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“Hay que buscar una salida razonable para los activos de las Farc”: Juan Ricardo Ortega

El exdirector de la DIAN y hoy funcionario del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) hace un retrato descarnado del lavado de activos, la extorsión y las fortunas mal habidas en Colombia.

juan-ricardo-ortegaJuan Ricardo Ortega, exdirector de la DIAN.

“En Colombia lo que hay son fortunas mal habidas”, asegura Juan Ricardo Ortega, exdirector de la DIAN en Colombia y actualmente vinculado al Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en programas de ayuda destinada a Guatemala y El Salvador. Su experiencia en temas de tributación, lo llevan a plantear la idea de que a pesar del origen de la riqueza, a la guerrilla de las Farc hay que buscarle una salida razonable sobre sus activos.

Su propuesta se basa en las experiencias que ha tenido el país con eso que él llama “fortunas mal habidas” y pone como ejemplo, entre otros, el caso del ‘Clan Ochoa’, una familia de narcotraficantes antioqueños que se acogieron en la década del noventa a leyes de sometimiento a la justicia y por esa vía legalizaron todos sus bienes, según Ortega, “sin reparar a nadie”.

De qué va a pasar con los activos de las Farc nada ha trascendido en La Habana, Cuba, sede de las conversaciones entre el gobierno nacional y este grupo armado ilegal. Hasta el momento se desconoce si sobre ese tema se ha llegado a algún tipo de acuerdo.

Según este alto funcionario del BID, quien tiene amplia experiencia en el análisis del crimen organizado, el país tendrá una difícil fase de posconflicto, si es que se logra un acuerdo definitivo con la guerrilla de las Farc, por cuanto el país tiene regiones tan vulnerables e intereses ilegales tan lucrativos que la sola firma de un tratado de paz con ese grupo armado ilegal no bastará para superar las debilidades que se tienen en zonas fronterizas y portuarias, por donde circulan los grandes capitales del narcotráfico y el contrabando. VerdadAbierta.com habló con Ortega sobre esos temas.

Existe la percepción de que las Farc son muy ricas. Desde su experiencia al frente de la DIAN ¿Cree que eso es cierto?

No creo que sea una organización particularmente rica. Las Farc es una organización que tiene muchos gastos: mantener el pie de fuerza, alimentarlo, conseguir las armas. Algunos de sus cabecillas deben ser personas muy ricas en ganado, en tierras, algunas cuentas en Suiza. Pero no creo que sea una fortuna. Yo creo que una sociedad que les validó a los Ochoa el ciento por ciento de su fortuna, con todo lo que hicieron, lo mismo a los paramilitares, sería absolutamente inconsecuente si no genera una salida razonable a lo que son las fortunas personales de algunos miembros de las Farc.

¿Y qué es una salida razonable?

Que van a ser legalizados algunos de los activos de ellos, en propiedad de ellos. A mucha gente le genera rabia porque son activos muy mal habidos, pero en Colombia lo que hay son fortunas mal habidas. Lo que se tiene que encontrar es un acuerdo de un porcentaje, que no podrá ser el cien por cierto. Esa va a ser una discusión muy difícil. Si los Estados Unidos les valida a los narcotraficantes entregar parte de sus fortunas para los procesos legales, debe ser idéntica la discusión con las Farc: qué van a entregar y cómo se va a utilizar eso como un gesto de reparación a las víctimas. El 50 por ciento es una cifra que le gusta a todo el mundo, desde los políticos hasta los americanos. Entonces un miti-miti básico es una discusión razonable.

jhon-40A mano izquierda ´Jhon 40´ -junto al ´Mono Jojoy´-, jefe del Frente 43 considerado como uno de los grandes narcos de las Farc. Foto: archivo Semana.

Eso se podría catalogar como un lavado de activos, ya que buena parte de ellos son producto del narcotráfico…

Hagan una investigación sobre todas las propiedades y las fortunas de los Ochoa en Colombia, durante el honorable gobierno del presidente Cesar Gaviria (1990-1994). ¿Eso no fue un lavado de activos? Y fue el cien por ciento, ellos no repararon a nadie. Si uno mira a Víctor Patiño Fómeque, está volviendo a sus activos; ahí está todavía la familia del mono Abello recuperando tierras que supuestamente fueron ilícitamente quitadas. Yo creo que Colombia tiene un problema generalizado de impunidad en el tema de activos mal habidos. Que las Farc sea la excepción es ridículo, lo que tienen que hacer es que la regla de las Farc se les aplique a los otros. Entonces sea tal vez el momento de empezar a expropiar a los otros los predios a los que les han dejado el cien por ciento.

Pero las Farc son guerrilleros, han hecho mucho daño, dirían los críticos a esa propuesta…

Es oportunismo, simplemente. La idea es tener la foto completa de los activos mal habidos, desde la corrupción hasta los del narcotráfico, el paramilitarismo. Yo quiero ver los predios de la familia Mancuso en Montería en cabeza de sus familiares, eso sigue usufructuándose sin mayor problema.

¿Y en donde están esos activos de las Farc?

Muy difícil saberlo con exactitud. Se sabe que tienen un gran volumen de ganado. Y esa información se podría saber el día que se haga un buen análisis de la ganadería. El problema es que la ganadería en Colombia se mantiene ajena a cualquier sistema de información, de cualquier tributación y de cualquier formalización. Ellos también tienen tierra. Tierra y ganado son los activos donde está la corrupción, el paramilitarismo, el narcotráfico, la política, todos están ahí en un sancocho bastante enredado.

tierras-loteDe las Farc se tienen indicios de despojo y acumulación de tierras, especialmente en los departamentos de Caquetá y Meta. Foto: archivo Semana

El panorama que usted describe nos lleva al tema del crimen organizado. ¿Está Colombia haciendo la tarea frente a este problema?

Colombia no tiene herramientas jurídicas para pelear contra el crimen organizado. El país es experto en capturar gente de cualquier nivel porque en eso ha mejorado muchísimo, pero su capacidad de impartir justicia es muy limitada porque nunca ha sido capaz de recuperar los activos. Las cifras del narcotráfico son de miles de millones de dólares. ¿Y dónde está esa plata? Hasta que usted no sea capaz de tocarles la billetera, usted no hizo nada. Y todo el dinero sigue impune. La gente que se captura generalmente es de niveles medios y bajos, y cuando se va a capturar uno de nivel alto, como James Arias, en el tema de la chatarra, la vaina no funcionó. Se voló. Somos unos verracos para capturar secretarias y choferes. Yo no creo que uno solucione el crimen organizado a punto de secretarias y choferes.

¿Qué tan golpeado está el crimen organizado en Colombia?

En Colombia se ha demostrado la capacidad de capturar y de extraditar a todos los capos, porque en el país no somos capaces de impartir justicia, pues en las cárceles hacen una fiesta. Es cierto que los grandes capos del crimen organizado en el país la tienen difícil, pero hay múltiples organizaciones del crimen sin grandes capos. Creo que también hay que considerar como parte del crimen organizado a las estructuras que afectan los presupuestos y la administración pública; los impuestos de los colombianos. Hay muchas personas que se lucran y se enriquecen sin ningún esfuerzo, sin ningún mérito y sin ninguna gestión. En Colombia, el crimen paga.

Uno de los negocios más grandes del crimen organizado es la extorsión. ¿Cómo enfrentar ese problema?

El último día, antes de irme de la DIAN con bastante tristeza, le hice una presentación a gente del sector privado, del gobierno, donde les mostraba lo que se estaba ocurriendo con la extorsión. Si usted mira a El Salvador, todas esas personas que lo que saben es generar violencia e intimidar, se dedicaron a la extorsión y ese es hoy es peor problema allí al finalizar la guerra. Uno podría decir, con certidumbre, que en Colombia también se están masificando las extorsiones.

Investigar y castigar es muy difícil porque no se soluciona con policía. Hay que montar estructuras de inteligencia y mecanismos de denuncia más seguros. Las instituciones colombianas son muy débiles en esos sitios donde se recibe información. Si usted es un tendero de barrio que denuncia que lo están extorsionando, esa información se filtra en 15 segundos y ese tendero es víctima de un acto de violencia.

La bolsa de la extorsión es mucho más grande que el narcotráfico, está creciendo y creciendo, y nadie está reaccionando.

¿En un eventual posconflicto, usted ve a los desmovilizados de las Farc en la extorsión?

A la mayoría, como pasó con los paramilitares. Las vainas grandes de contrabando en Bogotá las tenían tipos del M-19, de calzado y de textiles, porque es gente que sabe eso, conoce los canales, la logística, las rutas, y hay plata. Mucha de la gente de las Farc va a salir a extorsionar. Es que la extorsión es el cáncer de un país con instituciones débiles, y es más peligroso porque puede ser mortal. Y la pelea no es con más policías. Se requieren jueces especializados, protección de testigos, cárceles, capacidad de investigación.

Habrá regiones más afectadas por el crimen organizado. ¿A su juicio cuáles son?

Buenaventura es una tragedia, Guajira es una tragedia, Catatumbo y la frontera con Venezuela son una tragedia. Con un acuerdo de paz eso será igual o peor en todos los sitios que son vulnerables institucionalmente. Urabá por ejemplo, Necocli, Turbo, toda esa costa de Tolú, San Bernardo del Viento, Apartadó, todo eso es tierra de nadie.

Más que la pregunta por el posconflicto, es cómo se construye Estado y se llevan instituciones con gente independiente, difícilmente corruptible, con el suficiente número de instituciones para que la gente pueda tener solución de conflictos pacíficamente. Y la construcción de algo común para el bien de todos. ¿Cómo se masifica eso en más 1.100 municipios? ¿Tiene el volumen de gente, los recursos, para copar el territorio de manera significativa y la gente tiene la voluntad de hacerlo? Hay muchos sitios del país donde nadie va a querer ir.

Todo esto no es muy pesimista…

No es pesimista, yo creo que hay que ver la realidad. Usted tiene que ver cómo viene el animal si lo quiere torear, si no lo ve, lo va a coger entre los cachos.

*Esta entrevista fue realizada por VerdadAbierta.com en abril pasado en Washington.

Los debates sobre justicia transicional en Colombia

En julio de 2012, el Congreso de la República aprobó el Marco Jurídico para la Paz (MJP), un instrumento que pretende contribuir a la finalización del conflicto armado en Colombia y que eleva a rango constitucional los principios de la Justicia Transicional (JT), la cual abarca todas las medidas orientadas a garantizar los derechos de las víctimas a la justicia, la verdad, la reparación y la no repetición de las violaciones a los derechos humanos.

A partir de la aprobación del MJP y de la instalación formal de la mesa de diálogos entre el gobierno y las FARC, se ha dado una amplia discusión en el país con múltiples aristas sobre el modelo de JT aplicable en un escenario de post acuerdo. Dicha discusión se ha concentrado en aspectos relacionados con la verdad, la reparación y especialmente con la justicia: los responsables que cobijaría, las instancias de juzgamiento y el tipo de penas.

En el siguiente mapa, la FIP presenta los principales debates sobre la JT que han puesto sobre la mesa diferentes actores nacionales e internacionales.

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Las Farc y su noticiero de internet

Cada semana los guerrilleros presentan avances de la Mesa de Conversaciones en un noticiero hecho para sus tropas en Colombia. ¿Propaganda o primeros pinos en periodismo?

noticiero-farc-1‘Boris Guevara’ y ‘Alexandra Nariño’, presentadores del noticiero de las Farc.

Dos años después de haberse instalado la Mesa de Conversaciones entre el gobierno y las Farc en La Habana, ese grupo insurgente se aventuró a producir su propio noticiero para contarle a los guerrilleros en qué van los diálogos y romper, como ellos dicen “el cerco mediático”. Hasta el momento han emitido 22 noticieros con tiempos variables, que van desde los 9 minutos hasta los 30 minutos, aprovechando la flexibilidad que ofrece el Internet.

El ‘Informativo Insurgente’ se difunde por Internet y lo presentan ‘Boris Guevara’ y ‘Alexandra Nariño’ (la holandesa Tanja Nijmeijer). El año pasado ambos se pararon frente al Palacio de Convenciones de La Habana para transmitir durante nueve minutos, subieron el video a su canal de YouTube y hoy, ocho meses después, esa primera emisión ha sido vista por casi 25.000 personas, de acuerdo con las estadísticas que arroja el sistema.

“Las Farc descubrieron en el noticiero una gran herramienta para expresarse y detectaron que antes no tenían repercusión y ahora sí”, afirma Jorge Enrique Botero, un periodista que ha producido varios documentales y libros sobre este grupo insurgente.

Las Farc no han estado ajenas al desarrollo de las comunicaciones ni a los nuevos formatos. Sus bloques y frentes cuentan con páginas en Internet y esa experiencia fue llevada a La Habana, desde donde crearon su propio portal dedicado a los diálogos, acompañado de una fuerte estrategia de redes sociales, particularmente Facebook y Twitter.

Mientras que las ruedas de prensa que montan a su canal en YouTube tienen 100, 200 y hasta 600 visitas, la emisión más vista del noticiero ha llegado a 53 mil usuarios. Este fue el especial sobre la liberación del general Rubén Darío Alzate, secuestrado junto a dos personas más en las selvas del Chocó el 16 de noviembre de 2014, donde se mostró por primera vez la foto del abrazo entre el militar y alias ‘Pástor Álape’, miembro de la delegación de las Farc en Cuba, que viajó al país a ponerse al frente del protocolo de liberación.

En YouTube ya tienen 2.222 mil suscriptores. Para tener un punto de referencia, la Oficina del Alto Comisionado para la Paz tiene 135, y medios masivos como El Tiempo y Semana superan los 17 mil. En su canal no solo publican el noticiero sino otros programas como Mesa Redonda, Memoriando, La Pura Verdad y Especiales.

A pesar de las cifras, que pueden considerarse satisfactorias para un canal como éste, Botero apunta que el noticiero “no está siendo efectivo en la medida que no le llega a la misma cantidad de gente que los de Claudia Gurisatti, pero sí lo es al ir más allá de su página de internet”.

Por el contrario, el profesor Jorge Bonilla, investigador sobre medios de comunicación y profesor de la Universidad Eafit cree que este informativo todavía no supera la audiencia afín a sus ideologías y no llega a la opinión masiva porque las Farc todavía tratan la información como propaganda. “Han utilizado un modo de interpelar a la opinión muy torpe pues para los guerreros la información es un recurso estratégico que debe ser difundida de manera calculada y táctica”. (Lea un análisis que contrasta al comandante Marcos con Marulanda en términos mediáticos).

El concepto de propaganda expuesto por Bonilla se observa fácilmente en las distintas emisiones del noticiero: en sus notas la voz de los que intervienen como fuentes son los jefes de ese grupo. Solo en las primeras emisiones se atrevieron a hablar con civiles que participaron en la Mesa y no hacían parte de la estructura guerrillera.

Por su pantalla han pasado temas como los viajes de las víctimas a la isla, la liberación de los soldados en Arauca durante el rompimiento de los diálogos, las treguas decretadas unilateralmente, el escalamiento de la guerra, el delito político, la justicia transicional, el desminado y la creación de la Comisión de la Verdad.

noticiero-farc-1Equipo de producción del noticiero de las Farc que es emitido en YouTube.

Siete guerrilleros están al frente de la producción, realización y emisión del noticiero, que se ha venido desarrollando estéticamente a medida que pasa el tiempo y equilibrado en sus tiempos de emisión.  Al principio iba cada tres días, después pasó a realizarse al final de cada ciclo de conversaciones; y desde marzo empezó a difundirse en español cada domingo y una versión subtitulada en inglés todos los lunes. También cambiaron el nombre del noticiero, renovaron el cabezote, reemplazaron los micrófonos de mano por los de solapa, empezaron a leer en tablets y en telepronters; y a emitir desde un estudio de manera más profesional.

Hay tres secciones además de las ´noticias´. Una para mostrar lo que se comenta en las redes sociales, otra de recomendados y la llamada “miedos de información”, donde critican a los medios nacionales e internacionales sobre lo que publican en relación a las Farc y el proceso de paz.

Botero, quien ha sido testigo de la elaboración del noticiero piensa otra cosa. “Es hecho con las uñas, de una manera muy artesanal y es eso lo que lo hace admirable”, señala. Según él, es un producto decoroso desde lo visual, lo auditivo y lo técnico, que han aprendido a manejar, al publicar primicias que los conviertan en un referente obligatorio de otros medios de comunicación.  Bonilla, en cambio, cree que ellos “intentan hacer algo clásico que les queda mal hecho” y que a pesar de que pierden cierta credibilidad por fallas técnicas y estéticas, considera que “es un paso fundamental de las Farc” dado que muestra un interés en comunicarse con el país, a su manera.

En cualquier caso, ambos analistas coinciden que esta experiencia mediática es el primer paso para que las Farc, luego de una eventual firma de un acuerdo, entren al mundo de los medios masivos. No sería la primera vez que una guerrilla tiene un noticiero luego de un proceso de paz. El M19 obtuvo una licencia para uno, AmPm, que contó con una planta de periodistas independientes como Germán Castro Caycedo y Antonio Morales, entre otros.

¿Aspiran las Farc a algo similar? Botero cree que la guerrilla sólo necesita las capacidades tecnológicas para competir con los medios masivos. Bonilla, en cambio, duda que tengan la capacidad de comunicarse mejor si mantienen el lenguaje de la propaganda. Algo que seguramente no harán mientras sigan en guerra.

Los acuerdos de La Habana hasta ahora solo han mencionado a los medios de comunicación en el punto dos, sobre participación política, en referencia la necesidad de democratizar el acceso a la radio y la televisión en los territorios, como una garantía de pluralismo (acuerdo de participación política).  De un noticiero para las Farc, cuando estén sin armas, hasta ahora no se ha dicho nada.

“La cárcel no garantiza que haya justicia”

Jhon Paul Lederach habla sobre la capacidad transformadora de un acuerdo de paz, si se negocia con detalle, y se implementa con profundidad. Es optimista con la negociación de La Habana.

lederachJohn Paul Lederach, experto en procesos de paz. Foto: archivo Semana.

John Paul Lederach ha pasado casi toda su vida estudiando los procesos de paz. Desde la Universidad de Notre Dame, en Indiana, Estados Unidos, ha construido una matriz sobre acuerdos globales (Map) que le ha permitido estudiar más de 600 procesos de paz, y hacerle seguimiento comparado a 34 acuerdos durante su implementación, y en algunos casos como el de Nepal, con una participación activa en terreno. Desde hace muchos años ha estado vinculado a la  construcción de paz en Colombia, especialmente con comunidades campesinas del Magdalena Medio y los Montes de María. Actualmente es una de las voces más respetadas a nivel internacional por el rigor de sus investigaciones. Su libro La imaginación moral es considerado una biblia sobre la reconciliación.

Verdad Abierta: Usted ha sido testigo de varios procesos de paz fallidos en Colombia ¿Esta vez será la vencida?

John Paul Lederach: Creo que esta vez hay un esfuerzo muy serio. Hubo un tiempo de preparación y una agenda que no lo abarca todo, sino los temas más estratégicos. Las partes han tenido capacidad de sostener el diálogo a pesar de los problemas que hay fuera de la mesa. De otro lado, yo nunca había visto una participación tan directa de las víctimas. Además la frase que tomaron de Irlanda del Norte, de que nada está acordado hasta que todo este acordado, les ha permitido trabajar a fondo. Quienes estudiamos procesos de paz sabemos que lo que importan es el paquete completo de los acuerdos y no los temas aislados. Sin embargo, me preocupa que todavía hay imaginarios diferentes sobre cuál va a ser el final.

VA: ¿Va demasiado lento este proceso?

L: No necesariamente. Pocos países que tienen conflictos de más de medio siglo como Colombia, quizá Sudán y Maynmar. En Nepal la guerra propiamente duró diez años, y  en Irlanda 32. Que se estén tomando tiempo es un signo de seriedad. Los estudios que hemos hecho de 34 acuerdos de paz nos dicen que la calidad de la implementación es mayor cuando se han tocado los temas estratégicos, cuando se acuerdan con mayor detalle los procedimientos, y hay mayor participación de la sociedad civil. Y todo eso toma tiempo. No es la firma sino la calidad de la implementación la que puede cambiar los patrones históricos de violencia.

VA: ¿Se están creando demasiadas expectativas con los cambios que puede traer un acuerdo?

L: Nosotros hemos comparado casos o países donde hubo victoria militar como Sri Lanka, con otros donde hubo acuerdos de paz fallidos como Liberia, y otros que funcionarios bien, y encontramos por ejemplo que la cifra de mortalidad infantil mejoró donde hubo acuerdos duraderos, más que en lugares donde hubo por ejemplo victoria militar; el nivel de participación en la educación formal creció, especialmente de las niñas; y que la inversión extranjera subió de manera impresionante. Un acuerdo duradero beneficia a la sociedad más allá de los que están negociando.

VA: La opinión pública no respalda el proceso de paz. ¿Qué tan crítico es esto?

L: Mucho. Liderar el imaginario social nacional en un proceso de paz es un gran reto. Se necesitan espacios protegidos donde las partes puedan intercambiar propuestas e ideas y también de transparencia para divulgar lo acordado como se está haciendo en Colombia. Pero tengo la impresión de que mucha gente no lee los detalles de lo que está pasando en La Habana. Lo que ocurre allí se ve distante. Me preocupa esa sensación de distancia. Hay que construir un ideario de que en Colombia cabe todo el mundo, sin armas, respetando la diversidad política. Ese es finalmente el trasfondo de un proceso de paz.

Los diálogos de paz se realizan desde hace más de dos años en Cuba, y las dos partes han llegado a acuerdos en tres puntos de la agenda de negociación. Foto: archivo Semana.

VA: La sensación general es que en las últimas semanas retrocedimos en la construcción de ese imaginario…

L: Es normal que durante los diálogos haya episodios violentos. Pero acudiendo de nuevo a la comparación, quienes negocian deberían tener formas de cese del fuego para bajar la violencia. En Nicaragua,  en un proceso hace unos años, no hubo cese, pero cada una de las partes, de manera informal, decidió no hacer acciones ofensivas. Esas son medidas de confianza. En Colombia hasta ahora se está llegando al intercambio de perspectivas militares en la Mesa. La experiencia con el cese del fuego en otros lugares es que cualquier episodio que rompa el cese, rompe el diálogo. Aquí el principio es que estos hechos no afecten la continuidad de las conversaciones. Una semana como la que acaba de pasar demuestra que esto no es nada fácil. Yo espero que más temprano que tarde se logre un entendimiento sobre lo bélico.

VA: Y aunque se logre un acuerdo, queda el gran reto de la reconciliación…

L: La reconciliación es un concepto complejo. Es un horizonte. Se trata de imaginarnos un territorio donde cabemos todos y no nos matamos, con instituciones que le sirvan a la gente, y una sociedad civil robusta. Ahora, a ese horizonte no se llega, sino que sirve para crear camino. Hay grupos muy afectados por la guerra y la reconciliación perfecta no existe. Lo que podemos medir como reconciliación es la transformación en la calidad de las relaciones. Tener espacios para el encuentro sincero. No se trata de tener consensos, sino de ser honestos. Estar con el otro, aún en desacuerdo, pero tener conversaciones significativas, que tengan peso, y que sean sostenidas. En la reconciliación se trata de recordar y cambiar, no perdonar y olvidar; porque lo que hemos vivido camina con nosotros para siempre.

VA: El proceso de paz está atascado en el tema de justicia… ¿Cuál ha sido la experiencia internacional en esta materia?

L: En algunos casos se ha usado un modelo muy liberal y se ha pasado de procesos armados a participar directamente en la política; de las armas a las urnas, donde se crean partidos políticos y estos son patrones típicos de amnistías, con poca verdad y donde nadie paga por lo que se ha hecho en el pasado.  Hay modelos donde las atrocidades de mayor importancia se juzgan en tribunales específicos, nacionales o internacionales, donde algunas personas pasan un tiempo en la cárcel. En Colombia no será fácil remontar las atrocidades cometidas durante 50 años, y dar pasos simbólicos para afrontarlas.

VA: ¿Deberían ir a la cárcel los responsables de estas atrocidades?

L: El mejor indicador de justicia no es la cárcel sino la transformación profunda de las relaciones. En casi todos los países la gente que ha sufrido con la guerra pide cosas distintas a la cárcel. Piden saber que pasó, por qué les hicieron sufrir, cosas concretas como hallar los cuerpos. Pero también les preocupa el futuro: ¿qué va a pasar con nosotros, con nuestras tierras, con los hijos? Se preguntan de qué les sirve que alguien esté en la cárcel si no tienen casa o educación. Por eso la no repetición es lo más importante. Ahora ¿Se controla más la no repetición si algunos van a la cárcel? Eso no es fácil verlo empíricamente. A mí me preocupa menos el tiempo que pasen en la cárcel, y más a qué se van a dedicar en el futuro. Porque lo que se quiere es reducir la violencia y el control por las armas, pero si en el futuro las formas de hacerse la vida son las mismas con otro uniforme…eso me preocupa.

VA: ¿Cómo pueden transformarse personas que han durado décadas en la violencia?

L: La pregunta es cómo disminuir la violencia y tener relaciones más justas. Eso requiere que haya transformaciones estructurales, personales y en las relaciones. Se requieren estrategias por ejemplo para aterrizar los acuerdos en lo regional. Porque es allí donde la gente va a convivir con aquellos que han generado mucho dolor. Con el enemigo. Lo que tiene que cambiar es que la enemistad no signifique violencia, ni exclusión, ni control.

La parábola de El Orejón

el-orejon-opcion-2Después de medio siglo de guerra, el pasado 20 de mayo guerrilleros y militares trabajaron de la mano para identificar 240 minas instaladas en una remota vereda en el norte de Antioquia. ¿La primera piedra para la paz?

el-orejon-apertura-internaSentados a la mesa, bajo el sol intenso de tierra fría, el General Colón y Pastor Álape dan las instrucciones para que comiencen las primeras tareas encaminadas al desminado. Foto: archivo particular.

El 20 de mayo un helicóptero del Comité Internacional de la Cruz Roja llevó hasta la vereda El Orejón, en Briceño, Antioquia, a 'Pastor Álape', miembro del secretariado de las FARC; a Olmedo Ruiz, responsable político del Frente 36 de esa guerrilla, que opera en Bajo Cauca de Antioquia; y a un guerrillero de base llamado 'Héctor', a quien sus compañeros le tienen el desagradable mote de 'Pecueco' por una anécdota del pasado en la que no vale la pena detenerse. Los dos primeros venían directo de Cuba, y el tercero dese Anorí. Abajo estaban esperándolos el General de la Infantería de Marina (en retiro) Rafael Colón, director de la Dirección para la Acción Integral contra la Minas del Ministerio del Posconflicto, Fernando Navarro, uno de los expertos de la misma oficina, y el sargento Fredy Lozano, del Batallón de Desminado del Ejército Bides. También los miembros de la ONG Acción Popular Noruega.

Entraron a la escuela que hay en la parte plana de la vereda para empezar la tarea que les había encomendado la Mesa de Conversaciones de La Habana: probar que el experimento de unir a guerrilleros y militares para empezar a desminar territorios, no solo es posible, sino que puede ser el “primer escalón seguro del camino irreversible hacia la paz”. Aquí se ponía a prueba la materia prima vital para un acuerdo final: la confianza.

Un líder de la comunidad, asombrado y feliz por lo que veían sus ojos, les dijo a Colón y 'Álape': “si esto de la paz es en serio, dense la mano”. Ninguno tuvo duda en hacerlo, entonces el campesino los apretó con la suya y en un instante todos los presentes habían hecho un nudo con las manos, y también con sus gargantas. Todos se prometieron hacer posible la paz.

el-orejon-campesinoEste pequeño paraje de apenas 25 familias es estratégico porque desde allí se puede ir al Paramillo, a Urabá, al Bajo Cauca, y Medellín. Foto: archivo particular.

Colón y 'Álape' no tuvieron problema en hacer este gesto pues desde hace varias semanas venían trabajando juntos en la definición del sitio y la metodología para iniciar el desminado. No fue difícil llegar a un acuerdo para que se comenzara por El Orejón, ese pequeño caserío donde viven 100 personas pero hay 240 minas, con una pequeña escuela desolada, con una carretera abismal brutalmente destruida, donde se produce sobre todo coca, y la guerra ha sido una constante.

De por qué un lugar aparentemente insignificante está tan minado tiene explicaciones dentro de la lógica de guerra. Es un sitio desde el que cualquier ejército puede moverse hacia el Nudo de Paramillo, una inexpugnable zona de retaguardia para los grupos armados, donde la economía de la coca es fuerte; para Urabá, que es otro lugar estratégico por sus salidas al mar y su economía; con el río Cauca que conecta con el centro del país; y con la carretera que conduce a Medellín. Es zona de influencia de uno de los proyectos estratégicos del país: Hidroituango.

Las FARC han estado allí muchos años, y el Ejército cada tanto intenta hacer presencia, y posicionarse en los cerros, que por supuesto, están densamente minados. Pero también lo están los potreros, la salida al río, los caminos. Todos los lugares donde la fuerza pública pueda moverse. Hay minas permanentes y otras temporales, y la gente en general sabe cómo moverse en medio de ellas. Tristemente, saben vivir en un campo minado porque desde tiempos inmemoriales ha sido así.

el-orejon-letreroLas FARC instalan minas en carreteras y pone avisos como este. Foto: archivo particular.

Hace algunos meses cayó un soldado en el cerro El Capitán, donde hay instaladas 11 minas. Un sitio perfecto para que un ejército acampe por su panorámica espléndida. Pero hay otros sitos aledaños a donde hay incluso 60. Los potreros han de estar llenos, pues allí caen constantemente las vacas y los caballos en ellas.

También los guerrilleros son víctimas de su propio invento. En 2013 un guerrillero que intentaba desactivar un explosivo en este mismo sitio se voló en mil pedazos cuando cometió un error fatal. Para más gravedad, varias personas de la comunidad que estaban cerca, fueron afectadas. Dos de ellas murieron, y varias quedaron heridas. Los combates en ese momento no permitieron que aterrizara un helicóptero, y fue la maestra de una vereda vecina, quien como improvisada enfermera, atendiendo instrucciones telefónicas de un médico, contuvo las hemorragias, y acompañó a la comunidad a sacar a los heridos durante cinco horas de camino.

el-orejon-trabajando-juntosLos guerrilleros dieron información y el sargento Lozano se encargó de señalar los lugares donde luego se extraerán los explosivos. Aquí en una de las faenas de alto riesgo. Foto: archivo particular.

Una vez se fueron 'Álape' y Colón, bajo un cielo cerrado que amenazaba lluvia, el resto del equipo se quedó trabajando. Había dos piezas claves en todo ello: 'Héctor' el guerrillero, quien puede armar y desarmar una bomba hasta con los ojos cerrados. Y el sargento Lozano, uno de los hombres más experimentados del Bides. El uno empírico y el otro un gran técnico, intercambiaron alguna información sobre los explosivos y sus mecanismos. Se habló del R1 y los estopines, de las bombas más rústicas hechas con un tarro de leche en polvo hasta las que se hacen con verdaderas timbas lecheras. Empezaron a hablar un mismo lenguaje. En las noches dormían en casa de un joven líder de la vereda, quien justo perdió a su esposa en una mina, y rodeados casi todo el tiempo por los campesinos que no acaban de creer que pueda existir una vida sin minas.

el-orejon-mapaLas FARC tiene ubicada cada mina de El Orejón como se ve en el mapa. Eso facilitará la tarea. Foto: archivo particular

Al día siguiente Olmedo presentó, para asombro de todos, un mapa exacto hecho a mano por un guerrillero de la región, con las minas sembradas. Y empezaron a ubicarlas para cercar los lugares con cinta amarrilla y poner letreros de advertencia. El procedimiento pactado indica que es el Batallón de Desminado del Ejército el que las extraerá en días próximos. Lo que no esperaban los dos insurgentes era que mientras hacían esta dispendiosa tarea apareciera un piquete de soldados en los alrededores. Apenas los divisaron hubo pánico entre ellos. Desarmados como estaban pensaron que les habían tendido una trampa y los iban a matar. Era una semana de bombardeos, de crisis, y de nervios alborotados. Pero no había riesgo porque los soldados estaban en plena coordinación con la IV Brigada, y estaban allí como anillo de protección para la delicada tarea que estaba en curso.

Cada mañana se dividían en grupos y compartían sin distingos Fernando y Olmedo; el sargento Lozano y 'Héctor' y viceversa, con los noruegos, y por supuesto, con los campesinos que nunca dejaron de llevar mangos y arepas, agua de panela y queso. Tal como lo dijo Colón semanas atrás, desayunaron, almorzaron y comieron juntos, durmieron en la misma casa, fumaron de vez en cuando un cigarro y canturrearon las mismas canciones. Se tejió la tan deseada confianza, y quedó en evidencia de que un trabajo mancomunado hará que la tarea de la paz tenga éxito.

el-orejon-fredy-lozanoEl sargento Fredy Lozano es uno de los mayores expertos en desminado que tiene el Ejército. Su capacidad técnica asombró a todos. Foto: archivo particular.

Terminada la misión, Olmedo y 'Héctor' se fueron a La Habana. Para éste último era la primera vez en un avión, la primera vez fuera del país, y la primera vez que tuvo de cerca a sus enemigos, sin que le dispararan. Y viceversa. No hace muchos meses casi muere en combate, lo hirieron en una nalga, y perdió a dos compañeros en el fragor de las balas. 

Esos días de convivencia y trabajo en El Orejón son muy significativo para un país que sigue en guerra, donde aún persiste el odio y donde muchos no creen en la voluntad de la insurgencia para hacer la paz. Y para unas guerrillas, y también a veces unas comunidades, que no creen que el Estado cumpla lo que promete.

el-orejon-carreteraEl Orejón está prácticamente confinado no solo por las minas, sino por el pésimo estado de las carreteras. Es parte de una Colombia olvidada. Foto: archivo particular

Esta vez las FARC cumplieron su palabra. Entregaron mapas, información y coordinaron con el gobierno, y este dio todas las garantías para que empezara el desminado. A partir de ahora se pone a prueba la capacidad del Estado de cumplirles a los habitantes de esa remota zona. Porque si de algo tuvieron la convicción quienes estuvieron allí es que no basta con levantar los explosivos. Que esa es una ínfima parte de lo que se requiere, si se quiere que El Orejón aprenda a sentirse en paz, bajo una democracia y un Estado de Derecho.

el-orejon-alertaEn cada sector minado se dejó una señal como esta. Pronto desaparecerá el letrero y la mina. Foto: archivo particular.

El Orejón vive de la coca, y la gente, posiblemente por esa razón, desconfía de las instituciones, y teme la llegada de paramilitares cuando las FARC no estén. El compromiso que se está asumiendo con el desminado es convertir a esta lejana vereda en un microcosmos para poner a prueba desarrollo rural y alternativo que se acordó en La Habana. El Orejón ha sido elegido, si se quiere, como un laboratorio pequeño para construir paz territorial. Este es apenas el comienzo y hay muchos ojos y orejas pendientes de que se cumpla.