Pueblorrico, quince años después de la tragedia

En agosto de 2000 varios soldados asesinaron a seis niños que estaban en excursión escolar en un pueblo de Antioquia. El Ejército reconoció su responsabilidad pero dijo que fue un error. Hasta la fecha, no ha habido condenas.

pueblorrico 1Cada año, los familiares de las sise víctimas realizan actos conmemorativos en el Parque Central de Pueblorrico, Antioquia. Crédito: Alirio Valencia.

La mañana del 15 de agosto de 2000 estaba soleada y despejada como nunca antes, los niños estaban alborozados. Caminaban apresurados, en pequeños grupos, alegres, cantaban y conversaban con el compañero de juegos y travesuras. David Ramírez, de diez años, asumió un improvisado liderazgo en uno de los grupos, pues conocía muy bien el camino que conduce hacia la parte alta de La Tolda y hacía las veces de guía de sus compañeros. No había preocupaciones de que alguno de los caminantes se perdiera, ya que la gran mayoría conocía el camino como la palma de sus mano. Sabían qué atajo tomar para llegar más ligero y conocían como nadie cuáles eran los lugares difíciles para transitar.

Habían caminado tan sólo quince minutos, aproximadamente, en un plano de ascenso. Los que venían atrás se detuvieron, y el concejal Higuita les gritó a los de adelante que esperaran un poco y ayudaran a llevar las ollas y los ingredientes para hacer el almuerzo. Su grito coincidió con los gritos de alegría de los niños que ya llegaban a la parte alta de la loma, también coincidió con la descarga de ráfagas de fusiles.

“Algo sonaba muy duro y de pronto todo se oscureció. Desde la parte alta tiraban como granadas de humo que no dejaban ver nada y como que nos asfixiaba. Entonces yo me tiré al suelo y me arrastré por debajo de un alambrado. Con otros niños, a quienes ayudé a que también se arrastraran, salimos corriendo por entre un pequeño monte que conduce a los potreros de don Gustavo Arboleda. De esta manera nos pudimos salvar”, dijo Víctor Alfonso.

El niño David Ramírez, en un momento en que los disparos cesaron, corrió a buscar una mejor protección detrás de los pequeños barrancos que se encontraban a un lado del camino, pero, infortunadamente, fue alcanzado por las balas que nuevamente empezaron a surcar los aires. La camiseta blanca que llevaba puesta quedó ensangrentada confundiéndose con el color rojo de la sudadera.

Tanto los adultos como los niños del grupo que bordeó la loma por la izquierda, coinciden en señalar que los gritos de alegría fueron acallados por el espeso fuego que las tropas regulares descargaron indiscriminadamente contra los niños y las niñas del otro grupo, que había alcanzado un espacio plano que sirve de descanso en el ascenso. Uno de los niños textualmente manifestó: "Cuando el niño gritó de alegría, nos encendieron a bala". Se refería al momento en que Juan David Ramírez López le gritó a Víctor Alfonso Sánchez y demás compañeros que les había ganado por haber llegado primero a la parte alta del camino.

Los padres de los niños en un primer momento pensaron que podía ser un enfrentamiento guerrillero. Se acordaron de que sus hijos caminaban en ese preciso momento por el lugar, y guiados por ese ruido, y sin entender qué era lo que realmente pasaba, comenzaron a subir la loma en medio de las balas.

Pasaron más de cuarenta minutos para que los soldados dejaran de disparar y salieran de sus posiciones. En veloz carrera comenzaron a bajar. Esperaban encontrar cadáveres de guerrilleros, pero el panorama les quitó el aliento. Unos sólo tuvieron fuerzas para sentarse a llorar con los campesinos, otros reaccionaron con agresiones y evasivas ante los reclamos de los padres de familia. La escena era dantesca. En medio del camino tres niños yacían muertos y otros siete estaban gravemente heridos. Tres de ellos morirían horas después, para un total de seis: Paola Andrea, de ocho años y su hermano Alejandro, de diez; Marcela, de seis; Harold, de siete; Gustavo de nueve y David, de diez.

Versiones encontradas
pueblorrico 1Los familiares aún esperan que el Estado pida perdón por la masacre de los niños. Crédito: Alirio Valencia.

Desde el mismo martes 15 de agosto, los medios de comunicación, nacionales e internacionales dieron a conocer las versiones de los altos mandos militares sobre los hechos sucedidos en Pueblorrico. El comandante del Ejército de la época, general Jorge Enrique Mora, hizo la siguiente declaración para el periódico El Espectador: "lo que sucedió es que se presentó un intercambio de disparos, los guerrilleros venían adelante y se mezclaron con los niños, el Ejército no los vio y ahí murieron".

El comandante de la Cuarta Brigada, general Eduardo Herrera Verbel, declaró: "En la persecución de los guerrilleros, estos se metieron entre una excursión de niños de la escuela y dispararon a la tropa. Esta reaccionó y hay un balance de seis niños muertos". Además, aseguró que en el enfrentamiento los guerrilleros utilizaron niños como escudos humanos para evitar la acción de las tropas.

El viernes 18 de agosto de 2000 autoridades civiles y militares encabezadas por el propio Ministerio de Defensa, ante la solidez y presión de las declaraciones de los testigos de los hechos, reconocen la responsabilidad del Ejército, pero la atribuyen a un “error”. "Este no es un tema de violación de derechos humanos, sino de un posible error humano... El punto que quieren reiterar aquí, por encima de todo, es que nunca -y eso creo que esta fuera de toda discusión- hubo dolo. Nunca hubo intención de los soldados en producir muertes, menos niños..." Estas fueron las declaraciones de Luis Fernando Ramírez Acuña, ministro de defensa, en rueda de prensa que fue registrada por los medios de comunicación el 19 y 20 de Agosto de 2000.

Las explicaciones de los altos funcionarios gubernamentales sobre la masacre de los niños perpetrada por el Ejército, fueron diferentes en todo momento. Según manifestó el ministro de Justicia, Rómulo González a los medios de comunicación, “a la autoridad hay que creerle”, o sea que la responsabilidad la tenían los guerrilleros que “tomaron como escudos a los niños” (fue la primera versión); los generales decían que fue un combate y que los niños aparecieron en la mitad y otros aseguraron que el ELN se escudó tras ellos; pero al final, cuando ya todas las evidencias demostraron que no hubo combate y que tampoco los niños fueron “escudos humanos”, el ministro de Defensa, resultó con: “fue un lamentable error humano, pero no violación de los derechos humanos”.

Acusaciones sin condena
La Fiscalía 11 Penal Militar ratificó la acusación contra el sargento primero Jorge Mina González y otros 15 soldados y pidió sentencia condenatoria en su contra por lo que consideró un error en la actuación de los militares que careció de dolo.

Los representantes del Ministerio Público y de la parte civil en proceso estuvieron de acuerdo con la Fiscalía en solicitar la condena, pero rechazaron la teoría de que los militares no actuaron con dolo pues, según ellos, los soldados han hecho aparecer la acción como respuesta a un ataque guerrillero que nunca existió.

Los familiares de las víctimas alegan que hasta la fecha no hay condenas sobre los responsables que fueron acusados, quedando a la espera de un fallo por parte de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

¿Indemnización o reparación?
En noviembre del año 2003, el Ministerio de Defensa ordenó reconocer a las familias de las víctimas de Pueblorrico la indemnización como consecuencia del proceso de conciliación entre éstas y el Ejército Nacional. Casi 50 personas fueron cobijadas por la resolución. A pesar del dinero recibido y del reconocimiento del error por parte del Ejército, algunos padres no se sintieron del todo reparados. Hasta el día de hoy, 15 años después, buscan que un tribunal internacional de derechos humanos declare responsable al Estado colombiano. Además, hace falta que una vez declarada la responsabilidad del Ejército Nacional en los hechos, el Estado colombiano representado por el Presidente de la República, así como los altos mandos militares, ofrezcan perdón a la comunidad y a los niños colombianos por el crimen de estos niños y niñas. “A mi hijo le dieron un valor de 1.000 gramos oro ¿Cómo creen que mi hijo pueda tener un valor en oro? Nosotros lo que queremos es que se haga justicia, por que nos pueden dar toda la plata del mundo y jamás lograrán pagar el daño que nos hicieron”, dijo Argemira Carmona, madre de Gustavo Adolfo, uno de los niños asesinados.

En el limbo
pueblorrico 4Este fin de semana, varios habitantes se reunieron para conmemorar los 15 años de la masacre e hicieron la misma ruta de los niños asesinados. Foto: Gobernación de Antiquia.

Por estas fechas desde hace 15 años se realizan los actos conmemorativos en Pueblorrico. Los familiares de las víctimas, los compañeros sobrevivientes y toda la comunidad se reúne para realizar marchas, asistir a talleres, conferencias y misas. Finalmente, cada 15 de Agosto realizan la travesía cuesta arriba hacia la vereda La Tolda, en el lugar de los hechos donde se erigió un monumento al Divino Niño.

Año tras año, los familiares de las víctimas reviven con dolor los hechos, y aunque en el último tiempo la Alcaldía de Pueblorrico, la gobernación de Antioquia y varias ONG se han encargado de brindarles acompañamiento y asistencia psicológica, hay una herida abierta. La impunidad sobre los responsables, las sentencias sin condenas.

Don Hernando Arboleda, quien perdió a sus dos hijos ese 15 de Agosto, lo explica con resignación: “son años de no saber nada de nada. A mis hijos los enterré ese día, pero nosotros nos quedamos en el limbo…”

* VerdadAbierta agradece a Alirio Valencia por facilitarnos su investigación sobre este caso reunida en el libro: “Un sueño convertido en tragedia”.