El Águila del Desierto, la pistola que nunca se desmovilizó

Una pistola que ha pasado de mano en mano entre narcotraficantes y paramilitares, ha sido protagonista durante décadas del conflicto armado en la Sierra Nevada de Santa Marta. Esta es su historia.

Esta pistola llamada 'El Águila del Desierto' fue entregada por Hernán Giraldo alias 'El Patrón' a los Mellizos Mejía.
Versión en inglés:
The desert eagle, the gun that was never put down

La extravagante pistola llegó en un embarque en 2001, para la época en que Jairo Antonio Musso, capataz del narcotráfico en el Caribe colombiano, enviaba la cocaína en lanchas rápidas por las rutas del Caribe a sus socios del cartel de Sinaloa en México. Aquellos regresaban el pago en voladoras cargadas de dólares, custodiadas por sus hombres. Entre los billetes viajaban casi siempre entreverados algunos fusiles o municiones, pues en Colombia los exportadores de la droga ilícita libraban una guerra contrainsurgente de fronteras borrosas.

Los aliados de ‘Pacho Musso’, que era como le decían en el bajo mundo a Jairo Antonio, eran los hermanos Elías y Hernán Cobos Muñoz, afamados comerciantes, quienes,  como tenían que mover tanto dinero que les dejaba la venta  de cocaína a rodos en las ciudades estadounidenses, habían organizado retornos veloces del efectivo desde Panamá y desde los pequeños países-isla vecinos.

El Patrón del vertiginoso negocio era Hernán Giraldo, mandamás de los paramilitares del Magdalena, agrupados en el Frente Resistencia Tairona, y fue uno de su tropa conocido como Walter Torres, el que se quedó con la pistola que vino acunada por los dólares, junto con otras armas, pistolas comunes, fusiles R-15 y AK47.

Era un fierro plateado de alto calibre, de boca cuadrada y cuerpo futurista, capaz de matar a un elefante, diseñada en conjunto por la empresa Magnum Research y la Industria Militar Israelí. La apodaban El Águila del Desierto y en manos de Walter probó ser tan eficaz instrumento mortífero como lo idearon sus diseñadores.

Walter se había unido a los paramilitares del departamento del Magdalena, cuando éstos se llamaban Autodefensas Campesinas del Magdalena y Guajira, el jefe militar era alias ‘Tolima’, y el máximo comandante era Giraldo. Pero después vino la guerra entre facciones de paramilitares y Giraldo perdió cada batalla contra Rodrigo Tovar Pupo, alias ‘Jorge 40’, quien, desde el sur, buscaba ensanchar sus dominios hasta más allá de la Sierra Nevada de Santa Marta.

‘Tolima’ fue asesinado, y a Walter lo enviaron a Medellín, justo en 2001, poco antes de que el Águila del Desierto cayera en sus manos, a hacer un curso de soldado irregular en la escuela ‘Corazón’, cuyo director era el ex militar Carlos Mario García, alias ‘Rodrigo’ o ‘Doblecero’.

Cuando Walter volvió a su brigada de paramilitares en el Caribe, ésta ya se llamaba Frente Resistencia Tayrona, y a él lo mandaron a pelear la guerra sucia en las ciudades a cazar a todo aquél que oliera a guerrillero o a uno de sus amigos. Pero, quizás porque su pistolón multinacional lo hacía sentirse más malo, Walter se volvió de gatillo fácil.

Un día de calor, como a eso de las 11 de la mañana, llegó Walter con sus patrulleros a la tienda Casa de Tabla a pedir gaseosa. Uno de los jovencitos armados, por hacer un chiste, le dijo a la tendera que le fue a cobrar, que él no había tomado nada. Ella furiosa se fue a ponerle la queja a Walter.

“Mi comando sacó ese pistolón y se fue hasta donde el muchacho”, le contó a VerdadAbierta.com un paramilitar que perteneció a ese frente. “Ese man, quizá, por los nervios, también le negó a mi comando haberse tomado la gaseosa y éste sin dudarlo le explotó la cabeza de un solo tiro con esa animalota. Después mi comando dijo: ‘No es por la h.p. gaseosa, ni por lo que vale. Esto es para que me respeten”.

Así siguió matando Walter a quien se le atravesara a su Águila. Otro día, en  un billar cerca a la entrada de la aguacatera, que era de una señora a la que apodaban ‘La Caleña’, un campesino se puso a tomar, se emborrachó y se quedó dormido, y ‘La Caleña’ le sacó la plata del bolsillo. A la mañana siguiente, el hombre se dio cuenta del robo y le hizo el reclamo a ‘La Caleña’ y ella negó haberlo esquilmado. Según narró un paramilitar desmovilizado en Justicia y Paz, el hombre en cuestión se fue a donde Walter y este mandó a llamar a ‘La Caleña’.

“La vieja era arrestada y frentera –contó el desmovilizado –. ‘Cero dos’ (Walter) estaba manejando su camioneta, una Toyota 4-5 de estacas y ‘La Caleña’ se paró por la ventana del copiloto. ‘Cero dos’ le dijo: ‘Usted se robó esa plata, entréguela que hoy estoy madre y no quiero matarla’. La vieja lo negó, pero como Walter insistió, ella, altanera, lo reconoció: ‘Bueno si yo me robé esa h.p. plata, y ahora qué, ¿me va a matar por eso?’. Walter sacó el Águila del Desierto y le disparó en un ojo”.

De la misma forma mató a trece personas de una sola vez, a quienes Walter había señalado como “drogadictos o rateros”. Otro joven paramilitar que fue testigo de los hechos le contó  a VerdadAbierta.com, cómo su jefe les ordenaba que subieran gente a La Y y los tuvieran amarrados. “Él subía todos los sábados o los domingos a ajusticiar”, dijo. Y luego narró cómo una vez, que tenían a trece hombres amarrados, Walter mandó a hacer una zanja grande y los hizo meterse adentro. “Después sacó ese pistolón y a cada uno le disparó un tiro en la cabeza –dijo- mi comando era un man de tenerle miedo, tenía la mirada perdida, era un asesino”.

Walter fue dejando tales estragos con su Águila, que se fue convirtiendo en un problema para la organización. Ordenó la masacre de los Sarmiento, una familia de evangélicos, porque uno de los hijos era informante de la policía. Mató a los que pudo, viejos, mujeres, niños. Según dijo un pastor evangélico de esa región, ante de caer destrozado por la Magnum, el abuelo de la familia le alcanzó a lanzar a Walter una fatídica profecía: “Mire señor, usted nos va a matar, pero aquí sobre la biblia le digo que este es su último acto criminal”.

Días después de esa masacre, Walter se robó unas tractomulas cargadas con insumos químicos, pero la Sijín (policía) de Santa Marta incautó la camioneta donde escondió la mercancía robada. Según contó a VerdadAbierta.com, un testigo, apenas supo, Walter se fue a enfrentarlos, pensando negociar con ellos. Se subió a su Nativa roja, aceleró y los alcanzó entre la vereda la Revuelta y la Esmeralda. Se bajó y después de discutir con ellos y de encañonamientos mutuos, los policías prometieron que arreglarían. “Walter se empretinó la pistola atrás y dio un giro – dijo el testigo –y apenas se volteó, el polocho le sacó el Águila y se la puso en el cuello, con tan mala suerte que se disparó y le destrozó la aorta”.

Los hombres de Walter reaccionaron y mataron a dos policías. Sus compañeros respondieron a los tiros. Finalmente los agentes salieron huyendo del lugar en la camioneta de Walter y los paramilitares en el carrito de los de la Sijín, al parecer uno Aveo muy chico. A Walter lo llevaron de urgencia a Guachaca, en donde lo estabilizaron con la intención de llevarlo a un hospital en Santa Marta. Pero no lo pudieron hacer porque la Policía hizo un operativo en la vía que conduce de Guachaca a la capital del Magdalena, por lo que entonces lo optaron por trasladarlo en ambulancia a Riohacha, pero se murió unos kilómetros más adelante. “Así terminó la vida de este man, con la misma pistola con la que mató tanta gente”, concluyó la historia el testigo.

Nadie sabe bien qué se hizo el Águila del Desierto por cuatro años. Sólo volvió a aparecer por los días en que Giraldo, quien se alistaba a desmovilizar su ejército paramilitar luego de la negociación de 2005 con el gobierno Uribe, le vendiera su zona de control, con todo y puertos clandestinos para sacar droga,  a los mellizos Víctor y Miguel Ángel Mejía. Ellos montaron un nuevo grupo conocido como Bloque Nevado, una banda criminal que ya poco tenía de autodefensa. A éste vincularon a paramilitares que venían de diversos bloques, entre ellos, a alias ‘Moises’ que había sido jefe en el Bloque Catatumbo en la frontera entre Norte de Santander y Venezuela.  ‘Moisés’ se encontró de nuevo con el Águila y se lo contó a su jefe, alias ‘Juan Carlos’, a quien Giraldo había encargado de dirigir el empalme entre su organización y la de los Mellizos. Le preguntaron a ‘El Mellizo’ Miguel Ángel si quería dársela a sus escoltas, pero éste desistió.

Según pudo averiguar VerdadAbierta.com, alias ‘Coyote’ quién se volvió el jefe los Nevados, después de que un mellizo fuera muerto por la policía y el otro fuera extraditado a Estados Unidos, heredó el Águila. La perdió a manos de otra banda criminal, ‘Los Paisas’, y después fue a dar a ‘Los Gaitanistas’, y al parecer, uno de sus integrantes la tiene hoy en su poder.