El día que Peque, Antioquia, conoció el horror paramilitar

En un pequeño pueblo del noroccidente de Antioquia, se perpetró una de las más sangrientas tomas registrada en este departamento, dejando un pueblo semidestruido y una huella de dolor difícil de borrar entre sus pobladores.

Durante la primera quincena de julio de 2001, los principales periódicos del país dedicaron un buen número de sus páginas para informar sobre Peque, un municipio ubicado en el noroccidente de Antioquia, considerado uno de los tres más pobres del departamento y epicentro para esa época de una de las incursiones armadas más sangrientas perpetrada por los paramilitares en tierras antioqueñas.

Según los reportes periodísticos de aquellos años, cruentos enfrentamientos entre paramilitares y guerrilla ocasionaron el desplazamiento de más de 300 personas hacia el caso urbano de la localidad, lo que generó a su vez una crisis humanitaria de incalculables proporciones. Solo la presencia del entonces gobernador de Antioquia, Guillermo Gaviria Correa (q.e.p.d) y el ministro de Defensa, Gustavo Bell Lemus, lograron apaciguar el caldeado clima de violencia, terror y desesperanza que soportaron los pequenses durante esas primeras semanas de julio de 2001, reseñó la prensa de entonces.

Hoy, 13 años después, las confesiones entregadas a fiscales de Justicia y Paz por parte de varios paramilitares que reconocieron haber participado en aquellos hechos, entre ellos León Alberto Henao Miranda, alias ‘Pilatos’, han permitido reconstruir lo que allí pasó y aseverar, de paso, que las informaciones oficiales entregadas en aquel momento se quedaron cortas frente a la magnitud de la crisis humanitaria.

Lo que la Fiscalía 15 de Justicia y Paz ha logrado documentar es que entre el 3 y el 10 de julio de 2001, un comando de 800 paramilitares provenientes de los bloques Mineros, Central Bolívar y Noroccidente de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), entre otros, ingresaron a Peque desde la localidad vecina de Buriticá y en su recorrido forzaron el éxodo de más de tres mil personas; secuestraron 54 personas; asesinaron otras diez y torturaron cinco más; destruyeron y saquearon todo el comercio del casco urbano y robaron más de tres mil cabezas de ganado.

Pero, ¿qué generó tanta barbarie?, ¿por qué los paramilitares se ensañaron con esta población enclavada en las montañas del noroccidente antioqueño?

La orden de los Castaño
“Ellos creían que todos en el pueblo eran guerrilleros, decían que el ganado que ellos se robaron se los había robado a ellos la guerrilla y que lo estaban recuperando. Realmente querían acabar con el pueblo”, dice Liliana Salazar, actual personera de Peque, al hacer un recuento de los hechos que enmarcaron la incursión paramilitar que tuvo lugar la primera semana de julio de 2001.

Sus recuerdos coinciden con lo reconstruido hasta ahora por la Fiscalía 15. Todo indica que fue el secuestro de la tripulación de un helicóptero afiliado a una empresa de encomiendas, ocurrido a principios del mes de mayo en zona rural de Peque, por parte de miembros de la guerrilla, lo que terminó desatando la furia de los hermanos Castaño Gil.

Tras ser informado de la situación, alias ‘Pilatos’, que para esos años era integrante del Bloque Noroccidente de las Auc y patrullaba en zona rural del municipio de Sopetrán, dio aviso a su comandante, Luis Arnulfo Tuberquia, alias ‘Memín’, quien a su vez le ordenó que lo acompañara hasta la finca La 21, en zona limítrofe de los departamentos de Córdoba y Antioquia, para que le expusieran la situación a Vicente Castaño, alias ‘El Profe’.

“En esa finca se planeó todo”, declararía alias ‘Memín’ a un fiscal de derechos humanos en el año 2011. En efecto, tal como se lo narró el jefe del Bloque Noroccidente a la justicia ordinaria, en dicho predio se dieron cita, además de los hermanos Carlos y Vicente Castaño, los comandantes paramilitares Salvatore Mancuso; Ramiro Vanoy Murillo, alias ‘Cuco Vanoy’; y Diego Fernando Murillo Bejarano, alias ‘Don Berna’.

Allí, alias ‘Memín’ rindió un reporte sobre la situación de las autodefensas en el occidente y norte de Antioquia. Les dijo a sus ‘superiores’ que no contaba con pie de fuerza necesario para ‘pelearle a la guerrilla’ un punto tan estratégico para la guerra como lo era Peque.

Mancuso le ordenó entonces a ‘Pilatos’ y a ‘Memín’ que construyeron un helipuerto en zona rural del municipio de Sopetrán, con el fin de que sirviera de “puerto de llegada” de combatientes de otros bloques para formar un gran comando armado para tomarse ese pequeño pueblo de no más de 10 mil habitantes y donde el Estado brillaban por su ausencia.

Por orden de los hermanos Castaño, los demás jefes paramilitares debían aportar hombres para esta misión. La orden la acataron ‘Cuco Vanoy’, quien mandó hombres desde Tarazá; ‘Macaco’, Mancuso y ‘Don Berna’ hicieron lo propio. Para la primera semana de julio de 2001, cerca de 800 hombres fuertemente armados y dispuestos a no dejar ‘piedra sobre piedra’, partieron bajo el mando de alias ‘Marcos Gavilán’ y alias ‘Felipe’ desde la localidad de Buriticá.

Según lo atestiguó alias ‘Pilatos’, quien hizo parte de las tropas paramilitares bajo el mando de ‘Marcos Gavilán’ y ‘Felipe’, el objetivo principal de la misión era “recuperar tres mil cabezas de ganado que habían sido hurtadas por la guerrilla y llevadas hasta este municipio y, de paso, desterrar a la subversión de toda esa región”.

Recorrido de la muerte
Los primeros días de julio, los habitantes del casco urbano de Peque se extrañaron al ver llegar cientos de campesinos que venían desde las veredas huyendo de los paramilitares. En efecto, los hombres bajo el mando de ‘Marcos Gavilán’ y ‘Felipe’ ingresaron por la vereda Maderal, en límites con Buriticá. Allí asesinaron a un labriego, quemaron varias casas y amedrentaron a los pobladores, lo que generó un éxodo que terminó convirtiéndose en una bola de nieve.

En su ruta hacia el casco urbano, los ‘paras’ fueron destrozando, saqueando, amenazando, ordenando desalojos. “Las 42 veredas que tiene el municipio quedaron prácticamente desiertas porque toda la gente se desplazó hacía la zona urbana”, recuerda Liliana, la actual personera.

Reportes de la Fiscalía 15 de Justicia y Paz precisan que un total de 3.042 personas (unas 679 familias) se desplazaron hasta la cabecera del municipio. Pero allí, los campesinos recibieron la orden perentoria de trasladarse hasta la localidad vecina de Dabeiba.

Según lo documentado por la Fiscalía 15 de Justicia y Paz, “el 3 de julio llegó un grupo de paramilitares al casco urbano y el 4 llegó otra parte de la tropa. Este día, alias ‘Marcos’ se identificó como el comandante de la operación, se apoderó de la Alcaldía y bajo amenaza citó a toda la población. Estando allí les dio la orden de que se desplazaran hacia el municipio de Dabeiba porque se iban a enfrentar con la guerrilla para expulsarla de Peque”. La concentración duró dos horas luego de las cuales los paramilitares procedieron a tomarse la sede de Edatel, el banco del pueblo y los establecimientos comerciales, de los cuales hurtaron dinero, joyas, víveres, medicinas y toda clase de productos.

De acuerdo con los reportes recibidos por la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía, se cometieron un total de 74 hurtos en los almacenes del pueblo, dejando pérdidas por más de 150 millones de pesos. También robaron todo el ganado que había en las zonas rurales: en total unos 3.000 semovientes que fueron sacados por dos rutas: una, la que conduce al municipio de Buriticá y la otra, que lleva a Ituango.

Para ello, los hombres de ‘Marcos Gavilán’ secuestraron unas 52 personas para que sirvieran de arrieros. El grupo fue dividido en dos, llevando la peor parte quienes siguieron la trocha hacia Ituango. “En el sitio conocido como Batallas, en límites con Ituango, los paramilitares sostuvieron un enfrentamiento armado con la guerrilla. Siete paramilitares perdieron la vida y dos de los arrieros que iban con ellos también”, señala el titular del Despacho 15 de Justicia y Paz.

Los ‘paras’ permanecieron cerca de 20 días en Peque, dejando como saldo trágico 10 personas muertas, ocho de ellas sacadas de sus viviendas y posteriormente asesinadas, acusadas de ser auxiliadoras de la guerrilla; un comercio totalmente destruido y completa desolación en su zona rural. Solo promediando el mes hicieron presencia las autoridades civiles y militares para retomar el control de la localidad.

Si bien desde su sitio de reclusión en los Estados Unidos, donde purga una pena de 12 años por narcotráfico, el exjefe del Bloque Mineros, Ramiro Vanoy Murillo, alias ‘Cuco Vanoy’, reconoció en septiembre de 2013l su responsabilidad por estos hechos ante el Tribunal de Justicia y Paz de Medellín, lo que constituyó un gran paso en materia de verdad, pero 13 años después, entre los pequenses persiste el doloroso recuerdo de esta sangrienta incursión.

“La gente que fue desplazada retornó al municipio, pero no hubo para ellos ningún acompañamiento. Muchos perdieron sus cosechas, sus animales fueron hurtados y la gran expectativa de la gente es frente a la reparación, porque este municipio sigue siendo uno de los más pobres de Antioquia”, asevera la persona del municipio.

Fotos tomadas de fotosimagenes.org