Las calvas de Puerto Gaitán, Meta

En Meta, los ‘paras’ enrolaron a adolescentes y castigaron decenas de mujeres menores de edad, secuestrándolas, rapándolas y esclavizándolas por cosas tan simples como llegar tarde a sus casas.


Por lo menos 122 menores fueron reclutados por las Autodefensas Campesinas de Meta y Vichada.

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En Puerto Gaitán, durante varios años ser adolescente podría ser sinónimo de problemas con las autodefensas.

Los paramilitares de las Autodefensas Campesinas de Meta y Vichada (Acmv) tenían castigos para las mujeres a las que ellos consideraban como prostitutas, chismosas o “rebeldes”. Decenas de ellas fueron secuestradas, obligadas a trabajar en fincas y carreteras y muchas veces “calveadas”, o sea que les rapaban el pelo.

En otros casos, los muchachos que ellos consideraban díscolos, fueron reclutados a la fuerza, portando un fusil, o doblegados por las sanciones que los paramilitares impusieron a los que se salían de su "orden social". Y el hecho es que este régimen se mantuvo vigente hasta 2005, cuando se desmovilizaron.

Entre 1997 y 2004 las Acmv reclutaron a por lo menos 122 niños entre 13 y 17 años, una cifra enorme si se tiene en cuenta que en 2005 sólo 209 personas se desmovilizaron del grupo ilegal. La Fiscalía calcula que más de 25 por ciento de sus integrantes eran menores de edad.

Las sanciones y la incorporación de jóvenes por las Acmv fueron documentados por la Fiscalía 59 de Justicia y Paz en la audiencia de control de legalidad ante magistrados de Justicia y Paz de José Baldomero Linares, alias ‘Guillermo Torres’, José Delfín Villalobos, alias ‘Alfa Uno’, Miguel Achury y de Rafael Salgado, alias ‘El Águila’.

Al rape
A partir de 2000, los paramilitares atraparon con cierta regularidad grupos de menores de edad, que terminaron trabajando para los paramilitares, muchas de las cuales fueron rapadas.

‘Guillermo Torres’ contó que tomaron la decisión por quejas de la comunidad por el comportamiento de las jóvenes. Ellas eran acusadas de llegar tarde a la casa, de hacer escándalo o de por “no respetar las leyes de la organización”. Lo pero es que los ‘paras’ tenían el visto bueno del personero municipal, el comandante de la Policía y la fiscal de Puerto Gaitán.

“Los citamos y los hice responsables por las menores. En el colegio habían niñas con enfermedades venéreas, abortos. Les dijimos que ellos eran los culpables. Fueron llevadas, pero no todas calveadas”, dijo el ex jefe ‘para’ ante los magistrados.

Humberto Javier Silva, el personero de Puerto Gaitán, en una entrevista con la Fiscalía, dijo; “Mencioné esas actividades cuando las mujeres estaban involucradas en riñas, o escándalos, chismes, comentarios. Sí era normal que se aplicaran esa serie de castigos”.

Dos paramilitares, identificados con los alias de ‘Yanki’ y de ‘Tatiana’, la compañera de ‘Guillermo Torres’, eran los encargados de organizar el secuestro y el trabajo obligatorio. Les dijeron que tenían que reunirse en una finca cercana a Puerto Gaitán, y cómo dijo una de las víctimas, “todas fueron por el temor mismo, o se iban o se iban”.

Una de las menores que fue secuestrada por las autodefensas le contó a la Fiscalía que fue recluida en la finca Poco a Poco: “Dormíamos más de 15 muchachas en un cuarto, solo con un colchón. Después también llegó un abuelito. La comida era pésima, sólo papa, arroz y pasta”.

Los ‘paras’ obligaron estas mujeres a descargar piedras de camiones, a arreglar carreteras, hacer puentes, tapar huecos y limpiar caseríos. El castigo, que podía durar hasta un mes, era público, estaban expuestas a los ojos de toda la comunidad y así eran estigmatizadas y señaladas.
 
La Fiscalía reportó que por la mala alimentación, una de las víctimas se prostituyó a cambio de comida.

Según la investigación, varias menores fueron rapadas. ‘Guillermo Torres’ dijo que era por cuestiones de higiene, pero para la Fiscalía es claro que era un castigo corporal, humillante, que le da visibilidad a la sanción.

Todas las mujeres entrevistadas por la Fiscalía dicen que el trauma físico y sicológico todavía no se ha ido. “Me daba pena volver al pueblo, me decían callejera, me discriminaban. Eso dañó mis estudios, mi reputación, quedé como algo de lo peor. Terminé mi relación con un muchacho, mi amigos se alejaron, pensaban que yo estaba castigada, nadie quería salir conmigo”, recordó una de ellas.

Siete años después, ya mayores de edad, estas mujeres siguen marcadas, ya que todo el pueblo aún las conoce como “las calvas”. La Fiscalía señaló que muy pocas se han acercado al proceso de Justicia y Paz, pues no confían en las instituciones y aún sienten vergüenza.

La Fiscalía compulsó copias para que la justicia investigue los funcionarios cómplices de esta grave violación a los derechos internacional humanitario, por que fueron cometidos contra mujeres menores de edad, con trabajo obligatorio y estigmatización sexual.

Rapar mujeres es un castigo que se ha usado en guerras desde la antigüedad. En la Guerra Civil española, contra comunistas, en la Liberación de Francia en 1944, contra las que acusaron de acostarse con alemanes o en India, contra mujeres que se convirtieron al cristianismo.

“Es un castigo que tiene que ver con castración, con anulación de ellas como mujeres, de la feminidad, ataca su identidad sexual. Además es un castigo que dura varios meses. Una violación es más grave, pero se puede esconder, no es tan notorio”, le dijo la sicóloga Bertha Gamarra a VerdadAbierta.com.

Los niños de la guerra
Los muchachos fueron por su parte víctimas del reclutamiento de las Acmv. La Fiscalía y los desmovilizados lograron hacer una lista de 122 menores de edad que pasaron por las tropas de los ‘paras’. En la audiencia ‘Guillermo Torres’ señaló que la cifra es probablemente mucho mayor, ya que no tenían registros exactos de las incorporaciones al grupo ilegal.

Un número enorme si se tiene en cuenta que las Acmv eran un grupo relativamente pequeño, con sólo 209 personas que se desmovilizaron en agosto de 2005. La Fiscalía calculó que por lo menos 25 por ciento de los ‘paras’ del grupo ilegal eran menores de edad.

‘Guillermo Torres’ contó que con la llegada de los Castaño a los Llanos en 1997, el resto de autodefensas trató de fortalecerse y crecer, pues había una amenaza latente de guerra entre ‘paras’. Por eso empezaron a reclutar mucho más gente, sin mirar la edad.

“Menores se vinieron a incorporar en el 96 o 97. Cuando llega la gente de Urabá, con unas políticas de que querían tomar el poder en los Llanos, dicen que los grupos que están en los Llanos se unen o nos iban a combatir. Nos lleva a incorporar personal de una manera rápida. Y ahí se inicia la incorporación de personal sin tener en cuenta la edad”, dijo ‘Guillermo Torres’.

Parte de los jóvenes ingresaron a las Acmv de manera voluntaria, pues veían el grupo como una forma de salir de la pobreza y de la falta de oportunidades. Sin embargo también se reportaron casos de muchachos engañados. Les decían que iban a trabajar en fincas con buenos sueldos y terminaban en las escuelas de formación del grupo ilegal.

Deiber Andrés Bolaños, alias '120', alias ‘120’, que se desmovilizó con las Acmv, se enroló cuando tenía 13 años. Recordó que en su curso de entrenamiento, en 2000, habían cerca de 60 personas, de las cuales 20 eran menores.
 
Muchas veces venían del Meta, pero la Fiscalía registró casos de menores de la Costa, Bogotá e incluso un grupo que llegó desde Tuluá, Valle, a los que les prometieron trabajos en hatos ganaderos.

‘Guillermo Torres’ contó que varios fueron timados porque cuando un paramilitar raso quería salirse del grupo, él les pedía que reclutaran a dos o tres nuevas personas: “Habían muchachos que ya llevaban años de pertenecer a la organización, me pedían la retirada. Yo les decía tráiganme dos muchachos y le doy la retirada. A veces ellos engañaban a estas personas para atraerlos”.

La Fiscalía también estableció que varios menores entraron a las Acmv para castigarlos por haber robado pequeñas sumas de dinero o por supuesto consumo de drogas. Uno de ellos contó que por haberse robado 100.000 pesos en una casa, se lo llevaron a una finca y lo obligaron a seguir los cursos de entrenamiento junto a 17 menores de edad más.

Según el joven, en la finca muchos manifestaron que los embaucaron y que “cuando iban a salir, iban a matar a los que los metieron (en las autodefensas)”. En la escuela, dos jóvenes lograron escaparse. Los ‘paras’ dejaron claro que si otros trataban de desertar, eran hombres muertos.

Se sabe que el total de menores enrolados por los paramilitares es mucho mayor que el que se desmovilizó. La Ong Human Rights Watch afirma que hay unos 11.000, tanto en los grupos guerrilleros como en los paramilitares. Reclutar menores es un delito de lesa humanidad y uno de los retos de la Fiscalía es lograr documentar, investigar y encontrar gran parte de los niños soldados. Pues de lo contrario jefes ‘paras’ y guerrilleros podrían terminar delante de cortes internacionales por el crimen.