VerdadAbierta.com

Facebook
Twitter
Youtube

Las Farc cosecharon odios en el Oriente antioqueño

Se propusieron expandirse al Oriente antioqueño, hasta el colidante norte caldense, para ganarse a la población a la que fuerzas oscuras no estaban dejando renovar su política, pero sus métodos crueles les sabotearon su objetivo. A la brutal reacción paramilitar, la guerrilla intentó competirle en barbarie, hasta que no le quedó un amigo por esas tierras.

A finales de 2003, en una vereda de Sonsón, Manuel Muñoz Ortiz, conocido con el alias de ‘Iván Ríos’, en ese entonces jefe del Bloque José María Córdova de las Farc, le confió a su jefe de seguridad, Elda Neyis Mosquera, alias ‘Karina’, una preocupación que lo rondaba. Tras 10 años de haber iniciado una arremetida sin precedentes en Antioquia, la estructura bajo su mando se había concentrado en doblegar esta región con violencia, descuidando lo político. “Así nosotros no vamos a tomar el poder ni vamos a tener el respaldo del pueblo”, recuerda ‘Karina’ que le dijo ‘Ríos’.

Para ese momento, el oriente de Antioquia, una región de 23 municipios exuberante en bosques y páramos, donde se encuentran el aeropuerto internacional y el complejo hidroeléctrico de San Carlos, y la atraviesa la autopista que une a la capital antioqueña con Bogotá, era un cruento escenario de guerra.

‘Iván Ríos’ sabía muy bien de lo que le hablaba a ‘Karina’. Durante los noventa, el Bloque José María Córdova apeló al secuestro, al narcotráfico y atacó a la población civil, acciones que iban en contravía de lo planteado en la VIII Conferencia Guerrillera de abril de 1993, realizada en La Uribe, Meta, cuando las Farc decidieron mejorar las relaciones con la población civil.

En el Oriente antioqueño los medios sabotearon el fin. “Fue una colonización guerrillera a punta de bala”, recuerda un periodista de la esta región, quien fue testigo de la irrupción de las Farc, cuando empezó a ampliar su presencia en la región con el Frente 9 en San Luis, Cocorná, Concepción y Alejandría, y luego con el 47, en Argelia, Nariño, Sonsón y San Francisco. Contrario a otras regiones del departamento y del país, aquí no lograron conectarse políticamente con sus pobladores.

Los conflictos que provocó el Estado
En un principio, no fue la guerrilla la que hizo sufrir a la gente de esos parajes, sino el propio Estado impulsando el progreso. Según un informe del PNUD, la construcción de los embalses entre la década de los setenta y ochenta, de la autopista Medellín – Bogotá y del aeropuerto internacional José María Córdova, afectaron social y económicamente a los pobladores que, en su mayoría, eran pequeños comerciantes y agricultores.

Incluso se considera que el primer desplazamiento masivo ocurrió cuando construyeron la represa de El Peñol, lo que provocó la reubicación total del pueblo sin tener en cuenta la opinión de sus habitantes. “El nivel de intervención por parte del gobierno en la zona fue arbitrario, sin consultar”, dice un defensor de derechos humanos de la región.

Carlos Ruiz, uno de los tantos campesinos que ha participado en los últimos años en jornadas por la memoria en la región, recordó que la construcción de los embalses afectó también la economía campesina, de la que subsistían miles de pequeños propietarios.

“Aquí se producían alimentos para Medellín y para buena parte de la Costa, pero ese cambio en la tenencia llevó a un cambio en el uso de la tierra y en las actividades, especialmente en el altiplano, en donde los campesinos principalmente productores de alimentos se convirtieron en mano de obra barata para las empresas”, explica Ruiz.

La construcción de la represa de El Peñol también generó el surgimiento de diversas organizaciones sociales, entre ellas el Movimiento Cívico del Oriente y la Asamblea Provincial del Oriente, que acumularon una importante fuerza política al margen de los partidos tradicionales. Otros, como el Movimiento de Acción Peñolita ganó la Alcaldía de El Peñol en 1987 y otras organizaciones cívicas llegaron a los concejos como los de Guatapé y San Rafael.

Pero para desgracia de estos movimientos, su entrada a la política fue rotulada como “subversiva” y comenzaron a ser perseguidos por diversos sectores contrarios a sus posturas cívicas que se respaldaron en paramilitares del Magdalena Medio financiados por narcotraficantes y apoyados por la Fuerza Pública.

Estos ejércitos privados sembraron el terror en la región. Entre 1984 y 1989 fueron exterminados decenas de militantes de izquierda. “Se trazó una frontera invisible que era la autopista Medellín - Bogotá, en donde guerrilla y paramilitares se daban bala de lado y lado”, cuenta un habitante de la zona.

El asesinato que más impacto tuvo en la región a finales de los ochenta, fue el de Ramón Emilio Arcila, un dirigente de Marinilla y líder del Movimiento Cívico del Oriente, quien se proyectaba como el más seguro ganador de la Alcaldía de su municipio. Según cifras del Cinep, de enero de 1988 a octubre de 1991, en el Oriente antioqueño fueron asesinados 66 miembros de movimientos sociales.

La llegada de las Farc
Aunque a comienzos de los noventa, las Farc tenían frentes en Antioquia, su zona de mayor influencia no era el Oriente sino el Urabá, así como el occidente, donde tenían un grupo que entraba esporádicamente a poblaciones como Santa Fe de Antioquia y Caicedo. (Ver Frente 5 de las Farc, protagonista de la guerra)

En la VII Conferencia de las Farc (1982), se constituyeron nuevos frentes que operarían en Antioquia y Chocó. Surgieron entonces el 34, en los límites con el Chocó entre el Atrato y el Darién; y los frentes 35, 36, 37, en el Nordeste antioqueño. Del Frente 5 surgieron el 9 y el 58; y del 18, salió el Frente 47, que en un principio operó en el Magdalena Medio y luego, en la década del noventa, se asentó en el Suroeste y Oriente lejano de Antioquia.

En 1997 se realizó una reunión del Bloque José María Córdova en Urrao, Antioquia, a la que asistieron los comandantes de los frentes 5, 18, 34, 36 y 57. Allí decidieron arreciar la ofensiva en Antioquia y delegaron la responsabilidad de las incursiones en los frentes 9 y 47.

Pero la entrada de las Farc a la región también tuvo otro objetivo: contener la expansión de los paramilitares del Magdalena Medio y controlar la zona de embalses con la intención de sabotear las hidroeléctricas y ‘apagar’ al país. (Ver: Vicente Castaño llevó las Accu al Oriente antioqueño)

El Oriente antioqueño estaba bajo la vigilancia de la Brigada IV del Ejército, pero la falta de presencia estatal en los municipios más apartados de la región y la descoordinación entre la misma Fuerza Pública fueron aprovechadas por la guerrilla para entrar y dominar este territorio con algo de facilidad.

También en 1997, el Secretariado de las Farc ordenó a todos sus bloques y frentes sabotear las elecciones regionales. Entonces los jefes del 47 y el 9 les exigieron a todos los candidatos a las diferentes instituciones que renunciaran a sus postulaciones o de lo contrario serían asesinados.

Carlos Zuluaga, quien fue candidato ese año y ganó la alcaldía de Granada recuerda que con esta advertencia la guerrilla desestabilizó la región y mucho más cuando arreciaron los retenes en las vías. “Empezaron a obstaculizar a las administraciones cuando Álvaro Uribe asumió la Gobernación de Antioquia (1995-1997). Presionaban en las carreteras y quemaban carros”, dijo.

Entonces, Uribe decidió ir de pueblo en pueblo como muestra de solidaridad con los aspirantes y le pidió a todos los habitantes del Oriente que no se dejaran amedrentar por los grupos armados.

En ese momento, el jefe del Frente 47 era un guerrillero conocido con el alias de ‘Harrison’, mientras que el 9 estaba comandado por alias ‘Marcos’, un tipo señalado de ser muy violento a quien acusaban de ser responsable de varios asesinatos en los que las víctimas aparecieron degolladas.

El año de 1997 también fue recordado por la arremetida de los paramilitares de Ramón Isaza, que cometieron masacres en varios municipios de la región. Como retaliación, la guerrilla voló varias fincas en La Unión, mató al presidente del Concejo de ese municipio y a los candidatos a las alcaldías de San Carlos, San Rafael, El Peñol y Guatapé. En reacción a estos crímenes, los candidatos de 20 de los 23 municipios del Oriente renunciaron masivamente. (Ver: La batalla entre 'paras' y guerrilla)

La presión de la guerrilla sobre las elecciones fue tal que se decidió trasladar los puestos de votación a las cabeceras de los municipios y el resultado fue la altísima abstención. En municipios como San Francisco solo votaron 11 personas, en San Carlos 52 y en El Peñol 140.

Después de las elecciones, el Frente 9, bajo al mando de Rubén Antonio García, alias ‘Danilo’- muerto en un bombardeo en 2009-, secuestró a los alcaldes electos de Granada, Cocorná, San Francisco, San Luis, San Carlos y San Rafael, además, a cuatro periodistas. Luego todos fueron liberados, con la condición de publicar un comunicado en el que denunciaban las atrocidades de los grupos paramilitares en la región.

“La lógica de la guerra era que si la guerrilla mataba una persona, a los ocho días llegaban los paramilitares y asesinaban a otra en retaliación, y de nuevo venía la guerrilla y hacía lo mismo”, explica el sacerdote Jorge Tovar, quien hoy es director del Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Centro y fue párroco de Samaná, Caldas, donde el Frente 47 tuvo una intensa actividad criminal.

La guerra contra las autoridades locales no paró allí y obligó a muchos alcaldes y concejales a despachar desde Medellín o en otros casos a dimitir, como le ocurrió al alcalde de Cocorná, José Aldemar Serna Pérez, quien terminó exiliado tras ser secuestrado en cuatro ocasiones.

Un ex alcalde recuerda que la debilidad de la Fuerza Pública era tal que a veces los policías permanecían encerrados en los comandos porque no tenían cómo patrullar. Fue por eso que varias poblaciones como San Carlos, Granada, Nariño, Argelia y San Francisco, empezaron a ser arrasadas.

El ‘Bloquecito’
Como si lo anterior no fuera suficiente, las Farc decidieron exterminar a los frentes del Eln que habían tenido presencia histórica en el Oriente, al parecer porque 'los elenos' se robaron el dinero de un secuestro y se negaron a devolverlo.

Según contó Guillermo Zuluaga en su crónica ‘Enemigos íntimos’, esa guerra provocó que algunos ‘elenos’ se entregaran a los grupos de autodefensa que hacían presencia en la región, sobre todo después de que las Farc se tomaran San Luis en diciembre de 1999, dejando 9 muertos y 5 secuestrados. Algunos se integraron a las facciones de Ramón Isaza y otros al Bloque Metro de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu), comandando por Rodrigo García, alias ‘Doble Cero’.

Para 1998, el Estado Mayor del Bloque José María Córdova ordenó la creación del llamado ‘Bloquecito’, bajo el mando de alias ‘Marcos’, un grupo de 500 guerrilleros de los frentes 9 y 47 cuya misión fue atacar poblaciones y llevar secuestrados a la zona de páramos entre Caldas y Antioquia.

La aparición de este ‘bloquecito’ coincidió con las directrices del Secretariado de las Farc que le exigió a todos sus frentes de guerra incrementar los secuestros de policías y militares para presionar el canje por guerrilleros presos en las cárceles del país. También expidió la llamada ‘Ley 002’, con la que empezaron a secuestrar a personas que ellos consideran ricos si no les pagaban un “impuesto” obligatorio.

Sus primeras acciones se sintieron en la zona cafetera del norte de Caldas, limítrofe con el Oriente de Antioquia, en donde empezaron a extorsionar a pequeños agricultores, que estaban muy lejos de tener el patrimonio del millón de dólares del que hablaba la ‘Ley 002’, pero eran los que a los guerrilleros les quedaba más fácil aplicarla. Esta región había estado al margen del conflicto hasta bien entrada la década de los noventa.

Luego vino la toma de Nariño, Antioquia, en agosto de 1999, en la que asesinaron a 15 personas entre civiles y policías, además de secuestrar a ocho policías y dejar en ruinas al 80 por ciento del pueblo, luego de 36 horas de intensos combates con la Policía y el Ejército. El presidente Pastrana ordenó entonces el despeje de Puerto Venus en Nariño, así como el de los corregimientos de Arboleda y Florencia de Pensilvania, Caldas. Lo hizo por solicitud de la guerrilla con la supuesta excusa de liberar a los secuestrados.

Según un periodista de la región, al día siguiente de anunciar el despeje, ‘Karina’ y sus hombres se instalaron a sus anchas en el casco urbano de Nariño, reunieron a los pobladores en el coliseo central, se excusaron de las incursiones armadas y los asesinatos, y les anunciaron que desde ese momento “mandarían en la región”.

Para molestia de los pobladores, los guerrilleros reconstruyeron la estación de Policía que habían destruido y se tomaron las casas de los desplazados. Todo esto ocurrió a lo largo de un año, en el que controlaron no solo el orden público, sino que hicieron las veces de jueces y hasta ajusticiaron a los pobladores que no se acomodaron a su control.

Según un informe del diario La Patria, de Manizales, el Frente 47 por su parte también llegó a “despachar” desde Arboleda. “Allí había más guerrilleros por habitantes que soldados o policías. ‘Kadafi’, ‘Moncholo’, ‘El Zorro’, ‘Sucre’, y ‘El Paisa’ parecían intocables. Eran la ley en la zona, nada se movía sin su orden. Por años sembraron terror y muerte en Caldas”.

El padre Tovar recuerda que con la consolidación de los frentes de las Farc, la movilidad se restringió. “Los paramilitares hicieron un corredor liderado por ‘Memo Chiquito’, mientras que a las afueras de Berlín, un corregimiento de Samaná, había otro de las Farc. También trazaron una barrera imaginaria en el corredor entre Berlín, San Diego y La Victoria, en Caldas. Era común ver operativos conjuntos entre la fuerza pública y los paramilitares. Estos querían recuperar el corregimiento de Florencia que era un territorio de ‘Karina’. Muchas veces la guerrilla ni siquiera tenía que usar las armas en el pueblo, un 90 por ciento estaba de camuflado”, dice.

Es este ‘bloquecito’ el que se toma el corregimiento de Florencia, en Samaná, el 18 de mayo de 1999, y la base de La Araña en San Rafael, en mayo del 2000. Al mando estaba ‘Karina’, quien asumió la dirección del 47 cuando el Ejército capturó a alias ‘Harrison’. Fue la primera mujer jefe de un frente de la guerrilla de las Farc, y quizás por ellos, a la gente le chocó más su crueldad que la de los jefes hombres que era más usual.

Ella también participó, el 29 de julio de 2000, en la incursión de 500 guerrilleros de los frentes 9 y 47 al corregimiento de Arboleda, en Pensilvania, Caldas. Ese día lanzaron cilindros bomba y arrasaron el centro del pueblo al detonar una volqueta con un saldo de 14 policías y tres civiles asesinados.

En octubre de 2000, ‘Marcos’ y ‘Karina’ se tomaron el corregimiento de El Prodigio, en San Luis, y después hicieron lo mismo con Granada, el 6 de diciembre, un municipio en donde un mes antes las autodefensas habían masacrado a 17 campesinos. Ese día, durante 18 horas, las Farc bombardearon el pueblo y explotaron un carro bomba con 400 kilos de dinamita, lo que provocó que más de la mitad de los habitantes se desplazara.

Carlos Zuluaga, quien era el alcalde en esa época, le dijo a VerdadAbierta.com que el ataque a Granada fue “tan desproporcionado, que destruyeron 320 viviendas y comercios”. Seis meses después, la guerrilla siguió ensañándose con esta población al asesinar a Jorge Alberto Gómez, quien había sido designado como el gerente de la reconstrucción del pueblo.

El declive guerrillero
‘Karina’ montó un campamento en Río Verde de los Montes en Sonsón, desde donde dominaba Nariño y Argelia, en Antioquia, y Samaná, San Félix, Pácora, Aguadas y Pensilvania, en Caldas.

Ante la encrucijada de violencia, los alcaldes de la región se organizaron e impulsaron varias iniciativas para unir esfuerzos y buscarle salidas al estado de guerra que padecían sus poblaciones. Así nacieron la Asamblea de Alcaldes de Oriente y el Consejo Territorial de Planeación. La Iglesia y algunas empresas privadas y públicas antioqueñas crearon Prodepaz, inspirado en el Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio.

Una de las muertes que mayor impacto produjo entre la opinión pública fue la de Jaime Jaramillo Galvis, asesinado el 19 de marzo de 2002, a manos de las Farc, hijo del entonces coordinador de la Comisión Facilitadora de Paz de Antioquia, Jaime Jaramillo Panesso.

Ante el cruel homicidio, Jaramillo Panesso le escribió una carta a ‘Karina’ en la que le pidió ponerle freno a los ataques: “Ya puse mi cuota de guerra, un plante de vida descuajado en sangre. ¿Cuándo va a poner usted su cuota de paz, aportando su plante de vida para con los civiles, para con los inocentes, para con las ciudadanas y ciudadanos desarmados?".

La respuesta a la crueldad de los frentes 9 y 47 llegó en el primer consejo comunitario que realizó Álvaro Uribe como presidente en ejercicio a finales de 2002: “Hay una señora de las Farc llamada ‘Karina’ en el oriente de Caldas que hay que capturar”. Y ofreció 1.500 millones de pesos por su captura.

Otra de las órdenes que dio Uribe fue autorizar al Ejército para ejecutar la operación ‘Mariscal’, con la que recuperaron el tránsito en la autopista Bogotá-Medellín. Luego vendría la retoma del Oriente de Antioquia, que inició en marzo de 2003 bajo el nombre de Plan ‘Marcial’. Según estadísticas de la Vicepresidencia de la República, tras seis meses de ofensiva, el Ejército dio de baja a 215 guerrilleros, capturó a 85 y logró que se desmovilizaran 188.

Poco a poco la ofensiva guerrillera empezó a disminuir por presión del Ejército y, paralelamente, de grupos paramilitares. En la región operaron las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio, así como los bloques Metro y luego el Héroes de Granada.

La arremetida legal e ilegal hizo que las Farc se replegaran hacia la zona boscosa del Oriente, en especial a Sonsón. ‘Karina’, en una audiencia de Justicia y Paz, confesó que cuando empezó a sentirse asediada, el Secretariado decidió alejarla del frente de batalla y enviarla como jefe de seguridad de ‘Iván Ríos’.

Sin embargo, personas consultadas por VerdadAbierta.com aseguran que si bien la llegada del Ejército ayudó a diezmar la ofensiva guerrillera, la estrategia estatal produjo muertos entre la población civil, que hoy se conocen como “ejecuciones extrajudiciales”, muchas de cuyas víctimas fueron presentadas como “guerrilleros caídos en combate”.

El acecho del Ejército y de los paramilitares provocó una estampida de guerrilleros que desertaron, incluso traicionando a sus jefes, como le ocurrió a ‘Iván Ríos’, el miembro más joven del Secretariado, quien fue asesinado por su jefe de seguridad, alias ‘Rojas’, el 7 de marzo de 2008.

‘Karina’ contó que fue tal el cerco que ella, después de comandar a más de 300 hombres, se vio reducida a un pequeño grupo de 20. “Siempre estuve huyendo porque no tenía hombres ni armas”. Por los ataques de la Fuerza Pública y la desmoralización de sus hombres, al final el gran terror del Oriente antioqueño se desmovilizó con su pareja en mayo de 2008.

Vendrían más golpes. En junio de 2009 se confirmó la muerte de Jesús Elías López, alias ‘El Paisa’, considerado como el ideólogo de estos frentes a manos de uno de sus compañeros, conocido con el alias de ‘Pedro Perico’. En marzo de 2010 fue detenido Rubén Darío Ortíz, alias ‘Moncholo’, quien había asumido la comandancia tras la deserción de ‘Karina’. Y en abril de ese año, capturaron a alias ‘Luis’, señalado como el jefe de secuestros de esos grupos.

Con respecto a alias ‘Marcos’, cuyo nombre real es Jesús Mario Arenas Rojas, éste desertó durante un año de la insurguencia y fue capturado en Medellín en febrero de 2011. Pese a que se marginó de las Farc "no asume la condición de converso", explicó una fuente cercana al ex guerrillero, quien explicó que si bien "es fundamental para entender la confrontación armada en el Oriente antioqueño, se ha negado de manera reiterada a ser postulado a la Ley de Justicia y Paz".

Por ahora, no se puede decir que la paz se haya conseguido en el Oriente de Antioquia y Caldas, pero los frentes 47 y el 9 sí se replegaron, este último, al mando de ‘Kadafi’, un hombre cruel que según información militar estaría en el Chocó comandando un grupo pequeño de guerrilleros.

No se sabe a ciencia cierta el número de víctimas que dejó la violencia en esta región. Se calcula que solo en 2002, uno de los peores años, los grupos armados dejaron 30 mil víctimas civiles entre desaparecidos, mutilados por la minas, desplazados, secuestrados y muertos.

En los años más duros, el municipio del que más salieron desplazados fue Cocorná, con 16 mil personas entre 1995 y 2003, le siguen San Carlos con 13 mil y San Luis con 9 mil. Por el lado caldense, de Samana desplazaron a 15 mil personas y de Pensilvania salieron casi 6 mil. (Ver: Retorno a San Carlos).

Al final, el temor de ‘Iván Ríos’ se cumplió al pie de la letra. Las Farc no lograron hacerse con el control del Oriente, y sus métodos les impidieron ganarse a la gente humilde. Dejaron miles de víctimas, a los pequeños campesinos los desplazaron y empobrecieron aún más, y a toda una región desolada sin que hasta ahora pueda recuperarse de los efectos de la violencia.

“La paz exigirá un rediseño institucional”: Fajardo

En entrevista con VerdadAbierta.com, el Gobernador de Antioquia considera que una posible firma de la paz con las Farc deberá incluir reglas claras desde el gobierno nacional para construir la paz de manera concertada con las regiones.

fajardop

Si hay alguien optimista con los avances del proceso de paz entre el gobierno nacional y la guerrilla de las Farc es el gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo Valderrama. Considera que los acuerdos logrados hasta el momento son razonables y viables, pero no deja de lado que las regiones deberán ser convocadas en algún momento para concertar lo que él llama la construcción de la paz.

Una vez comenzaron los diálogos entre los insurgentes y el gobierno nacional, hace ya más de un año, Fajardo Valderrama fue el primer mandatario regional en apoyar el proceso y aparejado a esa postura, comenzó a promover el concepto de construcción de paz desde las regiones, pues considera que sin los aportes de lo local, los acuerdos podrían tener dificultades en su aplicación.

Sus planteamientos son relevantes sobre todo cuando se conoce el acuerdo sobre la participación política de los integrantes de ese grupo subversivo una vez hagan dejación de sus armas y se desmovilicen, que tiene en sus planteamientos un componente altamente regional, como por ejemplo los espacios regionales para el control ciudadano, consejos territoriales de planeación y de reconciliación y convivencia, así como circunscripciones transitorias especiales de paz para promover la integración territorial.

En entrevista con VerdadAbierta.com, el Gobernador de Antioquia dejó en claro que, contrario a lo ocurrido con el proceso de paz con las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), con la guerrilla de las Farc deben quedar documentos escritos en los que se asignen responsabilidades concretas a todos los acores estatales, nacionales, regionales y locales, y advirtió que no es productiva ninguna imposición desde Bogotá.

VA: ¿Qué piensa hoy, cuando se ha acordado uno de los puntos más complejos entre el gobierno nacional y la guerrilla de las Farc en las negociaciones de paz que se adelanta en La Habana, Cuba, como es el de la participación política de los insurgentes?
SFV: Lo primero es señalar que desde el primer día nosotros hicimos público el compromiso y la apuesta por la paz desde el departamento de Antioquia. En segundo lugar dijimos: la paz se construye en las regiones y todo esto lo formalizamos en un programa que se llama Preparemos para la paz, que hemos venido cumpliendo de manera sistemática, independientemente de los altibajos de la negociación en La Habana que son naturales en el contexto de una negociación. Hoy estamos hablando en un punto alto de emoción que mañana pueden cambiar las condiciones, pero nosotros hemos venido haciendo ese recorrido. Con respecto a los dos puntos alcanzados (acuerdos sobre tierras y participación política) creo que son puntos razonables, sensatos y viables.

VA: ¿Ese programa del que habla, 'Preparémonos para la paz', qué contiene?
SFV: Unos explícitos, pero otros implícitos. Uno de los problemas que hemos tenido durante la violencia en nuestro país es que no hemos hablado y hay mucha gente que no se ha escuchado. El resentimiento es grande y hay que empezar a escuchar.

Como parte de ese programa, tenemos estudios muy juiciosos de qué pasa en cada región, cuál es la naturaleza del conflicto, cuáles son las condiciones sociales. A nosotros no nos van a coger de sorpresa a decirnos 'hagan todo esto'. Además, con los grados octavo y noveno de las instituciones educativas del departamento trabajamos el tema de los sueños de paz, porque la paz hay que soñarla.

VA: Comenzando su gestión como Alcalde de Medellín en el 2003 se quejó de la imposición del proceso de paz con las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) desde el gobierno nacional. ¿Comparada esa situación con lo que posiblemente se venga con las Farc, que espera de la administración central?
SFV: Yo creo que hay una cantidad de experiencias positivas de ese mismo proceso con las Autodefensas, pero es muy importante que se piense desde el primer día la institucionalidad, las responsabilidades y la organización del Estado colombiano para enfrentar la construcción de la paz. Eso tiene que quedar muy claro, no es por cuenta gotas, no es donde levanten la mano. De esta negociación tiene que salir un diseño institucional y en ese momento tenemos que participar los que estamos gobernando.

Hasta el momento no nos corresponde y está bien, hay que aguantarse la tentación de estar opinando de cada cosa, pero cuando pasen a esa parte del diseño sí tiene que escucharse la voz de las regiones y eso tiene que claro desde el primer día. Si no lo tenemos claro, los problemas se aumentarían y ponen a tambalear un proceso de esta naturaleza.

VA: ¿Qué experiencias positivas destaca en el proceso con las Auc?
SFV: Uno aprende a ver cómo unas personas se pueden reinsertar, entender la naturaleza de cómo estaban metidos en el conflicto y cómo si uno va viendo la población uno va viendo que pueden salir más rápido y que se les puede diseñar un camino. Todo eso es positivo. Repito, yo estoy haciendo un esfuerzo por entender la experiencia, pero uno de los problemas en esa negociación con las Autodefensas es que nunca hubo un texto claro, no estuvieron señaladas explícitamente las responsabilidades, eso no puede volver a pasar.

VA: En su visión hay un problema y es el desequilibrio que existe entre las regiones. No es lo mismo Antioquia que algunos departamentos del suroriente del país o de la región pacífica, que tienen dificultades económicas e institucionales. ¿Qué hacer al respecto?
SFV: Eso es cierto. Una parte importante de todo esto es la institucionalidad y, en particular, cómo se va a fortalecer en muchos sectores. Se va a tener que inventar algo que no existe. Ha habido consejerías para las ciudades y las regiones, pero tiene que hacerse un nuevo diseño para la construcción de la paz o el postconflicto, si lo queremos poner en esos términos, teniendo en cuenta la gente de esas regiones. No es que llega gente de afuera a hacerles el trabajo.

Naturalmente que hay diferencias, incluso dentro de Antioquia hay municipios que son muy frágiles. Ese diseño también tiene que pensar cuál va a ser la institucionalidad para fortalecer los municipios. Si les ponen recursos económicos y no fortalecen la institucionalidad se verían en problemas. Ese es un capítulo importante: no se puede terminar esa negociación sin haber hecho esta tarea. Y ahí, insisto, tenemos que participar los que estamos gobernando.

VA: A usted le tocó diseñar, como Alcalde de Medellín, el programa de reinserción de las Autodefensas para la ciudad: digamos que en un escenario muy optimista le toque, como Gobernador, asumir la reinserción de guerrilleros en el departamento, ¿qué no repetiría de su experiencia pasada?
SFV: En el fondo de todo eso, tiene que haber unas reglas de juego claramente establecidas, unas reglas básicas de participación, de relación con la sociedad, de responsabilidades. Porque es que se firma, y se firma con unas cabezas, pero inmediatamente ya cuando se llega al territorio hay diferentes responsables. Hay que ubicar responsables claros para cada uno de los lugares, en cada una de las tareas que se hagan.

VA; ¿Ha hecho algún tipo de acercamiento con el gobierno nacional para hacerle todas esas recomendaciones?
SFV: Hemos venido liderando todo eso nosotros, avanzamos, y lo que esperamos es que en el momento que lleguen las cosas tengamos un paquete organizado desde la perspectiva que nosotros sabemos y entendemos para presentarlo. Pero hasta el momento no hay nada formal porque es entendible, teniendo en cuenta que no hay nada acordado hasta que todo esté acordado, entonces nosotros no nos podemos precipitar y saltarnos a decir qué es lo que se debe hacer, pero vamos dando señales.

VA: ¿Y tiene alguna propuesta inicial?
SFV: Ante la polarización del país después de tantos años de conflicto, lo importante ahora es desarrollar una pedagogía de la paz. En el fondo, esta pedagogía debe conducir a que cada persona se pregunte '¿yo qué tengo que ver con esto?'. Y eso no es fácil, pero ese es el reto que tenemos.

VA: En ese rediseño institucional del que usted hace referencia, se va a necesitar una nueva reformulación de la descentralización administrativa, entre otras razones porque lo que van a necesitar las regiones es recursos. ¿Qué sugiere al respecto?
SFV: En el nivel territorial no tenemos los recursos para avanzar en una serie de iniciativas, pero precisamente esa situación va a obligar al gobierno nacional, al Congreso de la República, a mirar la redistribución de recursos y hacer un nuevo plan de desarrollo. Si se logra avanzar en todo esto de la paz y se logra consolidar, el próximo presidente tendrá que pensar en recursos y la reinstitucionalización, que este gobierno no lo incluyó, y definir su accionar con respecto a la construcción de la paz, por eso es importante que se discuta el tema durante el proceso electoral desde todos los sectores y no graduar de enemigos a todo aquel que piense diferente.

VA: Por último, en medio de su optimismo, ¿cómo percibe a los alcaldes de los municipios de Antioquia en relación con este proceso de paz con las Farc, muchos de ellos agobiados por acciones de este grupo subversivo?
SFV: No tengo la menor duda que para la gran mayoría de alcaldes del departamento un acuerdo de paz en un alivio grande, porque enfrentan problemas reales y no tienen las herramientas eficaces para enfrentarlos.

Lo que dicen los medios del Proceso de Paz, agosto 7 al 9 de 2013

VerdadAbierta.com y la FIP presentan el resumen semanal de las noticias más importantes sobre las negociaciones de paz entre las Farc y el gobierno.

Gobierno y Guerrilla le apuntan al postconflicto

Tras conocerse el acuerdo sobre el segundo punto de la agenda de negociación queda claro las partes están preparando el terreno de cómo sería el escenario político una vez cese el conflicto armado.

300acuerdopolitico

Garantías electorales, de seguridad y para el ejercicio de la oposición. Estos son los tres puntos sobre los que gravita el acuerdo logrado este miércoles entre la guerrilla de las Farc y el gobierno de Juan Manuel Santos después de cuatro meses de negociaciones en La Habana.

El comunicado conjunto de las Farc y el gobierno muestra que la ruta para la reinserción de los insurgentes compromete al Estado colombiano en ofrecerle garantías de seguridad a los miembros que decidan lanzarse a la política buscando evitar lo ocurrido con la Unión Patriótica, movimiento político al que le asesinaron más de 3 mil de sus dirigentes y militantes.

Esta parte del acuerdo cobra especial relevancia porque uno de los principales temores de la guerrilla de las Farc es que no se repita este exterminio, ocurrido tras los acuerdos que firmó la guerrilla en La Uribe, Meta, en 1984 con el entonces presidente Belisario Betancur.

El cierre de este punto le da un especial énfasis a la seguridad de los desmovilizados y de los militantes, y revela que, definitivamente, la guerrilla tendrá un movimiento que podrá hacer política y sus integrantes tendrán la posibilidad de ser elegidos a cargos públicos.

Las partes acordaron además que, una vez se desmovilice los integrantes de las Farc, tendrán circunscripciones electorales especiales de manera transitoria en zonas que han padecido el conflicto armado y que, además, hayan tenido ausencia de Estado.

El jefe negociador del gobierno colombiano, Humberto de la Calle, calificó este avance como un hecho que "en su desarrollo, profundiza y robustece nuestra democracia, promueve el pluralismo y la inclusión política, la participación política y la transparencia en los procesos electorales", dijo minutos después de que los garantes de Cuba y Noruega leyeran el comunicado conjunto que selló el segundo punto de una agenda de seis puntos acordados el año pasado.

Con este acuerdo lo que se asegura es que sectores marginados de la población, incluida la guerrilla, tendrán asientos en la Cámara de Representantes y desde allí podrán defender los acuerdos que se logren en La Habana.

También queda claro, por primera vez desde que se desarrolla la negociación que ya completa un año, que las Farc aceptan que, cuando se firme el fin del conflicto armado, harán política sin armas y que para ello el Gobierno les dará garantías políticas para hacer oposición. Asimismo, que el movimiento político que nazca después de la dejación de las armas no será perseguido y tendrá acceso a los medios de comunicación.

Las partes resaltaron que este acuerdo recoge una serie de garantías para canalizar las demandas ciudadanas que incluyen "la movilización, la protesta y la convivencia pacífica dentro de un contexto de democracia ampliada", según se lee en un aparte de la declaración conjunta.

El escenario de postconflicto que ven guerrilla y gobierno incluye promover una cultura de la reconciliación y la no estigmatización. Para lograrlo, se crearían consejos regionales que, en conjunto con las autoridades locales, harán seguimiento a lo que los acuerdos finales. Esto es que alcaldías y gobernaciones, así como concejos y asambleas, tendrán un papel preponderante en la implementación del proceso de paz.

Aunque la forma en la que se ejecutará este punto del acuerdo quedó pendiente para ser desarrollada en el futuro, sin duda alguna es un gran avance en la negociación ya que pone sobre el papel que la guerrilla dejará el proselitismo armado y se convertirá en un movimiento político con plenas garantías por parte del Estado.

Otro punto importante de este acuerdo es que los negociadores convinieron que se creará un estatuto de la oposición que será alimentado por los diferentes partidos, movimientos sociales y académicos, tras la realización de un foro al que serán convocados todos los sectores políticos y sociales del país. Además, se estableció que habrá un fortalecimiento de los mecanismos que garanticen la transparencia en las elecciones en aquellas regiones susceptibles de fraude electoral.

Para el Fiscal General de la Nación, Eduardo Montealegre Lynett, el acuerdo alcanzado en el tema de la participación política de los insurgentes una vez se desmovilicen "confirma una vez más la tesis que tenemos muchos colombianos de que es posible una solución negociada al conflicto armado colombiano. El hecho de que se haya avanzado en forma sensible y con acuerdos concretos es este punto de la agenda, muestra una voluntad real de las Farc para una solución negociada".

Sobre los obstáculos o impedimentos para que los integrantes de ese grupo subversivo puedan participar en política, el jefe del ente acusador sostuvo que "la única limitación que trae la Constitución colombiana es que si son condenados por delitos de lesa humanidad, no pueden intervenir en política, de resto, quienes no tengan condenas por delitos del Derecho Penal Internacional y de acuerdo con la constitución, podrían participar, ir al Congreso o estar en las entidades territoriales".

Aunque este es un acuerdo parcial sobre la agenda de negociaciones y las partes recordaron que hasta que los seis puntos no sean negociados en su totalidad "nada está acordado", es visto por diversos sectores sociales, políticos y académicos como un gran avance después de casi cuatro meses sin progresos en el proceso de paz.

La participación política ha sido sin duda uno de los puntos más difíciles en la negociación, pero quedan otros no menos complicados como el problema de los cultivos ilícitos en los que sin duda la guerrilla juega un papel fundamental; el reconocimiento y la forma en que serán reparadas las víctimas; y el desarme y la desmovilización de los hombres de las Farc.

Lo que dicen los medios del Proceso de Paz, julio 31 - agosto 2 de 2013

VerdadAbierta.com y la FIP presentan el resumen semanal de las noticias más importantes sobre las negociaciones de paz entre las Farc y el gobierno.