¿En qué está la columna móvil Teófilo Forero de las Farc?

Esta célula ha sido una de las más fuertes en el campo militar, pero sus acciones se han reducido drásticamente y su comandante, alias ‘El Paisa’, lleva una semana en La Habana. ¿Qué impacto tiene todo eso en el ajedrez de la guerra y la paz?

teofilo forero 1Estimaciones del Ministerio de Defensa apuntan que esta columna móvil ha alcanzado a tener hasta 500 hombres armados. Foto: archivo Semana.La columna móvil Teófilo Forero es un cuerpo élite dentro del Bloque Oriental de las Farc. Es responsable en las últimas dos décadas de fuertes ataques contra la población civil, líderes políticos y la Fuerza Pública en diversas regiones, especialmente en el suroriente del país. Sus hombres han estado bajo la comandancia de Hernán Darío Velásquez, alias ‘El Paisa’, un experimentado guerrillero que hace una semana llegó a La Habana, Cuba, para sumarse al equipo negociador del grupo insurgente.

Desde que comenzaron los diálogos con el gobierno nacional, en octubre de 2012, en Oslo, Noruega, se sospechaba que este jefe guerrillero no se alinearía al Secretariado de las Farc, máxima instancia de dirección de los alzados en armas, pero su reciente traslado a la isla del Caribe permite pensar, según algunos analistas, que se avanza por buen camino en el proceso de negociación y que sus hombres más beligerantes estarían en sintonía con los diálogos.

Pero más allá de su comandante, la Teófilo Forero representa para las Fuerzas Militares una de las columnas móviles más sanguinarias en la historia reciente del país. Y de acuerdo con Teófilo Vásquez, investigador del Cinep y del Centro Nacional de Memoria Histórica, esa columna móvil es la precursora de todas las columnas móviles que se crearon en la década del noventa como cuerpos élites de la guerrilla para combatir de manera más eficaz y eficiente al Ejército. “Representa una de las transformaciones estratégicas más importantes de las Farc”, sostiene este estudioso del tema.

Fuentes del mapa: Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac), Fiscalía, Fundación Ideas para la Paz (FIP), Universidad Nacional y Ejército.

El investigador Carlos Medina en su libro “Farc-EP Flujos y reflujos: La guerra en las regiones” (Universidad Nacional, 2011), asegura que la tarea inicial de la Teófilo Forero, cuando se creó en 1993, fue proteger a los miembros del Secretariado, pero debido a cambios en la estrategia de seguridad de los jefes guerrilleros, esta columna móvil gana “una importante capacidad operativa, en tácticas de inteligencia, secuestros de importantes dignatarios entre personal administrativo del Estado, militares de alto rango, entre otros y, a su vez, generar una dinámica de crecimiento de esta fuerza; que la convierte en la estructura de las Farc más activa y contundente por la resonancia de sus acciones".

Una vez consolidada, la Teófilo concentró sus operaciones en amplias zonas de los departamentos de Caquetá, Huila, Nariño y Putumayo; aunque, por su efectividad, realizó acciones en varias regiones del país. En la actualidad, esta columna móvil está conformada por las compañías Ayíber González y Wilfrido Castañeda, así como una red de apoyo, tanto urbana como rural, conformada por integrantes del llamado Partido Comunista Clandestino de Colombia (PC3). Su nombre es un homenaje al dirigente campesino Teófilo Forero, fundador de la Unión Patriótica, quien fue asesinado en Bogotá el 27 de febrero de 1989.

Según documentos de la Fiscalía, hasta el año 2002, la Teófilo Forero apoyó las incursiones armadas adelantadas por los bloques Sur y Oriental contra diferentes objetivos militares; luego alcanzó autonomía y se concentró en incrementar las finanzas de las Farc recurriendo al secuestro, robo de ganado y control a la producción de clorhidrato de cocaína. Para ese año, 500 hombres integraban esta columna móvil, la mayoría de ellos entrenados en los campamentos de las fuerzas especiales.

Sus acciones son consideradas osadas y milimétricamente planeadas. Muestra de ello es la toma del edificio Torres de Miraflores, en Neiva, el 26 de julio de 2001, de donde secuestraron por lo menos a 15 personas, entre ellas a Gloria Polanco, esposa del exgobernador del Huila, Jaime Lozada.

El país también se escandalizó con el asesinato del líder político Diego Turbay Cote, su madre y cinco personas más perpetrado el 29 de diciembre de 2000 en la carretera que de Puerto Rico, Meta, conduce a Florencia, Caquetá. Los cuerpos quedaron esparcidos en la vía.

La Teófilo también sorprendió al país con el secuestro del entonces congresista Jorge Géchem, ocurrido el 20 de febrero de 2002. Para lograrlo, obligaron a aterrizar el avión en el que viajaba, de la aerolínea Aires, en una carretera del Huila, previamente preparada para esa operación. Esta acción puso punto final a los diálogos con las Farc que adelantaba el gobierno del entonces presidente Andrés Pastrana (1998-2002).

A todo ello se suma el ataque con carrobomba contra el Club El Nogal, de Bogotá; los dos atentados contra el expresidente, y ahora senador, Álvaro Uribe Vélez; y el perpetrado contra el exministro Fernando Londoño en plena vía pública de la capital de la República.

 

Alejada de las comunidades

De acuerdo con Vásquez, una de las características de la columna móvil Teófilo Forero es que, dada la envergadura de sus tareas militares, no tuvo estrategias sociales para acercarse a las comunidades en aquellas zonas donde hacía presencia, como sí lo hicieron otros frentes guerrilleros, que ejercen control social y político en sus áreas de operaciones.

“No querían hacer un trabajo de masas y no lo necesitaban más allá de las relaciones con la gente para moverse con seguridad”, como explica una fuente que pidió la reserva de su nombre.

teofilo forero 2Sólo sobrevivó uno de los 12 diputados de Valle del Cauca que secuestró la Teófilo Forero en 2002. Foto: archivo Semana.Dado que sus acciones eran netamente militares, éstas comenzaron a reducirse notoriamente una vez comenzaron los diálogos entre las Farc y el gobierno nacional, hace ya más de tres años, por dos razones fundamentales: de un lado, por las treguas unilaterales decretadas por las Farc, la última de ellas desde el 20 de julio de 2015, que aún está en vigencia.

De otro lado, a los golpes que le ha dado la Fuerza Pública, particularmente en desarrollo del llamado Plan Patriota, que unió al Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea y la Policía en la Fuerza de Tarea Omega con un objetivo común: debilitar a las Farc en los departamentos de Meta, Caquetá, Guaviare y Putumayo.

Muy pronto las Farc, especialmente el Bloque Sur, tuvieron “fuertes reveses militares que obligó a la organización a replegarse y a redefinir sus formas organizativas y operativas para ajustarse a la nueva dinámica de la guerra”, explica Medina en su investigación.

De acuerdo con investigaciones de la Fiscalía, en 2002 el Bloque Sur tenía por lo menos 2.000 hombres armados; para el 2005, solo un año después del Plan Patriota, esta cifra había descendido a 1.600.

Las Fuerzas Militares pusieron en marcha el plan de guerra conocido como Espada de Honor, que creó la Fuerza de Tarea Conjunta Júpiter, compuesta por más de 9.500 hombres encargados de dar de baja a los comandantes de las guerrillas y las bandas criminales. Desde entonces, alias ‘El Paisa’ se convirtió en el objetivo principal de esta unidad militar.

Un estudio de la Fundación Ideas para la Paz (FIP), sobre el conflicto armado en Caquetá y Putumayo, divulgado en junio de 2014, registra que las acciones de la Fuerza de Tarea Júpiter, creada en noviembre de 2013, obligaron a ‘El Paisa’ “a replegarse desde el sector Balsillas en San Vicente del Caguán hacia los municipios de Puerto Rico, El Doncello, El Paujil y La Montañita; algunas versiones incluso aseguran que hacia abril de 2014 habría pasado por el departamento de Putumayo para refugiarse en Ecuador”, dejando la dirección de la Teófilo bajo la responsabilidad de alias ‘Camilo el Argentino’, de quién se desconoce su ubicación actual.

Las acciones de la Fuerza Pública también ocasionaron la muerte en combate de Marly Yurley Capera, alias ‘La Pilosa’, compañera sentimental de ‘El Paisa’; y la captura de Carlos Andrés Bustos, alias ‘Richard’, segundo al mando de la compañía ‘Ayíber Gonzales’.

Cifras del Ministerio de Defensa indican que, en 2015, cada tres días se presentó una acción contra la columna móvil Teófilo Forero. A diciembre de ese año, las operaciones militares arrojaron un balance de 21 capturados y más de 25 desmovilizados.

Más allá de esas muertes en combate, de las capturas y de las desmovilizaciones, otra señal del aparente ocaso militar de la Teófilo es su presencia territorial. Si bien nunca estuvo arraigada en algún municipio en especial, en los 90 y principios del 2000, los hombres bajo el mando de ‘El Paisa’ ocupaban el casco urbano de Puerto Rico, Caquetá, y volaban con regularidad el puente de la vía que lleva de ese municipio a San Vicente del Caguán y a la Florencia.

Además, constantemente asestaban golpes en el pie de monte como lo hicieron en los municipios huilenses de Rivera y Algeciras. “Ahora están replegados en la alta y medio Cordillera Central y desde Uribe no han podido hacer lo mismo. En esos momentos por los golpes militares y ahora, con Santos, por las expectativas de paz”, explica Vásquez.  

En efecto, las acciones de esta estructura subversiva se redujeron en un 90% desde que se decretó el primer cese unilateral por parte de las Farc en noviembre de 2012, según datos del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac).

¿Qué esperan las víctimas?

teofilo forero 3Los atentados que perpetró, como el de El Nogal, y las tomas a diferentes pueblos del país, le valieron la famade ser la estructura más sanguinaria de las Farc, según Fuerzas Militares. Fotos: archivo Semana.Las acciones militares de la ‘Teófilo’ ha dejado cientos de víctimas en diversas regiones del país. Ahora, con el proceso de paz en marcha, y la llegada de ‘El Paisa’ a La Habana, todas ellas exigen conocer la verdad de lo ocurrido, pues aseguran que detrás de esas operaciones hay autores intelectuales que no han sido develados.

“Así como hay fotos de las tragedias, debe haber fotos del perdón y de la reconciliación, hecho que servirá al proceso y será educativo para el país, para lo historia y las generaciones que vienen”, afirma Marta Amorocho, víctima del atentado contra el club El Nogal.

Al respecto, Berta Lucia Fries, quien duró ocho años en recuperación tras el carrobomba que sacudió el exclusivo club, asegura que se debe generar un diálogo con las Farc para ver los valores y comportamientos que van a tener luego de dejar las armas: “No nos van a devolver a los hijos o familiares, pero nos merecemos, tanto los hijos o nietos de ellos como nosotros, vivir en un aire diferente”.

Frente a ‘El paisa’, las víctimas señalan que su llegada a La Habana podría contribuir a destrabar el proceso en lo que respecta a la dejación de armas y las garantías de seguridad y, asimismo, “debe ayudar a destrabar el proceso judicial que se inició en contra del Estado tras el atentado, hubo información por parte de desmovilizados y testigos que se había alertado a la Fiscalía de la acción y no se hizo nada”, puntualiza Fries.

El camino violento hasta la masacre de concejales en Puerto Rico

A ellas se suman, las víctimas de las masacres de los concejales de Puerto Rico, Caquetá, perpetrada el 21 de mayo de 2005, y de Rivera, Huila, ocurrida el 27 de febrero de 2006, quienes han pedido un acto de perdón público no solo para ellos sino para las cerca de 8 mil víctimas que ha dejado esta columna móvil.

Detrás, ‘El Paisa’

teofilo forero 4Hernán Darío Velásquez, alias 'El Paisa', comandante de la Teófilo Forero, se incorporó el domingo a los diálogos de paz de La Habana. Foto: archivo Semana.Hernán Darío Velásquez, alias ‘El Paisa’, ha estado en la mayoría de las acciones militares de la Teófilo desde su creación en 1993. La efectividad de sus estrategias de guerra, le hicieron ganar respeto en la guerrilla y fuera de ella. Por todo ello, según Vásquez, su llegada a La Habana “es un mensaje a las tropas que un hombre que ha ganado en lo militar también tiene voluntad de desmovilización”.

Asimismo, integrarse al equipo negociador parece que derrumba el mito de que ‘El Paisa’ sería uno de los disidentes en una eventual desmovilización de las Farc. “Al contrario. Con todo lo militar que es, más su bajo compromiso en el narcotráfico, en los cultivos de coca o la producción de pasta básica de coca, era uno de los candidatos a la asistencia del acuerdo”, sostiene el investigador.

Así lo ratifica el informe de la FIP ya citado, que señala ‘El Paisa’ manifestó su voluntad de participar en los diálogos de paz ante las constantes presiones por parte de la Fuerza Pública. “Según interpretaciones de actores en la zona, su salida hacia a Ecuador tendría que ver con una eventual posibilidad de movilizarse desde este país hacia La Habana”, asevera el documento de este centro de investigación.

Poner a ‘El Paisa’ en el ajedrez de la guerra y la paz demuestra la cohesión de las Farc. Y, pese a las críticas, refleja las decisiones que el gobierno está dispuesto a tomar al permitir su presencia en la mesa de negociaciones, donde se verá, cara a cara, con el general Javier Flórez, quien lo persiguió durante varios años por las selvas del suroriente del país.

Jefes de las Farc hablan de paz desde el Nudo de Paramillo

Entre un espeso bosque, adecuado como campamento, los comandantes de los frentes 5 y 58 atendieron a un equipo periodístico de VerdadAbierta.com. Fueron dos días de conversaciones durante los cuales se abordaron varios de los temas que hoy complican la firma de un acuerdo final con el gobierno nacional en La Habana, Cuba.

Jefes de las Farc hablan de paz desde el Nudo de Paramillo

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Las lecciones de una frustrada pelea contra la coca

Los cultivos de coca han crecido y el Gobierno ha reconocido el fracaso de proyectos de sustitución de cultivos. La experiencia de tres regiones del país refleja algunos de los errores más comunes y los aprendizajes más valiosos en este campo.

erradicacion cocaEntre 2006 y 2007 el gobierno envío un grupo de erradicados manuales a las fincas de La Macarena para acabar con los cultivos de coca. Foto: archivo Semana.“Hemos fracasado en darles a los miles de campesinos una alternativa para que, en lugar de estar produciendo coca, produzcan algo diferente. Y mientras eso no suceda, la producción de coca seguirá”, dijo el presidente Juan Manuel Santos ante una audiencia de estudiantes en la Universidad Nacional en enero de este año.  

El fracaso de esta lucha contra los cultivos de coca también se ve reflejado en las cifras. De acuerdo con estadísticas que la Casa Blanca dio a conocer el mes pasado, en el país hay cerca de 159.000 hectáreas de coca, un 42% más que en 2014. Aumento que ha venido registrando la Oficina de Naciones Unidad contra la Droga y el Delito (Unodc) en sus últimos informes.

En ese sentido, hace casi dos años se firmó el cuarto punto de la agenda entre las Farc y el Gobierno en la Mesa de Negociaciones, conocido como “Solución al problema de las drogas ilícitas”. Acuerdo que, entre otras cosas, propone un nuevo programa de sustitución de cultivos de uso ilícito y desarrollo alternativo que se acuerde previamente con las comunidades. Además, se propone una nueva estrategia criminal que no recaiga en los campesinos cultivadores de coca.

La investigadora María Clara Torres, experta en temas de cultivos ilícitos, realizó un balance de tres experiencias regionales en el tema de cultivos ilícitos financiadas por la Unión Europea en Colombia. Los hallazgos del estudio titulado “La coca campesina en Colombia: un desafío para el postconflicto”, próximo a su publicación, ofrece un análisis de las lecciones aprendidas y unas recomendaciones para tratar el tema de los cultivos de coca una vez sea firmado el acuerdo de paz. Para ello recorrió tres regiones del país: el corregimiento de Micoahumado de el sur de Bolívar, los municipios de Leiva y Rosario en Nariño, y el corregimiento de Puerto Toledo en el Meta. Este informe hace parte las investigaciones que la RedProdepaz realiza sobre los aprendizajes y recomendaciones a partir de 20 años de trabajo de los programas de Desarrollo y Paz en los territorios.  

Aún si todos los proyectos fueron financiados por la Unión Europea, no abordaron una única estrategia. El programa varió según la región y los actores que intervinieron. “Se trató de actores con diferentes poderes de negociación y con lecturas distintas sobre el problema de los cultivos ilícitos”, aseguró Torres.

Un error de varios de estos programas ha sido su visión de corto plazo. De acuerdo con la investigadora, los proyectos y la asistencia técnica deben seguir hasta que generen ingresos estables a los campesinos, es decir, un mínimo de cinco años. “Los proyectos que terminan antes de que los cultivos comerciales permanentes generen ingresos estables, suelen fracasar estruendosamente”, indicó.

La comercialización ha sido el ‘talón de Aquiles’ de los programas de sustitución de cultivos más fuertes. Los esfuerzos se han enfocado más en el proceso de producción, sin prever los problemas que tendrán los campesinos para sacar sus nuevos productos al mercado, ni cómo se enfrentarán a la fluctuación de precios.

VerdadAbierta.com hace un recuento de estas tres experiencias regionales en el tema de cultivos ilícitos y sus más importantes lecciones.

 

Puerto Toledo, la erradicación en medio de la guerra

informe onu

“Cualquier proyecto agropecuario tiene que tener el aval de la gente. De los de toda la vida y de los migrantes. Se tienen que ganar la confianza de los cocaleros, ellos mismos tienen que hacer la erradicación”, contó a VerdadAbierta.com Luis Orlado Ávila, uno de los fundadores de la Asociación Campesinas del Río Güéjar (Agrogüéjar), que reúne a varios campesinos de La Macarena en el Meta.

Ese ha sido un problema recurrente de los campesinos que viven en un territorio disputado por grupos armados. Agrogüéjar se creó en 2004, después de que terminara la zona de distención durante los diálogos de paz entre las Farc y el gobierno de Andrés Pastrana. La Asociación construyó una granja para capacitar a los campesinos en cultivos orgánicos, pues se trataba de una región inundada de cultivos de coca.

La Macarena fue uno de los escenarios del Plan Patriota durante el gobierno del presidente Álvaro Uribe. Con una fuerte intervención militar se buscaba desarticular el Bloque Sur y Oriental de las Farc. Los continuos bloqueos y la fumigación aérea provocaron movilizaciones masivas. “La gente se estaba murieron de física hambre. No dejaban entrar ni un poquito de panela. La mayoría se fueron y el pueblo quedó casi solo. Los que se quedaron se comprometieron a erradicar”, contó Ávila.

Entre 2006 y 2007 un grupo de erradicadores manuales entró a las fincas para acabar con los cultivos de coca, como los campesinos acordaron con el gobierno. Aparecieron los primero programas de desarrollo alternativo de la mano del gobierno, pero no tuvieron en cuenta el trabajo previo que había hecho la comunidad y algunos de los líderes de la organización fueron amenazados y tuvieron que salir desplazados. Se trajeron gallinas ponedoras (la mayoría murió y fueron arrojadas al río) y frijol caupí (que nunca vio la primera siembra). “Nunca nos escucharon. Impusieron los programas que desde Bogotá habían pensado”, dijo un campesino de la zona que pidió la reserva de su nombre.  

Como parte del Plan Nacional de Consolidación – una segunda fase del Plan Patriota - y con financiación de la Unión Europea, entre 2010 y 2011, Cordepaz (Corporación Desarrollo para la Paz del Piedemonte Oriental) y Agrogüejar implementaron el proyecto de desarrollo alternativo de 18 meses. La iniciativa estaba dirigida a 80 familias campesinas del corregimiento de Puerto Toledo, en inmediaciones al Parque de La Macarena.

A corto plazo se sembraría arroz, para hacer frente a la crisis alimentaria; a mediano plazo un proyecto apícola que diera las primeras ganancias y a largo plazo el caucho. De acuerdo con la investigadora María Clara Torres, ninguna de los tres cultivos existe hoy. Una parte del arroz llegó podrido, la otra no creció por la condiciones de suelo en la zona. La madera para construir colmenas de abejas está apiñada en el patio trasero de una casa, pues ninguno de los campesinos reunía los requisitos que pedía la Unión Europea para la fabricación de los paneles y el contratista elegido no cumplió; de 80 estacas para la siembra de caucho, solo 35 fueron entregadas a familias campesinas, la mayoría de las cuales abandonó los cultivos.

“Esta experiencia deja varias lecciones. El caucho da rendimientos estables después de cinco años y el proyecto duró 18 meses. No se pueden proponer proyectos de desarrollo alternativo de tan corto plazo, sobre los que no se pueda tener control y no se le dé el debido acompañamiento técnico a los campesinos hasta que los productos generen ingresos estables”, dijo Torres. Además, para ganarse la confianza de las comunidades, es importante que se priorice la mano de obra local y que se los capacite para que puedan competir en las licitaciones. Agregó que no se trata de un problema de instituciones, sino que son problemas estructurales muy frecuentes en la mayoría de este tipo de proyectos.

 

Micoahumado y el problema de la comercialización

informe onu

La comunidad de este corregimiento de la zona alta del municipio de Morales, en el Sur de Bolívar, en el estribaciones de la Serranía de San Lucas, es reconocida nacionalmente por promover una estrategia de resistencia pacífica exitosa.  Convocaron una Asamblea Popular Constituyente y construyeran una zona agrícola que los mantuvo al margen de los enfrentamientos entre guerrilleros (en este caso el Eln) y paramilitares que vivió todo el resto del Magdalena Medio.

En diciembre de 2002, los paramilitares del Bloque Central Bolívar hicieron sus primeras apariciones en la zona. Más de 200 campesinos del caserío, en su mayoría mujeres, se organizaron para detener la entrada de los paramilitares y pedirle al Eln que saliera del pueblo. “Se logró sacar a gran parte de los paramilitares e hicimos un acuerdo con el Eln para que desminara 17 kilómetros de las vía y así lo hicieron”, contó Juan Bautista uno de los líderes de Micoahumado.

En el corregimiento quedó prohibido el uso de distintivos militares, las minas antipersonas y los cultivos ilícitos Se creó una zona agrícola de la que  se erradicaron cerca de 800 hectáreas de coca. A diferentica de otras regiones, en  Micoahumado, la erradicación fue una iniciativa de la comunidad para protegerse de la guerra.

En 2006, para asegurar la permanencia de los campesinos, el Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio, promovió proyectos productivos de cacao, café, fríjol, caña, plátano, aguacate, maderables y ganadería para reemplazar los cultivos que ya habían sido erradicados.

Aunque la comunidad ha logrado mantener al margen a los grupos armados y no sembrar una sola hoja de coca en la zona agrícola establecida, diez años después, estos proyectos tienen problemas de comercialización. La coca que se siembra en corregimientos cercanos sigue compitiendo con los cultivos lícitos. “Aunque casi todos  poseen Cédulas Cafeteras expedidas por la Federación Nacional de Cafeteros, que muestran con orgullo, es imposible conseguir una sola taza de café producida localmente”, aseguró Torres.

Bautista coincide en que enfrentan grandes problema de comercialización, “Desde 2010 nuestra cosechas tienen perdidas. El invierno ha dificultado mucho las cosas, también el transporte, no tenemos nuestros propios camiones. Nosotros queremos lograr una comercialización local en el sur de Bolívar, pero aún no lo hemos logrado”.

 

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El éxito de la sustitución en Nariño

A diferencia de lo que ocurrió en los otros proyectos, este fue liderado en 2007 por el entonces gobernador Navarro Wolf, quien abiertamente se opuso a la fumigación con glifosato y a la represión contra el pequeño productor. En un consejo comunitario el gobernador negoció con el presidente Álvaro Uribe que durarte Programa Sí se puede (entre 2007 y 2014) no se harían fumigaciones aéreas y la erradicación sería voluntaria.

Para ello se eligieron los municipios de Leiva y Rosario, que no los más afectados por los cultivos ilícitos en Nariño.  Los resultados fueron notorios, Según Unodc, entre 2007 y 2013, el área sembrada en coca se redujo en un 96% en Leiva, en un 61% en El Rosario, por encima del promedio departamental y nacional.

Uno de los aciertos, según la investigadora, fue incluir a familias cocaleras y no cocaleras, de manera que no solo quien cometía un delito recibía el apoyo del Estado para promover cultivos de limón.

Además, ganaron la confianza de la comunidad involucrándola en la ampliación de las vías terciarias y construcción de los sistemas de riego. Las Juntas de Acción Comunal  fueron capacitadas para ejecutar el presupuesto, construir y supervisar las obras.
Hubo un enfoque diferencial para las mujeres, tal como lo sugiere el acuerdo de mesa de negociaciones.  “Las mujeres han tenido un rol activo en la producción de coca,  bien sea como raspachines ocasionales o como cultivadoras de pequeñas parcelas de coca en los solares de sus casas. Pero, a su vez, ellas  han sido particularmente  afectadas con las bonanzas de estos cultivos ilegales: aumenta la prostitución, el reclutamiento y la violencia domestica. El liderazgo femenino resulta fundamental para mantener el territorio libre de cultivos ilícitos.”, aseguró Torres.

Sin embargo, este proyecto también cae en el cuello de botella de la comercialización, muchos productores se han desanimado ante los cambios en los precios de los productos alternativos a la coca. Cuando caen los precios, los cultivadores no cuentan con el dinero suficiente para la compra de insumos  necesarios para el mantenimiento del cultivo de limón, por eso, cuando suben los precios las cosechas pierden en calidad y competitividad.

El peligro es que la siembra de cultivos ilícitos en municipios aledaños y la minera ilegal en el departamento pueden ser una tentación para estos campesinos. Sobre todo si ven la posibilidad de mantener un pie en la legalidad y otro en la ilegalidad.

La investigadora concluye que el Acuerdo de La Habana no podrá erradicar la producción de coca en Colombia, mientras la prohibición internacional incentive la producción. “La pregunta entonces es si es preferible la cocaína con o sin violencia. También conviene interrogarse si es mejor la existencia de miles de familias cocaleras marginadas y explotadas por grupos criminales, o que ellas tengan acceso a la seguridad social y que la producción de coca sea regulada y gravada por el Estado”.

Incertidumbre guerrillera en montañas de Córdoba y Antioquia

Desde La Habana, Cuba, voceros de las Farc y los negociadores del gobierno nacional anuncian que un acuerdo de paz entre ambas partes está más cerca que nunca. Mientras tanto, en Colombia, los insurgentes rasos se preguntan qué pasará con sus vidas tras el histórico momento.

paramillo 2 1El temor de los guerrilleros rasos es qué va a pasar después de dejar las armas. Atrás quedará una vida en selvas y montañas, pero la incertidumbre es mucha cuando piensan en un futuro por fuera de la insurgencia. Foto: Juan David Restrepo O.El reloj aún no marca las 8 de la mañana y en Saiza, un caserío incrustado en las estribaciones de la serranía de Abibe, en pleno corazón del Nudo de Paramillo, ya se siente un calor intenso y un aire impregnado de humedad.

El pueblo es pequeño, con dos hileras de casas antiguas y empedradas callejuelas que desembocan en una polvorienta plaza central. En medio de ella se erige un pequeño templo católico de paredes blancas curtidas por el polvo, que termina en un campanario sin campana y cuyos bordes se los come el moho. Los locales comerciales se resumen en dos billares, un restaurante, una tienda, una proveeduría y una miscelánea.

Es un domingo cualquiera, y a esa hora de la mañana solo el restaurante está abierto al público. Allí, una mujer se esmera en asear el lugar aprovechando que no hay comensales que atender. Dos niños entran y salen repetidamente del establecimiento. Junto a la cabecera del largo tablón que sirve de mesa está sentada una joven mulata de ojos vivaces que mira con detenimiento las puntas de sus rizos negros. Ninguno de ellos parece percatarse de la pistola color plomizo que hay sobre el tablón, metida en una funda color verde.

Tampoco hay mayores sobresaltos cuando aparece el dueño del arma. Es de Antonio*, un guerrillero del Frente 5 las Farc que la dejó allí mientras buscaba alimento para unas mulas que tendrán un largo viaje. Su presencia sobresale en aquel lugar. Su contextura maciza y su mediana estatura, su sudadera negra y su camiseta azul, contrastan con las figuras delgadas de los labriegos, que visten jeans desgastados y camisas roídas por el trajín propio del trabajo del campo.

El tipo no anda solo. Dos jóvenes, que visten de forma similar y que no parecen superar los 20 años, le ayudan con su faena: le dan de comer a los animales, revisan que sus herraduras estén en perfecto estado, amarran bien las monturas, equilibran bien la carga que llevarán monte adentro. Todos terminan bañados en sudor. El calor a las 9 y 30 de la mañana ya es insoportable. Antonio regresa por su arma, saluda con cortesía, pero a la vez con distancia, y cancela algunas deudas pendientes.

A una señal suya, se suben a las mulas y comienzan una larga jornada que los conducirá a un campamento insurgente, en algún lugar selvático del Nudo del Paramillo. A ellos los acompañan tres periodistas que pretenden conocer qué piensan del proceso paz los integrantes de los frentes 5 y 58 de las Farc desde su cotidianidad en los campamentos.

La presencia de los subversivos no toma por sorpresa a nadie en Saiza. Desde el mismo momento en que un puñado de colonos antioqueños que huían de la violencia partidista, a mediados de los años 40 del siglo XX, fundaron este pueblo en tierras del municipio cordobés de Tierralta, sus habitantes han tenido que lidiar con la presencia de hombres armados pertenecientes a todos los grupos, tanto ilegales como legales.

En su momento fue la guerrilla del Epl, que surgió en 1967 en el Alto Sinú cordobés, muy cerca de Saiza. A finales de la década del noventa fueron los paramilitares de los hermanos Castaño, responsables de que el caserío sea un triste recuerdo del esplendor que alguna vez tuvo. Ahora son las Farc, que desde la última tregua unilateral que decretaron, el 20 de julio de 2015, se mueven con mayor soltura en la región.

Un par de años atrás, por esos mismos caminos que ahora recorren Antonio y sus acompañantes, se movían las tropas de la Fuerza de Tarea Conjunta Nudo de Paramillo (Funup), adscrita a la VII División del Ejército Nacional, para combatir a los frentes 5, 18 y 58 de las Farc, que erigieron en sus montañas un santuario que conocen al detalle. “Por todas las partes donde nos metimos, también se ha metido el Ejército”, cuenta el guerrillero.

En las entrañas del Nudo

paramillo 2 3Los guerrilleros rasos también tienen sus propias preocupaciones. Muchos de ellos ingresaron a las filas siendo menores de edad y varios no tienen familia. Algunos se preguntan: "¿Y si se disuelve la organización, qué haremos?". Foto: Ricardo León Cruz B.En lo más profundo del Paramillo, la vegetación se torna exuberante y los caminos agrestes. Por momentos, se observan, desperdigadas, rústicas viviendas de madera habitadas por colonos e indígenas, quienes no tienen ningún impedimento para vivir en medio de las dificultades. Aunque pareciera que es tierra de nadie, en realidad se encuentran en terrenos del Parque Nacional Natural Paramillo, asunto que es bastante traumático para unos y otros. (Ver más en artículo: El Paramillo, un nudo difícil de entender)

Por cuenta de los avances de los diálogos de paz, en esta región hace rato no suenan las ráfagas de fusil. El Ejército retiró varios puestos de control, mientras los guerrilleros permanecen acuartelados. Nadie da motivos que preocupen a su enemigo. Por ahora.

El grupo que lidera Antonio lleva varias horas a lomo de mula. Al descender por una de las tantas estribaciones, aparece Duván*, guerrillero del Frente 58 de las Farc, quien se une al grupo. Tiene la particular destreza de manejar con una mano las riendas de la mula que cabalga y con la otra su fusil de dotación con una agilidad que sorprende.

Pocos kilómetros después, Antonio y el grupo arriban a una planicie donde ondean en la misma asta dos enormes banderas, una de Colombia y una blanca, de igual tamaño. Aparte del pabellón nacional y el símbolo por excelencia de la paz, allí solo se divisa una casa de madera levantada en palafitos, que si bien parece abandonada, el insurgente explica que es un aula de clase para los guerrilleros. “A veces hacemos las pedagogías ahí”, agrega.

Aunque Antonio es un hombre de palabras precisas y algo silencioso, cuenta que es oriundo de una vereda de Ituango, un pueblo en el norte de Antioquia donde las Farc son tan viejas como los deseos del empresariado antioqueño de construir allí la represa más grande del país, Hidroituango. Antes de cumplir 16 años, empujado por la convicción de que vivía en una tierra de no futuro y seducido por el poder que transmiten en esas tierras abandonadas un camuflado y un fusil, se incorporó al Frente 18. Allí estuvo hasta pocas semanas antes de la muerte de ‘Román Ruiz’, comandante de esa unidad guerrillera, quien perdió la vida tras ser bombardeado por el Ejército en zona selvática del municipio de Riosucio, Chocó, el 25 de mayo de 2015. Hoy integra el Frente 5, que comanda ‘Ariel Rodríguez’, y ya ajusta cerca de diez años en la insurgencia.

La historia de Duván es similar. Cuando tenía 11 años de edad murió su padre y, como el segundo hombre de una familia de siete mujeres, debió abandonar sus estudios para atender los asuntos de la finca paterna, ubicada en una vereda del corregimiento Ochalí, de Yarumal. Rápidamente sus hermanas comenzaron a dejar el hogar para resolver sus vidas y, viéndose solo, no tuvo más opción que buscar trabajo en fincas cafeteras de la región.

Dos años después, Duvan conoció una comisión de las Farc que apareció en la finca de Ituango donde se encontraba laborando. Los guerrilleros llegaron con un discurso contra la explotación laboral del jornalero que abunda en esos parajes. Pero no fue eso lo que lo motivó a ingresar a la guerrilla.

“Pa’qué, pero me gustaron las armas. Esa imponencia de esa gente con esos fusiles, sentí que podía estar ahí y por eso dije que me llevaran con ellos”. Luego de tres meses de espera, lo reclutaron para el Frente 18. Esas primeras semanas en la guerrilla no fueron lo que esperaba. “Mucho estudio”, recuerda Duván. Cómo tuvo que abandonar la escuela con apenas el primer año de formación, un guerrillero tuvo que enseñarle a leer los capítulos, artículos y parágrafos que componen el reglamento interno de las Farc, algo así como el código de deberes y de comportamiento que debe acatar un insurgente. El no hacerlo puede acarrear duros castigos.

Al cabo de seis meses, Duván comenzó a recibir entrenamiento militar. Su primer arma fue una escopeta; luego, una pistola; después, un fusil Galil. Y así, en medio de fierros y duros combates con los ‘paras’ y con el Ejército, se hizo adulto. Tras la muerte de ‘Román Ruiz’, pasó al Frente 58. Hoy tiene 20 años.

Incertidumbre guerrillera

paramillo 2 2Jairo aprendió a tocar guitarra mucho antes de saber disparar un fusil. Ahora, por cuenta del desescalamiento del conflicto, tiene mucho más tiempo para entretener a sus compañeros con sus tonadas. Foto: Ricardo León Cruz B.“Llegamos”, dice Antonio al arribar al primero de varios campamentos de las Farc esparcidos en un radio no mayor a cinco kilómetros. Es una desvencijada casa de madera; sobre la cima de un pequeño cerro, otro grupo pasa las horas en improvisados cambuches; y uno más está a varios cientos de metros más allá, en una explanada. En cada sitio no hay más de 20 combatientes.

En esos campamentos, las rutinas de los combatientes incluyen, además de los ejercicios físicos matutinos, buscar agua, hacer de comer y montar guardia, una sesión de estudio diaria, donde escuchan las últimas noticias del proceso en la voz del propio “camarada ‘Timochenko’”, máximo jefe del grupo insurgente.

“Todos los días nos levantamos a eso de las 5 de la mañana. Tomamos café, el comandante prende el radio y nos sentamos a escuchar al ‘camarada Timo’ que nos habla sobre el proceso de paz. Todos los días nos hablan de cómo va el proceso. También escuchamos noticias y las analizamos”, cuenta Duván.

Pese a esa inyección de conocimiento, este joven insurgente no oculta su escepticismo sobre el desarrollo de los diálogos: “Hasta ahora sabemos de unas garantías para los guerrilleros de las Farc, del problema con las zonas de concentración y de la dejación de armas y eso se ve duro todavía”.

Y es que entre más avanzan los diálogos de paz en La Habana, en la profundidad del Paramillo aumenta la incertidumbre entre los guerrilleros rasos. Duván, por ejemplo, se pregunta qué será de su vida si se desintegran las Farc: “Nos han dicho que vamos a convertirnos en un movimiento político. Pero la verdad es que muchos de los guerrilleros que estamos aquí, de política poco. Nos atrae más lo militar. Si lo del proceso de paz se da y dependiendo de las garantías que haya, me pongo a estudiar. Habrá que esperar a ver qué pasa”.

Su compañero de filas, Jairo*, también se pregunta lo mismo. Ingresó a las Farc en 1998, recién cumplió su mayoría de edad. La sed de venganza motivó su ingreso a la guerrilla. Por aquellos años, en su natal Dabeiba se movía con toda libertad un grupo paramilitar liderado por un temido hombre al que se le conocía como ‘Escalera’. No había vereda ni caserío, por alejado que fuera, donde no se hablara de su crueldad: que mataba a sus víctimas a golpes de bate de béisbol y descuartizaba sin piedad. Hasta que un día, mató a un hermano de Jairo. “O era morir a manos de los ‘paras’ o meterme a la guerrilla. Porque a mí que me maten peleando, no así. Por eso me metí a la guerrilla”, recuerda.

Desde entonces se convirtió en uno de los más fieros combatientes del Frente 58. Tanto, que tiene bajo su responsabilidad el manejo de un fusil M82, de alta potencia y precisión al que llaman “punto cincuenta”. Es un arma con alcance para derribar un helicóptero y que la guerrilla emplea para contrarrestar la supremacía aérea que tiene el Ejército.

Sin embargo, desde que las tropas farianas decretaron el cese al fuego y los combates con las fuerzas militares se han reducido ostensiblemente, Jairo le ha sacado tiempo a uno de sus pasatiempos predilectos: la guitarra, que aprendió a tocar mucho antes de saber cómo disparar un fusil. En la profundidad del Paramillo ha logrado componer 30 canciones a ritmo de guasca cuyo tema principal es el proceso de paz.

Y en todas ellas se advierte la misma preocupación: ¿Qué pasará una vez se firme un histórico acuerdo de paz con el gobierno nacional? “Todos los guerrilleros esperamos eso. Pero, ¿y si no hay garantías? Lo cierto es que no nos podemos desintegrar como movimiento porque, entonces, ¿pa’donde cogeríamos? Y tenemos que estar juntos para la transformación en movimiento político”, dice el músico.

¿Y las armas? 

paramillo 2 4Paneles solares le brindan energía a esta vivienda en lo profundo del Paramillo, convirtiéndola en una tribuna obligada donde los guerrilleros ven los partidos del fútbol profesional. Foto: Juan Diego Restrepo E.Son las 4 de la tarde de un martes en el que la selección Colombia de mayores juega en Barranquilla contra Ecuador, a miles de kilómetros de allí. En medio de una espesura donde no hay energía eléctrica, ni acueducto, mucho menos internet o señal de telefonía celular, un grupo de guerrilleros, junto a los tres periodistas, ven el partido en una casa de madera cercana al campamento.

“Funciona con paneles solares. Son capaces de generar energía de 12 voltios. O sea, para un televisor así pequeño y dos bombillas. ¿Qué cómo tenemos eso? Bueno, llegaron diciendo que si queríamos ensayar. ¿Quiénes? Pues, la verdad, eso no lo sé yo ¿La señal? Direct TV. Se recarga en Carepa y ya”, explica un joven campesino residente en la rústica casa.  

El triunfo de la tricolor inspira un partido de fútbol entre varios de los combatientes en una improvisada cancha junto a la desvencijada casa. En ella fueron puestos los fusiles de quienes le sacaron un rato al juego. Antonio no quiso jugar, tampoco soltar su fusil, que lo acompaña día y noche a donde vaya.

- ¿Y por qué no lo dejas, si estás con tu gente? - le pregunta uno de los periodistas.

-La costumbre. Es lo primero que agarro cuando me levanto.

- Y entonces, cuando llegue el momento de dejar las armas, ¿qué harás?, pregunta nuevamente el periodista.

El largo silencio se torna incómodo. Antonio le da una larga calada a su cigarrillo y responde con desdén: “mmm, ahí sí la piensa uno”.

Y es que si hay tema que ponga a pensar a los guerrilleros de las Farc es la dejación de armas. Para muchos de ellos, es lo que le da sentido a su existencia. En las profundidades del Paramillo, un fusil da poder y por ello, lo que ordenan (cuidar las fuentes de agua, no talar ni quemar más bosque, sembrar o no sembrar coca) es acatado sin reparos por los campesinos.

Ahora que el proceso de paz entró en ese delicado punto de la desmovilización de la guerrilla, a muchos les cuesta imaginarse un futuro sin armas. “Yo, por lo menos, estoy de acuerdo con lo que decía el ‘camarada (Manuel) Marulanda’: es que las armas son de nosotros. Otra cosa es que las guardemos y no las usemos, pero, ¿entregarlas? Yo no estoy de acuerdo. Y menos al Ejército”, responde Duván, a quien lo asalta el mismo temor que a Antonio, Jairo y demás guerrilleros acuartelados allí, en el Paramillo: que una vez dejen las armas inicie contra ellos un proceso de exterminio sin piedad. “Listo, entregamos las armas, y si el gobierno nacional no da garantías y nos empiezan a matar a mansalva, ¿qué? Esa es la otra”.

- ¿Y te irías a trabajar con los ‘Gaitanistas’? - le pregunta uno de los periodistas

- Pues, no creo. Uno está aquí porque está peleando por algo. Ellos allá quien sabe porque están, por la plata será. Me preocupa más bien otra cosa- dice Duván al tiempo que reduce al mínimo el tono de su voz.

- ¿Y qué será?

- La gente. Muchos creen que apenas nos vayamos nosotros llegarán los ‘paras’ y los van a matar. De hecho, están por acá cerca y nadie está haciendo nada. Muchos nos han dicho que no dejemos los fierros. O que se los entreguemos a ellos para defenderse. Y si eso pasa, téngalo por seguro que yo vuelvo a coger las armas- sentencia.

Son las 5 de la mañana del miércoles. Antonio es el responsable de guiar nuevamente a los periodistas hasta Saiza, donde emprenderán su viaje de regreso a Medellín. Después de dos días de permanecer con ellos en el campamento, les indica cuál será el itinerario del día siguiente. Esta vez el camino es más escarpado, arduo, difícil, pero más corto. Y así como apareció de la nada, también, en determinado punto del trayecto, Duván se pierde sin dejar rastro. El grupo llega pasadas las 10 de la mañana. El pueblo luce desolado. Y Antonio también se ha ido sin dejar ningún rastro.

Para Salir de Saiza hay que tomar un vehículo que viaja por una trocha hasta llegar al sitio conocido como El Cerro y de ahí unas tres horas de viaje hasta Carepa. Es mediodía. Al llegar a este municipio del Eje Bananero, los periodistas se encuentran con una desagradable sorpresa: las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (Agc) acaban de decretar un paro armado que iniciará a las cero horas del jueves. El último bus que despacharán para Medellín saldrá en 15 minutos.

* Nombre cambiado por petición de la fuente

¿Quiénes quedarán cuando las Farc dejen las armas?

espacios desmovilizacion farc 2

Si bien esta guerrilla tiene el poder militar en muchas regiones del país, en otras ya han empezado las disputas por el territorio.

El actual proceso de negociación entre las Farc y el gobierno nacional plantea serios cuestionamientos relacionados con la reconfiguración de los escenarios del conflicto armado. ¿Qué sucederá con los espacios dejados por las Farc si sus hombres se desmovilizan? ¿Existe un riesgo real de que el Eln entre a llenar los vacíos territoriales dejados por las Farc? ¿En qué zonas coinciden ambas guerrillas?

El asunto es de tan hondo calado que la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, en su más reciente informe sobre Colombia, prendió las alertas: “es posible prever que el fin de las hostilidades y la desmovilización de la guerrilla podría generar vacíos de poder y disputas por controlar las rentas ilícitas (ganancias derivadas del narcotráfico, extorsión, trata de personas, prostitución, minería, captura de recursos estatales, entre otras)”

A continuación, VerdadAbierta.com presenta una radiografía de los territorios en los cuales hay serios conflictos, que podrían prolongarse, incluso, después de una eventual firma de acuerdos con la guerrilla de las Farc.

Zonas de riesgo

El Eln se concentra actualmente en una zona de confluencia entre los departamentos de Arauca, Casanare y Boyacá; asimismo, en el Catatumbo, Norte de Santander; y en Santander, el Bajo Cauca antioqueño, Cauca, Nariño, Chocó, sur del Cesar y sur de Bolívar.

Por su parte, las Farc tienen presencia en los departamentos de La Guajira, Cesar, Arauca, Casanare y Norte de Santander en donde se encuentran los bloques Caribe, Magdalena Medio y Oriental. De igual forma, esta guerrilla está presente en Antioquia y Chocó, donde opera el Bloque Iván Ríos; así como en Cauca, Nariño, Putumayo, Meta, Guaviare y Caquetá, a través de diversos bloques, frentes y compañías.

En algunas regiones coinciden ambos grupos armados ilegales. Uno de los territorios más significativos es Arauca, donde tiene asiento el 60% de la fuerza armada del Eln, bajo el mando de alias ‘Pablito’. En el 2006 se presentaron en este departamento intensos enfrentamientos con las Farc por el control de las regalías del petróleo. Lo que prevalece actualmente es un pacto de no agresión entre las dos guerrillas.

En Antioquia los enfrentamientos entre ambos grupos surgieron en 1999. El Eln tenía presencia en buena parte del Oriente por más de 20 años y tuvo que salir de allí a causa de la llegada de facciones de las Farc que les disputaron el territorio.

El caso del Bajo Cauca antioqueño refleja el de un territorio en disputa. Actualmente no hay enfrentamientos entre las Farc y el Eln, lo que reina es un pacto de no agresión que deja en evidencia otros intereses en juego. “En esta región, si bien es poco probable que el Eln coopte los espacios dejados por las Farc, debido a la escasa capacidad que tiene de movilizar tropas, sí puede llegar a controlar zonas estratégicas de esta región como El Bagre y parte de Caucasia así como San Jacinto (Bolívar), que se constituyen en un corredor para extraer rentas de la coca, la minería ilegal y la deforestación”, aseguró Eduardo Álvarez, coordinador del Área de Dinámicas del Conflicto y Negociaciones de Paz de la Fundación Ideas para la Paz (Fip).

De igual forma, Álvarez señaló que otro actor clave dentro de la reconfiguración de los escenarios de conflicto son las llamadas bandas emergentes, conocidas como Bacrim, que “van a intentar disputar esos espacios e incluso pueden llegar a acuerdos con otros actores armados”.

En el Catatumbo se están reacomodando las fuerzas insurgentes. Para Álvarez, en esta región se debe tener en cuenta una variable que no está presente en el Bajo Cauca: la presencia del Ejército Popular de Liberación (Epl) que se encuentra concentrado en San Calixto, El Tarra, Teorama y Hacarí. Adicionalmente, guerrilleros del Frente 33 de las Farc se estarían pasando a las filas del Eln, que tiene presencia en Ocaña y Convención. Si bien no son sus territorios, se han observado grafitis alusivos a esta organización armada en Tibú.

En esta región, el Eln ha activado artefactos explosivos, tomado rehenes y cometido homicidios de civiles. En lo que va del presente año, las acciones violentas contra la población civil se han intensificado, como se menciona en el reporte más reciente de acciones del Eln del Sistema de Alertas Tempranas (SAT) de la Defensoría del Pueblo. “En los corregimientos de San Pablo y el Aserrío y en el municipio de Teorama se han presentado amenazas y homicidios selectivos atribuidos presuntamente a las guerrillas del Eln y el Epl”, se indicó en el documento.

Una de las situaciones más dramáticas se presenta en el departamento de Chocó. En las zonas del Baudó y Bajo Atrato chocoano, el Eln y las llamadas ‘Autodefensas Gaitanistas de Colombia’ (AGC) mantienen una disputa por el control territorial. Las comunidades indígenas y afrodescendientes han sido afectadas por el desplazamiento, el confinamiento, la presencia de minas antipersonal, las amenazas y los enfrentamientos armados.

Según el SAT de la Defensoría del Pueblo “en este departamento, el Eln ejerce fuertes presiones sobre la población, a partir de controles, restricciones a la movilidad e imposición de códigos de conducta”.

En el Cauca la situación no mejora. El Eln está presente en la región del Macizo Colombiano, en El Tambo y Guapi, pero está llegando a las zonas de influencia histórica de las Farc como Corinto, Caloto, Toribío y Santander de Quilichao, en el norte del departamento.

En Nariño, el casco urbano de Tumaco está controlado por los Urabeños o AGC, mientras que en los alrededores confluyen Eln, Farc y Bacrim, que se distribuyen las diferentes etapas de producción de cocaína, como lo señaló Eduardo Álvarez de la Fip. Sin embargo, en diferentes ocasiones, la Alcaldía de Tumaco ha sostenido que no hay bandas criminales en el municipio.

El caso de Tumaco es un ejemplo de cómo se han transformado las violencias y cómo ha surgido una que es más cotidiana, pero menos visible. “Los grafitis, panfletos y extorsiones mantienen a la población en un estado de zozobra permanente”, afirma Álvarez.

Al respecto, el Comité Internacional de la Cruz Roja (Cicr) documenta en su reciente informe “Colombia: retos humanitarios 2016”, las consecuencias de la violencia armada del último año. Estas se evidencian en una violencia “gota a gota” que afecta “a una sola persona o a grupos pequeños, lo que suele impedir que se hagan visibles las amenazas y la violencia sexual”.

En este mismo informe se documentan los departamentos más afectados por el conflicto armado en el último año: Antioquia, Cauca, Chocó, Nariño, Norte de Santander y Putumayo. De igual forma, ciudades como Buenaventura, Tumaco y Medellín encabezan la lista de las ciudades más afectadas por la violencia armada en 2015.

Un posible acuerdo de paz con las Farc no traería de inmediato el fin del conflicto armado. Al contrario, la desmovilización de las tropas de esta guerrilla podría generar una disputa más violenta por el control de territorios donde ya no estarían presentes.

En varias de estas regiones en donde hay una confluencia de actores armados ilegales, los órdenes sociales que se han configurado a raíz de la ausencia del Estado y de sus instituciones han posibilitado un control social sobre poblaciones y comunidades. ¿Qué sucederá cuando las Farc ya no estén en estos territorios?

Para Álvarez es poco probable que el Eln coopte esos territorios, pues no cuenta con la capacidad militar suficiente para hacerlo. El posible escenario del posacuerdo podría generar un aumento en los tipos de violencia que no son tan masivos y visibles como extorsiones, amenazas y desplazamientos sistemáticos, que ya se están presentando en determinadas zonas. Del mismo modo, la disputa entre el Eln y bandas emergentes por aquellos territorios que dejen las Farc puede aumentar los niveles de violencia con un alto impacto humanitario.

El gran desafío territorial en un posible escenario posacuerdo es integrar las zonas y regiones que dejan las Farc y en donde hay presencia de actores armados ilegales a las dinámicas políticas, económicas y sociales del país. De no hacerlo, “la presencia del Estado será fragmentada, las zonas y sus habitantes seguirán en estado de exclusión, posibilitando eventualmente la aparición de nuevas manifestaciones de violencia”, concluye el reporte del SAT.

 

antonio garcia

La guerrilla del ELN es la que mayor presencia ejerce en el territorio. Actualmente se mantienen vigentes más de seis compañías del Frente Domingo Laín, la estructura más fuerte del Bloque de Guerra Oriental. Durante el paro armado adelantado en febrero este departamento fue el más afectado por la escalada de acciones armadas contra los oleoductos, la infraestructura vial y el transporte público. En lo que va corrido del año, la Defensoría del Pueblo registró el asesinato selectivo de 22 personas, en su mayoría líderes sociales y defensores de derechos humanos.

Las Farc hacen presencia con el Bloque Oriental y sus frentes 10, 28, 38 y 45 y las compañías móviles Alfonso Castellanos y Reinel Méndez. Antes de inicial el cese unilateral, el fuerte militar se concentró en el centro y sur de Arauquita y en la zona rural de Tame.

Por otra parte, en el informe más reciente de la Defensoría del Pueblo sobre bandas criminales, se ha alertado sobre la presencia de panfletos amenazantes contra la población firmados por las Autodefensas Unidas del Meta, Casanare y Arauca, que a pesar de no reportar bajas o capturas se presume sea un reducto del extinto Ejército Revolucionario Popular Antisubversivo de Colombia (Erpac).

 

informe onu

La Columna Daniel Aldana y el Frente 29 de las Farc controlan la mayor parte de la costa pacífica nariñense, mientras que el Eln, con sus frentes Comuneros del Sur y el José María Becerra, y dos columnas más, se ubican en los municipios más hacia la cordillera. Sin embargo, desde hace casi un año la Defensoría ha alertado sobre grafitis del Eln en Tumaco y la presunta llegada de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia. Las amenazas y el ingreso de hombres armados de este grupo a diferentes poblaciones han ocasionado desplazamientos gota a gota como el que ocurrió en la vereda Bajo Jagua en Tumaco, desde el 13 de febrero hasta el 1 de marzo. Además, en el corregimiento Llorente ha habido retenes y en el departamento continúan los asesinatos de líderes sociales afrodescendientes y de Marcha Patriótica. Solo en diciembre de 2015 hubo 27 asesinatos en Tumaco.

 

informe onu

A pesar de que el Eln está más hacia el macizo colombiano con dos frentes y dos columnas del Frente de Guerra Suroccidental, la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) asegura que esta guerrilla está incursionando en el norte del Cauca, donde el Frente 6 de las Farc ha tenido presencia histórica. Por su parte, la Defensoría del Pueblo detalla que ello estaría ocurriendo en los municipios de Corinto, Caloto, Toribío y Santander de Quilichao. El Ministerio Público también reportó que entre enero y febrero la columna Jacobo Arenas de las Farc amenazó a líderes de los resguardos de Jambaló y Toribío luego que los indígenas juzgaron a varios guerrilleros por asesinar a una persona.

 

informe onu

Actualmente están vigentes el Frente 33 de las Farc, el Frente ‘Camilo Torres’ del Eln y los denominados “Megas”, nombre heredado de Ramón Navarro, alias ‘Megateo’, extinto jefe de la guerrilla del Epl. A ellos se suman ‘Los Rastrojos’, banda criminal que emergió en la región luego de la desmovilización del Bloque Catatumbo de las Auc, y las llamadas ‘Autodefensas Gaitanistas de Colombia’, conocidas también como ‘Los Urabeños’.

Según la Defensoría del Pueblo en los tres primeros meses del año se han registrado 16 asesinatos selectivos, tres ataques contra la población civil y alrededor de 10 acciones contra la Fuerza Pública, en su mayoría realizados por la guerrilla del Eln.

 

chocó

En los últimos meses, el Eln y las llamadas ‘Autodefensas Gaitanistas de Colombia’ se han disputado el territorio en algunas zonas del Baudó y en el Bajo Atrato, ricas en madera y minería. Esto ha ocasionado desplazamientos masivos y gota a gota y más de mil personas han estado confinadas, según la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios. Además, en el departamento también están las Farc, con sus frentes 34 y 57. Este último se encarga de las rutas de droga que van hacia Panamá y que le dejarían al grupo insurgente cerca de 50 millones de dólares al año, de acuerdo al centro de investigación InSight Crime. 

 

Antioquia

Todos los grupos están en este departamento: Farc, Eln, Rastrojos, 'Autodefensas Gaitanistas de Colombia' (también llamados 'Clan Úsuga' o 'Urabeños'). La Fundación Ideas para la Paz señala que mientras en algunas regiones, como Nudo de Paramillo, el conflicto gira en torno a los combates de las Farc con la Fuerza Pública; en otras esa guerrilla pactó alianzas. En Bajo Cauca, por ejemplo, los frentes 18 y 36 de las Farc se unieron con los 'Gaitanistas' para explotar oro, controlar el narcotráfico y extorsionar, pero según la Defensoría del Pueblo, esos acuerdos se rompieron recientemente. Por tal razón, no cesan los combates entre estos dos grupos. Una de las consecuencias fue el desplazamiento masivo en el municipio El Bagre en enero y el aislamiento de por lo menos 30 familias, según la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios.

 

Bolivar

El sur del departamento sigue siendo uno de los fortines de la guerrilla del Eln. Actualmente sigue operando el Bloque de Guerra ‘Darío Ramírez’ compuesto por cuatro frentes y las compañías ‘Simón Bolívar’ y ‘Héroes de Santa Rosa’. Durante el paro armado de febrero pasado fueron atacadas varias plantas extractoras de aceite y se perpetraron decenas de ataques contra torres de energía y varios oleoductos a lo largo de la región.

A ello se suma la presencia de los frentes 24 y 37 de las Farc y la columna móvil ‘Gerardo Guevara’. Según informes del Ministerio Público, tras la desmovilización del Bloque Central Bolívar de las Auc, Las llamadas ‘Autodefensas Gaitanistas de Colombia’ mantienen el control de parte de la población mediante el cobro de extorsiones y amenazas a pobladores, pescadores y ganaderos. La disputa por el control de las minas ilegales de oro entre los actores armados ha generado desplazamientos masivos y varios asesinatos selectivos.