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Carta a 'Gabino'

Tres décadas después, un excombatiente del Eln le cuenta a Nicolás Rodríguez Bautista, 'Gabino', por qué se retiró de ese grupo insurgente, y le pide que abandone la guerra, aunque no sus convicciones.

0-eln-gabinoNicolás Ridríguez Bautista, alias 'Gabino' es el comandante del Eln y miembro del Comando Central, máxima instancia de ese grupo armado ilegal.

Desde alguna ciudad de Colombia, enero de 2015

Comandante Nicolás Rodríguez Bautista:

Han transcurrido 28 años desde aquel día en que renuncié a la organización que usted comanda. En esa ocasión, presenté mi renuncia ante usted, por su condición de comandante militar del Eln. Hoy me dirijo de nuevo a usted, pero con otra intención. Lo que me anima a hacerlo ya no es el vínculo de la militancia, sino otro más elemental: que seamos compatriotas. Esta razón, aunque desgastada por la propaganda política, es poderosa, pues remite a un destino común, impuesto por la tierra materna.

Le escribo con el respeto que usted merece como ser humano y como un valiente que ha luchado durante toda su vida por un ideal revolucionario. Que yo me haya apartado de sus posiciones políticas y de sus métodos de lucha no me impide reconocer su compromiso con unos ideales. Tampoco me impide adoptar una posición crítica frente a la obstinación que usted encarna, obstinación que no es atributo exclusivo de su organización, sino que es general, pues la guerra ya se ha convertido en una costumbre en esta sangrienta república.

Pertenecí a una generación de jóvenes que se vinculó a la lucha revolucionaria a mediados de la década del setenta, estimulados por el ejemplo del Che Guevara y del sacerdote Camilo Torres Restrepo, a quien usted conoció personalmente y con quien, tal vez, compartió su primer y último combate, en Patio Cemento, Santander, el 15 de febrero de 1966.

Para nosotros, jóvenes idealistas que soñábamos con un país justo, Camilo encarnaba un absoluto, una actitud honrada que lo situaba por encima de los gobernantes de turno ─el siniestro régimen de Turbay Ayala y el general Camacho Leyva, que devastó el país con el Estatuto de Seguridad─ y de los dirigentes de la izquierda de esa época, enredados, como aún lo están, en rencillas ideológicas y políticas que les impedían fraguar un proyecto unitario y que, después, los llevarían a una guerra fratricida.

Muchos miembros de mi generación ya murieron: algunos, en combate; otros, desaparecidos por los organismos del Estado o por paramilitares; otros, fusilados por la misma organización en la cual militaron.

Le escribo esta carta desde la distancia serena que otorga el tiempo, libre de las pasiones políticas que me indujeron a la lucha guerrillera. No sé si usted recordará que mi retiro de la organización se debió al escepticismo y al cansancio. Escepticismo respecto a la eficacia y a la validez de la lucha armada; cansancio de padecer el círculo absurdo e infernal de la violencia.

A propósito, quiero referirle el episodio que suscitó esa catástrofe interior o crisis de conciencia que me condujo a presentarle mi renuncia a la organización. Recordará que, en la zona donde nos encontrábamos, el Ejército había lanzado una operación militar. Allí también operaba un frente de las Farc, que había tenido un combate con unidades de contraguerrilla. Varios guerrilleros habían muerto y algunos estaban heridos. Nos pidieron asistencia médica para atenderlos.

Participé en la comisión que cumplió esa tarea humanitaria. La compañera M. fue la médica. Recuerdo perfectamente cuando llegó a nuestro campamento el grupo con sus heridos. Desde la distancia, percibí el olor de la podredumbre, un olor que atravesaba las fosas nasales lacerándolas y se incrustaba allá en lo hondo. Uno de los heridos era el comandante de ese frente.

Entre los combatientes que lo custodiaban se hallaba su compañera sentimental. Fui testigo de la cirugía: con unas pinzas, M. fue extrayendo minuciosamente las astillas de uno de los huesos del paciente, el húmero derecho, destruido por una ráfaga de fusil.

Entonces vi que ese hombre, que tanto respeto infundía como recio jefe militar, tomó con la otra mano su pistola y le pidió a su compañera que lo matara: no soportaba el dolor. Como era previsible, su petición no fue atendida y, finalmente, el hombre resistió la prueba. Cerca de allí, otro de los guerrilleros heridos esperaba su turno para recibir la asistencia médica. En su rostro, una imagen ominosa: había sido herido en el maxilar inferior, del cual apenas colgaba un muñón.

Esas imágenes y sensaciones obraron en mí como un mazazo en la cabeza. Fue como el despertar de un épico sueño para ingresar en una sórdida pesadilla. Nada en mí, ningún principio ideológico o político, justificaba lo que había atestiguado, a pesar de que antes había visto morir a varios compañeros. Vi al ser humano convertido en una cosa, en excrecencia de una bestia múltiple, viscosa y oscura.

Desde entonces, me sentí forastero en el grupo, extraviado en la selva, ese laberinto vegetal. Después sucedieron la fiebre palúdica, la operación del Ejército, el bombardeo contra el campamento, hechos que agravaron mi desesperanza. Lo supe y lo padecí en silencio: había perdido la fe en esa alucinada empresa.

Entonces gasté los dos centavos de valor que me quedaban para renunciar, en lugar de seguir arrastrando mi existencia y la de mis compañeros a una lucha ciega y estéril. (Éramos “los cantores del alba”, ¿recuerda? Había algo de poesía en eso). Por fortuna, usted y los demás comandantes tuvieron la generosidad y la misericordia para entender mis razones y aceptar mi renuncia.

Durante estos veintiocho años de vida ciudadana he intentado insertarme en la sociedad para prestar un servicio. He pagado mis deudas con la justicia humana, aunque hay otra justicia, intangible, más sutil y, por eso, más eficaz que la humana, ante la cual uno no dejará de comparecer hasta el final de su existencia. Esa justicia, que algunos llaman conciencia universal, es la misma que venció a Raskolnikov en otro campo de batalla.

En verdad, no ha sido fácil reincorporarse a la sociedad, pues “el pasado es de hierro”, como escribió alguien, y los seres humanos solemos ser despiadados con quien ha caído o errado e intenta rectificar su camino. He prestado ese servicio social en el campo de la educación. Creo que con mi modesta labor he servido mejor a la sociedad que en la antigua militancia. El hecho de ayudar a otras personas a que se acerquen al conocimiento es más emancipador que intimidarlas o tratar de someterlas mediante las armas.

A diferencia de lo que otros aseveran, no creo que usted esté en la guerrilla en busca de fortuna ni para servirle al narcotráfico. Prefiero creer en el altruismo de sus propósitos. Sé que usted es un campesino cuya familia padeció la violencia del régimen conservador en la década del cincuenta, como sucedió con muchos de los campesinos que formaron los primeros núcleos guerrilleros en el país, tanto de las Farc como del Eln.

Alguien escribió: “La historia se harta de los violentos”. Sinceramente, Gabino, no quisiera ver en los titulares de prensa o de televisión ese triste y obsceno espectáculo al que nos han habituado los últimos gobiernos: su cuerpo despedazado por un bombardeo; ni el suyo ni el de nadie, sea un soldado, un policía, un guerrillero o un campesino, que son la carne de cañón de esta guerra. Esa no es forma decente de morir. La conciencia ordena que muramos rodeados por nuestros seres queridos, en la intimidad, el silencio o la oración.

A veces, quienes critican a los guerrilleros desde las ciudades, no imaginan los sacrificios que impone la vida en la selva. Basta pensar en la lucha constante contra el zancudo, “… el único contra el cual el gringo nada pudo”, como rezaba el lema de una de las secciones de la revista Alternativa, que circuló en los años setenta y que tanto influyó en nuestra generación.

Hace poco leí en Internet una revista en la cual se presentaba la historia de su organización. Ahí aparecen los principales episodios y acciones del Eln desde su primera marcha realizada el 4 de julio de 1964. No quiero referirme a la concepción que inspira esa historia. No quiero polemizar al respecto. En este país, hay numerosos intelectuales y políticos que se ocupan de ese tipo de tareas. Lo único que me interesa aquí es manifestarle lo que sentí al leer ese inventario que se confunde con una necrología.

Entre otras cosas, me llamó la atención que ustedes incluyeran un buen número de acciones llamadas, por eufemismo, “ajusticiamientos”. En lenguaje recto, es decir, no figurado, se trata de asesinatos. Lo que puede pasar inadvertido es que muchas de las víctimas de esos “ajusticiamientos” no eran los llamados “enemigos de la revolución”, es decir, los dueños de este país, sino los mismos que habían luchado por esa revolución. Usted sabe de quiénes se trata: muchos antiguos militantes del Eln murieron fusilados por los mismos combatientes del Eln.

Creo que esos fusilamientos, así como la matanza de Machuca, son de los crímenes que más pesan y pesarán en la historia y en la conciencia en contra de su organización. Lo inadmisible es que aún hoy, tras 50 años de existencia, el Eln siga reivindicando ese pasado fratricida en lugar de reconocer el error e intentar enmendarlo. Por esa sangre vertida injustamente, en nuestras conciencias seguirá resonando la antigua pregunta: “¿Dónde está tu hermano?”.

Por una acción dinamitera contra un oleoducto perpetrada por guerrilleros del Eln, murieron 84 personas y parte del caserío fue destruido. Foto: Semana

El reconocimiento de esos crímenes y el propósito honrado de enmendarlos debe conducir a un gesto más audaz: admitir el fracaso. No es fácil admitir el fracaso, porque eso implica un acto de humildad. En este caso, implicaría la renunciar al proyecto de poder, a los espacios conquistados mediante las armas, a la lucha armada. Ese sería un gesto alto y noble que los colombianos de hoy y, sobre todo, las futuras generaciones sabrían agradecerles tanto a usted, como comandante máximo del Eln, como a sus camaradas: reconocer que el proyecto fracasó.

Entre otras razones, porque ni siquiera fuimos capaces de construir una auténtica fraternidad entre revolucionarios. Porque recurrimos a los mismos métodos crueles que rechazamos en el enemigo. Porque privamos a toda una comunidad campesina, la de Machuca, de lo único que poseían: sus vidas. Porque no salvaguardamos la herencia de Camilo, quien, a pesar de su ingenuidad, o precisamente debido a ella, era un hombre honrado y ético: un cristiano. Su ideal era el hombre nuevo, un reino de justicia, no la guerra perpetua.

Espero que lea y entienda esta carta no como una afrenta, sino como un comentario sincero y crítico de un colombiano que algún día compartió con usted el mismo sueño por el que luchó y murió Camilo.

Usted, quien acaso lo acompañó en ese momento vertiginoso previo a su muerte, tiene hoy una alta responsabilidad, no solo con esa herencia, sino con el país y con la historia. En este momento tal vez sea más significativo para la historia un gesto noble y generoso, un gesto del corazón, que un cálculo de la inteligencia, que una nueva táctica político-militar, la cual, al fin y cabo, no sería más que otra variante de la guerra. Es decir, la perpetuación del infierno.

Con respeto,

O.

‘Pablito’: el fiel de la balanza en el Eln

Gustavo Aníbal Giraldo Quinchía, alias 'Pablito, es el hombre fuerte del Eln en Arauca. Su ingreso al Comando Central de esa organización es una señal de que esa guerrilla estaría unida para una eventual negociación. O para seguir en la guerra.

La guerrilla del Eln realizó su V Congreso en algún lugar de las selvas de Colombia, hasta donde llegaron sus máximos dirigentes militares, sociales y políticos.

Por primera vez en su historia el Eln ha hablado de la posibilidad de dejar las armas. Esta fue una de las noticas que produjo V Congreso, el evento más importante de esa organización armada, que se realiza cada diez años. Aunque se esperaba un paso más adelante, y se especulaba que podría unirse al cese del fuego unilateral decretado por las Farc o darle inicio formal a las conversaciones con el gobierno que hasta ahora están en fase exploratoria, ello no ocurrió.

El anuncio se produjo el 7 de enero, cuando se cumplieron 50 años de la toma de Simacota, en Santander, primera acción guerrillera del Eln, y corrió por cuenta de su máximo jefe, Nicolás Rodríguez Bautista, alias ‘Gabino’. Rodríguez pronunció la frase dándole rodeos, pues dijo que “tendríamos disposición de considerar si dejamos de usarlas” (las armas), según él, después de verificar si el gobierno tiene una verdadera voluntad de paz. No obstante, la frase es histórica, pues el Eln siempre ha enarbolado la consigna de “ni un paso atrás” y jamás había considerado una estrategia diferente a la armada.

Posiblemente lo más significativo de ese V Congreso fue que Gustavo Aníbal Giraldo Quinchía, alias 'Pablito, comandante del Frente Domingo Laín, ingresó al Comando Central (Coce), máxima instancia de dirección de ese grupo y con el que este Frente ha mantenido recelos y tensiones en muchos momentos. El Domingo Laín ha sido desde los años 80 el grupo más radical y opuesto a las negociaciones; el más ‘rico’ del Eln gracias a la captura extorsiva de rentas petroleras, y el que tiene más fuerte influencia en una región. Ese poder económico le ha permitido mantener relativa autonomía y una sólida presencia militar y política en Arauca, Boyacá, Casanare, y a lo largo de la frontera con Venezuela.

Al Frente Domingo Laín se le atribuyen gran parte de los atentados que ha sufrido el oleoducto Caño Limón-Coveñas, durante tres décadas. De hecho, en los tres últimos años estos ataques se han intensificado. También ha sido un grupo con fuerte incidencia en el secuestro y la extorsión y actos de terrorismo.

¿Quién es?
Giraldo es de origen campesino, miembro de una de las tantas familias que llegaron a colonizar el Sarare y que se engancharon primero con la Anuc, y luego con el Eln. Se formó militarmente en la Compañía Simacota, una unidad de ejército que intentó crear esta guerrilla y cuya primera acción fue la toma de Puerto Rondón, en la que casi fue aniquilada. En el año 2000, según documentó la Corporación Nuevo Arco Iris, ‘Pablito’ llegó a la comandancia del Frente, y posteriormente a los frente de guerra Central y Oriental, tal como se conocen estas estructuras en el organigrama de ese grupo armado.

Bajo su mando, el Domingo Laín creció en hombres, armas e influencia. Se estima que tiene bajo su mando por lo menos 500 combatientes y más de 1.500 milicianos. También cuenta con una fuerte influencia en comunidades y organizaciones campesinas. De hecho, mientras el Eln fue diezmado en muchas partes del país como el oriente de Antioquia, Barrancabermeja o el Sur de Bolívar, por la acción de los paramilitares o de la fuerza pública, en Arauca el Frente Laín logró mantenerse a pesar de la llegada de las AUC y de que por ocho años la seguridad democrática de Álvaro Uribe, enfiló baterías contra este grupo. Arauca fue zona de rehabilitación, escenario de capturas masivas como las ocurridas en el estadio de Saravena en el año 2003, y tuvo gracias al Plan Colombia un batallón de helicópteros dedicado solo al cuidado del oleoducto que parte de Caño-Limón.

El Laín también logró imponerse en una guerra abierta con las Farc a finales de la década pasada que dejó por lo menos 800 muertos, mucho de ellos civiles. Las desavenencias entre los frentes de las dos guerrillas era otro obstáculo para que el Laín entre a una eventual negociación. Sin embargo en un video reciente ‘Pablito’ admitió que dicho enfrentamiento “fue un error, que solo ayudó a fortalecer al Estado. Nuestra reflexión como organizaciones guerrilleras es no volver a caer en este error fratricida”.

Según la Fiscalía, este jefe guerrillero ha influido en el desvío de “grandes cantidades de dinero producto de las regalías” lo que le permite disponer de dinero constante para la guerra. Desmovilizados del Eln que han declarado en su contra también lo comprometen con actividades de narcotráfico, que ha liderado desde el estado Apure, en Venezuela.

Su identidad se hizo pública el 8 de enero de 2008, cuando las autoridades lo capturaron en Bogotá y se reveló que utilizó por varios años el nombre de Carlos Marín Guarín. Sin embargo, tras pesquisas documentales y reconocimientos de exguerrilleros se demostró que realmente era Gustavo Aníbal Giraldo Quinchía. No duró mucho tiempo en prisión y tampoco alcanzó a ser juzgado, pues se fugó el 7 de octubre de 2009, cuando era conducido por guardias del Inpec hacia el aeropuerto de Arauca. En esa época los organismos de inteligencia afirmaron que había huido a Venezuela.

Los cambios que se han dado en los últimos años en el país y las perspectivas de paz lo han llevado a buscar protagonismo político, y con frecuencia aparece en pantalla exponiendo sus ideas sobre la guerra y la paz, asunto que es leído por analistas como un gesto de poder, pues ninguno de los otros jefes del grupo subversivo ha hecho lo mismo, salvo su jefe máximo Nicolás Rodríguez Bautista, alias ‘Gabino’.

¿Qué cambia con su llegada al Coce?
La llegada de ‘Pablito’ al Comando Central es interpretada por analistas y académicos como una señal de unificación de esa guerrilla, que desde la década del ochenta se enfrentaba a la tensión de tener dos “poderes” a su interior. “La situación llegó a tal punto – advierte un analista que pidió la reserva de la identidad – que las decisiones que se tomaban en el Coce debían consultarse por aparte con el Frente Domingo Laín”.

“‘Pablito’ rechazaba su designación al Coce porque se sentía una rueda suelta”, reitera el analista y pone como ejemplo “su constante acción radical contra la idea de ir a la negociación”. Otro analista, quien también pidió la reserva del nombre, explicó que las diferencias con el mando central desconcertaban también a algunos voceros del gobierno nacional, quienes le preguntaban meses atrás a alias ‘Antonio García’ si él representaba a todo el Eln. “Ahora el mensaje es claro para el gobierno: aquí hay una guerrilla unificada”.

También reflejaría una ruptura en la manera como el Laín concibe el poder armado. Según el profesor e investigador Carlos Medina Gallego, “ese personaje lo que le da al Eln es una mayor cohesión en términos de unidad de mando y una mayor consistencia para la toma de decisiones en el ámbito de un posible proceso de paz”.

Un analista que conoce de cerca a esa guerrilla dice que la incorporación de ‘Pablito’ al Comando Central le suma “una cultura política de profunda desconfianza del Estado” pero que esas posiciones radicales se van a procesar en el seno de la dirección del grupo. “Ahora será una sola discusión, será más duro y complicado, pero más real también”.

Más allá de la declaración de este grupo subversivo de valorar la petición del gobierno nacional de sentarse a negociar y de advertir que “si en este examen concluimos que no son necesarias las armas, tendríamos la disposición de considerar si dejamos de usarlas”, tal como lo expresó alias ‘Gabino’, el V Congreso logró, al parecer, unificar a los elenos.

Pero si bien el Eln estaría transitando hacia caminos de solución política negociada y según Israel Ramírez Pineda, alias ‘Pablo Beltrán’, ese es “su plan A” que impulsarán con “alma, vida y sombrero”, también reconoce que tienen un “plan B, que es pensar que no salga y nos preparamos para ambos". Y para ese segundo plan también es importante la presencia de ‘Pablito’ en la dirección de esa guerrilla.

Acercamientos y negociaciones de paz entre el Eln y el gobierno Uribe

Durante el gobierno de Andrés Pastrana ya se habían hecho acercamientos de paz con el Eln que dieron como resultado la propuesta de realizar una Convención Nacional y del establecimiento de una Zona de Encuentro en el sur de Bolívar, donde se desarrollarían los eventuales diálogos.

Arauca: prueba ácida para el proceso de paz

0-araucaPobladores de Arauca le pidieron al Eln y al gobierno que se sienten ya a conversar. Advierten que hasta ahora no se les ha tenido en cuenta como parte de la sociedad civil y que si no se hace un posconflicto incluyente, se puede desatar una nueva ola de violencia.

El departamento de Arauca ha sido azotado constantemente por conflicto armado. Foto: archivo Semana.

Basta tomar la carretera que lleva de Arauca, capital del departamento de Arauca, hasta Tame, para ver las señales de un conflicto que sigue vivo. Por esta vía, pavimentada hace cinco años por un batallón de ingenieros, se puede comprender lo difícil que resulta hablar de paz en esta región. Durante las cerca de tres horas que dura el trayecto, se ven caseríos abandonados, infraestructura destruida y poca gente en la calles. En contraste, estos pueblos fantasmagóricos están rodeados de grandes extensiones de tierras ganaderas y de cultivos de palma africana que asoman por la vera del camino.

“En la carretera uno se da cuenta como ha sido la guerra, de Panamá para acá la vaina es pesada, muy caliente, ¿me entiende? Uno pasa por ahí y es mejor no decir nada. A pesar de que ha estado tranquilo uno sabe que por ahí está la guerrilla” afirma un habitante de Tame, que habló con VerdadAbierta.com

La presencia de la guerrilla en el departamento es de vieja data. En septiembre de 1980 un grupo armado atacó el puesto de Policía del corregimiento de Betoyes en Tame, anunciando así que nacía el Frente Domingo Laín del Eln, cuyo nombre invocada a uno de los curas españoles que combatió con esa guerrilla. Este frente, a diferencia de otros grupos guerrilleros del país, surgió de las entrañas mismas de un movimiento campesino radicalizado en los años 70 luego del proceso de colonización de la región del Sarare.

Las Farc, por su parte, empezaron a hacer presencia por aquella misma época con el Frente X y posteriormente con la Columna Móvil Alfonso Castellanos del Bloque Oriental, la estructura militar más grande de ese grupo insurgente. Entre los años 2001 al 2005 el panorama del conflicto se haría más complejo cuando las Auc de Carlos Castaño llegaron de la mano de Miguel Ángel Mejía Múnera, alias ‘El Mellizo’, quien comandaba el Frente Vencedores de Arauca.

Según un informe de la Fundación Ideas para la Paz, que cita datos de la Policía Nacional, entre 2000 y 2013, en Arauca hubo 3.632 homicidios, una tasa mucho más alta que el promedio nacional. El pico de muertes ocurrió en 2003 cuando el gobierno de Álvaro Uribe declaró como zona de rehabilitación la parte petrolera de este departamento y la ofensiva paramilitar estaba en pleno desarrollo. Y una segunda ola fuerte de homicidios ocurrió en 2008 cuando Farc y Eln se trenzaron en una guerra sin cuartel, contra sus propias bases sociales.

Y es que a lo largo de estas tres décadas, Arauca ha sido escenario de guerras entre las propias guerrillas; entre estas y los paramilitares y entre las fuerzas armadas y cada uno de los grupos que allí hacen presencia. En medio de este complejo panorama ha habido auges y caídas del petróleo, una fuerte violencia política, y una relación ambigua con Venezuela en la frontera. Por eso tienen razón los araucanos al decir que la paz en su territorio no será cosa fácil.

“Que nos escuchen”
Organizaciones sociales, comunidades afro e indígenas se dieron cita en el duodécimo Encuentro Regional de Paz en Tame, Arauca Foto:VerdadAbierta.com.

“Los iluminados agentes del centralismo no tienen la última palabra, acá niños, mujeres, afros, indígenas y campesinos pensamos. Y con nosotros no han contado. La paz nace del territorio, de las regiones, y no de un grupo de personas que no han vivido el conflicto” dijo a VerdadAbierta.com Older Cáceres, vocero de la Alianza Departamental por la Paz de Arauca.

Como Cáceres alrededor de 200 personas entre campesinos, indígenas, afros, representantes de víctimas y de la iglesia asistieron al Encuentro Regional para la Paz en Tame, el 11 y 12 de diciembre, con el fin de enterarse de qué manera los acuerdos entre el gobierno y la guerrilla de las Farc se podrían aplicar en la región, compartiendo así mismo las problemáticas y expectativas frente a un posible postconflicto.

Estos espacios de diálogo son promovidos por la Redprodepaz, la Ruta Pacífica de las Mujeres, la Red de Iniciativas por la Paz desde la Base y la Organización Pensamiento y acción Social, apoyados por la Oficina del Alto Comisionado para la Paz.

“Para hablar de esta región hay que hablar de las guerrillas, en especial de Eln, que ha sido hasta ahora el grupo que más injerencia ha tenido por la manera como se involucraron con la comunidad, y por su influencia política que ha llegado a que pongan gobernadores y varios alcaldes” contó un poblador a VerdadAbierta.com.

Por eso no es excepcional que haya pobladores que ven a la guerrilla como una autoridad mayor que el Estado. “Acá el Eln históricamente ha sido un contra-Estado, que además del control militar ejerce el social. La gente prefiere consultar con ellos los problemas que buscar ir a alguna dependencia del gobierno” dice otro habitante de Tame.

Sin embargo, la gente está cansada de ese control y quiere que sea haga realmente un proceso de paz con todos los grupos. Ese fue el llamado que hicieron los principales voceros de la región, así como el profesor e investigador Carlos Medina Gallego, que fue ponente del evento, quien insistió en que el Eln debe asumir con realismo la oportunidad que tiene en materia de paz, con el proceso de La Habana, y que debe decidirse a sentarse a la mesa pronto.

“Tanto las Farc como el Eln se deben es sentar a dialogar primero que todo con la gente y luego con el gobierno, ya nos cansamos de tanta joda y de que nos maten” aseguró un líder de Tame. 

Algunos de los asistentes, sin embargo, criticaron la manera como se ha manejado la participación en la Mesa de Conversaciones de La Habana y manifestaron la esperanza de que un eventual proceso con el Eln les permita una participación directa. “De darse el diálogo con el Eln nosotros como población civil vamos a participar y a incidir directamente en lo que se acuerde, no como con las Farc, que unos pocos hablan a nombre de todos. Con seguridad uno de los inamovibles será la problemática social y política que ha traído la política minero energética” aseguró un líder de Saravena.

La lucha por el petróleo
Han sido las comunidades indígenas las más afectadas en la disputa por el control del negocio del crudo, han perdido sus territorios siendo forzados a desplazarse. Foto:VerdadAbierta.com.

Parte del conflicto desatado entre las guerrillas y el Estado ha girado en torno al desarrollo de la política minero energética del gobierno. Con la llegada de multinacionales como la Occidental y la Mannesman en las zonas rurales de Arauca, en los años ochenta, empezó una confrontación por el control del territorio y los recursos que emanan del llamado oro negro.

El oleoducto Caño Limón-Coveñas, que pasa por Arauca y Arauquita, y que es uno de los más importantes del país, pues atraviesa casi toda la geografía colombiana, se convirtió en objetivo para las guerrillas, pero en especial para el Eln, tanto con el secuestro a sus funcionarios, como con la extorsión que cobran a los contratistas, y el permanente sabotaje al “tubo”.

Si bien una década atrás el sabotaje disminuyó notablemente, pues con el Plan Colombia se creó un batallón de helicópteros dedicado a cuidar el oleoducto, en los últimos tres años los ataques han vuelto a ser constantes y ello ha afectado, entre muchos otros factores, los ingresos que por materia de petróleo esperaba el gobierno de Juan Manuel Santos.

La explotación de este recurso natural, a pesar de haber dejado millonarias regalías en las arcas públicas del departamento, también trajo problemas sociales y culturales que fueron eje de discusión en cada una de las mesas de trabajo desarrolladas. Los integrantes de la Mesa de Organizaciones Cívicas y Populares de Arauca afirman que el 70% del suelo está concesionado a las multinacionales, lo cual ha dejado pérdidas económicas para el municipio, donde se ha violado el derecho a la vida y a la permanencia de las comunidades en los territorios.

Coinciden con la afirmación de MOCIPAR los voceros de La Alianza Departamental por la Paz de Arauca, quienes contaron que desde que se habló de la “Arauca Saudita” fue el detonante de los problemas que ya se venían registrando por la disputa con el petróleo, “el Estado prometió desarrollo y lo que trajo fue más guerra y desplazamiento, lo que hicieron fue crear un negocio más, el de la extorsión de las guerrillas y el de las multinacionales en nuestro suelo”.

Según Luis Eduardo Celis, asesor de la Red Prodepaz “el cobro de extorsiones y las negociaciones entre empresarios y guerrilleros han constituido la fuente de financiación del Frente Domingo Laín, y le ha dado el músculo suficiente para incidir dentro del Eln. En un eventual proceso de paz el frente Laín tendrá mucha influencia en la toma de decisiones”.

Por su parte, Leonel Pérez, un sociólogo nacido en Tame a finales de la década del 40, afirma que la historia del departamento se ha fragmentado en el antes y después de la aparición del petróleo. “Hoy la comunidad debe de decir que petróleo sí pero no así, la incapacidad del Estado de abrazar a todo el territorio nacional no puede traernos más problemas que los que han dejado las multinacionales en la región, se debe romper con la centralización y fortalecer la base popular para que el gobierno nos escuche” dice Pérez.

El llamado de las comunidades afro e indígenas
Ángel Anaceto Díaz vocero de la Asociación de Cabildos y Autoridades Tradicionales Indígenas del Departamento de Arauca (Ascatidar). Foto: VerdadAbierta.com.

Pero el conflicto armado no es el único que se siente en Arauca. Hay profundas diferencias entre las propias comunidades y entre estas y las multinacionales. La Asociación de Capitanías y Autoridades Tradicionales de Arauca (Asocata) y la Asociación de Cabildos y Autoridades Tradicionales Indígenas del Departamento de Arauca (Ascatidar), aunque tienen diferencias entre ellos, hicieron un llamado conjunto a los actores armados y en especial al Estado para que les respeten la vida y ayuden a preservar a sus comunidades.

“Nosotros llevamos años diciéndole al gobierno, a las ONG y a los demás organismos nacionales e internacionales que la explotación del suelo y del subsuelo está acabando con los pueblos indígenas” afirmó Ángel Anaceto Díaz vocero de la Asociación de Cabildos y Autoridades Tradicionales Indígenas del Departamento de Arauca (Ascatidar).

De otro lado, varios indígenas de las comunidades Uwa, Guahiba e Hitanü afirmaron que las Zonas de Reserva campesina (ZRC) comprenden territorios ancestrales que ellos no están dispuestos a negociar con nadie. “A nosotros que nos respeten lo poco que nos queda, a los campesinos les pueden dar otros territorios donde no se afecten nuestros derechos” afirmó un integrante de la comunidad Hitanü.

A estas peticiones se suman las de las comunidades afro, quienes aseguran que el desarrollo y permanencia de su raza va a depender de la creación de los Consejos Comunitarios, en especial los de Santa Inés, Puerto Rondón y los de las veredas la Holanda y la Hormiga, lugares donde se presenta mayor tensión por la tierra.

Para el coordinador de asuntos étnicos afrodescendientes de Tame, José Padilla Guerra, la creación de los Consejos va a terminar con la estigmatización con la que vive la población afro. “Acá vivimos entre la espada y la pared, se debe atender por igual a cualquier actor armado que llegue a los territorios, de no ser así nos señalan de ser parte de algún bando y posterior a ello vienen los asesinatos, por ello la importancia de tener un espacio protegido que garantice el libre desarrollo de la población”.

Advierte así mismo que hablar de paz suena muy utópico si el Estado no garantiza una verdadera inversión social en las regiones “el postconflicto va a ser peor que la misma guerra si no se garantizan los derechos para las minorías”.

El perdón que reclaman los araucanos
“Acá a nosotros hermano todos los actores del conflicto nos deben un perdón público, y una reparación integral. Los indígenas han sido diezmados por los proyectos minero energéticos al igual que los afro, las mujeres han sido violentadas y la gente que no ha tomado parte de ningún bando ha sido asesinada” dice un tameño que pidió no ser identificado. Asegura además que para el primer periodo presidencial de Álvaro Uribe Vélez más de 200 líderes sociales y dirigentes políticos fueron encarcelados sindicados de ser colaboradores del terrorismo, silenciado así el pensamiento crítico.

De igual manera los araucanos exigen que el Estado repare a la gente que ha sido asesinada por las fuerzas militares, “A nosotros no se nos olvidan nuestros niños que murieron en Santo Domingo por la bomba que tiró la FAC, como tampoco se nos olvidan los afros asesinados el 5 de marzo de 2003 en una cancha de fútbol, ni los cientos de falsos positivos por parte del Ejército”.

El paso del paramilitarismo dejó para la región alrededor de 22 masacres de las cuales hasta ahora no se tenido reparación, según expresó un representante de víctimas. Y entre las acciones de las guerrillas se contabilizan varios atentados indiscriminados con bombas y las constantes muertes selectivas.

Al final del encuentro las organizaciones sociales invitaron a presionar para un cese al fuego bilateral y entre todos se comprometieron a darle un espaldarazo al proceso con las Farc, y presionar para que el Eln y al Epl también se vinculen a él.

Farc contra ELN

Las dos principales guerrillas están en una guerra a muerte por todo el país, en la que hay traiciones, fusilamientos y centenares de muertos. ¿Por qué se están matando?