaron que al regresar a sus casas las encontraron en ruinas, y que sus tierras había sido quemadas por los paramilitares.

Las familias víctimas pidieron a los paramilitares que ayudaran a recuperar la vereda que por el paso de los ‘paras’ sufrió graves daños. Además exigieron ayuda psicológica y una reparaciones de carácter económico para invertir en la educación de los afectados.