Así rompieron las víctimas su silencio

Hace 10 años, cuando se comenzó a hablar de Justicia y Paz, las víctimas eran invisibles. En esta década han logrado no solo convertirse en un movimiento social, sino en la pieza clave para lograr la paz.

Madres de la Candelaria

Si algo ha cambiado durante una década de aplicación de la Ley de Justicia y Paz es la aparición de un nuevo actor social: las víctimas. En 2005, Colombia no sabía cuántas víctimas tenía, dónde estaban, a qué métodos atroces habían sido sometidas, ni cuán profundo había sido su sufrimiento durante el conflicto.

Estos diez años han servido para que poco a poco el país tenga información sobre ellas. Y sobre todo, para que ellas mismas se organicen en mesas de trabajo, movimientos sectoriales o locales. Hoy prácticamente no existe un municipio en Colombia que haya vivido el conflicto donde no exista alguna agrupación que reivindique los derechos de las víctimas.

Un logro de esa movilización social es que el Estado haya creado algunas instituciones que, además del sistema de justicia, están intentando responder a las demandas de reparación material y simbólica de quienes sufrieron el conflicto, como el Centro Nacional de Memoria Histórica, la Unidad de Restitución de Tierras y la Unidad de Víctimas, entre otras.

A pesar de que la Ley de Justicia y Paz estaba pensada para satisfacer las demandas de verdad, justicia, reparación y no repetición de las víctimas, hacerse oír ha sido un camino tortuoso para ellas, y el sistema aún tiene muchas deudas pendientes con ellas.

Ha habido una cuota importante de verdad. Especialmente se ha logrado ubicar más 6.400 de cuerpos, de los cuales solo alrededor de la mitad han podido ser identificados y regresados a sus familiares. Las versiones libres y los juicios a los paramilitares, a pesar de su lentitud, han logrado mostrar patrones de victimización a gran escala, y han hecho visibles crímenes hasta ahora olvidados en el país como la violencia sexual. Sin embargo, esta verdad ha sido incompleta.

En materia de justicia, los paramilitares han comparecido ante los tribunales, aunque solo un puñado de ellos han sido condenados, y otros incluso ya han recuperado la libertad. También algunos políticos, especialmente congresistas, alcaldes y concejales, han sido investigados por sus vínculos con grupos paramilitares. No obstante,  la justicia aún no ha logrado atribuir responsabilidades a otros actores claves en las acciones perpetradas por los paramilitares. Hay cerca de 8.000 compulsas de copias en la Fiscalía contra militares, empresarios y políticos, aún sin investigar.

En cuanto a la reparación, esta ha funcionado más por la vía administrativa y a cargo del Estado, pues solo el 6% de los dineros pagados  a las víctimas ha salido del bolsillo de los exparamilitares. Aunque esta reparación ha tenido un impacto muy limitado en las vidas de las víctimas, la promulgación de la Ley de Víctimas y de Restitución de Tierras significó un gran avance en la creación de políticas de largo plazo para atender sus demandas, y también las dignifica dándoles un reconocimiento social.

La no repetición es una materia pendiente. Si bien la desmovilización de los paramilitares significó una baja sustancial de la violencia contra la población en zonas de control de las AUC, rápidamente otros grupos criminales han copado muchos de estos territorios y reciclado la violencia. El paramilitarismo parece no haber sido desterrado del todo.

El camino recorrido en estos años por las víctimas, con sus avances y retrocesos, tuvo un efecto político y moral muy importante en el proceso de paz entre el gobierno y la guerrilla de las Farc. El punto que se refiere a ellas se ha tomado más de año y medio en ser discutido. Por primera vez éstas fueron escuchadas en un escenario de negociación, con su presencia directa en la Mesa de Conversaciones de La Habana. Y aunque este punto no se ha cerrado, ya hay avances como la creación de una comisión de la verdad, un acuerdo sobre búsqueda de desaparecidos y una jurisdicción especial que tiene como centro de gravedad  la verdad, el reconocimiento de las responsabilidades y la restauración.

Las víctimas son actualmente el principal actor de la reconciliación en Colombia.

VerdadAbierta.com presenta una galería con algunos de los personajes más representativos y de los hitos que marcaron estos 10 años de Justicia y Paz.

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En julio de 2004 los jefes paramilitares Salvatore Mancuso, Ramón Isaza, y Ernesto Báez fueron invitados al Congreso de la República en el contexto de la negociación del gobierno de Álvaro Uribe con las AUC. Mientras los tres jefes paramilitares pronunciaban sus discursos políticos en el atril del salón elíptico, desde la barrera, el congresista Iván Cepeda, alzaba, en silencio, el retrato de su padre, el senador comunista Manuel Cepeda, asesinado por paramilitares. Con este gesto de resistencia las víctimas empezaban a emerger en la escena pública. Foto: Archivo Particular