'Juancho Prada', el 'para' invisible

Aunque la Fiscalía lo ha investigado por ocho años, Juan Francisco Prada ha pasado desapercibido. Asesinó a políticos en Cesar y fue aliado de los hermanos Castaño en la expansión paramilitar en el sur de Bolívar.
  
Juan Francisco Prada Márquez alias 'Juancho Prada', ex jefe paramilitar del Cesar. Foto El Pilon.com.co

-'Paras' contaron cómo se crearon las Autodefensas del Sur del Cesar
-Las masacres de Puerto Patiño y Guamalito contadas por 'paras'
-Las otras masacres de 'Juancho Prada'
-Paras versión 2.0
-Los muertos de Puerto Mosquito
-El 'patio' de 'Jorge 40'
 

Juan Francisco Prada Márquez podría ser el menos mediático de los jefes paramilitares que se encuentran en Justicia y Paz. Nunca ha dado una entrevista, por eso no tiene el perfil de Salvatore Mancuso o de Hébert Veloza alias ‘H.H.’ cuando son llamados por la Fiscalía para que rindan versiones libres.

Prada Márquez alias ‘Juancho Prada’, a diferencia de los demás jefes paramilitares no ha sido extraditado, por lo que hasta el momento ha pasado desapercibido, no obstante en su prontuario figuran masacres, asesinatos de políticos y líderes sociales, desplazamientos, desapariciones en Norte de Santander y sur del Cesar, y además se le acusa de ser el responsable del exterminio del movimiento social que surgieron en Aguachica a comienzos de los noventa. (Lea: El genocidio no contado del Cesar)

En la más reciente audiencia de legalización de cargos no fue llevado hasta los Tribunales de Cundinamarca. Lo hizo mediante comunicación por videoconferencia desde una cárcel en Barranquilla, donde se encuentra preso desde 2004 condenado por el asesinato Ayda Cecilia Lasso, ex candidata a la Alcaldía de San Alberto, Cesar, ocurrido el 21 de julio de 2000.

‘Prada’ fue ex jefe paramilitar de las Autodefensas Campesinas del Sur del Cesar, que durante la desmovilización se llamaron Frente Héctor Julio Peinado como un brazo del Bloque Norte de Rodrigo Tovar Pupo alias ‘Jorge 40’.

En Justicia y Paz a la fecha a este frente se le atribuyen 5.370 crímenes, de los cuales 4.479 son asesinatos, 565 desapariciones y 434 desplazamientos.

Al ex jefe paramilitar no le gusta dar entrevistas. Por medio de su abogado ha dicho que solo estudió hasta segundo de primaria, que no sabe responder a las preguntas que le han hecho durante el juicio, y que menos sabe de estrategia militar porque no prestó servicio.

Sin embargo, abrió rutas y prestó hombres para que los hermanos Carlos y Vicente Castaño expandieran en los años 90 las Autodefensas de Córdoba y Urabá hacia la Costa Caribe, Norte de Santander y el Magdalena Medio con los Bloques Norte, Catatumbo y Central Bolívar.

El 4 de marzo de 2006 se desmovilizó en San Martín, Cesar, con 251 de sus ex subalternos y aunque apareció en fotos firmando el proceso de paz, no fue él quien participó en la negociación. Designó a Alirio Trujillo alias ‘Chorizo’, apodado por Carlos Castaño como ‘Francisco Tabares’. Alias ‘Chorizo’ fue quien firmó en representación de las Autodefensas del Sur del Cesar el Acuerdo de Santa Fe de Ralito, en 2003 el cese al fuego decretado por las Auc como comienzo de los diálogos para la desmovilización.

En versiones libres, ‘Juancho Prada’ ha confesado 680 crímenes y aceptado responsabilidad en por lo menos 300 casos. La Fiscalía 34 acaba de acusarlo por los primeros 84 delitos, ya documentados e investigados, y la magistratura de Justicia y Paz acaba de legalizarlos para emitir una sentencia que condene al paramilitar y repare a las víctimas antes de que finalice 2012. En el escrito de legalización, el juicio reconstruyó la historia del ex jefe paramilitar.

El agricultor

Juan Francisco Prada Márquez quiso seguirle los pasos a su padre. Ha dicho que vivió en el campo, tuvo muchos hijos y antes de ingresar a la ilegalidad se dedicó al ‘engorde’ de fincas. Es decir, compraba tierras, las ponía a producir y luego las vendía a buen precio.

Nació en 1953 en Galán, Santander, pero se puede decir que más que santandereano es cesarense porque desde los once años fue llevado al municipio de Río de Oro, en el sur de ese departamento, donde creció junto a sus otros nueve hermanos. Para comenzar una nueva vida, el papá vendió las propiedades que tenía en la vereda Olla Negra, en Galán, y compró una finca de 160 hectáreas en la vereda El Cobre, en el corregimiento de San Martín, Cesar, donde puso a pastar el ganado que transportó desde Santander en seis camiones.

En diez años, la familia Prada comenzó a ser próspera y reconocida en el Cesar por las tierras y el ganado que tenían. Compró la finca La Esmeralda en la vereda San Pablo, en San Martín, que luego vendió para comprarse dos predios llamados La Unión y San Miguel. Estas dos fincas terminó titulándoselas a sus hijos para garantizarles una herencia.

Mientras la familia y sus vecinos se dedicaban a la ganadería y los cultivos de arroz, sorgo y maíz, comenzó la violencia en la zona, las guerrillas de las Farc, Eln, Epl, Quintín Lame y M-19 empezaron a hacer presencia en la zona y a realizar los primeros secuestros, extorsiones y asesinatos.

En 1984 el papá de los Prada murió y Juan Francisco y un hermano decidieron comprarles a sus demás hermanos las tierras que heredaron. Para esa época, recordó Prada, los secuestros y asesinatos de vecinos y amigos fueron masivos. En un relato que le hizo a su abogado referenció por lo menos 20 casos de conocidos que fueron víctimas de la guerrilla.

Su familia no fue la excepción. En 1988 la guerrilla se llevó un hermano y les dieron plazo de máximo 20 días para pagar $50 millones de pesos por su liberación. La familia acordó un pago de $11 millones y el familiar salió del país por amenazas. Un primo suyo, Roberto Prada Gamarra, comenzó a suministrarle información al Ejército y fue amenazado. Decidió armarse para defenderse y le pidió ayuda a Juan Francisco Prada, quien en 1991 empezó a aportar dinero e información para el incipiente grupo de autodefensa.

El paramilitar
En los años 90 Juan Francisco Prada dejó de ser un agricultor para convertirse en paramilitar. En 1994 creyó que podía huirle a la violencia del Cesar yéndose para el Casanare, pero allá la situación estaba igual. A su regreso, en 1995, decidió impulsar la idea de tener un grupo de autodefensas que ya venía desarrollando su primo Roberto Prada Gamarra.

Para esta época ‘Juancho Prada’, como le decían en la región, ya tenía un músculo financiero. Había seguido el ejemplo de su padre y comenzó a comprar fincas, como La Pradera y Bruselas, para luego venderlas. Con el dinero que tenía financió otro grupo de autodefensas en el municipio de San Martín, Cesar, dividiéndose el territorio con su primo.

Su primo Roberto se quedó a cargo de la parte sur del municipio que comprendía los corregimientos de Los Bagres, Aguas Blancas y Candelia hasta los ríos San Albertico y Lebrija, mientras ‘Prada’ se tomó la zona norte, con los corregimientos restantes, Platanal y la región de la cordillera en límites con Ocaña, Norte de Santander.

Los Prada hicieron acuerdos con otros viejos grupos de autodefensa que había en la región entre ellos Los Masetos de la finca Riverandia de Rodolfo Rivera, Los Paisas y los grupos paramilitares a cargo de Luis Ofrego Ovallos Gaona, de alias ‘Camilo Morantes’ y de alias ‘Manaure’.

En 1996 Rodolfo Rivera es asesinado por la guerrilla, por lo que los Prada extendieron su presencia hasta San Alberto así como en los corregimientos de Minas, El Líbano, San Alberto y La Llana.

Ese mismo año Roberto Prada fue capturado y eligió a Luis Emilio Camarón alias ‘Camarón’ como su sucesor. Como todo un ‘negocio de familia’, ‘Juancho Prada’ pensó en que las autodefensas de San Martín debían tener un jefe político, que diera adoctrinamiento a la tropa para combatir a la guerrilla, y encargó esta tarea a su hijo Raúl Prada Lamus alias Antonio’, quien al final nunca se acogió al proceso de desmovilización y no se sabe si está vivo o muerto.

A partir de 1996, el grupo paramilitar de los Prada dejó de utilizar overoles negros y botas y comenzaron a uniformarse con camuflados similares a los del Ejército, con equipos de campaña que incluían cuchillos, brújulas, visores nocturnos y brazaletes de colores.

En 1997, tras el asesinato de Luis Orfego Ovallos, ‘Juancho Prada’ realizó un acuerdo con alias ‘Manaure’ para distribuirse de nuevo el territorio. Los Prada se quedaron con la zona de Aguachica hasta la quebrada de Besote, mientras ‘Manaure’ desde la carretera de Ocaña hasta Gamarra. El grupo de ‘Juancho Prada’ se consolidó tras fusionarse con el grupo de su primo, quien estando en la cárcel destituyó a ‘Camarón’ y designó a su hijo Roberto Prada junior.

  
Alias 'Juancho Prada' (derecha, camisa verde) durante el acto de desmovilización del Frente Héctor Julio Peinado en marzo de 2006. Foto tomada de actas de desmovilización Presidencia  

El contacto de los Prada con los hermanos Carlos y Vicente Castaño se concretó a finales de los años 90 cuando los Castaño convocaron a varias reuniones para agrupar los diferentes grupos de autodefensas del país bajo la sigla Auc, Autodefensas Unidas de Colombia.

En 1998, los Prada y los grupos de ‘Camilo Morantes’ y Mario Zabala, todos con presencia en Cesar, se sumaron a las Auc como Autodefensas de Santander y Sur del Cesar, Ausac.

Con la fusión, los Castaño aprovecharon que ‘Juancho Prada’ conocía en detalle su territorio para enviar grupos de paramilitares entrenados en fincas de Córdoba y así incursionar la Costa Caribe, el Catatumbo y el Magdalena Medio. 

Entre 1999 y 2000, los Prada ayudaron a asentar a los Bloques Central Bolívar y Catatumbo, comenzaron a llamarse Autodefensas Campesinas del Sur del Cesar (Acsuc) para diferenciarse de los paramilitares de ‘Camilo Morantes’ y Mario Zabala’, y en 2004 se aliaron con el Bloque Norte de ‘Jorge 40’ por diferencias con el Bloque Central Bolívar.

La Fiscalía 34 de Justicia y Paz documentó que entre 1994 y 2006, período en que delinquió el grupo de ‘Juancho Prada’, este frente se caracterizó  por someter a sus víctimas a torturas y luego a desaparecerlas. Un lugar recurrente para estas desapariciones fue el corregimiento de Puerto Mosquito, hasta donde llevaban las personas, las asesinaban y luego las arrojaban al río Magdalena. (Lea: Los muertos de Puerto Mosquito).

‘Juancho Prada’ utilizó varias estrategias para sostener la guerra. Con amenazas, obligó a la población a que señalara a las personas que supuestamente tenían alguna afinidad con la izquierda o auxiliaran a la guerrilla. “Quienes se oponían, eran considerados objetivos militares y no tenían otra opción que desplazarse o ser asesinados”, documentó la Fiscalía.

Otra táctica utilizada fue incluir en sus tropas a ex guerrilleros que capturaban en combates. Según Javier Antonio Coronel alias ‘Pica-Pica’, los utilizaban para obtener información y seguir rutas. Así lo hicieron, por ejemplo, con un patrullero al que le decían alias ‘Fuego Verde’.

‘Juancho Prada’ se cercioró además de contar con una red de comunicación. Encargó de esta función a Jesús Eduardo León alias ‘Parabólico’, un profesional de las telecomunicaciones que puso en funcionamiento Colombia Libre, la emisora que usaron los Castaño para difundir sus comunicados, así como un sistema que enlazó las comunicaciones entre el sur del Cesar y Santander, e interceptó las frecuencias que utilizaban en la región la fuerza pública y la guerrilla.

Aunque en versiones libres, el ex jefe paramilitar confesó la participación de mujeres en la tropa dijo que a ellas se les asignó la función de ‘radiochispas’, informantes en puntos clave, o de ‘rancheras’, es decir, las encargadas de preparar la comida para el grupo.

La Fiscalía documentó que las Autodefensas del Sur del Cesar o Frente Héctor Julio Peinado causaron un daño colectivo en esta región del país.

“Afectó la cultura de legalidad impactando la percepción que frente a ésta asumieron los jóvenes; también se afectaron otros aspectos como la gobernabilidad, el tejido social, derechos como el de asociación y a la vida, creando sentimientos de inseguridad, terror y zozobra en relación con la población”, dice en un aparte de la legalización de cargos ante la magistratura.

El juicio contra ‘Juancho Prada’ está en la etapa de legalización de cargos. Luego, los magistrados de Justicia y Paz convocaran al incidente de reparación, fase en que las víctimas asisten a la audiencia para expresar cómo desean ser reparadas, y finalmente emitirá una sentencia que condena al ex paramilitar y reparara a las víctimas.