El despojo de las Bacrim en el Bajo Cauca

Aprovechando la zozobra y violencia que imperó en el Bajo Cauca antioqueño tras la desmovilización de las Auc, terratenientes y ex paramilitares se aprovecharon para despojar tierras a campesinos.
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 Cáceres es un municipio del Bajo Cauca antioqueño, donde hizo presencia el Bloque Mineros.          

Fue poco tiempo después de la desmovilización del Bloque Mineros de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), bajo el mando de Ramiro Vanoy Murillo, alias ‘Cuco Vanoy’, que comenzaron los problemas para los habitantes de la vereda Anará de Cáceres, en el Bajo Cauca antioqueño.

Si bien el 6 de febrero de 2006 se presentaron 2.790 combatientes a la vereda Pecoralia de Tarazá para hacer dejación de sus armas ante el Gobierno Nacional, buena parte de ellos, en especial aquellos más curtidos en la guerra, decidieron continuar en armas seducidos por la posibilidad de ser los nuevos “amos y señores” de los extensos sembradíos de hoja de coca presentes en  la región y de paso, convertirse en jugadores de peso dentro del negocio del narcotráfico.

Surgieron entonces las denominadas ‘bandas emergentes’. A viejos y reconocidos ‘paras’ como Rafael Álvarez Pineda, alias ‘Chepe’; Germán Bustos Alarcón, alias ‘Puma’; Roberto Porras Pérez, alias ‘La Zorra’; Ángel de Jesús Pacheco, alias ‘Sebastián’; entre otros, comenzaron a llamarlos ‘Águilas Negras’, ‘Paisas’, ‘Urabeños’. Luego vinieron las vendettas propias de quienes se embriagan de poder y codicia. La guerra a muerte que sobrevino después, en la que se utilizaron todos los métodos del paramilitarismo dejó en medio del fuego cruzado a campesinos inermes.

El creciente clima de confusión y zozobra que reinaba en la región sirvió también para que terratenientes y los nuevos jefes de las llamadas bandas criminales, comenzaran a tejer alianzas para apoderarse de parcelas colonizadas por humildes labriegos décadas atrás.

En su informe de Situación Humanitaria correspondiente a los meses de julio y agosto de 2007, la Oficina para la Coordinación de los Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas, Ocha, reseñó las alertas emitidas por el Sistema de Alertas Tempranas de la Defensoría del Pueblo –SAT- sobre el riesgo en el que se encontraban las comunidades de las veredas San Francisco, La Porcelana, Tacuyarca, Anará, Campanario, Pité, Corrales y El Calvario, por la presencia las bandas criminales y sus intenciones de despojar tierras.

“Estos nuevos grupos armados buscan favorecerse de la titulación de los predios baldíos y obtener títulos de propiedad de la tierra despojada a partir de la violencia y la coerción, así como detentar el control de la comercialización de la coca. En ese propósito, las llamadas ‘Águilas Negras’ han provocado desplazamientos individuales (…) adicionalmente se han presentado amenazas colectivas e individuales”, consignó en aquella oportunidad Ocha.

Precisamente uno de estos episodios se vivió en la vereda Anará, a pocos kilómetros del casco urbano de Cáceres. La fecha del evento la tiene muy clara Elías*, uno de los campesinos que fue víctima de lo que sucedió ese día en Anará: “eso fue el 19 de junio de 2006”.

El éxodo
El 19 de junio de 2006 arribó a la vereda Anará un terrateniente de la región, del que lo único que se sabía era que se llamaba Albeiro Acevedo. Llegó acompañado de alias ‘La Zorra’ y varios de sus compinches. La presencia en la zona de los exparamilitares no presagiaba un buen final. El terrateniente los reunió a todos y les dijo que la tierra que habían habitado, trabajado y luchado por más de 35 años, no era de ellos, que se tenían que ir. “La Zorra’ dijo que no era si no sacar a unos dos o tres con las piernas pa’delante que los otros se iban detrás”, recordó Elías, quien añadió: “dijeron que necesitaban la tierra desde Piamonte hasta Barro Blanco. En ese trayecto está Anará”.

Tres décadas atrás, Elías y las otras 63 familias que habitan esta vereda llegaron allí provenientes de todos los rincones de Córdoba y Antioquia en busca de un pedazo de tierra que les diera qué comer y dónde vivir. Y ese pedazo de montaña deshabitado, fértil y con el casco urbano a poco más de 20 minutos caminando, se convirtió en la mejor opción para establecerse.

Los colonos comenzaron a tumbar monte, a levantar ranchos, a sembrar yuca, plátano y maíz. El espíritu comunitario los llevó a repartirse la tierra en partes iguales. A cada familia le tocó una parcela entre 25 y 30 hectáreas. Los padres tuvieron hijos y estos después les dieron nietos. La vereda creció. Surgió entonces el gobierno comunitario, representando en la Junta de Acción Comunal. Comenzaron a exigirse los servicios básicos para vivir dignamente en los pueblos: acueducto y energía. Solo llegó la segunda.

Durante tres décadas los colonos de Anará aprendieron a convivir con la guerra: primero con las guerrillas de las Farc y el Eln; luego con la llegada de los paramilitares quienes a punta de fusil obligaron al repliegue de los subversivos. “Eso era impresionante. Le tocaba a uno tirarse al suelo mientras zumbaban las balas de un lado pa’l otro. Y ni modos de asomar la cabeza”, relató Pedro*, un campesino de la vereda a quien los paramilitares de ‘Cuco Vanoy’ le desaparecieron un hermano en 1996.

Como en los demás municipios del Bajo Cauca, los ‘paras’ inundaron con hoja de coca las fértiles tierras de Anará. Por años, la economía local giró en torno al “oro verde”. Y como sucedió en la región poco tiempo después que ‘Cuco Vanoy’ desmovilizó sus tropas, llegaron las avionetas de la Policía Nacional rociando miles de litros de un veneno llamado glifosato, que no solo mató la hoja de coca sino también el pancoger, hecho que generó fuertes movilizaciones de los campesinos del Bajo Cauca antioqueño en los años 2008 y 2010.

Con todo y ello, los pobladores de Anará permanecieron en su tierra con heroico estoicismo. Hasta ese 19 de junio de 2006. Las palabras del terrateniente, sumado a las advertencias de alias ‘La Zorra’, produjo el éxodo masivo de los habitantes de la vereda. “Ese señor decía que las tierras son de quienes tienen las escrituras y como nosotros nunca titulamos ni legalizamos nada, simplemente vivíamos allá. Pero este señor decía que sí tenía escrituras de esa tierra, que eso le pertenecía hace más de 40 años, y al ver gente armada, pues nos tocó salir”, contó Elías.

Inquietudes y pedidos
Con sus trastos al hombro, los pobladores no tuvieron más remedio que instalarse en el casco urbano de Cáceres. Allí conocerían la otra cara de su calvario. “Fuimos donde el alcalde, el señor Marcos Torres, y nos dijo: ‘ustedes para qué tierra’. Fuimos donde el personero y lo que nos dijo fue: ‘ustedes mejor reciban lo que les ofrecen porque esa gente es muy peligrosa. Total, nunca nos reconocieron la condición de desplazados”, narró Pedro quien, con la suspicacia propia de quien ha visto muchas cosas raras en esta vida, afirma sin asomo de duda: “Algún negocio raro deben tener Albeiro Acevedo y el señor Marcos Torres”.

Efectivamente, hubo labriegos que cedieron ante la presión y terminaron vendiendo sus parcelas por precios de nada. Pedro fue uno de ellos. Por sus 30 hectáreas recibió un millón de pesos, “pero yo no he firmado ningún papel, nada”, dijo. Los que no vendieron soportaron en el pueblo las inclemencias del hambre y la crudeza de la intemperie.

“Pero Dios manda su angelito”, como dijo el mismo Elías al recordar que a mediados de 2007, “había una reunión de unos militares en Tarazá y nos mandaron llamar. Cuando fuimos, un coronel del Ejército nos preguntó qué estaba pasando en la vereda. Le contamos todo. Y ese coronel nos dijo que nos brindaba seguridad para que entráramos nuevamente a la vereda. Varios se atrevieron. Fuimos con una funcionaria del Ministerio de Agricultura”.

Con la delegada de la Cartera de Agricultura se dio inició al trámite de la protección de predios, que se materializó en una reunión llevada a cabo en noviembre de 2007 en el antiguo Palacio Municipal de Cáceres. “Ese día estábamos con la doctora del Ministerio, con el Personero y los campesinos cuando llegó Albeiro (Acevedo). Nadie lo había invitado, pero de seguro alguien de la Alcaldía le avisó. Y llegó mostrando un papel ahí que era dizque las escrituras”, recordó Elías.

Paradójicamente, después de ese día nadie volvió saber del terrateniente que, con sus pretensiones, generó el desplazamiento de toda una vereda. Solo saben que en su finca, llamada El Alma, permanece un administrador. Lo que sí saben con certeza es que la violencia llegaría a niveles nunca antes vistos durante los años posteriores a este encuentro, y decir esto en una región donde la guerra siempre ha estado presente, ya da cuenta de la dimensión del problema.

La acción conjunta de las autoridades de Policía y el Ejército ha permitido dar de baja varios cabecillas de las nuevas bandas emergentes, como Ángel de Jesús Pachecho (Sebastián); y capturar otros como alias El Puma (septiembre de 2012), alias ‘La Zorra’ (2009) y alias ‘Picapiedra’. En veredas que en su momento fueron declaradas por el Comité de Atención a la Población Desplazada en desplazamiento o en inminencia de desplazamiento forzado hoy comienzan a retornar tímidamente los pobladores.

“En este momento hay por lo menos 14 familias viviendo en Anará. Hay otros que entran, trabajan la tierra y salen. Desde hace un año se está desarrollando allá un proyecto de cacao, que hace parte de los proyectos de sustitución de cultivos ilícitos que se adelantan en el marco de la iniciativa de Consolidación del Gobierno Nacional”, señaló un funcionario de la alcaldía de Cáceres consultado por VerdadAbierta.com, quien además confirmó que en Anará las tierras figuran como baldías.

El clima de “tensa calma” que se respira en la región también ha animado a un puñado de campesinos a llevar sus casos ante la justicia. El pasado 14 de junio, 20 de ellos estuvieron presentes en la ciudad de Medellín, para aprovechar la presencia en esta ciudad de Ricardo Sabogal, director general de la Unidad de Restitución de Tierras, y pedirle que atienda sus reclamos que, como lo señaló Elías, es sencillo.

“¿Qué pedimos? Pedimos algo muy sencillo: que nos den los títulos de la tierra, porque la tierra es del que tiene escrituras y llevamos muchos años allá como para que nos saquen de la tierra así como así”.   

*Las personas citadas pidieron expresa reserva de su identidad

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