Víctimas de Zipacoa, en Bolívar, esperan reparación colectiva

En Cartagena las víctimas pudieron contar las reales afectaciones causadas por paramilitares comandados por Salvatore Mancuso y preguntar por sus familiares desaparecidos

Después de la masacre y el desplazamiento, Zipacoa no volvió a ser el mismo pueblo. Los recuerdos del 8 de enero de 200I, cuando un grupo de paramilitares llegó a este corregimiento del municipio de Villanueva, Bolívar, y obligó a todos sus habitantes a reunirse en la plaza, frente a la iglesia, para amenazarlos y matar a cuatro de sus jóvenes, no se han podido borrar de la memoria de sus habitantes.

La historia de Zipacoa fue una de las que más llamó la atención en la audiencia de afectación de las víctimas de las facciones de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) comandadas por el exjefe paramilitar Salvatore Mancuso, convocada por la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Bogotá y realizada durante esta semana en Cartagena. Esta instancia es la última antes de dictar condena contra los postulados bajo las normas de la Ley 975 de 2005.

Esta audiencia se realizó en el Coliseo de Combates de la capital bolivarense y a través de vioconferencia fue presenciada desde sus sitios de reclusión en diversas ciudades del país por los exparamilitares del Bloque Norte de las Auc Edgar Ignacio Fierro Florez, alias ‘Don Antonio; Uber Banquez Martínez, alias ‘Juancho Dique’; Sergio Manuel Córdoba Ávila, alias ‘El Gordo’ o ‘Cara Cortada’; Oscar José Ospino Pacheco, alias ‘Tolemaida’; Leonardo Enrique Sánchez Barbosa, alias ‘El Paisa’; Jorge Iván Laverde, alias ‘El Iguano’; José Bernardo Lozada Artuz, alias ‘Mauro’; Hernando de Jesús Fontalvo, Julio Manuel Argumedo García, Miguel Ramón Posada Castillo y José Gregorio Mangonez Lugo.

Mancuso presenció el encuentro con las víctimas a través de un sistema de videoconferencia desde una celda del centro Northern Neck Regional Jail, de Warsaw, en el estado de Virginia, Estados Unidos, en donde permanece desde mayo de 2008, cuando fue extraditado junto a 14 exjefes paramilitares de las Auc por orden del entonces presidente de la República Álvaro Uribe Vélez, para que respondieran por delitos asociados al tráfico de drogas.

“Somos campesinos humildes, que vivíamos de la tierra, tranquilos y unidos, hasta que un día llegó este grupo armado y nos desplazó”, contó una de las víctimas que llegó hasta el coliseo a narrar su drama y el de su comunidad. Fue así como el caserío se convirtió en un pueblo fantasma, sus pobladores perdieron los cultivos de pan coger y los animales que tenían, y la escuela y el puesto de salud se deterioraron con el abandono.

Sin embargo, los pobladores de Zipacoa también dieron a conocer el trabajo que realizan desde hace dos años para lograr la reparación colectiva, la cual vienen tramitando ante la Unidad de Víctimas. Como comunidad, esperan el arreglo de las vías de acceso, la adecuación del puesto de salud y de una parte de la Institución educativa, así como la reconstrucción del puesto de policía y la construcción de un monumento en memoria de las víctimas.

Marcos, uno de los miembros del Comité de Impulso de Reparación Colectiva de Zipacoa, contó a VerdadAbierta.com que su comunidad, los que regresaron y los que aún viven en otras partes, se han unido para decidir cómo quieren ser reparados. “De todos modos, lo que hagan, no nos va a devolver a lo que éramos antes de que Manuel Antonio Castellanos, alias ‘El Chino’, llegara con sus hombres a matarnos y a desplazarnos”.

La muerte de Germin Jiménez Murillo, Rider Arellano, Eligio Niño Murillo y Gilberto Bellido marcó el destino de esta población. Iván* aún recuerda los hechos que acabaron con la muerte de estos cuatro hombres, tres de ellos jóvenes, y originó el desplazamiento de sus pobladores.

“Ese día –8 de enero de 2001- los hombres de ‘El Chino’ llegaron temprano, nos sacaron de las casas obligados, solo se quedaron los viejos o las personas que no podían caminar, y a un comerciante que no quería ir, le dijeron que si no iba le saqueaban la tienda. Cuando estábamos todos reunidos, sacaron a los cuatro hombres y como a las 11 de la mañana se los llevaron, nos dijeron que les iban a hacer unas preguntas y que más tarde regresarían. Nos quedamos ahí, esperando, pero como a las cuatro de la tarde cuando vimos que no regresaban, salimos a buscarlos y como a medio kilómetro del pueblo los encontramos muertos, a dos de ellos los torturaron”.

Ese mismo día, ya en la noche, llegó el Ejército Nacional y les ordenó que no salieran de sus casas. “Al día siguiente, bien temprano, comenzaron los enfrentamientos y nosotros en la mitad. La gente comenzó a salir a pie, recorrimos cinco kilómetros para llegar a la vía principal, unos se fueron para Villanueva, pero no los ayudaron, otros para Santa Rosa y Cartagena. No volvimos, ahora es que estamos regresando, poco a poco, pero no nos ha ido bien. En el 20I2 perdimos la cosecha porque no llovió y el año pasado también la perdimos por el invierno, por eso ahora queremos volver a ser productivos con la ayuda del gobierno”, dijo Iván.

Las lágrimas de las víctimas
En la audiencia de afectación de las víctimas de los grupos paramilitares comandados por Salvatore Mancuso, las lágrimas expresaban lo que aún sienten estas personas.

Los voceros de Zipacoa no podían contener el llanto mientras le narraban sus tragedias a la magistrada del Tribunal de Justicia y Paz de Bogotá, Lester María González Romero. La madre de uno de los jóvenes asesinados lloró desconsoladamente, mientras uno de sus hijos relataba lo ocurrido aquel 8 de enero de 2001.

Martha es otra de las mujeres de este corregimiento. Ella contó que en el pueblo dejó sus tres hectáreas de tierra cultivadas con yuca, maíz y ñame. Pero era salir o quedarse a morir.

“Cuando ‘El Chino’ pasaba en su carro, todo el mundo se escondía. En el 2003 mataron a dos personas más en Zipacoa, de los que regresaron, y tres en Villanueva. A mi yerno se lo llevaron y nunca más apareció. Mi hija se enfermó por el trauma y pasó mucho tiempo en una clínica de Turbaco, a mí me tocó criar a los dos nietos y me ha tocado sufrir mucho”, relató la mujer.

Nuris también recordó aquella época: “’El Chino’ entraba al pueblo cuando quería, él pasaba y mataba. Me acuerdo que a la entrada de la finca Los Robles estaba un señor pelando un zaíno que acababa de cazar, él pasó y lo mató. Lo mismo le pasó al administrador de otra finca que llamaban ‘Postobón’. Lo mató y el cuerpo lo llevaba en el carro y cuando pasó por Zipacoa dijo: ‘Ya matamos al hp de la Postobón’. Eso era terrible, por eso la gente no quería regresar. Poco a poco hemos regresado, pero la mayoría no”.

Hoy en este poblado ubicado a 45 minutos de Cartagena, han retornado cerca de 270 familias, según el último censo hecho por el Comité de Impulso de Reparación Colectiva.

El momento de mayor expectativa durante la audiencia fue cuando una aguerrida mujer, con voz fuerte al comienzo y entrecortada al final, por las lágrimas, le preguntó a Mancuso qué lo motivó a hacer todo eso en Zipacoa. La respuesta del exjefe paramilitar al otro lado de la pantalla fue corta: “no había palabras para expresarles cuanto lo sentía”.

Para ella no fue suficiente y con voz otra vez fuerte le explicó a la magistrada González que pesan amenazas contra su vida desde junio del 20I3, cuando fue a una versión de ‘El Chino’ y se enteró por su testimonio que el desplazamiento de los habitantes de Zipacoa al parecer patrocinado por algunos funcionarios de la Alcaldía  de Villanueva de ese entonces. “Me llamaron y me dijeron: “Te salvaste la vez pasada, pero esta vez no te salvas”, fue el mensaje que le enviaron a la mujer.

Ante este testimonio, la Magistrada que presidía la audiencia le preguntó a Uber Banquez Martínez, alias ‘Juancho Dique’, si sabía algo al respecto. Él respondió que en esa época no estaba en la zona, pero sí aseguró que cuando llegó, designó a alias ‘El Chino’ para que cobrara el impuesto que ellos impusieron a siete municipios de Bolívar. “Él debía sacarle un impuesto a la Alcaldía y a todas las instituciones”, reveló el exparamilitar.

Al conocer la situación de esta mujer, la magistratura ordenó protegerla y solicitó a la Corte Suprema de Justicia información sobre investigaciones que se sigan contra políticos de Villanueva, Bolívar, que coincidan con el año de los hechos y que estén relacionados con las Auc.

“En nombre de las víctimas de Zipacoa quiero que haya justicia, verdad y no repetición. Queremos la reparación por decisión de los jueces y no por la acción administrativa, aunque esto no devuelve nada del sufrimiento que padecimos. No soy Dios para juzgarlo, pero lo perdonamos por haber hecho tanto daño a la comunidad”, le dijo finalmente a Mancuso la mujer desplazada hace I3 años y amenazada hace un año por los mismos hechos.

La masacre de Zipacoa hace parte de las ocho perpetradas por facciones paramilitares comandadas por Salvatore Mancuso, que son juzgadas en Justicia y Paz. Las otras siete fueron las de El Salado, Luis Veró, Bajo Grande, Cieneguita, Nueva Venencia, Playón de Orozco, san Isidro y Caracolí,

Así como a las víctimas de Zipacoa, otras personas de Atlántico, Magdalena y Cesar se hicieron presentes para contar sus historias, pedir una explicación por los crímenes ocurridos y perdonar a los causantes de tanto dolor.

Se esperaba que a esta audiencia asistieran buena parte de las 10 mil víctimas de los más de I.400 hechos delictivos cometidos por los bloques Córdoba, Norte, Catatumbo y Montes de María de las Auc, pero no llegaron tantas como se pensó en un momento. El miedo, la falta de dinero para el transporte y estadía, así como falta de información sobre la fecha precisa de la audiencia no permitieron que muchos afectados por el accionar paramilitar pudieran expresar sus tragedias.

La audiencia de incidente de afectación de víctimas contra Salvatore Mancuso y sus hombres concluirá en Bogotá la próxima semana y a partir de ese momento, la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Bogotá tendrá por lo menos 10 días para dictar sentencia contra estos exparamilitares.

(*) Nombres cambiados por razones de seguridad