Campesinos de la Sierra Nevada, cansados del estigma que les dejó Hernán Giraldo

Víctimas del desplazamiento forzado propiciado por el Bloque Resistencia Tayrona, que pertenecen a 48 comunidades de la Sierra Nevada, no han podido rehacer su vida campesina por culpa de los estragos que dejaron los paramilitares. Mientras unas familias esperan que haya una reparación económica, otras sólo quieren justicia y verdad.

Las victimas del ex comandante paramilitar Hernán Giraldo dejaron atrás el miedo y asistieron a la audiencia convocada por el Tribunal de Justicia y Paz a contar sus testimonios.Los campesinos de la Sierra Nevada de Santa Marta están cansados de que los miren mal y los sigan señalando como si fueran una especie rara. Mientras unos aún los tildan de auxiliadores de la guerrilla, ellos sienten que el estigma más grande es el de ser amigos del exjefe paramilitar Hernán Giraldo Serna, alias ‘El Patrón’, quien comandó el Bloque Resistencia Tayrona, grupo que generó el desplazamiento más grande que haya existido en Colombia por culpa de los paramilitares, desapareció a más de 700 personas y mató a cerca de mil más. (Ver ‘Hernán Giraldo: máquina de guerra en la Sierra Nevada de Santa Marta’).

Durante la audiencia de reparación integral convocada en Santa Marta por la Sala de Conocimiento de Justicia y Paz, integrada por los magistrados José Haxel de la Pava Marulanda, Cecilia Leonor Olivella y Gustavo Roa Avendaño, la Fiscalía presentó testimonios de los campesinos víctimas del desplazamiento forzado que ocurrió entre diciembre de 2001 y febrero de 2002, época en la que las familias de la Sierra tuvieron que obedecer las órdenes de Giraldo de salir a la Troncal del Caribe, que une a las ciudades de Riohacha y Santa Marta, en dos puntos específicos -Calabazo y Río Ancho-, para utilizarlos como escudos humanos en la guerra que en ese momento libraba contra hombres de los hermanos Castaño Gil, quienes pretendían someter a los hombres de Giraldo y controlar esos territorios. (Ver Las batallas de Hernán Giraldo)

Juan Ernesto* vivía en la vereda Agua Fría y fue uno de los campesinos que asistió a la audiencia a contar su testimonio. Camina y habla con dificultad, producto de la afectación que tuvo su sistema nervioso por culpa de ese hecho: “El desplazamiento a Calabazo fue un desastre que no hemos podido borrar. De mi vereda fueron cien familias las que tuvimos que salir sin nada en las manos, perdimos animales, cultivos y nuestros enseres. Mi hijo y mi esposa se enfermaron y casi mueren porque pasamos más de un mes viviendo como animales, había hacinamiento, no teníamos donde hacer nuestras necesidades y comíamos mal”.

Los recuerdos de este hombre son interrumpidos por lágrimas, pero continúa: “Hay cosas que no volverán, pero sí esperamos que la ley actué a favor nuestro, que nos den un alivio para vivir mejor, muchas familias se perdieron, se desintegraron y todavía hoy seguimos sufriendo por ese hecho”.

Este desplazamiento, según lo ha documentado y probado la Fiscalía Novena de Justicia y Paz, fue provocado por Giraldo y sus hombres como estrategia de guerra, “para crear una barrera e impedir que el grupo de los hermanos Castaño, acompañado por el también exjefe paramilitar ‘Jorge 40’ y de otros frentes del Bloque Norte, ingresaran a su territorio”,

Esa versión fue ratificada por varios campesinos al afirmar que fueron los hombres de alias ‘El Patrón’ los que les ordenaron salir, los que llevaron camiones para sacar a la gente y los que les suministraban alimentos y algunos materiales para hacer cambuches sobre la carretera.

La acusación fue rechazada por Hernán Giraldo, quien, desde su sitio de reclusión en Virginia, Estados Unidos, a donde fue extraditado desde 2008, dijo que su único fin fue proteger a los campesinos del fuego cruzado, intervención que fue interrumpida por el magistrado De la Pava para recordarle que la audiencia era un escenario para pedir perdón a sus víctimas, no para revictimizar a los afectados.

La Fiscalía Novena formuló 791 hechos al ex comandante del Bloque Resistencia Tayrona, Hernán Giraldo Serna, y a nueve de sus hombres de confianza: José del Carmen Gelves Albarracín, Nodier Giraldo Giraldo, Carmen Rincón, Norberto Quiroga, José Mora López, Afranio Manuel Reyes Martínez, Adán Rojas Mendoza, Eduardo Vengoechea Mola y Edgar Ochoa Ballesteros. Sus acciones dejaron diez mil víctimas, según las investigaciones y las confesiones ante Justicia y Paz que iniciaron en junio de 2007. Alias ‘El Patrón’ ha rendido 18 versiones libres en las que ha confesado más de mil delitos. (Ver Crímenes de odio del Bloque Resistencia Tayrona).

Carmen* es otra campesina de la vereda Colinas de los Calabazos, que le habló directamente a Giraldo: “¿Por qué lo hizo señor Giraldo? ¿Por qué nos hizo tanto daño? Yo fui desplazada con mis hijos y mi esposo, nos dijeron que teníamos que bajar, recorrimos dos horas de camino y llegamos al sitio indicado, desde entonces no he podido regresar a mi vereda, allá dejamos todas nuestras pertenencias, hemos sufrido mucho, bastante, y estas audiencias son un desgaste, ¿hasta cuándo nos van a tener así? Para llegar a esta audiencia recorrimos tres horas, sin comer, y por eso queremos escuchar su arrepentimiento, no es fácil perdonar todo el daño causado, pero lo tenemos que hacer para que nuestros corazones descansen”.

De la vereda Quebrada María llegó Jairo*, un joven que en el 2001 era un niño. “Venimos a decirle a los postulados que nos hicieron mucho daño, quiero decirles que mis mayores sufren por lo que perdieron y por lo que les produjo este hecho, y cuando lo mencionan a usted (Hernán Giraldo) como un líder, digo sí, un líder, pero de la destrucción, que acabó con muchas vidas, con las ilusiones de mucha gente que veía en el campo su única opción. Yo creo en el perdón y si hablamos de la no repetición hay que tener en cuenta que los paramilitares dejaron en la Sierra muchas fosas comunes, que ya nacieron otros grupos, que nos están picando y aún sigue la desolación en nuestras veredas”.

Así como Jairo, líderes comunales, campesinos, mujeres cabeza de hogar, ancianos y jóvenes provenientes de las veredas Marquetalia, Quebrada Valencia, Perico Aguao, La Aguacatera, Machete Pelao, La Unión, Casa de Tabla, Quebrada del Sol, San Pedro de la Sierra, entre otras, contaron lo qué pasó en esos dos meses de desplazamiento forzado.

“Nosotros estábamos en la vereda Las Nubes, salimos a las cuatro de la mañana y llegamos a las dos de la tarde, como estábamos bien arriba, cuando pasábamos por otras veredas encontramos vacas enganchadas en los alambres, terneros bramando, perros aullando, el miedo era terrible porque decían que los paramilitares se tomaba la sangre de los muertos, que tenían motosierras”, relató uno de los asistentes.

Y agregó: “Cuando llegamos a Río Ancho, los paras nos dijeron que podíamos utilizar 200 metros del río para lavar y bañarnos, en las noches hacíamos guardia con unas cadenas para estar a la defensiva. Hubo problemas porque la materia fecal y los desechos se convirtieron en foco de enfermedades, pasamos 15 días de hambre hasta que llegó la Cruz Roja Internacional, y luego cuando ya pudimos regresar no encontramos nada. A su paso por los lugares, los paras de ambos bandos mataron animales, se comieron las gallinas, los chivos; por ejemplo, yo dejé sembrados 200 palos de yuca, 200 matas de guineo y encontré pocas, la verdad no nos hemos podido recuperar”.

Los campesinos son conscientes de que las pérdidas son irreparables, que ya no pueden vivir cómo en aquella época, por eso una gran parte de ellos lo único que quieren es justicia y verdad, así como lo dijo el presidente de la Junta de Acción Comunal de la vereda Quebrada del Sol: “Lo que se perdió no importa, lo que importa es la parte sicológica porque quedamos traumatizados”.

Guachaca lleva la peor parte
El corregimiento de Guachaca queda a 45 minutos de Santa Marta, es un pueblo de campesinos que no se ha podido reponer de la guerra por dos razones: la primera, porque tiene un gran número de víctimas, viudas, huérfanos, mujeres abusadas y campesinos despojados de sus tierras; y la segunda, porque quedaron estigmatizados de ser auxiliadores de los paramilitares.

Cuando se refieren al desplazamiento masivo dicen que no tenían otra alternativa. Un campesino de la vereda Buritaca dijo a VerdadAbierta.com que a su comunidad llegó la información que “debíamos desplazarnos, nos dijeron que si no íbamos, nos atuviéramos a las consecuencias”, y otro de sus compañeros se refirió a los rumores de los vecinos. “Eso se fue multiplicando, sentíamos miedo, la gente salía como si viniera algún animal a comérselos. Eso fue terrible”.

El presidente de la Junta de Acción Comunal de la vereda La Revuelta recuerda que en los pueblos de la Sierra Nevada mandaban las Autodefensas por la ausencia del Estado: “Este desplazamiento que nos hizo Hernán Giraldo fue para evitar que hubieran víctimas de la población civil, que era mejor que saliéramos, porque a nosotros en Guachaca nos miraban como victimarios”.

Esta posición fue avalada por otros tres pobladores de este corregimiento, con mayor énfasis por una mujer que habló con voz airada: “A nosotros todavía nos miran con desprecio, cuando venimos a Santa Marta a hacer una vuelta y nos preguntan de dónde venimos, nos da miedo decir de dónde somos porque enseguida nos cambian el semblante”.

Por tal razón, una de las solicitudes que hizo la Fiscal Novena de Justicia y Paz, Zeneida de Jesús López Cuadrado es que a la Sierra Nevada se le quite el estigma de que ese territorio era de Hernán Giraldo. “Yo era muy joven cuando ocurrió ese desplazamiento, pero me acuerdo que fue muy doloroso y nosotros llevamos la peor parte, porque cuando digo soy guachaquero, me miran feo”, asegura Carlos*.

Guachaca es un pueblo olvidado, como muchos en la Sierra Nevada. No tienen puesto de salud, no hay colegios. “Estamos tan olvidados que por lo único que nos recuerdan es por la violencia”, dice una de sus líderes. “Queremos que no nos estigmaticen más, no tenemos un polideportivo para que nuestros jóvenes se diviertan, no hay un asilo para nuestros viejos, no hay un cajero del Banco Agrario o una sede, todas las vueltas hay que hacerlas en Santa Marta. El corregimiento perdió mucho, su tranquilidad y su buen nombre, y ni siquiera nos han reparado”.

Audiencia concurrida
Aunque el miedo sigue presente en las vidas de los campesinos de la Sierra Nevada de Santa Marta, este sentimiento no ha impedido que ellos asistan a las audiencias de reparación integral que convocó la Sala de Conocimiento del Tribunal de Justicia y Paz de Barranquilla.

La masiva participación de las víctimas del área de injerencia del Bloque Resistencia Tayrona, que se ubica especialmente en la parte noroccidental de la Sierra Nevada, ha sido fundamental para esclarecer los hechos y determinar las afectaciones. Según los defensores públicos que representan a las víctimas, por ejemplo en el caso de Guachaca y Buritaca estarían tasadas en más de 2.500 millones de pesos.

Los defensores piden reparación para cada una de las víctimas de las veredas por el daño moral, material y sicológico; también que se declare civilmente responsable a Hernán Giraldo y sus hombres por los delitos de desplazamiento forzado, toma de rehenes y destrucción y apropiación de bienes protegidos por el Derecho Internacional Humanitario.

Como medida de satisfacción solicitaron a la Sala de Conocimiento de Justicia y Paz se haga un acto público de reconocimiento a las víctimas y en memoria de los muertos y como petición especial que lo que decida la Sala en su sentencia que se espera a finales de este año se cumpla, “porque de nada sirve que el fallo quede para enmarcar, que se cumpla en el tiempo estipulado que es de 24 meses”, dijo el vocero de los defensores públicos.

(*) Los nombres fueron cambiados u omitidos por razones de seguridad