Tabla Roja, una vereda donde conviven víctimas y exguerrilleros

Dos reintegrados del Ejército de Liberación Nacional viven con una comunidad de campesinos desplazados en el puerto petrolero de Barrancabermeja. Después de siete años creen que su historia de convivencia puede replicarse en el país.

En el asentamiento San Marcos, a una hora de Barrancabermeja, vive un grupo de familias desplazadas por la violencia que aceptó convivir con dos desmovilizados del Eln. Foto: VerdadAbierta.com.

No lo pensaron. Tampoco lo planearon. Llegaron a tierras santandereanas buscando una oportunidad y huyéndole a la represalia de muerte de la guerrilla. Mario Suárez y Pedro Rueda* fueron durante por lo menos cuatro años guerrilleros rasos del Ejército de Liberación Nacional (Eln) en una zona de la Costa Caribe. “Nos cansamos”, dice Suárez, explicando que su motivo son quince hijos que lo acompañan ahora en las labores del campo. Su vecino, Rueda, tiene tres niños y aunque después de desmovilizarse probó suerte en varios pueblos cree que ahora está en un sitio tranquilo.

Tabla Roja es una de las 17 veredas que componen el corregimiento de El Llanito, a una hora de Barrancabermeja, en Santander. Aunque la carretera parece haber sido reparada recientemente, sigue siendo una trocha que solo puede transitarse en tiempo seco. La lluvia vuelve el camino un lodazal y son pocos, como un señor que lleva helados hasta el pueblo en una moto, los que se atreven a llegar al asentamiento San Marcos, que ya cuenta con escuela y cancha de fútbol.

Pese a las condiciones de la vía y a la temperatura, que puede llegar a los 40 grados, a este asentamiento llegaron 18 familias, 16 de ellas desplazadas por la violencia de finales de los años 90 de Antioquia, otros municipios de Santander, el sur de Bolívar y el Tolima. “Al principio no fue fácil. Cada familia tenía sus creencias y costumbres. Nos pusimos de acuerdo y hemos logrado vivir en armonía”, cuenta Anadelina Quiroga, una habitante originaria de San Marcos.

En 2007 estas familias llegaron buscando un pedazo de tierra dónde levantar de cero la vida. “No me pregunte por esos días de la violencia porque no quiero recordar. A mí primero me sacaron desplazado del sur de Bolívar y luego a mi hermano me lo mataron en la masacre de Barranca en 1998. Eso fue terrible. Una cosa es contarlo y otra, vivirlo”, dice Libardo Sánchez Barraza, un líder de la comunidad que siente orgullo de que las familias cuenten con un título de propiedad y un proyecto productivo.

El Instituto Colombiano de Desarrollo Rural (Incoder) les entregó 170 hectáreas en común y proindiviso, una figura que blinda las tierras de ser comercializadas ya que todos son propietarios. Por consenso, cada familia se organizó sobre nueve hectáreas de las cuales destinan tres para desarrollar un proyecto de palma de aceite que les ayudó a impulsar el Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio. “Acá tenemos con qué comer. Vivimos tranquilos. La tierra nos da todo”, reitera Sánchez.

Una nueva vida
Cada familia cultiva aproximadamente tres hectáreas de palma africana cuyo fruto lo venden a una extractora de aceite cercana. Foto: VerdadAbierta.com.

Mario Suárez recuerda que cuando se entregó a las autoridades sentía miedo de que lo mataran. En 2003 se desmovilizó de forma individual, pues aún no hay un proceso de paz con el Eln. “Para esa época la guerrilla había secuestrado a varios extranjeros y la situación se puso muy difícil. Uno tenía que vivir escondido porque los operativos del Ejército se incrementaron”, evoca. Durante el proceso de reintegración que le ofreció el gobierno vivió en Barranquilla, Ibagué y fue a parar al Huila, donde montó un café-Internet. Pero lo suyo era el campo y supo que en Tabla Roja había un proyecto con campesinos.

“Cuando llegué a la vereda les mostré el certificado que era desmovilizado”, explica. Para su sorpresa, siendo un asentamiento de víctimas del conflicto y una región precisamente azotada por el Eln en las décadas del 80 y 90 por los frentes Manuel Gustavo Chacón, Resistencia Yarigüíes, Capitán Parmenio y Diego Cristóbal Uribe, la comunidad no lo expulsó. “Les demostré que soy una persona trabajadora. He colaborado cada vez que me necesitan con el arreglo de las vías, el embellecimiento de la escuela y poner cercas. Ellos me aceptaron”, comenta Suárez.


Pedro Rueda considera que no se ha sentido rechazado por las familias de San Marcos. “A uno le deben dar una oportunidad. Somos muy trabajadores y a mis 43 años sueño con que mis hijos tengan una mejor vida”, dice.

Suárez y Rueda hacen parte de los mil 804 ex integrantes del Eln que se han venido desmovilizando desde hace varios años en distintas regiones del país según datos de la Agencia Colombiana para la Reintegración (Acr) actualizados a agosto de 2014. Ambos se desmovilizaron hace una década de forma individual.

Un funcionario de esta institución que acompaña el proceso en Tabla Roja señala que lo valioso de la experiencia no es solo que la comunidad logró convivir con los desmovilizados sino que ellos pudieron encontrar un lugar en el campo. “Esta población es flotante. Hay casos en que unos meses están en una ciudad, al tiempo en otra y así porque no encuentran un proyecto de vida. Creo que Tabla Roja les dio la oportunidad y esto puede ser un ejemplo de lo que puede ocurrir en el país de haber una desmovilización de las guerrillas”, indica el funcionario.

Mientras Mario logró hacer parte de la titulación de San Marcos porque llegó al asentamiento cuando la comunidad gestionaba la adjudicación ante el Incoder; Pedro, que llegó de forma más reciente a Tabla Roja, no tiene tierra. De momento, vive en una de las parcelas que un campesino le dejó de cuidado para sacar a sus hijos adelante.

En Santander viven por lo menos 2 mil ex combatientes de distintos grupos armados ilegales y aún son contadas las experiencias como ésta. De momento ha sido en la ciudad donde algunas empresas privadas (Lea: Reintegrados, barriendo los medios en Bucaramanga) han decidido emplear a reintegrados de la guerrilla y los paramilitares. Los desmovilizados que viven en campo y los barrios han querido ocultar su identidad. Por miedo y porque no saben cómo reaccionarán las comunidades.  

*Nombres cambiados a petición de los desmovilizados por razones de seguridad

VerdadAbierta.com conversó con Libardo Sánchez Barraza, líder de San Marcos, quien cuenta cómo ha sido la experiencia en Tabla Roja que, a su juicio, es un laboratorio de paz pensando en el llamado posconflicto: