El Tigre no es como lo pintan

La Junta de Acción Comunal de una vereda en Caucasia (Antioquia), es la primera del país en ser beneficiada con una sentencia de restitución

La Junta de Acción Comunal de una vereda en Caucasia (Antioquia), es la primera del país en ser beneficiada con una sentencia de restitución. Esta es la historia de resistencia que terminó en fiesta tras 40 años de vida comunitaria.

El Tigre - Caucasia El 19 de septiembre fue el día que eligieron los miembros de la Junta de Acción Comunal de El Tigre 1 para celebrar sus primeros 40 años de vida. Coincidió con la noticia de la restitución.

Ismael Carreño* muestra su mano derecha con el mismo orgullo con el que el campeón olímpico exhibe glorioso su medalla dorada. Es una mano morena y gruesa que evidencia las largas horas de ordeño pero lo particular es la curvatura que tiene el dedo meñique, herencia de una fractura que tuvo en un partido que su equipo, Santa Cruz, de la vereda El Tigre 1 de Caucasia, jugaba contra la vereda La Reversa, de Cáceres, ambos municipios del Bajo Cauca antioqueño. Ismael era el arquero, y gracias a su mano salvadora, el rival no anotó el cuarto gol. El balón le quebró el dedo, pero no vulneró su red.

Finalmente, El Tigre 1 le dio vuelta al marcador y ganó 7 a 3. “Yo fui el arquero del equipo de la vereda desde 1968 hasta 1976. A mí solo me hicieron 39 goles, mientras nosotros hicimos 219”.

Mapa de Caucasia 

A sus 67 años, Ismael lo recuerda todo. Es una de esas bibliotecas andantes que recorre con paso lento los caminos de El Tigre 1. Es la memoria de los momentos felices pero, también, de los embates de la guerra representada en principio por grupos guerrilleros, luego por paramilitares y, finalmente, por bandas criminales, los grupos disidentes tras la desmovilización de las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia).

Nace un felino

La vereda El Tigre 1 está formada en su mayoría por campesinos llegados de municipios como Pueblo Nuevo (Córdoba), San Onofre, Sampués y San Marcos (Sucre) que, a principios de la década del 60, vieron en esas planicies unos campos fértiles para sembrar maíz, yuca, arroz, plátano y ñame. Porque en El Tigre, como dicen los viejos, “lo que se siembra pelecha”. La carne también estaba asegurada porque había peces en las quebradas, guaguas, chigüiros, pavas congonas y perdices en el monte.

La vida comunitaria fue uno de los distintivos desde la fundación, como lo recuerda Hernando Julio*, presidente de la Junta de acción comunal: “cualquier problema de una familia, era el problema de todos. Como antes no había carreteras y los caminos de herradura eran tan malos, entre todos sacábamos a los enfermos hasta el pueblo en hamacas. Nos demorábamos uno o dos días, pero allá llegábamos todos”.

Para 1968, algunos miembros de la comunidad vieron la necesidad de organizarse para trabajar por la vereda. Eran campesinos sin educación en su mayoría, pero con unos deseos enormes de sacar adelante su terruño. Lo primero que hicieron fue formar una comisión para limpiar los caminos de acceso; en total 65 hombres con hacha y machete, como la canción de Lavoe, se dieron a la tarea de arrancar maleza y despejar los senderos. Esa fue la semilla que sembraron para crear formalmente la Junta de Acción Comunal de El Tigre 1, el 14 de septiembre de 1975.

A la caza del Tigre

Así como la piel del tigre es atractiva para muchos cazadores, para los grupos armados la ubicación de la vereda El Tigre 1 es privilegiada para sus fines delictivos. La carretera de la vereda comunica con el municipio de Cáceres y la parte norte del municipio de El Bagre, zonas de cultivo y procesamiento de cocaína. Así mismo, el municipio de Caucasia comunica con el corredor estratégico que va desde la Serranía de San Lucas y el Nudo del Paramillo para terminar en el Golfo de Morrosquillo y Urabá, puntos vitales para la comercialización de la droga.

El Tigre - CaucasiaA la Junta de Acción Comunal de El Tigre 1 le devolvieron los derechos sobre la caseta comunal y la cancha de fútbol - arrebatados en la época paramilitar-, con un área que suma 6.233 metros cuadrados.

En la década del 80, la guerrilla incursionó en la zona queriéndose ganar el favor de la comunidad a través de reuniones y otras formas de socialización. En los 90 llegaron los paramilitares y el conflicto se empezó a recrudecer con acusaciones de lado y lado contra la población civil. Este hecho llenó de temor a los habitantes de la zona y se empezaron a dar los primeros abandonos de tierra, motivados precisamente para evitar el reclutamiento forzado de los jóvenes de la vereda.

Que los paramilitares se metieran con el que siempre ha sido el núcleo de su vida comunitaria y social, la caseta comunal, afectó mucho a los habitantes de El Tigre 1 y puso a prueba su resistencia frente al conflicto armado. Primero vinieron una serie de atracos a la tienda comunal, el nervio financiero para muchas actividades de la Junta, luego el retiro de mercancía fiada que finalmente nunca se pagó y, por último, la agresión contra la promotora de salud y el tendero de turno, a quienes amarraron durante un robo.

La restitución como fiesta

El sábado 19 de septiembre de 2015 fue el día que eligieron los miembros de la Junta de Acción Comunal de El Tigre 1 para celebrar sus primeros 40 años de vida. La caseta comunal estaba adornada con bombas y un cartel de bienvenida, y por la carretera polvorienta llegaron personas a pie, en caballos o sobre el techo de unos jeeps destartalados que han resistido al paso del tiempo. A la sombra de un gran árbol se instaló la comisión del almuerzo que picaba aliños, alimentaba los fogones con leña y vigilaba atenta la cocción de las dos novillas, el arroz y la yuca.

En otro vehículo llegó la banda 14 de Septiembre de Caucasia, con sus camisas de palmeras coloridas, su clarinete, trombones, trompetas, redoblante, bombos y platillos. Sus integrantes traían en su memoria las partituras de María Varilla, la Vaca Vieja y otros porros y fandangos. La demora era que el padre Darío diera la misa para iniciar la fiesta.

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La Unidad de Restitución de Tierras (URT), sede Caucasia, tenía hasta ese día cuatro sentencias de restitución en la vereda El Tigre 1, y dentro de la programación de la celebración contaba con un espacio para notificar a Marcos Ramos sobre la restitución del predio que tuvo que abandonar por la presión de los paramilitares. Pero lo que desconocía toda la comunidad del Tigre 1, era que el Juzgado Civil del Circuito Especializado de Restitución le había notificado el día anterior a la URT sobre la sentencia que le devolvía a la Junta de Acción Comunal de El Tigre 1 los derechos sobre la caseta comunal y la cancha de fútbol, con un área que suma 6.233 metros cuadrados.

En el acto de conmemoración, los fundadores de la Junta de Acción Comunal de El Tigre 1 estaban en primera fila. Cada uno fue contando la historia de la fundación de la vereda y la junta de acción comunal; hablaron de los momentos buenos, del amor entre vecinos, del respeto a la opinión del otro, aunque en ocasiones conversaran “durito” en medio de una reunión. Era una fiesta en torno a la importancia de la memoria y la vida comunitaria.

Era el turno de dar la buena nueva. Un abogado de la URT tomó el micrófono y felicitó a la Junta por sus 40 años de vida. Lo que siguió tras la notificación de la sentencia que les restituía la caseta comunal y la cancha, fue como la celebración de un gol en medio de un estadio. Hernando*, el presidente, se paró de un saltó de su silla levantando sus brazos; Ismael, el hombre que prefirió partirse un dedo antes que dejar entrar el balón al arco que salvaguardaba en los tiempos viejos, corrió a abrazar al abogado. Fue como ese partido que ganaron 7 a 3 en la década del 70: hubo momentos de angustia y dolor, pero resistieron y entre todos trabajaron para recuperar lo que por derecho les pertenecía.

Los metales retumbaron y prendieron el fandango. Y allí, en medio de los bailarines y los sombreros vueltiaos que surcaban el aire, Hernando Julio, el presidente de la Junta, dijo que el Tigre no es como lo pintan “porque el tigre de mi vereda es feroz pero en el aspecto de trabajo, persistencia e integración. Por eso anhelo morir de viejo en este sitio donde mis vecinos me vieron crecer y trabajar hombro a hombro con ellos”.

*Todos los nombres fueron cambiados por petición de las fuentes.