Al proceso de paz le llegó el ‘Día D’

Tras la refrendación del Congreso, comienza a correr el cronograma para que las Farc se concentren, entreguen las armas, comiencen su tránsito a la vida civil y comiencen su actividad política en la legalidad. Aún faltan detalles, pero todo avanza.

refrendacion 1El jueves 24 de noviembre fue la segunda firma oficial del acuerdo de paz, tras la inclusión de varios puntos solicitados por los voceros del 'No'. Foto: archivo Semana.La refrendación del Acuerdo Final en el Congreso de la República, durante dos sesiones maratónicas realizadas entre martes y miércoles, le abre el camino al famoso ‘Día D’, momento en el que la guerrilla de las Farc inicia su tránsito a la legalidad y la vida política sin armas, así como la implementación de lo decidido en La Habana.

Con una decisión favorable en Senado, por 75 votos a favor y cero en contra y 130 en la Cámara de Representantes y ninguno en contra, se refrendó la versión renegociada del Acuerdo Final logrado entre el gobierno nacional y las Farc.

Tal decisión implica que desde hoy empieza a correr el cronograma de seis meses que supone un proceso de concentración de la fuerza insurgente y la entrega de todas sus armas, lo que marca el fin de este grupo guerrillero tras 52 años en armas contra el Estado. Adicionalmente, también comienza la reorganización de la Fuerza Pública para facilitar el desplazamiento de todas las unidades de las Farc hacia las 20 Zonas Veredales Transitorias de Normalización y a los siete Puntos Transitorios que habrá en todo el país, proceso que debe darse entre el 5 y el 30 de diciembre, y donde permanecerán por seis meses.

Otra de las puertas que abrió la refrendación en el Congreso es la radicación del proyecto de Ley de Amnistía e Indulto para darle un perdón jurídico a todos los miembros de las Farc que cometieron únicamente delitos políticos, con lo que se busca favorecer a los guerrilleros de base, para facilitar el tránsito a la vida legal.

El senador Roy Barreras, quien durante este año acompañó al equipo de paz del gobierno en La Habana, está convencido de que ese proyecto alcanzará a tramitarse antes de que termine este año. Su cuenta es simple: mientras el proyecto está en trámite en el Congreso, las Farc se mueven a las zonas de concentración y antes de que salgan de allí, ya estará vigente la ley.

Como Barreras, otros políticos y también académicos coinciden en que desde ya se puede empezar a aplicar los acuerdos. La pregunta es qué tan rápido pueden avanzar los trámites legislativos que se necesitan para su implementación. Y este no es un tema menor; mientras en el Congreso continúan las discusiones políticas y en las altas cortes siguen los debates jurídicos, la realidad en los territorios ya está cambiando y una prueba de ello son los líderes sociales a quienes asesinaron en las últimas dos semanas.

¿Despierta una nueva violencia al cerrar la guerra con las Farc?

“Puede ser que ya sea un poco tarde la implementación en varios sitios porque ya hay otros grupos armados entrando. Entiendo que la política sea la política, que estos debates sean importantes, pero la realidad en terreno está cambiando y tienen que poner más atención a los derechos de las personas que viven en estas áreas”, recalcó Todd Howland, representante en Colombia de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos.

refrendacion 2En la refrendación, el Centro Democrático se salió antes de las votaciones en Senado y Cámara de Representantes. Fue así como no hubo votos en contra. Foto: Archivo Semana.Y es que mientras esto ocurre, sigue sin resolverse la duda de si la implementación de los acuerdos solo se puede por las vías ordinarias o, en cambio, a través del llamado ‘fast track’, un procedimiento aprobado en el Congreso desde julio de este año que permite que las discusiones sobre las normas que regularán la implementación del Acuerdo Final tenga un trámite preferencial, abreviando, además, los actos legislativos de ocho a cuatro debates en el Congreso; los proyectos de ley, de cuatro a dos debates; y le da facultades especiales al Presidente de la República para que expida decretos con fuerza de ley durante seis meses. (Ver Acto Legislativo)

El problema es que, según el Artículo 5 del mismo proyecto, para aplicar el ‘fast track’ se requiere de “refrendación popular” del Acuerdo Final. Al respecto, hay diversas interpretaciones sobre su significado.

El Centro Democrático, por ejemplo, entiende que la refrendación debe ser en las calles.  “Están botando caspa en el Congreso porque quieren convertir la proposición en un ‘Sí’ y decir que esa es la refrendación, pero la refrendación es popular y el Artículo 5 es clarísimo”, indicó José Obdulio Gaviria, senador de esa colectividad.

Ese congresista opina que lo que ocurre en diversas regiones del país con los asesinatos de líderes sociales e integrantes del Movimiento Marcha Patriótica debe ser investigado, pero no tiene nada que ver con los actos legislativos o los proyectos de ley que se discuten en Senado y Cámara.

“Sería como decir que la no aprobación de alguna iniciativa, tuviese por ejemplo a Medellín con altos índices de extorsión. Eso no tiene nada que ver. Es una visión tremendista de algo que es jurídico”, apuntó Gaviria.

Por su parte, la senadora Viviane Morales, del Partido Liberal, insistió en que la refrendación no era necesaria ni siquiera en el Congreso; a su juicio, lo renegociado “ya tiene todas las características de un acuerdo que está perfeccionado y que se tiene que entrar a implementar”, aunque comparte con el Centro Democrático que el Congreso no tiene competencia para refrendar a través de un debate de control político.

Además, ella como miembro de la iglesia cristiana Casa sobre la Roca, aseguró que pastores como Darío Silva, Ricardo Rodríguez y cientos más apoyan este acuerdo renegociado, a pesar de que Jhon Milton Rodríguez, pastor caleño del Pacto Cristiano por la Paz, fue invitado por el Centro Democrático al debate en el Senado para exponer sus argumentos de por qué no se debería refrendar allí el Acuerdo Final.

“El cristianismo no tiene Papa ni Conferencia Episcopal, entonces nadie puede decir que habla en representación de todo el sector cristiano en el país. (Rodríguez) se asume porque hubo una reunión como de 700 pastores, pero en Colombia debe haber más de 10.000 pastores”, señaló Morales.

Pese a estas posturas, congresistas como Barreras insisten en que la refrendación del Congreso ya es suficiente y que la implementación sí empieza desde este jueves. “Para el tema de la Ley de Amnistía la discusión de si se usa el ‘fast track’ o no es inútil, porque el mensaje de urgencia tiene exactamente el mismo efecto. La verdadera diferencia está en lo que tiene que ver con el trámite de Actos Legislativos que no pueden tener mensaje de urgencia”, indicó el congresista del Partido de La U.

¿Votos para el ‘fast track’?

refrendacion 3Luego del plebiscito del 2 de octubre, partidarios del 'Sí' y del 'No' han salido a marchar para defender sus posturas. Foto: archivo Semana.El limbo de si se puede aplicar o no el Acto Legislativo existe más allá de las discusiones políticas; desde lo jurídico una refrendación popular puede ser indirecta, es decir a través del Congreso, o directa, con votos de la ciudadanía.

Rodrigo Uprimny, abogado e investigador del centro de estudios de derecho DeJusticia, revisó todas las ponencias de los debates que se hicieron en el Congreso antes de aprobar el ‘fast track’ y aseguró que el argumento principal para calmar los miedos de quienes veían riesgos en ese Acto Legislativo era que habría una votación ciudadana antes de aplicarlo, pero que en el texto final solo quedó “refrendación popular” y que ello le abre espacio a las interpretaciones de que una refrendación en el Congreso es válida porque la ley explica que los congresistas son la representación del pueblo.

“Existe tensión entre la voluntad histórica del legislador y lo que quedó escrito. Si uno mira la voluntad histórica, es claro que tenía que ser ciudadanía la que refrendara, pero el texto no quedó así y es entonces cuando se vuelve un debate interpretativo”, detalló el investigador.

A esta intriga se suma el sentido de fallo que podría tomar la Corte Constitucional este jueves cuando se reúna en Sala Plena para discutir una de las cinco demandas en curso contra el Acto Legislativo. En diferentes medios de comunicación se ha planteado que la ponencia de la magistrada María Victoria Calle deja vivo el ‘fast track’ por no ir en contra de la Constitución Política, pero no interfiere en el debate de si se debe refrendar en las calles o no. Ninguno de los congresistas consultados por VerdadAbierta.com conocía el texto original y cada uno hizo su propia interpretación.

“La ponencia de la doctora Calle no dice nada ni a favor ni en contra del Artículo 5. Yo, que soy autor de ese artículo 5, entiendo y defiendo que la refrendación popular también es refrendación en el Congreso, por ser de origen popular como dicen los constitucionalistas sobre el espíritu del Legislador”, dijo Barreras.

Por su parte, Gaviria estimó que “la Corte les dará un bofetón (a los congresistas que refrendaron el acuerdo) primero con la sentencia y luego de pronto, autoridades judiciales porque las están provocando con una investigación penal por prevaricato, como ya se las anunció el abogado Abelardo de la Espriella”.

Nadie tiene muy claro si se puede aplicar el ‘fast track’ o no antes de la decisión de la Corte o si para ello el gobierno nacional debería convocar a una refrendación popular a la par que empieza la implementación de los acuerdos de paz por la vía ordinaria.

Uprimny consideró que teóricamente el gobierno podría decir que ya hubo refrendación y usar el Acto Legislativo, pero es riesgoso en el campo político e incluso lo tilda de “rudo”. “El argumento del ‘conejo’ de los del Centro Democrático se crece enormemente porque dice que prometieron el plebiscito y en el segundo acuerdo no hay. Y además implementarlo por ‘fast track’. Está como atrapado en eso”, señaló el investigador de DeJusticia.

refrendacion 4 Todavía no se sabe a ciencia cierta si todo el Secretariado de las Farc se trasladará a las zonas veredales o si algunos de sus miembros se quedarán en Bogotá (donde están actualmente) para promover labores logísticas. Foto: archivo Semana. ​Como si el panorama ya no fuera lo suficientemente tenso algunos miembros del Secretariado de las Farc han puesto en duda la implementación si la Corte no permite el Acto Legislativo.

“Si hay una refrendación sin el mecanismo del ‘fast track’ pues sencillamente nosotros tendríamos que regresar al monte a combatir porque eso sería una expresión clara de que no se quiere la reconciliación para Colombia”, expresó a Semana.com Seusis Pausivas, conocido también como ‘Jesús Santrich’.

Asimismo, Félix Antonio Muñoz, llamado en las filas guerrilleras como ‘Pastor Alape’, dijo en Caracol Radio que sin el Acto Legislativo todavía empieza el ‘Día D’ ni sus movilizaciones hacia las zonas de concentración. Por su parte, Sergio Jaramillo, Alto Comisionado para la Paz e integrante del equipo negociador del gobierno, reiteró durante una rueda de prensa que este jueves sí es el ‘Día D’ y que “las Farc no pueden introducir nuevas condiciones al acuerdo”.

La salida que ve Uprimny es que se comience a implementar por la vía ordinaria, empezando con la Ley de Amnistía, y que a la par se haga una refrendación popular directa con los ciudadanos para poder activar el ‘fast track’. Según él, no tiene que ser plebiscito o algún mecanismo de ‘Sí’ versus ‘No’, sino que pueden pensarse otras herramientas como una iniciativa popular de ley refrendatoria que deba acumular algunos millones de firmas. “Ese sí es un mecanismo ciudadano para refrendar el acuerdo y podría salir en cuestión de uno o dos meses”, aseguró.

Sin embargo, todo apunta a que el gobierno nacional esperará la decisión de la Corte Constitucional antes de tomar decisiones frente al Acto Legislativo. “Es absolutamente claro que la implementación del Acuerdo va a ir por el Congreso de la República, la implementación de las normas constitucionales, de las normas legales, como es obvio. ¿Cómo se va a dar esa implementación? Nosotros vamos a seguir el camino que nos señale la honorable Corte Constitucional”, declaró el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, en una rueda de prensa de este jueves.

La pregunta es cuánto se puede demorar la Corte en tomar una decisión al respecto, pues todo apunta a que todavía no discutirá el artículo de refrendación popular para aplicar el ‘fast track’. Y mientras eso ocurre, ya empieza a correr el cronómetro de la dejación de armas de las Farc y diferentes grupos armados ya se están disputando los espacios donde antes estaba únicamente esa organización guerrillera.

El epílogo de Fidel Castro sobre la paz en Colombia

Para el líder de la revolución cubana, era un compromiso escribir sobre nuestro país. “Otros asuntos han ocupado mi tiempo. Ahora cumplo la promesa”, escribió en sus primeras líneas de la introducción del libro La paz en Colombia, publicado en 2008.

fidel castroFidel Castro, expresidente y líder de la revolución cubana. Foto: tomada de Semana.com.Fidel Castro quiso escribir sobre nuestro país y así lo hizo. En 2008 publicó el libro La paz de Colombia (Editora Política), que reúne su visión sobre las guerrillas colombianas, particularmente de las Farc y de sus principales líderes ‘Manuel Marulanda Vélez’ y ‘Jacobo Arenas’; además, recurre a documentos y a conversaciones con varios políticos de nuestro país para ofrecer una dimensión más integral de lo que sucedió en nuestro país y en las Américas en los últimos sesenta años.

Es un texto claro, preciso y riguroso en fundamentar sus discrepancias frente a lo que pensaba de la lucha armada que desarrollaban las Farc en las montañas y ciudades. “Mi desacuerdo con la concepción de Marulanda se fundamenta en la experiencia vivida, no como teórico sino como político que enfrentó y debió resolver problemas muy parecidos como ciudadano y como guerrillero, solo que los suyos fueron más complejos y difíciles”, se lee en la introducción del texto.

Y lo que se viene después es una profunda clase de historia política que revela detalles de cómo se forjaron los grupos insurgentes en América Latina a partir del triunfo de la revolución cubana, y de las marcadas diferencias entre unos y otros grupos guerrilleros, entre ellos los centroamericanos y los colombianos, y de cómo su gobierno apoyó ideológicamente a unos y otros, fortaleciendo sus discusiones.

Para escribir este libro, Castro abrió sus archivos para exponer detalles de los contactos con los líderes subversivos de las Farc en distintas décadas y, con el paso de los años, expresar su preocupación por la evolución de la guerra en el país. “He revisado numerosas notas, informes y documentos relacionados con el tema colombiano, entre ellos relatos de las conversaciones sostenidas con personalidades que visitaron a Cuba y con las que intercambiamos extensamente sobre la paz en Colombia”, dice.

No es un texto complaciente con la guerrilla de las Farc; si bien hay palabras de exaltación a los fundadores de este grupo insurgente, por su origen campesino y su persistencia en plantear discusiones sobre la justicia social y la vía armada para lograrlas, no escatimó palabras para marcar distancia con sus comandantes y recriminarles sus estrategias de guerra, como el secuestro de civiles, práctica con la que nunca estuvo de acuerdo “como método revolucionario de lucha o una vía para obtener reivindicaciones sindicales”.

Como una pieza de valor histórico y un legado del líder cubano fallecido anoche en La Habana, a sus 90 años, publicamos el epílogo del libro, que recoge reflexiones que creemos importantes para pensar en el futuro de nuestro país, en momentos en que se espera consolidar un acuerdo de paz con la guerrilla de las Farc, algo que Castro impulsó durante varias décadas contra todas las adversidades, críticas y señalamientos.

Las realidades objetivas de las que habló Belisario Betancur condujeron a Pastrana a lo que sin duda no deseaba cuando asumió su período de cuatro años como presidente de Colombia entre 1998 y 2002.

Estados Unidos no es amigo de los pueblos de América Latina. Durante más de un siglo y medio intervino en sus asuntos internos, les arrebató territorios, saqueó sus recursos naturales, agredió su cultura, les impuso el intercambio desigual, saboteó los intentos unitarios desde la época de la independencia, promovió los conflictos entre nuestros países, explotó las grandes diferencias en el seno de nuestras sociedades. Las naciones de América Latina han sufrido olas de inflación y crisis económica mientras otras partes del mundo se desarrollaban. A pesar de las emigraciones, el número de los que padecían pobreza extrema se elevaba, y también el número de niños obligados a pedir limosnas en las grandes urbes.

Durante los últimos 50 años, los golpes militares y las tiranías sangrientas, promovidos por Estados Unidos, han significado cientos de miles de desaparecidos, torturados y asesinados en Centro y Suramérica. En las escuelas militares de ese país se han formado los golpistas y torturadores.

A pesar de la gravedad del crimen cometido contra el pueblo de Estados Unidos por la acción terrorista perpetrada en Nueva York el 11 de septiembre de 2001 —en la que para nada se toma en cuenta la responsabilidad por negligencia del Presidente y las deficiencias de los cuerpos de seguridad de su gobierno—, no se justificaba el apoyo a la guerra declarada por Bush contra “60 o más oscuros rincones del mundo”, entre los que pueden ser incluidos los países latinoamericanos.

Pastrana, que tantas veces se reunió con el jefe guerrillero, sin duda podía comprobar la diferencia entre la sinceridad de Marulanda y el cinismo de Bush. Son hechos absolutamente contradictorios la paz con Bush y la guerra contra Marulanda.

El problema de las drogas, que hoy constituye un azote para los pueblos de América Latina, en realidad fue originado por su enorme demanda en Estados Unidos, cuyas autoridades nunca se decidieron a combatirlo con energía, mientras asignaban esa tarea únicamente a los países donde la pobreza y el subdesarrollo impulsaban a masas de campesinos a cultivar la hoja de coca o la amapola en vez de café, cacao y otros productos subvalorados en el mercado de Estados Unidos.

No en balde Raúl Reyes le contó a Arbesú que el Departamento  de Estado hizo contacto con las FARC, interesado en su colaboración para luchar contra las drogas. “Era lo único que les interesaba” —dijo Reyes. ¡Para solicitarle tal “cooperación” las FARC no eran terroristas!, podemos añadir nosotros.

Marulanda era partidario de la sustitución de esos cultivos acompañada de programas sociales y compensaciones económicas. Con gran realismo, no veía otra forma de liquidarlos.

Así lo hizo Cuba con los cultivos ilícitos cuando triunfó la Revolución. Durante muchos meses, en las montañas ni siquiera sabíamos cómo era una planta de marihuana. Los pocos que la cultivaban eran los más astutos en filtrarse de un lado a otro de las líneas enemigas. Algunos extremistas nuestros querían comenzar a juzgar a los responsables. Yo recomendé esperar el fin de la guerra. Así se erradicaron tales cultivos, aunque no existía, desde luego, el grave y complejo problema actual de Colombia.

Raúl Reyes y Manuel Marulanda ya no viven. Murieron en la lucha. Uno, por ataque directo con nuevas tecnologías desarrolladas por los yanquis; el otro, por causa natural.

Yo discrepaba con el jefe de las FARC por el ritmo que asignaba al proceso revolucionario de Colombia, su idea de guerra excesivamente prolongada. Su concepción decrear primero un ejército de más de 30 000 hombres, desde mi punto de vista, no era correcta ni financiable para el propósito de derrotar a las fuerzas adversarias de tierra en una guerra irregular. Hizo cosas extraordinarias con unidades guerrilleras que, bajo su dirección personal, penetraban en la profundidad del terreno enemigo. Cuando alguien fallaba en el cumplimiento de una misión parecida, estaba listo siempre para demostrar que era posible. En cierta ocasión, estuvo dos años recorriendo la mitad de Colombia con una unidad de 40 hombres.

Las FARC, por sus concepciones operativas, nunca cercaron ni obligaron a la rendición a batallones completos con el apoyo de artillería, unidades blindadas y fuerza aérea a su favor, experiencia que nosotros llegamos a conocer y así vencer unidades aun mayores de sus tropas élites. No ocurrió así con las FARC, pese a la enorme calidad de sus combatientes.

Es conocida mi oposición a cargar con los prisioneros de guerra, a aplicar políticas que los humillen o someterlos a las durísimas condiciones de la selva. De ese modo nunca rendirían las armas, aunque el combate estuviera perdido. Tampoco estaba de acuerdo con la captura y retención de civiles ajenos a la guerra.

Debo añadir que los prisioneros y rehenes les restan capacidad de maniobra a los combatientes. Admiro, sin embargo, la firmeza revolucionaria que mostró Marulanda y su disposición a luchar hasta la última gota de sangre.

La idea de rendirse nunca pasó por la mente de ninguno de los que desarrollamos la lucha guerrillera en nuestra patria. Por eso declaré en una Reflexión que jamás un luchador verdaderamente revolucionario debía deponer las armas. Así pensaba hace más de 55 años. Así pienso hoy.

Invertí más de 400 horas de intenso trabajo en este esfuerzo. Lo revisé cuidadosamente bajo el impacto de los huracanes que golpearon con extrema violencia a Cuba. Me satisfizo hacerlo. Aprendí mucho. He cumplido mi promesa.

Fidel Castro Ruz
Septiembre 16 de 2008
3 y 15 p.m.

Las calles, el otro escenario de disputa por la paz

La movilización social se convirtió en un factor importante para presionar la firma definitiva del Acuerdo Final entre el gobierno nacional y la guerrilla de las Farc. De igual manera, será clave para las nuevas discusiones que se avecinan sobre la refrendación y la implementación.

Mientras en el Teatro Colón se firmaba el Acuerdo Final, en la Plaza de Bolívar decenas de manifestantes se reunieron para celebrar la nueva oportunidad que se abre para terminar 50 años de guerra con las Farc. Foto: Juan Diego Restrepo E.Tras el estrecho margen la victoria del No en el plebiscito del pasado 2 de octubre, que obtuvo el 50,21% de la votación (6.431.376 Votos) frente al 49,78% (6.377.482 Votos) del Sí, múltiples movimientos ciudadanos y estudiantiles se gestaron y se volcaron a las calles en ciudades y pueblos para apoyar la continuidad de las conversaciones entre el gobierno nacional y las Farc para que lograran un rápido acuerdo.

Hoy, tras haberse firmado en Bogotá y por cuarta vez el Acuerdo Final, voceros de distintos gremios y movimientos sociales aseguran que este nuevo estrechón de manos entre el presidente Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño, máximo jefe de las Farc, es también producto de la presión que realizó la sociedad civil a través de las marchas y campamentos por la paz.

En el discurso pronunciado durante la firma en el Teatro Colón, Londoño expresó su sentimiento de admiración para todos aquellos que salieron  a las calles a rechazar la guerra y exigir a las partes en la mesa no pararse hasta logar un nuevo acuerdo: “A las comunidades indígenas, campesinos y afrodescendientes; a líderes comunitarios; a decenas de miles de familias que se unieron a las Farc en vigilas por la paz; a la iglesia católica; la ciencia; a los académicos de las plataformas por la paz; a quienes participaron en las marchas del silencio, de las flores, de las víctimas de la UP; a quienes fundaron campamentos por la paz y se sembraron en ellos; a quienes convocaron actos por la paz en diferentes ciudades: este acuerdo final les pertenece porque ayudaron a construirlo con sus esperanzas y acciones”.

Katherine Miranda, una de las voceras del campamento ubicado en la Plaza de Bolívar, dijo que pese a ser desalojado con un fuerte dispositivo policial el fin de semana pasado, cerca de 250 personas permanecieron alrededor 45 días esperando a que se firmara el nuevo acuerdo. “Nosotros ya habíamos cumplido nuestra labor como ciudadanos. Hoy estamos a puertas de una paz con las Farc gracias a la presión ciudadana”, afirmó esta activista.

Para los fundadores del campamento lo que realizaron por más de 40 días es el resultado de todos los esfuerzos que se hicieron desde la sociedad civil para rodear el acuerdo. Las marchas, las jomadas pedagógicas y los espacios culturales realizados con la ciudadanía, a juicio de los voceros, se convirtieron en las herramientas que ayudaron a impulsar la consecución del nuevo Acuerdo Final.

“El campamento por la paz no fueron las carpas, es su gente. Seguiremos en movilización pacífica para rodear el acuerdo. Queremos acompañar la implementación, es una movilización pacífica, ciudadana. Estamos enviando un mensaje de reconciliación y nos vamos a mantener en esa tónica”, agregó Iván Vargas, miembro del colectivo Paz A La Calle.

A ellos se suma el sentir de las víctimas, movimientos sociales y partido políticos que respaldaron el proceso de paz y que insistieron en la salida negociada al conflicto una vez triunfó el no en el plebiscito.

A las calles

calles 1Las calles y las redes sociales se convirtieron en escenarios de debates al rededor de la paz. El mes de Octubre estuvo cargado de decenas de iniciativas para rodear el acuerdo, se espera que el Uribismo y sectores afines se tomen las calles. Ilustración: Javier de la Torre.Pese al panorama de optimismo que generó la firma del Acuerdo Final y definitivo, el partido político Centro Democrático y sectores afines a esa colectividad anunciaron que buscarán las vías jurídicas para frenar la implementación. Algunos senadores de esa colectividad, entre ellas Paloma Valencia, plantearon hasta la revocatoria del Congreso y que por lo pronto saldrían a las calles a defender el triunfo del no y a abogar por un acuerdo nacional. 

Por su parte el senador Álvaro Uribe aseguró que el arma que tiene el Centro Democrático es apelar al pueblo: “el gobierno prefirió descartar un pacto nacional que habría sido tan conveniente y nosotros, con toda claridad tenemos que decirles a ustedes que por responsabilidad política con muchos colombianos buscaremos un mecanismo de participación ciudadana para apelar a los puntos que el gobierno no quiso aceptar”.

A él se sumaron diversas voces de la oposición como la del exprocurador Alejandro Ordoñez y a del expresidente Andrés Pastrana, quienes en ocasiones pasadas convocaron a la ciudadana marchar en contra de lo acordado con las Farc. Si octubre fue el mes de las movilizaciones y manifestaciones de los sectores del Sí, muy seguramente el Centro Democrático, sectores afines al uribismo y algunas iglesias cristianas se tomarán las calles para expresar su desacuerdo con lo pactado con ese grupo guerrillero y su implementación.

“Después del pronunciamiento del pueblo en el plebiscito del 2 de octubre, la única fuente de legitimidad posible para el viejo acuerdo reformado es la refrendación por el mismo pueblo. Otro plebiscito o un referendo sobre determinadas materias es el camino”, aseguró Carlos Holmes Trujillo a través de una declaración publicada en su cuenta de twitter.

Las reacciones no se hicieron esperar. Diversos sectores de la Unidad Nacional aseguraron que la oposición tiene todo el derecho a la protesta y a estar inconformes, pero los invitaron, una vez más, a que se sumen a la implementación y a hacer la oposición desde el debate en el Congreso.

“Hay que buscar la manera de podernos reconciliar todos, también en la política”, declaró el senador del Partido Liberal Horacio Serpa y agregó que la polarización no va a aumentar porque los colombianos han recibido con la firma del acuerdo un impulso de optimismo y compromiso muy grande: “Todos vigilaremos la paz y aspectos que tengan que ver con la reconciliación”.

No obstante, la realidad del país ha mostrado la fuerza que ha logrado condensar el Centro Democrático y sus sectores afines luego del triunfo del No el pasado 2 de octubre, donde los próximos días medirán su injerencia y capacidad tanto en las calles como en los recursos jurídicos que utilicen para convocar a una nueva refrendación.  

Carlos Lozano, director del Semanario Voz, cree que las acciones de la oposición serán contundentes para ir en búsqueda del referendo. “No veo tampoco al uribismo como tan fuerte y poderoso como para que arrase con todo, pero sí tiene influencia y capacidad. Aquí la calle será definitiva”, sentenció.

Por ahora, el Acuerdo Definitivo será discutido la semana entrante en el Congreso, donde se espera su refrendación definitiva, pero sin duda alguna, durante su discusión, y más aún, en su implementación, la calle será el escenario donde se expresen todos los puntos de vista sobre un momento histórico para el país, que marca el comienzo de cómo las Farc dejaron las armas para convertirse en un movimiento político.

Farc en política: caballo de batalla de la oposición

El nuevo acuerdo de paz se firmó en un ambiente que sigue dividido; una de las diferencias radica, precisamente, en la participación política de los futuros exguerrilleros.

firma participacion politica 1Quienes se oponen a la participación en política del grupo que surja de las Farc, siempre utilizan la figura de Rodrigo Londoño, conocido en las filas guerrilleras como 'Timochenko' y comandante de la guerrilla, para preguntarse si debería o no estar en el Congreso. Foto: Tomada del Twitter de Farc-Ep.En sus discursos tras la firma del acuerdo renegociado de paz, el presidente Juan Manuel Santos y el comandante de las Farc, Rodrigo Londoño, no ahorraron palabras para defender el punto de encuentro que significa el nuevo pacto, alcanzado, según el mandatario, tras intensas discusiones durante 40 días tanto en Colombia y en Cuba, en las que se escucharon los reparos de grupos políticos, religiosos y organizaciones ciudadanas.

Pero ni las reuniones de semanas enteras entre el gobierno nacional y los voceros del No, ni las decenas de modificaciones en el acuerdo original, fueron suficientes para que estos últimos quedaran satisfechos, a tal punto que integrantes del Centro Democrático propusieron la revocatoria del Congreso, que en últimas es el que refrendará e implementará los acuerdos de paz, e insistieron en la idea de una refrendación popular donde la gente pueda votar a favor o en contra de lo renegociado.  

Si bien basan sus posturas en que los cambios no fueron sustanciales, el tema de la participación política de los futuros guerrilleros desmovilizados está en el centro de su inconformidad. Desde que el gobierno nacional anunció el nuevo pacto, el presidente Santos reconoció que se incorporaron modificaciones en 56 de los 57 ejes temáticos que tenían las propuestas del No. Y precisamente ese único que no se tocó fue el de política.

“Las Farc, como un partido sin armas, podrá presentar y promover su proyecto político. Serán los colombianos quienes, con el voto, lo apoyarán o rechazarán. Ese es el objetivo de todo proceso de paz. Que los que estaban alzados en armas las abandonen, reconozcan y respeten las instituciones y las leyes y puedan participar en la contienda política en la legalidad”, reconoció Santos.

Asimismo, en su discurso tras la nueva firma, Londoño insistió en que la guerrilla confía en “tomar parte activa en plena legalidad en los ya próximos debates y justas políticas”.

firma participacion politica 2Todavía no se ha definido el partido político en el que se convertirá la guerrilla ni sus estatutos, aunque en la Décima Conferencia las Farc sí definieron su voluntad de dejar las armas. Foto: María Clara Calle.Pero los del No tienen otro escenario en mente y persisten en sus argumentos para oponerse al nuevo acuerdo. Inicialmente, sus propuestas estaban encaminadas en tres líneas. La más radical de ellas es la que propone que ningún guerrillero condenado por crímenes de lesa humanidad o delitos graves pueda participar en política, que es lo que expuso en un principio el Centro Democrático; luego flexibilizaron un poco su postura y el mismo senador Uribe explicó en el Congreso que sí aceptaban que los exguerrilleros participaran en política, pero después de cumplir la pena que les imponga la Jurisdicción Especial de Paz.

“Que los responsables de delitos atroces puedan ser elegidos, pero después de cumplir la pena. Por ayudar a esto, yo lo acepto”, precisó el congresista.

Otra de las vías fue propuesta por Marta Lucía Ramírez, del Partido Conservador, quien planteó que los guerrilleros responsables de delitos de lesa humanidad sí podrían participar en política, pero no para los cargos de Presidencia ni el Congreso.

Por su parte, el exprocurador Alejandro Ordóñez se ciñó a la Sentencia C- 577 de 2014 que expidió la Corte Constitucional, tras una demanda al entonces Marco Jurídico por la Paz, que fue reemplazado en el acuerdo por la Jurisdicción Especial de Paz.

En el fallo, la Corte aclara que al terminar un proceso de paz sí puede pensarse en que los exguerrilleros participen en política siempre y cuando cumplan seis condiciones: “no tener condenas penales pendientes, la dejación de las armas, el reconocimiento de responsabilidad, la contribución al esclarecimiento de la verdad y a la reparación de las víctimas, la liberación de los secuestrados y la desvinculación de los menores de edad reclutados que se encontraran en poder del grupo armado que se desmoviliza”. Sin que esto se cumpla, ninguno de los responsables por crímenes graves en las Farc podría participar en política, según la alta instancia.

Es por esto que Rafael Guarín, quien trabajó en las propuestas que presentó el exprocurador Ordóñez, afirmó que “si reforman la Constitución para habilitar la participación política inmediata, sería contrario a la sentencia de la Corte y, además, le están diciendo mentiras a las Farc porque se encontrarán que sin cumplir con esas seis condiciones, no pueden estar en la política”.

Y es que si bien en el acuerdo quedó consignado que los exguerrilleros participarán en política, no precisa cuándo podrán hacerlo, pues solo indica que “la imposición de cualquier sanción (en el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y Garantías de no Repetición) no inhabilitará para la participación política ni limitará el ejercicio de ningún derecho, activo o pasivo, de participación política, para lo cual las partes acordarán las reformas constitucionales pertinentes”.

Finalmente, ninguna de las propuestas del No fue agregada al acuerdo renegociado y los términos para que los exguerrilleros puedan ocupar cargos políticos quedaron consignados de la misma manera.

Insistencia de la modificación

firma participacion politica 3El 'No' ganó el plebiscito del pasado 2 de octubre con un estrecho margen pues solo obtuvo poco más de 60.000 votos de diferencia. Foto: Juan Diego Restrepo E.

Desde el día en el que Santos anunció el nuevo texto del Acuerdo Final, voceros del No sentaron su voz de protesta por no poder agregar más modificaciones ni participar en las discusiones. Guarín, Uribe y el exprocurador han sostenido que el gobierno nacional se comprometió a mostrarles un borrador de lo pactado en La Habana tras las revisiones que hicieran con las Farc. Sin embargo, cuando los plenipotenciarios terminaron de realizar los ajustes respectivos, el anuncio oficial presentó un nuevo acuerdo sin que los opositores lo conocieran previamente.

Es por eso que, incluso después de firmarse el acuerdo este jueves, el Centro Democrático, con Uribe a la cabeza, siguió insistiendo en que el acuerdo de paz se pueda modificar en el Congreso. Según sus propias palabras, aspiran a “encontrar acuerdos”; de lo contrario, apelarán “a que haya refrendación popular”, lo que se traduciría en un nuevo plebiscito o en un referendo.

Por su parte, el gobierno nacional se mantiene en pie y aspira que en el Congreso se aprueben los acuerdos, pero sin cambiarles nada. Es decir, una votación en bloque, entre otras razones porque hay una urgente necesidad de su implementación.

“Quiero transmitirles a los colombianos que realmente no hay espacio para una nueva negociación. Ya lo describimos Sergio (Jaramillo) y yo, después de 130 horas de trabajo minucioso con las Farc, realmente esto es lo que tenemos. Me parece que sobre esa base hay que trabajar [...] Lo que no podemos es perder tiempo. Hay que comenzar la implementación”, expresó Humberto de La Calle, jefe del equipo negociador del Gobierno en La Habana, en rueda de prensa realizada el pasado 15 de noviembre.

A esta carrera contra el reloj se suma que el próximo 10 de diciembre, el presidente Santos viajará a Oslo, Noruega para recibir el Premio Nobel de Paz. Es decir que si sus tiempos salen como espera y el Congreso refrenda el acuerdo la próxima semana, cuando el mandatario esté recibiendo su reconocimiento internacional, las Farc ya estarán en las zonas de concentración, prestas a comenzar su camino hacia la vida política sin armas, como lo han prometido.

Más allá de si se refrenda pronto o no, lo cierto es que las diferencias en el tema de la participación política de las Farc y la no inclusión de más modificaciones en el acuerdo se suman a la gran división política en la que continúa el país. Aunque se renegoció para incluir a más sectores, la mayoría de ellos se siguen oponiendo y será en ese ambiente en el que se implemente lo pactado en La Habana y lo firmado de manera definitiva en el Teatro Colón de Bogotá.

El 6 de diciembre comenzará el proceso de desarme de las Farc

El presidente Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño firmaron un nuevo acuerdo de paz que califican como definitivo y mejor que el anterior. Esta vez la refrendación se hará en el Congreso de la República y se estima que en los próximos días empiece su implementación.

firma bogota 1Pasadas las once de la mañana y con el Teatro Colón lleno, fue firmado el nuevo Acuerdo Final. Foto: Presidencia de la República.Los protagonistas eran los mismos, pero el lugar y los acompañantes otros. A diferencia de la firma del pasado 26 de septiembre en Cartagena, Juan Manuel Santos, como presidente de los colombianos, y Rodrigo Londoño Echeverri, como comandante máximo de las Farc, firmaron el nuevo Acuerdo Final en el Teatro Colón, de Bogotá, rodeados por todos sus negociadores en el escenario.

Tras estampar sus firmas con un 'balígrafo', una bala de fusil convertida en bolígrafo, que simboliza la esperanza de que la historia del país ya no será escrita por la violencia sino por la paz, llegaron los discursos.

El primero en tomar la palabra fue el jefe las Farc, también conocido como 'Timochenko' o 'Timoleón Jiménez'. Su corto discurso lo inició con una arenga: “¡Que la palabra sea la única arma de los colombianos!”. Acto seguido enumeró los años de confrontación y de negociaciones que han transcurrido para llegar al día de hoy, en el que se sientan las bases para terminar una guerra que ha desagrado a la nación por más de 52 años.

En especial destacó la fase de renegociación a la que se llegó tras la derrota del acuerdo de Cartagena en el plebiscito refrendatorio del 2 de octubre: “Estudiamos con desprevención y esmero todo lo puesto a consideración de las partes en la Mesa por los interesados e introdujimos importantes y numerosos cambios y modificaciones sustanciales a los textos antiguos, hasta convertir el Acuerdo Final en definitivo”.

Asimismo, agradeció el apoyo que el proceso de paz recibió por parte de la comunidad internacional, de los países amigos de la negociación y de los diferentes sectores de la sociedad civil tras la derrota en las urnas.

El jefe guerrillero argumentó que Colombia debe cerrar filas en torno a este nuevo acuerdo de paz porque implicó debates profundos con todas las voces del establecimiento, a prestantes miembros de las Fuerzas Armas, tensó las posiciones a los puntos más extremos y requirió inusuales esfuerzos de aproximación. “Nadie debe quedarse por fuera de él. Con este acuerdo no se deponen posiciones ideológicas, políticas o de conciencia, solo ponemos fin de manera definitiva a la guerra para confrontar civilizadamente las contradicciones. Por eso reclamamos su implementación pronta y eficaz”, planteó.

Por otro lado, 'Timochenko' se refirió a las víctimas y a los opositores del proceso. A las primeras les reiteró, a nombre de las Farc, su solidaridad sin distinción del bando al que hayan pertenecido, e hizo una “petición de perdón por las consecuencias que para ellos haya podido provenir de nuestras manos”. A los otros, a sus “adversarios públicos”, les ofreció respeto y un “ramo de olivo”, así como “nuestra invitación fraternal a convivir en la diferencia. No habrá más violencia entre colombianos por política. Ese sólo hecho debe llenarnos de ánimo para trabajar por hacer de nuestra patria un país muchísimo mejor”. Y terminó su intervención señalando que creen “indispensable que para el bien del país, la palabra sea la única arma que nos permitamos usar los colombianos”, indicó.

Posteriormente tomó la palabra el presidente Santos. Sus primeras palabras fueron para las víctimas del conflicto armado y destacó los diferentes intentos que se han realizado para ponerle fin: “Ese gran objetivo común nos ha sido esquivo, a pesar de múltiples intentos hechos a lo largo de más de medio siglo”. Y destacó la perseverancia del pueblo colombiano, la cual permitió que este 24 de noviembre se firmara un nuevo acuerdo de paz, que tuvo que ser renegociado por los resultados del plebiscito del 2 de octubre.

firma bogota 3Las dos delegaciones de paz estuvieron en el escenario central durante la firma del nuevo acuerdo. A la izquierda el equipo el gobierno, y a la derecha el de las Farc. Foto: Oficina del Alto Comisionado para la Paz.Por esa razón, explicó el mandatario, “durante más de cuarenta días, en jornadas intensas, nos pusimos en la tarea de recoger, ordenar y atender las propuestas de ajustes y cambios para tener un nuevo acuerdo”. Al mismo tiempo aprovechó la oportunidad para agradecer el apoyo que recibió el proceso de paz tras los resultados del No y los aportes de diferentes sectores para mejorar el acuerdo anterior.

Eso sí, aclaró que la renegociación se hizo “entendiendo que esos cambios no podían echar para atrás los inmensos logros alcanzados a lo largo de seis años de negociaciones”. Además, reconoció que se logró un acuerdo “mejorado y ajustado gracias a los aportes de la sociedad, incorpora la inmensa mayoría de las propuestas presentadas, pero preserva los objetivos esenciales del acuerdo de Cartagena”.

Tras explicar las transformaciones que implicará la implementación del Acuerdo Final, el presidente destacó que el objetivo principal del pacto de paz es que “los que estaban alzados en armas las abandonen, reconozcan y respeten las instituciones y las leyes y puedan participar en la contienda política en la legalidad. Que todos los colombianos puedan decidir su futuro con tranquilidad. De eso se trata la democracia. Tramitar pacíficamente las diferencias”.

Santos precisó, apelando a la Constitución Política, que en esta ocasión el nuevo texto no será refrenado por consulta popular, sino que “será discutido en el Congreso, para que sean los representantes elegidos por los colombianos quienes lo refrenden y lo implementen, bajo el control de la Corte Constitucional”.

Según el jefe de Estado, el Acuerdo Final será refrendado la próxima semana y a partir de ese día arrancará el famoso Día D que, según los protocolos acordados en La Habana, es la unidad de medición del proceso de concentración, desarme y tránsito a la vida civil de los integrantes de las Farc.

De acuerdo con los cálculos del mandatario, “cinco días después (de la refrendación) se iniciará el movimiento de las Farc hacia las zonas veredales transitorias, a los 90 días se iniciará la dejación de las armas, y en 150 días, tan sólo 150, todas las armas de las Farc estarán en manos de las Naciones Unidas”. Y agregó que, “también a partir del Día D, la semana entrante, empezará en forma el desminado para que nuestros campos no sean nunca más una trampa mortal para nuestros niños. Ese mismo día iniciará el proceso de implementación de todos los demás elementos del nuevo acuerdo en el Congreso”. 

Sobre por qué se acudirá al Legislativo para la refrendación, explicó que esa decisión se tomó por la urgencia de la paz: "Había comenzado a desmoronarse el cese al fuego por cuenta de la incertidumbre sobre el futuro. No podíamos dilatar un minuto más la implementación".

Al finalizar su intervención, el presidente Santos reconoció que este acuerdo es mejor que el de Cartagena, porque “recoge las esperanzas y las observaciones de la inmensa mayoría de los colombianos. Del 50 por ciento de los que votaron Sí y de un importante porcentaje de los que votaron No. Este nuevo acuerdo nos permite trabajar juntos, como nación, para recuperar las regiones más afectadas por el conflicto, para reconciliarnos, para aprovechar nuevas oportunidades de crecimiento y progreso”.

Por eso, les pidió a todos los colombianos unión para aprovechar el reto que plantea este nuevo acuerdo: “Quiero invitarlos a que dejemos atrás definitivamente décadas de violencia para unirnos, por nosotros, por Colombia, por esta patria querida, y trabajar juntos por la reconciliación, alrededor de ideales compartidos de paz, de convivencia, y de respeto. Quiero invitarlos a que veamos en este momento un momento de cambio, de transformación que nos permita creer en un mejor mañana no con la exigencia de lo inalcanzable, sino con la certeza de lo posible”.

Minutos después, el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, radicó el nuevo Acuerdo Final y la proposición de refrendación ante el Congreso de la República. Con ello se espera que el próximo martes empiece a ser debatido y que el jueves concluya positivamente la refrendación. Si se cumplen las estimaciones, el 1 de diciembre sería el Día D y el 6 de diciembre los guerrilleros de las Farc iniciarían su traslado a las zonas veredales de concentración, en donde, a lo largo de seis meses, le entregarán gradualmente sus armas a la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Voces y expectativas

firma bogota 2 2En la Plaza de Bolívar, en Bogotá, se vivió minuto a minuto con emoción la firma del nuevo acuerdo de paz. VerdadAbierta.com consultó a varios asistentes. Foto: Juan Diego Restrepo E.Carlos Lozano, director del Semanario Voz, advirtió que la refrendación a través del Congreso es la mejor opción por las circunstancias actuales, pero alertó sobre los riesgos que implica, entre otras razones porque el gobierno nacional no tiene control total sobre la totalidad de su bancada y desconoce cuál será la postura de Cambio Radical y del Partido Conservador, cuyos votos son clave.

“La refrendación de pronto es más fácil, pero luego viene la implementación y el gobierno tiene que garantizarla y no lo veo muy claro todavía. Hay que acompañarlo desde fuera, con movilización social, popular, democrática, respaldando esto que es fundamental y vital. Ese esfuerzo hay que hacerlo desde la sociedad civil, no sólo la izquierda, sectores democráticos, progresistas y todos los amigos de la paz. Con ese empeño es posible”, planteó.

A la par, consideró que el apoyo popular se puede resentir por las decisiones que el gobierno nacional está adoptando en materia económica: “Lo de La Habana y la paz está muy bien, pero aquí vemos una reforma tributaria; y la Cumbre Agraria, que acompaña la paz, está muy indignada porque no le han resuelto sus compromisos”.

Por esa razón, le sugirió a la administración del presidente Santos “una agenda para la paz, que incluya la parte social porque no puede ser que en La Habana se pacte la paz del silencio de los fusiles, pero aquí la parte social se agrava. En todo eso tiene que pensar el gobierno y paradójicamente este proceso de implementación de los acuerdos estará también en el marco de luchas sociales, de movilizaciones populares, de paros y de agitación social, y de guerra sucia”.

Otro tema que salió a relucir en esta nueva etapa que afrontará el proceso de paz es el de la oposición, que en días anteriores desconoció el nuevo acuerdo y pidió más ajustes. Para Horacio Serpa, dirigente del Partido Liberal, esos sectores deben aportar en las etapas de refrendación e implementación, puesto que “el país quiere convivencia, no más violencia, que se acaben rencillas, que dejemos los odios y venganzas. Creo que es el momento de lograr para Colombia lo que no se ha logrado en dos siglos, no en 50 años sino en dos siglos”.

Clara Rojas, congresista que estuvo secuestrada durante seis años por las Farc y dio a luz en cautiverio, destacó que con el Acuerdo Final hay un compromiso de que no habrá más víctimas. Además, es optimista sobre el reto que enfrentará el Congreso a partir de la próxima semana, y recordó que “el gobierno no tenía ni obligación de hacer plebiscito ni de pedir refrendación por el Congreso. Había todas las opciones. De manera que no se trata de polarizar más el país”, y concluyó reafirmando su posición ante este proceso: “lo hemos apoyado desde el día uno y lo apoyaremos hasta que esto funcione”.